San Agustín, ires y venires

Mi primera excursión fue a la Cueva de los Guácharos, no a San Agustín. Cada vez que pregunté en Neiva entre mis familiares por San Agustín, las expresiones fueron de escepticismo y desgano. Estando ya en Bogotá, como profesor universitario, hice una encuesta sobre San Agustín entre mis alumnos de periodismo y todos me preguntaron, ¿San Agustín? Siempre hemos sido –ahora caigo en cuenta- menos que una hipótesis. Quien viene del exterior con emoción y expectativa a visitar las esculturas y la estatuaria de San Agustín espera encontrar en el aeropuerto internacional de Eldorado siquiera una gran valla con una imagen gigante del parque de San Agustín, pero jamás la encontrará. Es más, cuando tome carretera hacia el sur tampoco la encontrará, ni siquiera cuando llegue al Huila. Alcanzará a imaginar que San Agustín no existe, que era una hipótesis del santo de Hipona, o algo semejante. Verá, en cambio, que al norte hay una “Ciudad Perdida”, tan importante como la del sur, pero que la “perdida” sigue siendo la del sur. Una “ciudad” entera de artistas que, al aire libre, en la cima de los Andes, tejieron unas piedras especiales que el tiempo del hombre no ha podido destruir, pero que siguen siendo invisibles para quienes las tienen a su lado.
(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 19 de octubre, 2013).
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