miércoles, 24 de diciembre de 2008

Nochebuena vs. Navidad

En realidad de verdad, nosotros poco hablábamos de la Navidad. En el sur del sur, donde quedan pueblos que incluso no figuran (o no figuraban) en el mapa de Colombia, como Saladoblanco o Pitalito, nosotros hablábamos de Nochebuena. Y la noche era buena porque se hacía un dulce en abundancia que tenía ese nombre, Nochebuena, con muchas cosas a la vez, algunas de ellas en extinción, como el higuillo. A esos frutos -la papaya, la papayuela, el limón verde sin carnadura, o la cáscara de naranja, y la regia breva o higo- se le añadían otras especies con base en arinas de maíz o de trigo, que también se melaban en miel de panela. Se le agregaba queso o cuajada. Y se bajaba encima del asado del sur del Huila, distinto a los del norte (nada de lechona). Se me escapan otros nombres, porque en cada casa a la Nochebuena se le ponían más ingredientes. Ni la natilla, ni los buñuelos del altiplano, eran esenciales. A veces, también, se colocaban, porque la gula del dulce de la Nochebuena era ilimitada. Todavía en los exámenes clínicos no aparecían los triglicéridos. No se conocía esa palabra. Lo importante era comer esa dulzura que era la Nochebuena, que duraba no sólo el 24 de diciembre por la noche, sino unos días antes y, por lo menos, una semana más.
La Navidad, es decir, el nacimiento, se remitía al encanto de los regalos que le ponían a uno debajo de la almohada, cuando uno se dormía profundo después de haber corrido fantasmas en la noche. Poco existía Dios en esos rituales. En eso, Fernando Pessoa, en su poema "Navidad", que tradujo Héctor Abad y publicó hoy 24 de diciembre en El Espectador, pareciera interpretarnos a los del sur con su especial escepticismo. "No persigas ni creas: todo está oculto". Detrás de la Navidad, para nosotros, en mi casa de la finca "La Batalla", que dirigía ese escéptico de izquierda que fue mi padre, siempre prevaleció, escondida, oculta, la Nochebuena, sin que se le negara -prohibido prohibir- posada al pesebre y a las músicas paganas que siempre incitaban a la extensión de los mitos y los ritos.
A todos, entonces, gracias por acompañarme, y les deseo una buena Nochebuena, y me guardan un poquito, por favor.

5 comentarios:

Rosse dijo...

Que buena y bonita historia de nochebuena! Felices fiesta para usted también...

Anónimo dijo...

Muy chevere evocar esos ritos navideños que, de alguna forma, ya no tenemos tan presentes; sin embargo, al leerlos, uno alcanza a sentir que aquellos ritos nos forjaron el arraigo que aún tenemos

Andrés Mauricio M.

MARIO dijo...

Maestro: la magia de las letras me ha permitido degustar ese rico manjar huilense; un abrazo enruanado y la sensación de un buen postre boyacense que lo acompañen este fin y el pròximo año.

Martha Cecilia Cedeño Pérez dijo...

Isaías: mientras leo tu entrada se me hace agua la boca. Vuelven aquellos recuerdos de la infancia con sus aromas conjuntados. Y también vuelven los abrazos, el calor de la familia, que en esta distancia, echo de menos.
Un abrazo de Nochebuena,
Martha
www.espaciosyperiferias.blogspot.com

Anónimo dijo...

Gracias por las palabras de fin de año, a todos. Y gracias por la Nochebuena tan dulce.