jueves, 5 de marzo de 2009

La Agenda turística del Huila


No es la esencialidad lo que nos hace particulares, desde el punto de vista cultural. Es la diversidad. Uno puede transigir por la diversidad; en cambio, pelear por la esencialidad, la particularidad, la especificidad, como si no fuéramos de la misma especie humana, nos puede llevar a los nacionalismo insanos, a las sociedades prototípicas y excluyentes, como lo quiso Hitler. Lo digo cada vez que me siento frente a un paisaje diverso. Y veo tanta variedad que se me llena el alma de la inmensa riqueza terrestre. Y es esa diversidad la que muchas veces no vemos por querer ser los únicos en cada punto de las coordenadas de nuestro universo.
La geografía –una palabra que se regenera cada día-, de otra parte, ha ido sumando muchas más significaciones de las que tuvo. Ya no sólo es la tierra, sino la cultura del sujeto que la habita, lo que come y su preparación, lo que viste y su confección, lo que usa para ornamentar su vivienda, el arte y la artesanía que lo rodea. Esa geografía natural y urbana se ha convertido, poco a poco, en la meta del turismo moderno.
Pero en Colombia apenas comienza a entenderse de esa manera. La geografía en su más amplio espectro puede ser lo que nos propone en su Agenda turística del Huila, la fotógrafa Clara Sofía Díaz. Las coordenadas del tiempo (porque quiere hacer una agenda calendario) y el espacio (porque recorre toda la geografía del Huila, con su cultura, su gastronomía, su literatura, sus cantores, su fiestas, sus productos agrícolas, sus hoteles, etc.), se unen en la búsqueda de una visión física y cultural del Huila, con sus montañas y valles mirando al río Magdalena, de norte a sur, con todo lo que significa de diversidad y de acento artístico –no es sino recordar la cultura lítica, mítica y religiosa de nuestros aborígenes, declaradas Patrimonio Histórico de la Humanidad-, de riqueza espiritual, de variedad paisajística en tan pocos kilómetros –no más de 200-, de variedad agrícola y gastronómica.
El turismo en Colombia –el viaje del extraño que llega en la búsqueda de algo diferente y sorprendente- se ha retrasado por la prolongadísima guerra entre el Estado y la guerrilla, y lo hemos desperdiciado de manera fatal. La cultura turística, al contrario de la cultura de la guerra, anda muy, pero muy baja.
De ahí la necesidad y la importancia de libros como el de Clara Sofía Díaz. Ella le ha puesto a su agenda-libro varias connotaciones muy importantes. Por un lado, le rinde homenaje a dos grandes artistas del Huila, José Eustasio Rivera y Jorge Villamil Cordovez, colocando, de un lado, sus poemas, canciones y La Vorágine, y, al otro lado, nos brinda una mirada intensa y apacible de lo que son los principales sitios de interés del departamento del Huila, desde el desierto de La Tatacoa, al norte, y luego recorre de norte a sur, pasando por Villavieja y Aipe, por Neiva, y bajando, que allá es ir subiendo, hasta llegar a Pitalito en el alto río Magdalena (foto), y al Parque Arqueológico de San Agustín. No hay un lugar del Huila que no sea turístico, es decir, que no sorprenda al viajero y que no lo deje satisfecho en su sensibilidad. Incluidos algunos que no aparecen en el libro porque aún no ha sido “colonizados”, como los cañones –aposentos arqueológicos apenas comenzados a explorar por el Maestro Héctor Llanos- de los ríos Granates y Bordones, afluentes del alto Magdalena, en el municipio de Saladoblanco.
(Columna publicada en el diario El Periódico, Bogotá, 5 de marzo de 2009).

3 comentarios:

psicoisapecat dijo...

Interesante libro, y bello relato el suyo, sobre todo la breve reflexión sobre nacionalismo insano para posteriormente ilustrar las nuevas tendencias del turismo, tendencia que hemos de incentivar y cuidar en todo Latinoamérica.
Isabel Gómez

Anónimo dijo...

Isabel, la manera como hemos desperdiciado nuestro paisaje, no más, es impresionante. Cuando uno viaja a otros países se da cuenta. Gracias.

Anónimo dijo...

No puedo decir que soy huilense, pero tampoco puedo decir que no tengo raices en la tierra del bambuco, de la orquidea y de la guerrera gaitana.
Grato,claro y casi espiritual, este articulo.Siempre que viajo al huila, descubro un nuevo huila. Su cultura desdibujada por las nuevas generaciones ha ido tomando un nuevo empuje que a la vez retiene lo innato como la candidez del campesino. Un nuevo campesino y una nueva candidez que es lo innato del florecer huilense, que no permite la desvinculacion de aquella cultura con la generacion actual.
Clara ya leeria a Molano y su articulo sobre el proyecto Quimbo ?.