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Mostrando las entradas etiquetadas como Un minicuento

Premios internacionales de microtextos

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Estos son algunos de los ganadores y finalistas del Premio Internacional de Microtextos “Fracisco Garzón Céspedes”, en su versión del año 2010 y 2011, bajo la ínteresante convocatoria del "Cuento de nunca acabar", una variante del minicuento, exploración planteada por Garzón Céspedes). Salomé Guadalupe Ingelmo (España, Madrid) APARTA DE MÍ ESTE COLLAR DE CRÁNEOS Verdugo y víctima ―círculo de violencia― ensartan por turno macabras cuentas: en ojos y dientes cobran la deuda. Pero cuenca vacía no ve alguna (in)justicia; la encía aún muerde, escorpión suicida. La venganza se enfría en el plato y el cuerpo, en la vía. Porque cuenca vacía no ve… Cristina Carro Fernández (España, Madrid) LA NECESIDAD DE LA IMPOSIBILIDAD. O VICEVERSA. Solo con empezar, salen las palabras empujándose, diciendo que son insuficientes, que el único significado que construyen es el de su imposibilidad de hallarlo. Pero peor sería si no salieran. Por eso, cada vez que no hallan significado, vuelvo a empez...

Un minicuento de Ana María Shua

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La sueñera , un libro de 250 cuentos muy cortos, que Ana María Shua no tituló sino que numeró cada uno de ellos, ya es un clásico en la bibliografía argentina e hispanoamericana del minicuento. De ese libro, que tras del tema del dormir, del sueño, de los sueños y ensueños, y de sus alrededores, indagó esas formas tangentes entre lo fantástico de lo real y lo irreal de lo fantástico, partiendo del referente real o de obras de arte ya existentes, tomo para hoy domingo, con el permiso de Ana María Shua ( ani@anamariashua.com.ar ) su cuento 63 (p. 73, en la edición de Emecé). 63 Sé que en el fondo de la taza, la borra de café dibuja mi destino. Para conocerlo bebo durante horas, durante días enteros el líquido que lo oculta. El líquido es oscuro, inextinguible. Beberlo para siempre es mi destino.

Un minicuento de Andrés Elías Flórez

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Este fue el fallo del concurso de minicuento organizado en España por Clara Obligado y su Taller "Por favor, sea breve". La Editorial Páginas de Espuma publicará los 20 primeros cuentos, entre los cuales figura un colombiano, Andrés Elías Flórez B., con el cuento que trascribo a continuación, luego del concepto de la maestra en el género, la argentina Ana María Shua: "Gracias a este concurso vuelvo a comprobar, con gran alegría, la fuerza que tiene hoy la minificción en España. Más de 2000 trabajos presentados demuestran que nuestro género tiene escritores y lectores que lo buscan, lo intentan, lo aman. Como siempre, el resultado final es un poco arbitrario. Nos resultó difícil elegir sólo veinte entre tantos textos de alta calidad. Los ganadores pueden estar orgullosos: son los veinte mejores de 3000 textos muy dignos y cien textos francamente valiosos. ¡Felicitaciones! Ana María Shua". Ganadores: 1. De cero. Eva Díaz Riobello (Asturias), ganadora del certamen. 2. ...

Un mincuento inédito de Francisco Garzón Céspedes

URRACA DEL OTRO LADO DEL CRISTAL Francisco Garzón Céspedes La urraca roza la ventana. Un ala que toca suave, fugazmente. De inmediato vuelve de amor y da por una milésima con el pico en el cristal. Ha entrenado para conseguirlo sin perecer, sin dañarse afuera. Luego desaparece, no insiste en búsqueda de una apertura, de una caricia, de un intercambio de miradas o de sonidos. Regresará al día siguiente, a la misma hora de intensa luz. Tras la ventana, siete pisos arriba de la desolación, el adolescente ni siquiera espera a la urraca cada mediodía. Es su hora de hallarse junto a esa pared, entre dos destinos. No es capaz del enamoramiento y del deseo del ave, ni tampoco de su creciente desesperanza. Está en los cúmulos protectores de su indiferencia. Si acaso alguna vez, con la perplejidad pensante de quien, sin percibir los riesgos, no comprende roce y picotazo. Ni siquiera repara en la habilidad, en la precisión. Si de niño el adolescente no hubiera sido arrebatado de sí, violada consi...

Un minicuento de Miguel Ángel Giraldo

SE ME ESCURRIERON LOS OJOS Miguel Ángel Giraldo Mami: Hoy se me vinieron las lágrimas en la calle Antier concelebramos la misa por el segundo aniversario de tu partida y hoy, sábado, almorzamos juntos en casa, pero no fuimos a visitar tu tumba Vos entendés la razón; la cobardía emocional impide compartir flaquezas y nos atrinchera en rincones de autosuficiencia, somos soledades que nos agreden y nos vuelven mutuamente agresivos Después de la siesta salí a recordar mi ciudad … y encontré tanques por la Quinta, mami se me escurrieron los ojos Sí señora, la misma Quinta por la que bajábamos bailando “Cali pachanguero”, ¿te acordás? Yo nunca había visto un desfile con tanques de guerra por la Quinta y no sé si los hubo antes, pero si fue así, gracias por no llevarme a verlos, gracias por no sembrarlos en mí Algo muy divertido perdura con nuestros seres más allá de su partida, y es la irrespetuosa complicidad que nos autoriza el afecto: Hace dos años, acompañándote al cementerio, bromeábamo...

Un minicuento de Andrés Elías Flórez B.

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EL OBSEQUIO DE UN BUEN ARGUMENTO Andrés Elías Flórez B. Andrés, el señor de la ventana de enfrente, me ha parado en el rellano de la escalera. Me ha insultado y hasta me ha retado a un duelo. Me ha dicho, de manera acalorada y a gritos: Que yo por qué soy escritor. Que entre a casa y vuelva a salir con los diplomas que me acreditan como tal. Que yo, un pobre diablo, que hasta sin corbata visto, y al cual él tiene que prestarle plata a diario qué iba a ser nada. (La gente se ha asomado por todos lados). Que qué escritor y qué ocho cuartos. Sinceramente, yo no encontraba qué responderle. Quise argumentar, en tono reposado, que lo era porque había algunos editores que se encargaban de editar, distribuir y vender mis libros. Y que había lectores que se ocupaban de leerlos y que ellos, a vuelta de correo, podrían certificar que yo era escritor. No encontraba o no me salían las palabras. Expresó, levantando la mano, un rotundo: ¡Qué va! Y dijo como hablando solo o con la gente que se reunía...

Minicuentos de María Elena Lorenzín

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María Elena Lorenzín llegó a Australia en la década del 80. Había nacido en Argentina, en el interior, en Jáchal, San Juan. En la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, estudió literatura. Y sacó su doctorado en la Universidad de Flinders, en Adelaide, Australia. Y allá sigue. Supe de ella por Tamara, que vive y estudia allá. Y lo que quiero decir es que cuando recibí el último de sus libros, Microsueños , que es un bello microlibro, editado en Chile (Ediciones Asterión), para mí fue una inmensa sorpresa. Es probable que ella esté en Colombia al finalizar este año, cuando celebremos el VI Encuento Internacional de Minificción. Estos son cuatro minicuentos de su libro mencionado: Frivolidades A Ángela Romero Pérez Ella está guardando sus cincuenta pares de zapatos, los ordena por colores, por años, por sueños rotos, por... La voz ronca a su espalda masculla, "me dejas por otro". Ella gira para responder, "no, querido, te dejo por tí". Los zapatos sólo esperan la ...

Un minicuento de Gabriela Mistral

La dulzura Por el niño dormido que llevo, mi paso se ha vuelto sigiloso. Y es religioso todo mi corazón desde que va en mí el misterio. Mi voz es suave, como por una sordina de amor, y es que temo despertarlo. Con mis ojos busco ahora en los rostros el dolor de las entrañas. Así los demás miren y comprendan el porqué de mi mejilla empalidecida. Hurgo con miedo de ternura en las hierbas donde anidan las codornices. Y voy por el campo silenciosa, cautelosamente. Creo ahora que árboles y cosas tienen hijos dormidos sobre los que velan inclinados. Tomado del libro Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves , edición de Clara Obligado, Madrid, Páginas de Espuma, 2001.

Un minicuento de Franz Kafka

«Ay», dijo el ratón,° «el mundo es cada día más pequeño. Primero era tan ancho que me daba miedo, seguí corriendo y me sentí feliz al ver por fin los muros que se alzaban a lo lejos, a derecha e izquierda, pero esos largos muros se precipitan tan velozmente los unos contra los otros que ya estoy en el último cuarto y allá en el rincón espera la trampa en la que voy a caer.» «Tienes que cambiar la dirección de tu carrera», dijo el gato, y lo devoró. Tomado del libro de Franz Kafka, El silencio de las sirenas. Escritos y fragmentos póstumos, Barcelona, Debolsillo, 2005, pp.395.

Un minicuento de Jaime Echeverri

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Humano, demasiado humano La muchacha delgada toma el sol en la playa. Antes de venir a pasar sus vacaciones hizo una dieta estricta y logró bajar algunos kilos. A la orilla del mar hay cientos de muchachas como ella, que antes de venir hicieron lo mismo y ahora hacen exactamente lo mismo. Vinieron a que las miraran. Los hombres han hecho otro tanto. Antes de subirse al avión cumplieron una extenuante temporada de ejercicios para que sus cuerpos lucieran mejor. Todos desean ser mirados. Nadie quiere mirar. Y así hacen. Salen de los hoteles y las casas con su morral al hombro y vienen a tenderse en la arena a recibir el sol para levantarse luego a dar un paseo para que todos puedan admirar el prodigio de sus cuerpos. Pero nadie se atreve a mirar a nadie y, finalmente, la playa se cubre de fantasmas. [Tomado del libro Versiones, perversiones y otras inversiones , de Jaime Echeverri, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2009].

Un minicuento de Oscar Wilde

El imán Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se transformó en impulso. ¿Por qué no ir hoy?, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, habían ido acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran las otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía ya tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían...

Un minicuento de Guillermo Velásquez Forero

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Ecos del olvido A Néstor Ganduglia y Natalia Rebetez En el lindero invisible de la medianoche, entre los altos muros del miedo, oíamos las ánimas que escarbaban entre los archivos secretos de la memoria popular, abrían cajas, sacaban carpetas, pasaban folios y, luchando contra el poder del silencio oficial, trataban de leer en voz alta la historia interminable de los crímenes contra el pueblo. Pero sólo se percibía el eco del horror de los alaridos, llantos y gemidos del viento de la maldición, que llegaba del olvido arrastrando y golpeando contra las sombras su denuncia tétrica e inútil. Tomado del último libro de Guillermo Velásquez Forero, Luna de espantos. Cuentos brevísimos , ganador del primer premio en el Concurso Departamental de Literatura, Consejo Editorial de Autores Boyacenses, Secretaría de Cultura y Turismo de Boyacá, género cuento, Colombia, 2008, en el que fueron jurados: Andrés Elías Flórez, Hernán Fonseca y Gilberto Ávila.

Unos minicuentos de Coco Goicoa

Coco Goicoa es un escritor argentino, y reproducimos los siete cuentos que vienen en la revista digital de cuentos hiperbreves, Gaviotas de Azogue. Gracias a Francisco Garzón Céspedes y a su equipo editor. ACCIDENTE FATAL A ella se le escapó un te quiero que no sentía. BESOLOGÍA Creyó que eran besos para seguir besando, pero eran besos para despedirse y no besar nunca más. EL RELOJERO DEL DESIERTO Busca un lugarcito donde no llegue la brisa, y sobre un trapo limpio deja los granitos al sol toda la tarde. Luego los introduce en el vidrio y asegura que el reloj de arena no atrasará más. JUICIO SALOMÓNICO -No, Salomón; usted debió haber investigado el robo de niños. LA AGUJA Harto de buscar una aguja en un pajar, se sentó en el pajar a descansar. Allí se clavó la aguja. LOS PÁJAROS Los pájaros se impacientan porque Hansel y Gretel no regresan, y ellos tienen hambre. VIDRIERA Se detuvo asombrada a mirar un maniquí desnudo tras el vidrio de la tienda, al que seguro estarían por vestir. Ingr...

Un minicuento de Luisa Valenzuela

Este tipo es una mina No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros. Tomado de: Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves , edición de Clara Obligado, Madrid, Páginas de Espuma, 2001. Luisa Valenzuela nació en Buenos Aires, Argentina, en 1938.

Un minicuento de Isidoro Blastein

El principio es mejor En el principio fue el sustantivo. No había verbos. Nadie decía: “Voy a la casa”. Decía simplemente: “casa”, y la casa venía a él. Nadie decía “te amo”. Decía simplemente “amor” y uno simplemente amaba. En el principio era mejor. Tomado de: Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves , edición de Clara Obligado, Madrid, Páginas de Espuma, 2001.

Unos minicuentos de Francisco Garzón Céspedes

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CÓDIGO El loco pintó su raya. Y no la cruzó. A falta de razón, definía límites. CONEXIÓN El loco pensó la pecera. Eligió los peces dorados y los tragó sin dañarlos. Desde sí, iluminó. CORTESÍA El loco cogió la sombrilla, la sostuvo el alto, y se quedó fuera para proteger del sol a su sombra. CRUZADA El loco colocó la lupa entre su figura y el espejo. Y confirmó que su otro yo sería capaz de derrotar la soledad. DECLARACIÓN El loco arrancó de la margarita sólo los pétalos del “no me quiere”. Reafirmó las palabras de amor a pronunciar. Y se supo tan completo como la flor. Estos cinco minicuentos pertenecen al libro Cuentos del loco , de Francisco Garzón Céspedes, a quien dejé, hace muchos años, como poeta y narrador oral escénico, y ahora descubro como autor de variados experimentos con narrraciones moleculares. Transcribo su historia de los últimos años, que le he pedido para los lectores de este blog: Fracisco Garzón Céspedes: (Cuba/España, 1947, ciinoe@hotmail.com), es escritor, direc...

Un minicuento de William Ospina

Amenazas -Te devoraré –dijo la pantera. -Peor para ti –dijo la espada. Tomado de: Antología del cuento corto colombiano , de Guillermo Bustamante y Harold Kremer, Bogotá, Universidad Pedagógica, 2007.

Un minicuento de Julio Olaciregui

No digas nada Hay unas paredes de cal cuajada en un cuartito de hotel en Santa Marta. Colgados, como retratos olvidados por el viajero de turno, hay gemidos, palabras y promesas. El silencio pesa allí, todavía, y alguien, desvelado en aquel lugar, los identifica o los hace suyos. Tomado de la Antología del cuento corto del Caribe colombiano , de Rubén Darío Otálvaro Sepúlveda, Montería, Universidad de Córdoba, 2008.

Un minicuento motilón

El mundo de arriba y el mundo de abajo En el cielo, allá arriba, había una selva con árboles, con animales y con comida. Alla vivían los motilones, cazando y sembrando. Y miraron un día hacia abajo, a la tierra, y vieron que allá también había ríos y bosques con buena caza. Entonces cortaron un bejuco muy grueso y muy largo, para que resistiera el peso de los hombres, y por él se descolgaron todos los motilones, uno detrás de otro. Y llegaron a la tierra y el bejuco quedó colgando y los indios se fueron a cazar animales. Un gallinazo, que pasaba volando, cortó el bejuco y cuando los motilones volvieron de la cacería no pudieron subir, regresar al cielo: se quedaron para siempre en la tierra. El gallinazo, como castigo, tiene que comerse la carne de los muertos para llevarla otra vez al cielo. [Tomado de la Antología del cuento corto colombiano , de GuillermoBustamante y Harold Kremer, Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2006]

Un minicuento de Ramón Gómez de la Serna

Sueño del violinista Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua para que se oyese arriba, creando los nenúfares musicales. En el jardín abandonado y silente y sobre las aguas verdes, como una sombra en el agua, se oyeron unos compases de algo muy melancólico que se podía haber llamado “La alegría de morir”, y después de un último “glu glu” salió flotante el violín como un barco de los niños que comenzó a bogar desorientado. Tomado de: Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves , edición de Clara Obligado (Madrid, Páginas de Espuma, 2001).