Al final de la guerra
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Friedo Lampe |

Modiano realiza el milagro de contar
una historia perdida porque es un endiablado tejedor de hilos mágicos. Parte
del principio –me parece- de que una historia desconocida puede ser la suma
de mil historias conocidas. Tejer mil historias puede darte una sola. Dicho de
otra manera, con mil sombras, yo construyo una figura. Y lo logra, y de qué
manera. Supone qué le habrá sucedido a Dora Bruder porque a sus padres y
abuelos les sucedió, porque al narrador-autor le sucedió, porque les sucedió a
tantos otros, en medio de la brutalidad de la guerra, de la oscuridad de los
odios religiosos, racistas e ideológicos. Por supuesto, al terminar la novela
–que apenas son 127 páginas-, uno siente el peso, no de la desgracia de un
personaje, sino del terror y la pesadumbre de miles de desaparecidos. Uno se
desploma y vuelve a llorar.
De esas tantas pequeñas historias tejidas,
me impresionó la que cuenta en la página 84. Es la del escritor alemán Friedo
Lampe. Ocurrió al final de la guerra, en mayo de 1945, hace 70 años.
Lampe había nacido en Bremen en 1899,
estudiado en Heidelberg, trabajado como bibliotecario en Hamburgo –donde
comenzó a escribir su primera novela Al
borde de la noche, publicada en 1933 y, de inmediato, confiscada y destruida,
y su autor declarado por Hitler como sospechoso-. Pero Lampe no era judío, ni
le interesaba la política; dice Modiano que la única ambición en su novela,
según una carta de Lampe, era la de “hacer sensibles ciertas horas de la noche,
entre las ocho y las doce, en las inmediaciones del puerto (Bremen)”.
Al final de la guerra, en 1945, Lampe
vivía a las afueras de Berlín. El 2 de mayo, recorría esas calles cuando se
topó con unos soldados rusos que le pidieron sus documentos. Luego lo
arrastraron hasta un jardín, y allí lo mataron. Los vecinos, dice Modiano en Dora Bruder, “lo enterraron en un lugar
cercano, a la sombra de un abedul, e hicieron llegar a la policía lo que
quedaba de él: sus papeles y su sombrero”.
Es el absurdo aberrante y es el
tejido de las historias de la guerra que le permiten a Modiano conocer la
historia invisible de Dora Bruder, la niña judía que terminó sus días en las
masacres de Auschwitz, que, para entonces, nadie veía ni oía. (Normalmente, los
adoradores de la guerra, los que la azuzan y la aplauden, ni la oyen ni la
ven).
Lo de Lampe, el bibliotecario
melancólico, descubridor de la noche y, por lo tanto, sospechoso, sucedió al
final de la guerra.
Sí, al final de la (para tanta
gente, de antes y de ahora) adorada guerra.
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