Entradas

Un poema de César Vallejo

Imagen
Piedra negra sobre una piedra blanca Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París –y no me corro- tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. Jueves será, porque hoy, jueves, que proso estos versos, los húmeros me he puesto a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, con todo mi camino, a verme solo. César Vallejo ha muerto, le pegaban todos sin que él les haga nada; le daban duro con un palo y duro también con una soga; son testigos los días jueves y los huesos húmeros, la soledad, la lluvia, los caminos… César Vallejo murió en París el 15 de abril de 1938, hace 70 años. Este soneto, de su libro Poemas humanos (1923-1937), siempre será admirable en un vanguardista. No importa que la prensa no sólo le siga dando con la soga, sino que lo tenga colgado. [Tomado de Poesía completa , publicado por la Editorial Arte y Literatura, con estudio crítico de Raúl Hernández Novás, de Casa de las Américas, La Habana. En la portada, dibujo de Vallejo por Pi...

Nochebuena vs. Navidad

En realidad de verdad, nosotros poco hablábamos de la Navidad. En el sur del sur, donde quedan pueblos que incluso no figuran (o no figuraban) en el mapa de Colombia, como Saladoblanco o Pitalito, nosotros hablábamos de Nochebuena. Y la noche era buena porque se hacía un dulce en abundancia que tenía ese nombre, Nochebuena, con muchas cosas a la vez, algunas de ellas en extinción, como el higuillo. A esos frutos -la papaya, la papayuela, el limón verde sin carnadura, o la cáscara de naranja, y la regia breva o higo- se le añadían otras especies con base en arinas de maíz o de trigo, que también se melaban en miel de panela. Se le agregaba queso o cuajada. Y se bajaba encima del asado del sur del Huila, distinto a los del norte (nada de lechona). Se me escapan otros nombres, porque en cada casa a la Nochebuena se le ponían más ingredientes. Ni la natilla, ni los buñuelos del altiplano, eran esenciales. A veces, también, se colocaban, porque la gula del dulce de la Nochebuena era ilimita...

Un poema de Carlos Martín

Otoño Arregla los papeles. Es ya tiempo. No temas al rigor del invierno. Aún hay fuego. Arde un rescoldo de amor y al fulgor de la tarde nacen aún los besos, los poemas. Después de todo, mira, no importa, hemos vivido al borde cotidiano del asombro, una mirada basta, la voz con que te nombro basta para olvidar la muerte y el olvido. ¿Para qué regresar en busca de la aldea natal? El tiempo pasa. Si abres la ventana de nuevo nace el mundo. Déjame que te vea a la orilla del alma, real, mía, cercana. Somos hambre, penumbra, testimonio de seres, nada nos pertenece, somos rumor profundo del prodigio que pasa. Escúchame, no esperes nada más. Mira. Ama. Despídete del mundo. El 13 de diciembre de 2008, en Tarragona (España), murió el poeta colombiano Carlos Martín (1914). Había nacido en Chiquinquirá, pero no parecía boyacense (me refiero al estereotipo que crean las gentes). Desde muy joven (en 1961) se radicó en Holanda, invitado por la Universidad de Utrech, donde siempre dictó literatura la...

Un cuento de Gustavo Tatis Guerra

El vacío -¿Qué hago con el vacío? –se preguntó Dios viendo el infinito que se derramaba debajo de sus párpados de muchacho atareado. -Darle forma –dijo una voz que empezó a resonar dentro de él mismo como un eco. Una voz que se hizo tan suave y penetrante como un cuchillo. Luego, comprendió que era su propia voz al encuentro con el vacío. -No dejes que el vacío devore las formas del universo. No dejes que la muerte sea el vacío, sino el vacío la otra forma de la vida que multiplica los vacíos. Para que entre uno y otro, no haya lugar para el vacío. Desde que Dios empezó a juntar vacíos, nada se detiene. El vacío empezó a ser habitado por el deseo. Rubén Darío Otálvaro seleccionó los cuentos, escribió el prólogo y las notas bibliográficas de esta Antología del cuento corto del Caribe colombiano , publicada por la Universidad de Córdoba en 2008. Son cien cuentos que abarcan el minicuento o minificción y el cuento corto o breve. De sus cien autores, algunos se dedic...

Ignacio Padilla ganó el Rulfo de cuento

Imagen
Alguna vez le pregunté a Pedro Ángel Palou García cuál había sido el sentido del Manifiesto del Crack y a esas alturas qué pensaba del grupo que había conformado con Ignacio Padilla (1968), Jorge Volpi, Eloy Urroz y Ricardo Chávez. Me dio la impresión de que ya el grupo no existía como tal. Y es que el manifiesto había sido casi un anti-manifiesto y el grupo un anti-grupo. La palabrita –que en Colombia da otra idea- sólo decía de un rompimiento. Y todos ellos apuntaron afuera. Nada de boom, nada de revolución mexicana, nada de realismo mágico. Y cada uno comenzó a fajarse con otras latitudes en todos los sentidos. Por un lado, era como si se hubieran anticipado en 1996 a la globalización, y por otro, se atrevieron a pensar más en lo histórico mundial, en lo policíaco y género negro, en lo fantástico y ciencia ficción, y se pasearon por todos los géneros, narrativa, cuento, literatura para niños y jóvenes, ensayo y teatro. Se pusieron un poco pesados, dijeron algunos. En busca de Klings...

Un poema de Luis Suardíaz

Cura de caballo Para que salga de su melancolía el animal se le baña con ensañamiento desde los belfos a la luna casi llena de los cascos. Las ramazones, los guijarros trazaron cangilones desiguales en el trapecio, la grupa, las coronas y en ellos entró con rapidez el foete. Para que despeje los agrios olores del monte, se le baña de norte a sur y se le aplica el fuego en sus dolores. Es una ciencia aguda, una cura bárbara que despliega una herida grande sobre las muchas heridas imprevistas. Sus ojos de gente en agonía ven llover los ásperos remedios. Para salvar al animal, para que vuelva entero a los peligros, de nuevo a los arroyos, de nuevo a la rosa de los vientos. Para que monte en pelo la aventura en su lomo, para que no haya lejanías más duras que sus ancas. La cura es un dolor desnudo y es un rayo que alza en dos patas la bestia y le hace morder y cargar contra el viento. La cura pone su galope en el vacío y una creciente espuma tibia en sus ollares. Para que se enderece el an...

Teatro Bogotá: de la X a la O

Imagen
Le Clézio llamó a su "discurso" en la Academia Sueca "En el bosque de las paradojas". Y así nos sentimos quienes asistimos el miércoles 10 a una sesión pre-inaugural del Teatro Bogotá, hace unos años dedicado al cine X y ahora convertido en una sala musical y de teatro. Y lo que son las paradojas de la vida. Hace unos años, cuentan quienes asistieron a sus funciones continuas de cine porno, le apagaban a uno los cigarrillos en la espalda. En esta ocasión, en un bello teatro, rescatado y transformado por la Universidad Central, al lado del emblemático Teatro Faenza, nos sentamos en su nueva silletería, y ya los cigarrillos no estaban en nuestra espalda, sino allá al frente, como parte de la idea central de la obra que cantaban y actuaban los integrantes del Taller de Ópera de la Universidad Central, que dirige Sarah Cullins, "Il segreto de Susanna", del italiano Ermanno Wolf-Ferrari (1876-1946) (foto), donde liquidaron casi un paquete para poder soluciona...