Necesitamos biografías
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a raíz de las biografías, hace poco –y cómo que han pasado los años y seguimos
hablando de lo mismo- le comentaba a mi amigo y sucesor en mi anterior cargo de
director del Departamento de Humanidades y Letras, hoy de Creación Literaria,
de la Universidad Central, el narrador y pensador Roberto Burgos Cantor, que
siendo Colombia un país sin biografías (por tanto, sin memoria, como en efecto
lo ha sido), debiéramos nosotros, desde la Universidad Central, desde el nicho
de Creación Literaria, incentivar, motivar, aplaudir la investigación y la
escritura de biografías, comenzando por nuestros propios escritores, que salvo
contadas excepciones, siguen sin ser contados, relatados, memorizados, fichados, biografiados, ficcionalizados (porque toda biografía no deja de ser una ficción, como lo es
toda la historia). Pero debiéramos escribir, narrar, contar, no sólo la vida de
los escritores: allí están, también, los científicos, los deportistas, los estadistas, los
artistas, los empresarios, las organizaciones sociales, las gentes del común, etc. La biografía, además, como género literario, da
para escribir desde cosas sencillas, un relato biográfico de corto alcance,
hasta mamotretos sesudos, como lo acostumbran ingleses y gringos, investigaciones que exigen miles de pesos y muchísimos años. (Acabo de hojear, por
ejemplo, sólo ojear, las 475 páginas de la biografía David Foster Wallace. Todas las historias de amor son historias de
fantasmas, escrita por D. T. Max). Los estudiantes de Creación
Literaria deberían, antes de escribir una novela o un libro de cuentos,
investigar y dedicarse a escribir biografías, bien escritas, bien
narradas, bien estructuradas, con arte literario.
Todo
esto se me ha ocurrido porque hace unos meses, en las madrugadas, enchufado del
todo, casi que con afán, leí una biografía de mi amigo escritor, periodista del
diario El Espectador, Nelson Fredy
Padilla, sobre un fenómeno del deporte colombiano, nuestro James Rodríguez.
Apareció en 2014 con el sello Aguilar del grupo editorial Penguin Random House,
en Bogotá. Se llama James, su vida.
Tiene la ventaja de ser una investigación biográfica en caliente (sin tener que
hacer excavaciones, ni interpretaciones antropológicas, ni utilizar métodos sofisticados;
y lo digo porque es usual en Colombia decir que los acontecimientos deben estar
en la lejanía para poder escribir sobre ellos). Nelson Fredy se fue a las raíces
del mito naciente y nos entregó, con habilidad y agilidad, las coordenadas de
una vida que pronto se ha convertido en un nudo de interrogantes. Allí está
James Rodríguez y su biógrafo (primera parte). Para leerlo como si fuera una pequeña
novela. La ficción hecha biografía, hecha realidad.
Excelente idea para rescatar un gènero que camina entre la historia y la literatura. He gozado mucho con la escritura de cuadro libros de biografìa: Leòn de Greiff en el paìs de Bolombolo, Jorge Eliècer Gaitàn el fuego de una vida, Toto la Momposina la memoria del tambor y Roberto Triana o la memoria del documental
ResponderEliminarÀlvaro Miranda