No hablo de Guerra y paz, la novela de León Tolstoi, que en la traducción al
castellano de Gala Arias Rubio sobre los originales rusos de 1866 (Random House
Mondadori, 2004) son 1175 apretadas páginas. Ni hablo del poema de la guerra
por excelencia que es la Ilíada de
Homero, que en las ediciones que poseo van, la que está en verso (Ediciones
Cátedra), hasta la página 1032, y la que está en prosa (Editorial Bruguera),
hasta la apretadísima página 430. No. Hablo de un singular libro titulado Homero, Ilíada, escrito por un italiano
llamado Alessandro Baricco (Turín, 1958), publicado en 2004 con diseño
descansado y letra legible. Baricco, fundador de una escuela de técnicas literarias
con el nombre del personaje central de El
guardián entre el centeno (Salinger), se compadeció de sus lectores y se propuso
entregarles el extenso y nutrido canto épico de Homero en apenas 187 páginas. Y
lo logró. Lo tituló Homero, Ilíada, porque sin dejar de ser Baricco, uno
lee a Homero y su canto de la guerra en toda su plenitud. ¿Cómo lo logró? Como
lo explica al comienzo, 1, cortó todas las repeticiones y las apariciones de
los dioses y creó secuencias concisas; 2, lo modernizó en léxico sin perder
sintaxis, ritmo o tono (que simula como si fuera Homero); 3, pasó la narración
a primera persona en cabeza de 20 personajes claves en el desarrollo de la
guerra entre aqueos y troyanos, entre ellos: Helena, Eneas, Néstor, Aquiles,
Ulises, Patroclo, Héctor, Agamenón, Príamo, con lo cual el lector se aparta del
narrador homérico e ingresa a una especie de película o drama contado por sus
propios actores; y, 4, le agregó algunos apartes que ayudan a entender el final
de la guerra de Troya con su famoso caballo artificial.
El texto de Homero, Ilíada se leyó en público y lo trasmitió la radio, en Roma
y Turín, ante diez mil personas, en 2004.
El libro hoy se lee con una facilidad
increíble. Y Baricco, al cierre del mismo, escribe un capítulo como si fuera
para Colombia, donde la guerra ni siquiera admite el reconocimiento digno de
las partes en combate. Las mujeres, como Andrómaca, sugieren el cambio del
fuego de la guerra por otro fuego, el de la paz, capaz de producir cambios sin
que unos se apoderen del destino de los otros. En la Ilíada, dice Baricco, siempre está latente que frente a la
“belleza” de la guerra haya una aspiración definitiva por la “belleza” de la
paz, ese fuego que no aniquila al otro para poder existir. Es lo que, en la Ilíada, piensan mujeres, héroes, dioses
y guerreros.
(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 18 de mayo de 2013)
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