domingo, 7 de marzo de 2010

Un poema de Martha Espejo


Martha Espejo nació en Caracas en 1971. Egresada de la Universidad Central de Venezuela en Estudios Políticos y Administrativos. En 2009, hizo la Especialización en Creación Narrativa de la Universidad Central de Bogoá. Del libro Detenida frente al horizonte de una casa de pueblo, editado por El Perro y la Rana en 2007, de Venezuela, son estos poemas.

Inmenso

Una gran boca se abre. Nos engulle a todos como pollos de corral. Pasamos por los dientes que intentan triturar nuestros fracasos, nuestras desdichas, nuestra lista de angustias, nuestra caja de ineptitudes. La saliva se eleva, trata de disolver las amarguras, el sinsabor de nuestras frustraciones. Seguimos siendo tragados por esa gran boca.

Pero nos quedamos atorados en la garganta, ni los dientes ni la saliva han podido desmenuzar y poner en un simple bolo todo lo que nuestros años han amalgamado con tanta paciencia.

Nos atracamos allí, justo allí. La gran boca trata de escupirnos en un intento de echar hacia fuera todo lo que nos molesta, como ese pedacito de granola que se queda en un diente. No escupe, no sale nada de allí, nuestros fracasos y soledades siguen anclados a nosotros mismos, no se pueden digerir así de fácil, hacen faltan días, meses, tal vez años o tal vez nunca podamos ser masticados. Pero seguimos engullidos por esa gran boca y cada vez que se abre parecemos enanitos que se trepan por las papilas de la lengua para deslizarse a través de ella y huir, correr hasta asirse al labio superior.

Con frecuencia nos quedamos allí, en el labio. Tratando de decir cualquier cosa que nos permita dejar a un lado los fantasmas, gesticulando como muñequitos en miniatura, sin que nadie nos vea, moviendo los brazos en un intento desesperado por ser oídos, por ser salvados de nosotros mismos.

Pero seguimos en el labio. Y en un beso lo que hacemos es cambiarnos de labio, cambiar de boca, volver a mover los brazos. Vamos de boca en boca. Buscamos labios, bocas, parejas para que nos salven, para que los enanitos puedan deslizarse, engullirse y tratar de ser masticados, buscando en lo externo a uno, en el otro, en los labios, bocas de otros, parejas, la paz. Le dejamos al otro, externo, bocas, labios, parejas la responsabilidad de salvarnos. Convertimos nuestros sentimientos en una prostituta, que todo el mundo conoce, por las bocas, los labios de tantos, la saliva, pero nadie se atreve a mirar las soledades.
(Sábado, 29-03-03)



Soledades I

Hay tantas almohadas en mi casa
mucho espacio en esta casa tan pequeña
que un dedal se hace grande

y cuando entro a casa cuento los metros
inmensos de este cuarto enorme
y cuando salgo de ella cuento los días
para que el dedal, el cuarto, la cama
y la almohada
se llenen de tus ojos.

(22-02-04)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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Helvia Catena dijo...

Tenemos un blog llamado el puente social madariaga, me gustaría poder publicar el cuento de la boca

helviacatena@hotmail.com

Alex Núñez dijo...

Querida Martha, es una maravilla lo poco que pude apreciar de lo publicado aca de tu obra,desde mi adolescencia, que tambien fue la tuya,pude apreciar esa sensibilidad que siempre se reflejaba, y aun es así,en tu dulce mirada, ahora reflejada en tus letras, me agradaria tener el honor de disfrutar por completo tu producto literrio,siempre te recuerdo con especial cariño, exitos,besos y abrzos.
Alex Núñez