domingo, 29 de marzo de 2009

Un poema de Charles Baudelaire (1821-1867)

La luna ofendida

Oh Luna que adoraban nuestros discretos padres,
Desde el país azul donde, harén rutilante,
Van girando los astros con tocados pomposos,
Mi vieja Cintia, lámpara de nuestros aposentos,

¿Miras a los amantes en sus ricos jergones
Dormir, mostrando el fresco esmalte de sus bocas?
¿Al poeta inclinando la frente en su tarea,
O, bajo el seco césped, acoplarse a las víboras?

¿De dominó amarillo y con pie clandestino
Acudes, como antaño, del crepúsculo al alba
A besar de Endimión la gracia envejecida?

-“Veo a tu madre, hijo de un siglo empobrecido,
Que ante el espejo muestra la usura de los años
Y se adorna ese pecho que te nutrió, con gracia”.

[Tomado de Las flores del mal, Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1982, p. 122. Traducción de Antonio Martínez Sarrión].

sábado, 28 de marzo de 2009

Un mincuento de Gonzalo Arango

Regreso del dolor

Aunque no la conozco ni la había visto nunca en mi vida, pienso que estará turbadapor otras razones ajenas a la muerte del tipo, muerte que sólo a mi me concierne.
La gente se dispersa asqueada por los despojos triturados del muerto, y ese sol que pronto lo pudrirá. La mujer y yo quedamos junto al cadáver abandonado.
-Haga algo por él, usted que puede –dice con una voz trémula.
Esa voz me conmueve por la cantidad de amor y de dolor, como de nostalgias y de esperanzas rotas.
-Soy el único que puede hacer algo por él –digo. Y agrego-: Yo traté de ayudarlo, pero fracasé.
La mujer se aleja. En sus pasos descubro el cansancio y el peso de una desesperación superior a sus fuerzas, pero no puedo ayudarla.
Sin más esperanzas recojo mi cadáver y me marcho con él.

[Tomado de la Antología del cuento corto colombiano, de Guillermo Bustamante Zamudio y Harold Kremer, Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2006, p. 18].

Gonzalo Arango, fundador del Nadaísmo, nació en Andes, Antioquia, en 1931, y murió en un accidente de carretera en Sesquilé, Cundinamarca, en 1976. Este cuento hace parte de su libro Sexo y saxofón.

viernes, 27 de marzo de 2009

Próximo lunes 30, La ceiba de la memoria


"EL GRITO DE BENKOS
Sí. Gritar. Mi grito perfora el aire. Llega a lo alto de las ceibas y rebota. Sacude las ramas de los flamboyanes. Reconoce los nísperos y husmea los mameyes. Mi grito funda. Mi grito invoca. Mi grito llama. Mi grito como como el canto del pájaro-colibrí marca su territorio. Sé que no hay vuelta. El mar sólo devuelve el cuerpo de los muertos. Los tesoros los esconde. Mi grito señala este lugar rodeado de ciénegas y sin caminos. Un lugar de nadie para todos donde encenderemos otra vez el fuego y venceremos el silencio".

Este es el comienzo de la página 80 de la novela La ceiba de la memoria, seleccionado al azar. Sobre esta novela de 400 páginas, premio latinoamericano de novela por reconocimiento "José María Arguedas", de Casa de las Américas, llena de recursos literarios y abarcadora de varios siglos de historia del mundo, una obra de pesos pesados, hablaremos el próximo lunes 30 de marzo, en la Biblioteca de la Universidad Central (Cra. 5a. No. 21-65), segundo piso, con la presencia de su autor, Roberto Burgos Cantor. Comenzaremos a las 6 y 30 p. m., en punto. ENTRADA LIBRE.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Andrés Neuman, Premio Alfaguara 2009

Hace unas semanas, el chileno Luis Sepúlveda (1949), autor de Un viejo que leía novelas de amor, ganó el Premio Primavera de Novela, alrededor de 250.000 dólares, que convocan Espasa Calpe y El Corte Inglés de España, con la obra La sombra de lo que fuimos, una novela que habla de los tiempos de Allende, Pinochet y el regreso de la democracia en Chile. La novela aún no ha salido.
Ahora, el joven Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) ha ganado el Premio Alfaguara 2009, unos 170.000 dólares, con una novela clásica y postmoderna, al decir de los jurados, titulada El viajero del siglo. Neuman, residente en España desde hace muchos años, estuvo en Bogotá el año pasado como parte de los invitados al festejo de los escritores menores de 39 años (los otros dos argentinos fueron Pedro Mairal y Gonzalo Garcés). Fue conocido al filo del siglo por dos novelas, finalistas en el Premio Herralde y ya publicadas, Bariloche (1999) y Una vez Argentina (2003). Pero Neuman, de gran espíritu y ánimo festivo –dicen quienes lo conocen-, ha publicado una decena de libros de poesía, algunos de cuento, ensayo y otras novelas. A los 32 años, como va, nada tiene de raro que se nos convierta en el primer Nobel argentino. Esperamos leer su novela. Se puede visitar su página web para tener una información completa sobre su ya amplia obra literaria: www.andresneuman.com

domingo, 22 de marzo de 2009

Un poema de Meira Delmar (1922-2009)



El resplandor

Nunca supe su nombre.

Pudo
ser el amor, un poco
de alegría o simple-
mente nada.

Pero encendió
de tal manera el día,
que todavía
dura su lumbre.

Dura.
Y quema.

Del libro Reencuentro, 1981.

[Tomado del libro Pasa el viento. Antología poética 1942-1998, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 2000, p. 153].

Meira Delmar (de nombre Olga Chams Eljach) nació en Barranquilla el 21 de abril de 1922 y murió allí mismo el 18 de marzo de 2009. Publicó casi una decena de libros de poesía a partir de 1941. Su voz lírica, siempre en trance de amor y de arrobamiento melancólico, fue reconocido en el continente. De ascendencia libanesa, estuvo vinculada a la cultura barranquillera toda su vida. La Biblioteca Pública Departamental del Atlántico lleva su nombre.

sábado, 21 de marzo de 2009

Un minicuento de James George Frazer

Otro relato, recogido cerca de Oldenburg, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia. Todavía está ahí, en la iglesia de Santa María, en Lübeck. Es del tamaño de una rata, y una vez al año se mueve.
James George Frazer, Balder the Beautiful, vol. I (1913)

[Tomado de la Antología de la literatura fantástica, de Borges, Bioy y Silvina Ocampo, Bogotá, Editorial Sudamericana, 1994, p. 187].

James George Frazer (1854-1941), nació en Glasgow y murió en Cambridge. Unos lo colocan como inglés, y otros como escocés. Es el famoso autor de La rama dorada (1890), libro madre de antropólogos y escritores. Y también del famoso Totemismo y exogamia (1910), que Freud tuvo en cuenta más adelante. De 1909, es su libro El abogado del diablo. Un motivo para la superstición, que no se sabe si Morris West lo tuvo en cuenta para escribir su novela homónima, y que luego dio paso a las versiones cinematográficas de Lumet y…

jueves, 19 de marzo de 2009

Homenaje al poeta Rogelio Echavarría

En 1995, cuando le pedí al poeta Rogelio Echavarría unos datos sobre su vida para incluirlos en una antología, él me entregó una hoja sencilla, escrita por cara y sello. En ella, para mi curiosidad, resaltaba su vida como periodista y apenas si citaba su actividad poética, a la que hoy se le rinde homenaje, a las 7 de la noche, en el Gimnasio Moderno, con la intervención de los escritores Gonzalo Mallarino Flórez y Federico Díaz-Granados, entre otros. Lo que digo adelante de Rogelio Echavarrría, en su homenaje, lo he tomado de aquella hoja escrita en una antigua Remington:
Rogelio Echavarría nació en Santa Rosa de Osos, Antioquia, o como él lo escribió en la edición de El transeúnte, de la Universidad de Antioquia, 1994, “vio la luz el 27 de marzo de 1926 y esa misma noche vio la sombra”. A los 15 años se inauguró como periodista en el radioperiódico de la emisora Ecos de la Montaña, en Medellín. Pasó, de inmediato, al diario El Pueblo como corrector de pruebas, redactor internacional (finales de la Segunda Guerra Mundial) y columnista cultural. En 1945 se trasladó a Bogotá. A los 20 años fue sub-jefe de armada, corrector de pruebas y comentarista cultural en las páginas de opinión del diario El Siglo. En 1946 pasó al diario El Espectador como jefe de corresponsales y comentarista en las páginas editoriales. Fue sub-jefe de redacción de El Vespertino y luego jefe de redacción de El Espectador. Clausurada la prensa liberal, fundó con Felipe González el semanario Sucesos. En 1958, ingresó a El Tiempo, donde fue jefe de armada y secretario de redacción. Salió en el 60 y regresó en el 62 como secretario general de redacción, nombrado por Eduardo Santos. Y allí permaneció hasta 1988, cuando se jubiló. Antes, como sub-jefe de redacción de El Tiempo, fue considerado ejecutivo del año por la Cámara Junior, en 1967. Y por sus periódicas reseñas de libros en El Tiempo, en 1978 fue premiado por la Cámara Colombiana del Libro. Con estas reseñas se publicaría, en 1996, su libro titulado Mil y una notas. Luego de su retiro, Rogelio se dedicó a estudiar la poesía colombiana y a concebir un número, hoy grande, de antologías para las editoriales bogotanas, como Versos memorables (las 100 poesías más famosas de Colombia, en 1989). Colcultura le otorgó una beca en 1993 y de ahí salió su libro Quién es quién en la poesía colombiana (1994).
¿Pero qué había sido del inmenso poeta silenciado por el amor al periodismo?
Mientras tanto había publicado un mismo libro, siempre renovado. “Canciones de adolescencia” y “Elegías prematuras”, un grupo de 11 poemas, fueron publicados en un cuaderno que se tituló Edad sin tiempo (Bogotá, Ediciones Teoría, 1948). Por eso, lo consideraron miembro de los Cuadernícolas. (También lo sería de la Generación de Mito por publicar otros primeros poemas en la revista Mito. Y hasta nadaísta quiso que fuera Gonzalo Arango). Este cuaderno, más tarde, pasaría a ser parte de su segundo y único libro, El transeúnte (Bogotá, Ministerio de Educación Nacional, 1964), hoy con siete ediciones (Bogotá, Norma, 1999), ésta última ya no con los 38 poemas de 1964, sino con 66 poemas en total. El silencio no había sido en vano y el poeta, entre cables de prensa y reseñas de libros, había aprendido y sacudido el espíritu de las calles, el dolor de los hombres y la inminencia del tiempo. Sencillo, audaz, sensible, irónico, alegre y reflexivo, pundonoroso, parco y asombrado, Rogelio, el transeúnte, llegará esta noche, 19 de marzo de 2009, al Gimnasio Moderno (Carrera 9 No. 74-99), al borde de sus 83 años, repitiendo los versos de su poema legendario, “El transeúnte”: “Todas las calles que conozco/ son un largo monólogo mío”, “son un largo gemido/ todas las calles que conozco”.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Libros de Aristizábal, Montes y Anatael




1. Poemas Caminos por la tierra, de Alonso Aristizábal
Fuera una ópera prima si no fuera porque Alonso Aristizábal, mi compadre, es un consumado narrador y ensayista, gran maestro de literatura y de escrituras creativas. Pero es su primer libro de poesía. Allí recoge años de escondida poesía, con un título que quisimos ponerle, hace unos años, a un libro de crónicas sobre esos senderos que en la ciudad se desconocen –en todos sus infinitos sentidos-, los caminos. Acá ya no es el cuentista o novelista de los movimientos sociales en Colombia, ni el ensayista mesurado y brillante. Ahora, sus poemas con andadura de prosa, van y vienen por distintos caminos, desde la reflexión sobre la poesía, la escritura y el lenguaje, hasta los paneos por los paisajes de su tierra caldense. Resulta una voz muy particular de Alonso, cuando escribe poesía. No lo conocíamos.

2. Para qué recordar, novela de Roberto Montes Mathieu
El reconocido autor de los años setentas, autor de libros de cuentos tan famosos como El cuarto bate (1985), recupera una novela escrita –ha dicho él- en el siglo pasado, con la nostalgia de los boleros de Felipe Pirela, de la Billos, de Alfredo Sadel, con el afán juvenil de entonces, la música y las tardes en los pueblos del Caribe. Dice Albio Martínez Simanca en la contracarátula que Roberto despliega en la novela todas las técnicas aprendidas en Joyce, Sallinger, Carroll y Cortázar.
Roberto, de Sincelejo (1947) y residente en Bogotá desde joven, es coautor de la Antología del cuento caribeño (2003).

3. Memoria de Caín, opera prima de Anatael Garay Álvarez
Con el sello editorial de la Universidad Corporación Unificada Nacional de Educación Superior (CUN), aparece el primer libro de Anatael Garay (Corozal, 1968), hombre de letras y de artes gráficas. Es un libro pulcro, muy bien editado, ilustrado con caricaturas de Turcios y algunos cuadros de pintura de Walbert Pérez. Prologa Víctor Manuel Romero. Y Anatael deja escuchar unos poemas que provienen del dolor, de un poco de rabia, de una realidad roja, teñida de rojo, como algunos cuadro de Pérez. “Y reviso mi dureza/ mi volumen/el espacio de mis huesos/los ruidos de mi centro”, dice él “cuando vuelvo al centro de mi ombligo”. Una buena iniciación es esta Memoria de Caín. Los poemas del purgatorio.

martes, 17 de marzo de 2009

Raúl Pérez Torres

Tienen estos tiempos de intensos mercadeos, la desventaja de no dejarnos ver el paso del tiempo. Tal vez, por eso alguien dijo que la historia había desaparecido. El presente de las ventas apabulla la historia del hombre, tiende a desaparecerla. Pero, la historia está ahí, no es sino levantar un poco el velo mercadotecnista que la oculta. Pasa mucho esto en literatura. La noticia del libro nuevo eclipsa –pareciera, da esa sensación, y algunos lo creen- la historia literaria. Sucede con la reciente literatura de los años setentas y ochentas. Y un caso relevante es el del ecuatoriano Raúl Pérez Torres (foto), cuentista por excelencia. Tengo a la mano tres de sus últimos libros y lo recuerdo. Cuentos escogidos (1996), Siete historias (2004) y El tiempo, esa pluma. Textos y pretextos (2007).
Raúl fue fundador de la agitada e innovadora revista literaria La bufanda del sol, de los años 70s., en Quito. Ha publicado una novela, Teoría del desencanto (1985), y libros de cuentos que dejaron libres sensaciones, como Da llevando (1970), Manual para mover las fichas (1973), Micaela y otros cuentos (1976), Un saco de alacranes (1989). Es Premio Casa de las Américas con su libro de cuentos En la noche y en la niebla (1980) y Premio Internacional Juan Rulfo de cuento (1994) y Premio Julio Cortázar de cuento (España), 1995.
En los años 70s. ellos, los de La bufanda del sol, dieron un salto grande en cuanto a los temas y sus lenguajes. Y en su último libro, que recoge artículos y ensayos, Raúl deja ver a un hombre aún más libre que en sus cuentos. Por ejemplo, en “Nocturno del padre feliz” o en “El señor de los gatos”, un desagarramiento leve atraviesa el texto. “Mi padre cometió el único error de su vida cuando yo tenía cinco años: se murió”. Como dijo Ángel Felicísimo Rojas, el gran narrador ecuatoriano: “Es el suyo un sensualismo amargo y desbordado”. Su prosa siempre levanta la capa invisble de la piel. Punza y va descubriendo que por dentro algo se quedaba oculto.
Por estos días, Raúl Pérez Torres es el director cultural de la muy joven Universidad Alfredo Pérez Guerrero, creada en honor y como homenaje a su tío. Y sigue escribiendo cuentos, artículos, ensayos y textos libres, porque la historia no se ha acabado.

domingo, 15 de marzo de 2009

Un poema de Blanca Varela (1926-2009)

Ternera acosada por tábanos

podría describirla
¿tenía nariz ojos boca oídos?
¿tenía pies cabeza?
¿tenía extremidades?

sólo recuerdo al animal más tierno
llevando a cuestas
como otra piel
aquel halo de sucia luz

voraces aladas
sedientas bestezuelas
infamantes ángeles zumbadores
la perseguían

era la tierra ajena y la carne de nadie

tras la legaña
me deslumbró el milagro mortecino
la víspera el instinto la mirada
el sol nonato

¿era una niña un animal una idea?

ah señor
qué horrible dolor en los ojos
qué agua amarga en la boca
de aquel intolerable mediodía
en que más rápida más lenta
más antigua y oscura que la muerte
a mi lado
coronada de moscas
pasó la vida

Blanca Varela nació en Lima el 10 de agosto de 1926. Estudió Letras y Educación en la Universidad de San Marcos (1943-47). Se casó con el pintor Fernando de Szyszlo. Perteneció a la llamada Generación del 50, en la que se destacaron poetas como Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren, Sebastián Salazar Bondy, Washington Delgado, Carlos Germán Belli, y fue la heredera y compañera de estética de los poetas Emilio Adolfo Westphalen, quien la apoyó en sus primeras publicaciones, y César Moro. Vivió en Francia, Italia y Estados Unidos, y regresó a Lima en 1962. Publicó una docena de libros de poesía. En 2001, la editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores publicó en Barcelona toda su obra bajo el título Donde todo termina abre las alas. Poesía reunida (1949-2000), con portada de su esposo, con prólogo de Adolfo Castañón y epílogo de Antonio Gamoneda. Fue el año en que ganó el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo. En 2006, le otorgaron el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca y, al mismo tiempo, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, a los cuales no pudo asistir por razones de salud. Blanca Varela, poeta entre las grandes, murió el pasado jueves 12 de marzo de 2009 en Lima. Era hija de Serafina Quinteros (seudónimo de Esmeralda González), compositora de valses y de textos criollos. (El poema de hoy, lo tomé de la antología citada, Donde todo termina abre las alas).

sábado, 14 de marzo de 2009

Un cuento breve de Augusto Monterroso

Fecundidad

Hoy me siento bien, un Balzac, estoy terminando esta línea.

Cuento breve, tomado del libro Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso (1921-2003). En 1981 tuve una entrevista con Tito Monterroso y luego nos cruzamos algunas cartas. Publiqué una ingeniosa (eso pretendí yo) entrevista con él en el "Magazín Dominical" de El Espectador. Y luego me sorprendió (una sorpresa muy grata y fiel a la bondad propia de él) con la inclusión de mi nombre en uno de sus libros. Esto para decir que antes de conocerlo, lo admiraba, y después de conocerlo ya no pude ser objetivo en mi admiración por su obra. Por eso, cito este cuento para decir que el minicuento puede tener humor sin ser un chiste, como se traduce de esta situación narrativa que él propone. El código del minicuento exige que el texto que se escribe como minicuento o minificción no sea un chiste, no sea un aforismo, no sea un poema, y no sea un cuento, como lo ha repetido Ana María Shua (no se quién lo habrá dicho por primera vez, o quién lo haya resumido, porque de manera dispersa ya lo habíamos dicho otros autores en otras oportunidades). En cambio, “El dinosaurio” (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”), que hace parte de Obras completas (y otros cuentos), de Monterroso, es una feliz huida del aforismo, a pesar de la brevedad y la sentenciosidad –si se pudiera decir-. Son los dos cuentos más breves del Maestro Monterroso.

jueves, 12 de marzo de 2009

Salman Rushdie vs. Vikas Swarup

Veo a Salman Rushdie (foto, en el Hay Festival de Cartagena) avanzar por la mitad de la calle. Lleva un bolso de almacén en la mano derecha, algún souvenir que habrá comprado. Dos o tres hombres lo acompañan a cierta distancia. No mira en especial a nadie. Se cuida. Lo cuidan. Está cansado de eso desde cuando publicó, en 1988, su novela Los versos satánicos, y el Ayatola lo amenazó de muerte. Desde entonces sus relaciones han sido con las autoridades y con la prensa. Ese es mi primer Rushdie. Un escritor sin mayores pretenciones –hasta ese momento ha publicado apenas Hijos de la medianoche y otro par de libros que nadie ha visto-, pero obligado a ser tratado de manera especial por la amenaza que pesa sobre él, y que poco a poco lo ha convertido en un ícono de la prensa para hacerle defensa y propaganda a la libertad de expresión. Los lectores se han apresurado a leerlo gracias a la amenaza, y muchos no nos hemos sorprendido. Sin embargo, la amenaza no cesa. Y por eso la prensa sigue insistiendo. Y Rushdie –es mi segundo Rushdie- se convierte en un escritor común y corriente agigantado por un factor extraliterario, como es la amenza de muerte. Lo uno no tiene nada que ver con lo otro. Es decir, uno no es buen escritor porque lo amenacen de muerte, así suene durísimo decirlo. Cuando Rushdie dobla la esquina a la derecha en esa soleada calle de Cartagena, lo veo como un funcionario público amenazado, que cree en ese estatus. Y no lo veré diferente cuando al otro día hable de literatura en el Teatro Heredia.
A comienzos de marzo, siguiendo su ruta, he conocido a otro Rushdie. Una nota de El Periódico, de Bogotá, del 3 de marzo, nos informa que él se ha ido lanza en ristre contra otro novelista de la India, Vikas Swarup, no nacido en Bombay, como él, sino de Allahabad, graduado en historia moderna, psicología y filosofía, todo porque su novela Q and A, vertida al español con el título de ¿Quiere ser millonario?, luego de la entrega de los premios Oscar de 2009, ha reafirmado su celebridad y confirmado su interés mundial. Slumdog millonaire, premiada como la Mejor Película de la noche, tiene un guión basado en la novela de Vikas Swarup. Rushdie ha dicho que la película es “claramente ridícula”, y que la novela es una “chapuza cursi, con una trama que desafía lo creíble”.
El novelista común y corriente que alcanzamos a cubir con nuestro manto de lástima, se acostumbró a la protección de los guardaespaldas, a las grandes fotos en periódicos y revistas, a la fama, a los buenos hoteles, a las condecoracioens y a las adulaciones de las burocracias oficiales de derecha o de izquierda. Y cuando Vikas Swarup, abogado y diplomático, novelista premiado en varias ocasiones, ha confirmado en la prensa, la televisón y el cine sus cualidades, entonces, Rushdie, como la liebre, ha saltado a demeritar a su colega.

La novela de Vikas Swarup, en español, corrió por cuenta de Anagrama, una editorial muy seria. Y así la califica: “Una novela que atraviesa muchos géneros, diversas épocas y diferentes lugares, un fresco dickensiano en el que el autor nos conduce sin tregua de la farsa a la denuncia social, del romance a la indignación, del lujo más desenfrenado a la más degradante miseria, para sorprendernos al final con un giro inesperado al más puro estilo thriller”.
(Columna publicada en el diario El Periódico, Bogotá, 12 de marzo de 2009).

miércoles, 11 de marzo de 2009

Entre Fitzgerald y Carpentier: Button


La película, El curioso caso de Benjamin Button, ha sido muy controvertida. Pero tiene votos a favor y en contra. Es decir, no es mala.
Sin embargo, lo curioso, nos parece, es de dónde arranca la película, de dónde sacaron el guión y ver si la inversión del tiempo en la vida de Benjamin Button es consistente. Miren que el hombre nace viejo y actúa como adulto. ¿Se puede "nacer" viejo y luego crecer sin pasar por las etapas del niño? Como sí sucede más tarde cuando llega a un punto de adultez y se regresa, se vuelve niño, física y mentalmente. Es probable que F. Scott Figtzgerald lo haya previsto -que la inversión no se puede hacer en doble vía-, sin que lo haya resuelto.
En cambio, Alejo Carpentier, muchos años después –unos 30 años-, cuando escribió su cuento “Viaje a la semilla”, sí lo previó. Y por eso el regreso es en un solo sentido, sin contraviazo, y así es el cuento, del bello cuento.
Recomiendo leer los dos cuentos, el citado de Carpentier, que se encuentra en el volumen de cuentos La guerra del tiempo, y “El curioso caso de Benjamin Button”, en la antología de cuentos de F. Scott Fitzgerald, que publicó Lumen con el título del cuento citado, en una bella edición de tapa dura, con siete cuentos más.

martes, 10 de marzo de 2009

Cuentistas ecuatorianos nuevos


Dentro de la Campaña Nacional de Lectura y Escritura Eugenio Espejo, que va del 2002 al 2009, su director Iván Egüez incluyó este volumen dedicado a los cuentistas ecuatorianos de los últimos 25 años. Doy la lista completa para ver quiénes llegan a la final:
Modesto Ponce, Vladimiro Rivas, Iván Oñate, David Ramírez, Williams Kastillo, Oswaldo Encalada, Ernesto Torres Terán, Galo Galarza, Patricio Viteri, Alfredo Noriega, Leonardo Valencia.
Egüez dice que “Son todos los que están, pero también, los que no están. Esta es una primera nómina. El registro queda abierto, pero la obra en marcha de estos narradores estará siempre construyéndose en sus lectores”.

domingo, 8 de marzo de 2009

Un poema de Walt Whitman

Creo en ti alma mía

Creo en ti alma mía; pero el otro que soy no debe
humillarse ante ti,
y tú no debes humillarte ante él.

Túmbate conmigo en la hierba, apaga tus discursos;
no necesito palabras, músicas ni ritmos, ni costumbres,
ni conferencias, aunque sean las mejores.
Únicamente me gusta tu arrullo, el susurro y las
confidencias de tu voz.

Recuerdo una mañana límpida de estío: posabas
la cabeza en mis rodillas, volviéndote dulcemente
hacia mí,
entreabriste mi camisa, hundiendo tu lengua pecho
adentro, hasta el corazón.
Te alargaste luego, y te adheriste a mí desde mi
barba hasta los pies.
Pronto se esparcieron sobre mí la paz y la sabiduría
Que sobrepujan a todos los argumentos
de la tierra.
Y ahora se que la mano de Dios es la promesa de
la mía.
Y ahora se que el espíritu de Dios es hermano del
mío,
y que todos los hombres nacidos son también mis
hermanos, y que todas las mujeres son mis
hermanas y mis amantes,
y que un solo germen de la Creación es amor,
y que infinitas son las hojas erguidas o
marchitas del bosque,
y las ocuras hormigas que se afanan debajo de las
hojas,
y las musgosas costras de las vallas, las
amontonadas piedras, el sauco, el verbasco y la fitolaca.

Este poema lo he tomado de una edición con pasta dura, que hizo Gerardo Rivas Moreno con Carmenza Navarro en 1996, ilustrado a color con pinturas de diversos artistas del mundo, de parte de la obra de Walt Whitman (1819-1892), con el título de Poesía para amantes. La selección y el prólogo es de Herbert Chamat. Hojas de hierba, el libro emblemático de Walt Whitman es, como su autor, objeto de muchas polémicas. A propósito, no se ha dicho mucho ahora que el viejo sinvergüenza cumple 190 años de nacido.

sábado, 7 de marzo de 2009

Un cuento breve de Jules Renard

El sapo

Nació en una piedra. Vive debajo. Y bajo ella cavará su tumba.
Lo visito con frecuencia. Y cada vez que levanto su piedra tengo miedo de encontrarlo y miedo de que ya no esté.
Está.
Allí escondido en su yacija. Seca, limpia, estrecha y a su gusto. La ocupa plenamente, hinchado como una bolsa de avaro.
Si la lluvia lo hace salir, viene y se coloca delante de mí. Unos cuantos saltos pesados. Luego se detiene sobre sus muslos y me mira con ojos enrojecidos. Si el mundo injusto lo trata como a leproso, yo no temo ponerme en cuclillas frente a él, y aproximo al suyo un rostro de hombre.
¡Para acariciarte, sapo, sólo me hace falta vencer el último escrúpulo asqueroso!
Cosas peores hay que tragarse en la vida.
Pero ayer me faltó el tacto. Sus verrugas habían estallado y el sapo fermentaba y sudaba. Le dije:
-Pobre amigo, no quiero ofender. Sin embargo, ¡válgame Dios! Eres feo.
Abrió con cálido aliento la boca pueril y desdentada, y me respondió con un ligero acento inglés:
-¿Y tú?

Cuento breve del autor francés Jules Renard (1864-1910), tomado del libro Cuento y miniCuento, de Ángela María Pérez Beltrán (Bogotá, Página Maestra Editores, 1997), donde hace un análisis del cuento breve o brevísimo y plantea algunas tesis polémicas, que pueden enfrentarse a las de otros autores del mismo género o subgénero.

viernes, 6 de marzo de 2009

Rocinante en Quito

“Mira, esto es lo que queremos mover ahora”, me dijo en Quito el escritor Raúl Pérez Torres. Y me pasó una revista de 84 páginas, a color, con formato de libro de bolsillo y muy bien diseñada. Rocinante, así se llama la revista, es un órgano masivo de la Campaña Nacional Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura, que en Ecuador promueve el gobierno y la empresa privada desde hace algunos años. La campaña ha sido inmensa y ya tiene muchos libros circulando, puestos en las manos de los muchachos y el lector común. La preocupación ha sido lector y lectura, es decir, el sujeto y el objeto. Una relación que crece cada día más, aunque los medios sean diferentes.
Rocinante, en su número 2, de diciembre, con una presentación muy ágil y enterada de la cultura de todo el mundo, viene con un informe sobre la literatura para niños y sus problemas; Santiago Páez y Le Clezio hablan de sus libros; Oscar Wilde figura como el clásico del día; Iván Egüez (1944) publica otra novela, Imago, dentro de la Campaña Nacional Eugenio Espejo, y Pedro Artieda habla de su nueva novela; Diego Cornejo Menacho gana el Premio Joaquín Gallegos Lara 2008 con su novela Miércoles y estiércol, publicada por Alfaguara, y Savater incursiona en la novela policíaca con pura filosofía. Y una cosa importante, la Librería Studium, fundada en 1991, en boca de su fundadora, Emma Chiriboga, dice que “Así como van al zoológico, los niños deben concurrrir a las librerías”. Rocinante va bien, sin dudas, ojalá no deje de salir. Para cerrar nos entrega los 10 pasos que se deben seguir para la lectura en línea con Google.
La revista la dirige Iván Egüez, narrador, poeta y ensayista ecuatoriano, con una obra de reconocida trayectoria.

jueves, 5 de marzo de 2009

La Agenda turística del Huila


No es la esencialidad lo que nos hace particulares, desde el punto de vista cultural. Es la diversidad. Uno puede transigir por la diversidad; en cambio, pelear por la esencialidad, la particularidad, la especificidad, como si no fuéramos de la misma especie humana, nos puede llevar a los nacionalismo insanos, a las sociedades prototípicas y excluyentes, como lo quiso Hitler. Lo digo cada vez que me siento frente a un paisaje diverso. Y veo tanta variedad que se me llena el alma de la inmensa riqueza terrestre. Y es esa diversidad la que muchas veces no vemos por querer ser los únicos en cada punto de las coordenadas de nuestro universo.
La geografía –una palabra que se regenera cada día-, de otra parte, ha ido sumando muchas más significaciones de las que tuvo. Ya no sólo es la tierra, sino la cultura del sujeto que la habita, lo que come y su preparación, lo que viste y su confección, lo que usa para ornamentar su vivienda, el arte y la artesanía que lo rodea. Esa geografía natural y urbana se ha convertido, poco a poco, en la meta del turismo moderno.
Pero en Colombia apenas comienza a entenderse de esa manera. La geografía en su más amplio espectro puede ser lo que nos propone en su Agenda turística del Huila, la fotógrafa Clara Sofía Díaz. Las coordenadas del tiempo (porque quiere hacer una agenda calendario) y el espacio (porque recorre toda la geografía del Huila, con su cultura, su gastronomía, su literatura, sus cantores, su fiestas, sus productos agrícolas, sus hoteles, etc.), se unen en la búsqueda de una visión física y cultural del Huila, con sus montañas y valles mirando al río Magdalena, de norte a sur, con todo lo que significa de diversidad y de acento artístico –no es sino recordar la cultura lítica, mítica y religiosa de nuestros aborígenes, declaradas Patrimonio Histórico de la Humanidad-, de riqueza espiritual, de variedad paisajística en tan pocos kilómetros –no más de 200-, de variedad agrícola y gastronómica.
El turismo en Colombia –el viaje del extraño que llega en la búsqueda de algo diferente y sorprendente- se ha retrasado por la prolongadísima guerra entre el Estado y la guerrilla, y lo hemos desperdiciado de manera fatal. La cultura turística, al contrario de la cultura de la guerra, anda muy, pero muy baja.
De ahí la necesidad y la importancia de libros como el de Clara Sofía Díaz. Ella le ha puesto a su agenda-libro varias connotaciones muy importantes. Por un lado, le rinde homenaje a dos grandes artistas del Huila, José Eustasio Rivera y Jorge Villamil Cordovez, colocando, de un lado, sus poemas, canciones y La Vorágine, y, al otro lado, nos brinda una mirada intensa y apacible de lo que son los principales sitios de interés del departamento del Huila, desde el desierto de La Tatacoa, al norte, y luego recorre de norte a sur, pasando por Villavieja y Aipe, por Neiva, y bajando, que allá es ir subiendo, hasta llegar a Pitalito en el alto río Magdalena (foto), y al Parque Arqueológico de San Agustín. No hay un lugar del Huila que no sea turístico, es decir, que no sorprenda al viajero y que no lo deje satisfecho en su sensibilidad. Incluidos algunos que no aparecen en el libro porque aún no ha sido “colonizados”, como los cañones –aposentos arqueológicos apenas comenzados a explorar por el Maestro Héctor Llanos- de los ríos Granates y Bordones, afluentes del alto Magdalena, en el municipio de Saladoblanco.
(Columna publicada en el diario El Periódico, Bogotá, 5 de marzo de 2009).

domingo, 1 de marzo de 2009

Un poema de José Manuel Arango

Hay gentes que llegan pisando duro

Hay gentes que llegan pisando duro
que gritan y ordenan
que se sienten en este mundo como en su casa

Gentes que todo lo consideran suyo
que quiebran y arrancan
que ni siquiera agradecen el aire

Y no les duele un hueso no dudan
ni sienten un temor van erguidos
y hasta se tutean con la muerte

Yo no sé francamente cómo hacen
cómo no entienden

Este poema de José Manuel Arango, tomado de Poemas reunidos, donde aparecen todos sus libros publicados hasta 1997, editado por Norma en Bogotá, puede no ser el más representativo de su poética, pero tiene la ventaja de fusionar su delicadeza frente al mundo, que recogía en sus visiones del paisaje y de los sentires y sensibilidades humanas, con sus reclamos frente a la violencia de su entorno antioqueño. Grande poeta que fue, y tan perdido que ni siquiera sus amigos y antologistas –Gustavo Zuluaga, Juan José Hoys, Guillermo Baena-, en esta edición, le colocaron sus datos biográficos. José Manuel Arango nació en Carmen de Viboral, Antioquia, en 1937, y murió en Medellín, en 2002. Publicó seis libros, y cada uno de ellos es una joya, desde Este lugar de la noche (1973), hasta Montañas (1995).