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Mostrando las entradas etiquetadas como Vida

70 años

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Mirando desde el 7o. piso Si Jiroemon Kimura, el ser humano más viejo que existía en la Tierra, acaba de morir en Kyotango (Japón) a los 116 años, se podría deducir que uno alcanzaría a celebrar dos veces el mismo cumpleaños, multiplicado por dos, hasta los 58 años. Eso significa que si acabo de cumplir los 70 el pasado 13 de junio, he celebrado esa fecha por última vez. Jamás llegaré a los 140, como Matusalén. Y no pienso dejarme amedrentar por la tristeza, aunque la vida sea única e irrepetible. Pero sí me parece un buen momento para hacer un rápido balance, una “rendición de cuentas”. Los hombres públicos –así asumí siempre mi vida, estuviera en un salón de clases o de conferencias, en una mesa de decisiones, en una columna periodística, o, simplemente, escribiendo un libro para miles de lectores- deben hacerlo. Celebrar, además, el arribo a una cifra no menospreciable, como son los 70 años, en Colombia, donde la guerra y la violencia, o los sistemas de salud, suelen bajar los ...

5,5 millones de víctimas

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La última portada de la revista Semana es escalofriante, como lo ha sido la historia de Colombia desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Semana titula en primera: “5,5 millones de víctimas y contando…”. Y luego en 60 páginas destaca una equilibrada radiografía de lo que ha sido la confrontación armada entre el estado, la guerrilla y los paramilitares, y sus complejas e irremediables consecuencias para el país. Las cifras –que abarcan el conflicto apenas desde 1985- son apabullantes. Cito algunas: Al 31 de marzo de este año, se habían registrado 5.405.629 víctimas, de ellas, 2.683.335 mujeres y 1.163.218 niños menores de 12 años; 2.994 sindicalistas asesinados entre 1978 y 2012; 299 defensores de derechos humanos asesinados; en 2.087 masacres, entre 1983 y 2011, fueron asesinadas 9.509 personas; 137 periodistas asesinados desde 1977; 16.123 secuestros extorsivos entre 1996 y 2012; 395.577 colombianos salieron del país por razones de la guerra; más de 3.000 funcionarios, e...

Cristina Fernández y Ricardo Darín

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Desde la pequeña, lejana, extraña y bella población de El Calafate (Patagonia argentina, Provincia de Santa Cruz, al sur del increible Lago Argentino, a 80 kilómetros del mágico glaciar Perito Moreno), la presidenta Cristina Fernández le escribió una carta a Ricardo Darín en vísperas de la fiesta de Reyes. El pasado domingo, 13 de enero, el diario El Tiempo de Bogotá publicó, con el titular "El ´agarrón´ de Cristina Kirchner con un actor" un envío del corresponsal José Vales. Discrepo del titular (para mí, falla dos veces) y de la corresponsalía de Vales (tendenciosa, desacertada). Y como pocos la conocen acá, trascribo la carta de la admiradora del gran Ricardo Darín (no es "un actor", es un señor actor, pero, sobre todo, es Ricardo Darín, el de Nueve reinas, Cuento chino, El secreto de sus ojos, El baile de la Victoria y tantas otras películas que ya dejaron huella), como ella es, a su vez, Cristina Fernández, la mujer que muchos pens...

Volver a Australia 11 años después

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Vine por primera vez a Australia en diciembre de 2001, mes y medio después de la muerte de mi padre. Con Clara Betty y Tamara, entonces, visitamos Sidney, Melbourne y Canberra, entre las ciudades mayores. Ahora hemos vuelto a Australia con ocasión del grado de Tamara en la maestría de Políticas Públicas y Administración de la Universidad de Carnegie Mellon, en Adelaide, el pasado 24 de agosto. Y me he encontrado con una ciudad diferente a Sidney y Melbourne. Tendría que hacer toda una crónica para contar por qué, pero no tengo tiempo. Apenas debo decir que vine con la curiosidad de saber por qué mi hija se había radicado allí. Adelaide (que todos llamamos en español “Adelaida”) es una ciudad muy extensa, con una población que puede pasar del millón de habitantes, con una condición de tranquilidad espectacular. Ciudad de estudiantes y torre de babel como todas las ciudades australianas que conozco. Nos tocaron los coletazos del invierno, con vientos fuertes y temperaturas bajas...

Un Puracé sin nieve en 2010

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El 1o. de enero de 2010, el Puracé (en la foto 1), como le decimos con confianza al volcán-nevado que vigila el occidente colombiano, entre los departamentos sureños del Cauca y el Huila, aparecía sin nieve. Un sol fuerte anegaba todo. Y desde la casa de la finca paterna, desde donde lo vemos cada vez que -desde hace 60 años- las nuebes lo permiten, echamos de menos la blancura brillante de su cabeza alegre. Esas montañas inmensas de los Andes han sido nuestros íconos -como lo confirmara José María Arguedas en su novela Los ríos profundos- , y sorprendieron nuestra infancia y no dejan de hacerlo en la madurez, como ahora que tocamos la nieve derretida del volcán Osorno (en las fotos 2 y 3), al pie del lago Yanquihue, en Puerto Varas, Chile. Los indios tuvieron la fortuna de adorar lo que veían, sin tener que recurrir a la fe para ver lo que uno no sabe si existe. Y las grandes montañas, el sol, la luna o un lago, fueron suficientemente vigorosos como para aturdir la mente y la sensibil...

Escribir en los viajes

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Le digo a Marco Tulio Aguilera Garramuño, allá en Xalapa, que los hoteles, los hostales, los campings y los sitios del mundo donde uno guarda cama para pasar la noche cuando viaja, no están pensados para escribir ahora que existen estos aparatitos (aparaticos, decimos nosotros los colombianos) que, en ambos géneros, llaman procesadores o computadores o computadoras o portátiles o cualquier palabra en inglés. Y eso me ha pasado en este viaje a Chile, a pesar de tener internet en todas partes. En el desierto de Atacama, es decir, en San Pedro de Atacama, tienen muchos lugares el wi-fi, pero no tiene uno luz, ni mesa, ni sallas adecuadas para escribir las notas que con el tiempo pueden ser la novela o el libro de crònicas. Salvo en este Hotel Wilder, a la entrada de Puerto Varas, viniendo de Puerto Montt, a orillas del Lago Llanquihue, frente al volcán nevado Osorno, donde las casas de madera responden a la lógica de Goethe y los alemanes que sobrevivieron a los fríos vientos de la Pata...

CIINOE y Francisco Garzón Céspedes

Hace 33 años conocí en La Habana a un poeta que contaba cuentos, con una voz especial y ademanes un tanto teatrales, a los niños, en lo que él llamó la Peña del Parque Lenin. A eso, con los días, le llamó "narración oral escénica". En términos rupestres, eso era cuentería. Pero Francisco Garzón Céspedes, un creador innato, le puso sus límites y regó la semilla por todo el mundo. Estuvo, incluso, en Colombia. Luego nos perdimos. Y ahora he vuelto a saber de él. Pues, Francisco, con otros dos compañeros de letras, hoy anda metido en una organización cuyos orígenes puede uno encontrar en su Peña del Parque Lenin, donde él le contaba a los niños cuentos que salían de los poemas, de cuentos literarios, o de cuentos de la tradición oral (eso lo hacía junto con un mimo muy joven y una cantante que él había rescatado de la bohemia). Por eso, le he preguntado a Francisco Garzón Céspedes por CIINOE. Y él me ha contestado: “CIINOE es Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral E...

Festival de las Ideas en Adelaide

Por Tamara A. Peña Porras (Desde Adelaide, Australia) El sábado mientras escuchaba hablar a Zainar Anwar, por un momento me pregunté qué escribiría esta mujer que ha retado las leyes y tradiciones islámicas con el fin de defender los derechos de la mujer en Malasia, en el espacio dedicado a "profesión" en el formulario que se reparte en los aviones al ingreso a cada país. ¿Qué escriben cada uno de los ponentes que asistieron al Festival of Ideas, realizado en Adelaide, Australia? ¿Economista? Sí, había economistas. ¿Abogado? Sí, había abogados. Científico. Sí, también había científicos. Pero me pareció más acertado si todos ellos hubieran escrito: Pensadores. Porque todos ellos lo eran. Durante casi cuatro días, de julio 9 al 12, pensadores de variadas áreas confluyeron en Adelaide para presentar sus investigaciones, sus experiencias, sus puntos de vista ante una audiencia ávida de… ideas. Y totalmente gratis. No es que sea esto particularmente común en este lado del mundo. ...

Semana Santa 2009

Ya les contaré qué hice en Semana Santa el lunes entrante.

La biblioteca sin alcalde

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He conocido ciudadades y pueblos en Colombia donde al alcalde no lo ronda la biblioteca, ni a la biblioteca nunca entra el alcalde. Dos cosas diferentes, con una misma consecuencia: el inmenso atraso cultural ciudadano. En una oficina de la Biblioteca Nacional tienen la contabilidad de los municipios donde, en Colombia, funciona una biblioteca pública municipal. Casi todos. Pero cuando usted llega al pueblo y pregunta por ella, nadie la conoce, está cerrada, en inventarios, en vacaciones, o en reparación. El Ministerio de Educación le ofrece a los municipios unos fondos editoriales, casi siempre muy bien seleccionados y, a cambio de ellos, se les exige a los alcaldes la adecuación de una sala funcional y un encargado de su manejo. Ahí es cuando la mayor parte de ellos se rajan. Al alcalde y al concejo no les interesan las bibliotecas porque, además, poseen una imagen errada de ella. Ven siempre unos libros apolillados, cuatro mesas viejas y a unos niños gritones haciendo tareas. No ven...

Sandoná, Otavalo, Quito

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Luego de Isnos-Popayán, se hace Popayán-Pasto, en cuatro o cinco horas, por la Panamericana, una carretera que debería estar con señalización de kilometraje, de nombres de pueblos, de puentes, porque el paisaje es maravilloso. De lo frío a lo caliente, de lo indígena a lo negro y a lo mestizo. Las poblaciones han mejorado. En El Bordo ya se puede almorzar. Y el remonte a los Andes del Ensilladero es espeluznante. Se entra a Pasto por la famosa colcha de minifundios que tantos pintores han registrado en sus cuadros. Y no se puede llegar de noche a Sandoná (a 45 minutos de Pasto) porque los abismos se llenan de una espesa neblina (foto, a las 6:30 p. m.) que enceguece todo. Bello y gris espectáculo. Y, como siempre en nuestras carreteras de provincia, un tramo de diez kilómetros se quedó sin pavimentar, aunque en el presupuesto y en el mapa estén saldados. En Sandoná, un pueblo crecido a lo lejos sobre las faldas occidentales del volcán Galeras, con clima cálido en el día y frío en las ...

Pitalito-Isnos-Popayán

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A todos les cuento que con Lucas (11 meses), sus padres y mi esposa, hicimos a comienzos de enero, en un Terios normal, la ruta Pitalito-Popayán, arrancando desde Isnos, en la maergen izquierda del río Magdalena. Y todos creen que esa es la misma ruta La Plata-Popayán, la vieja carretera que conecta al centro del país y el Huila con el occidente colombiano -muy larga y mala-, cuando uno no quería pasar La Línea. Pues no. Isnos-Popayán es una trocha más o menos nueva que, sin pavimentar, lo pone a uno en cuatro o cinco horas en la capital del Cauca, de paso al sur sur. Si estuviera pavimentada, serían una hora y media a Popayán, porque son apenas 120 kilómetros los que separan a Isnos (donde se encuentra el Alto de los Ídolos con sus estatuas a color) de Popayán. Pero la indigencia estatal todavía mantiene a esa vía en lo que puede denominarse una trocha, así todos los días transiten por ahí los buses de Transipiales, Sotranscauca, las camionetas Estelares y otros atribulados transport...

Nochebuena vs. Navidad

En realidad de verdad, nosotros poco hablábamos de la Navidad. En el sur del sur, donde quedan pueblos que incluso no figuran (o no figuraban) en el mapa de Colombia, como Saladoblanco o Pitalito, nosotros hablábamos de Nochebuena. Y la noche era buena porque se hacía un dulce en abundancia que tenía ese nombre, Nochebuena, con muchas cosas a la vez, algunas de ellas en extinción, como el higuillo. A esos frutos -la papaya, la papayuela, el limón verde sin carnadura, o la cáscara de naranja, y la regia breva o higo- se le añadían otras especies con base en arinas de maíz o de trigo, que también se melaban en miel de panela. Se le agregaba queso o cuajada. Y se bajaba encima del asado del sur del Huila, distinto a los del norte (nada de lechona). Se me escapan otros nombres, porque en cada casa a la Nochebuena se le ponían más ingredientes. Ni la natilla, ni los buñuelos del altiplano, eran esenciales. A veces, también, se colocaban, porque la gula del dulce de la Nochebuena era ilimita...

Adiós al Taller de Escritores; llegó la Especialización

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Durante 27 años, el Taller de Escritores de la Universidad Central formó a jóvenes y viejos en la intención de escribir historias literarias. Y entre el grupo grandísimo de 1981 y los que le siguieron, con tan diferentes formatos, se fueron creando pequeñas redes y varios sub-grupos. El resultado sobrepasó mis expectativas como fundador; yo el gran escéptico, menos de la literatura. La gente se encarretó y las distinciones llegaron casi a la tercera centena. Pero, lo importante no eran esas distinciones, sino el haber canalizado voluntades y pasiones por la escritura y la lectura. Se consiguieron valores éticos, también. No se escribe para competir, ni para masacrar al otro, ni por prebendas, ni para sacrificar la libertad de nadie; se escribe para crear nuevos mundos, de todas las naturalezas, sin excepción alguna, como si fuéramos unos dioses muy humanos, y para no dejar que la historia se quede sin historias. Paseamos siempre todas las épocas, todos los géneros, todas las poéticas, ...

Un primero de octubre de 2008

Quiero escribir como un loco porque pareciera ser la única salvación en este mundo de comienzos de siglo. Hacerlo en la pantalla, en el aire, en las patas de la mesa. Y no dejar que lo borren, aunque resulte casi imposible. He abandonado el otro blog, El libro de Isaías, porque el Profeta Mayor me la estaba jugando en el ciberespacio, y los usuarios del sistema se confundían. Al fin y al cabo, el loco soy yo. Y ha sido -el comienzo, digo- este 1o. de octubre en que sigo en la escritura y reescritura de mi próximo libro, El universo de la creación narrativa, abrebocas del primer bimestre de la Especialización en Creación Narrativa, de la Universidad Central, que comenzaremos el 7 de octubre próximo, con un equipo integrado por los escritores Oscar Godoy, Manuel Hernández, Aleyda Gutiérrez, Joaquín Peña Gutiérrez, entre otros. Escribir como un loco -sin pensar en la verdad de la verdad que suelen poseer los cuerdos-, puede ser una etapa mejorada de todo lo anterior. Espero que ustedes me...