jueves, 25 de septiembre de 2014

Garramuño y X-504

Poeta X-504, en el FCE, Bogotá
Sólo quiero dejar registro, así sea rápido, de dos hechos literarios ocurridos hace quince días largos en Bogotá, el 17 de septiembre.
Para cerrar el largo festival cultural y literario en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, del Fondo de Cultura Económica de México, que había comenzado con la lectura, en su voz, de un cuento del nobel de literatura, J. M. Coetzee, leído a dos voces, en inglés y español, con Soledad Costantini, editora de la "Biblioteca Personal J. M. Coetzee", de Buenos Aires, se llevaron a cabo dos actos: uno con el escritor colombiano, residente en Xalapa, México, Marco Tulio Aguilera Garramuño, y dos, con una lectura del poeta colombiano, habitante de Medellín, X-504, también llamado Jaime Jaramillo Escobar.
En el primero, hablamos con Garramuño, como le dice la gente, de su obra y, sobre todo, de sus últimas ediciones. Quiero resaltar dos cosas: su audacia de hace tres años cuando reescribió y editó una segunda versión (¿remake?) de su novela Breve historia de todas las cosas (1975), ahora con el título de Historia de todas las cosas (2011), con 150 páginas más, ya no 38, sino 54 capítulos, pero sin perder el tono, ni la novela. Es un trabajo impresionante. Lo segundo es que Marco Tulio anunció dos novelas más, La insaciabilidad, si no recuerdo mal, y la que podría ser otra de sus grandes novelas: El sentimiento de la melancolía, basada en una de las etapas más difíciles de su vida, cuando por un lustro padeció de depresión aguda.
Darío Jaramillo A., M. T. Aguilera, J. Mario, IPG.
Para cerrar la noche de clausura del festival mexicano, uno de los grandes de la poesía colombiana, el nadaísta X-504, conocido en cédula de ciudadanía como Jaime Jaramillo Escobar, nos leyó varios de los poemas de su último libro Poesía de uso, edición de Luna Libros, dedicado a Darío Jaramillo Agudelo y Juan Camilo Sierra. X anda por los 82 años, pero todavía no se sienta cuando lee sus poemas, con absoluta claridad y garbo. No se rió -porque su hondura siempre se adoba con una ironía infinita-, sino cuando terminó. Y todos reímos y aplaudimos, porque X es sabio y sabe en dónde está la sal de la vida. Leyó poemas como "El niño de Neanderthal" (son siete páginas en el libro, quiero decir que son señores poemas),"Testigos de Jehová", "Invitación a comer". Poesía de uso, otro, sin duda alguna, de los grandes libros de la poesía colombiana. Lo único malo: X ya no firma sus libros como X-504, su único nombre verdadero.


No hay comentarios: