domingo, 1 de febrero de 2009

Un poema de Omar González Jiménez

Penitencias de Europa

a Norita, llamándola; a Murciano, escuchándome;
a Niemeyer, instinto.

Yo sufro a Europa como dos penitencias:
una de agua mientras muero de sed,
otra de aire que me seca la boca.
De la primera salgo cuando brota la hierba,
de la segunda escapo pero me quema el rostro.

Ni en Roma ni en Madrid amanece temprano;
los trenes se atropellan y su extravío me alcanza.
Cuando salgo a la calle se me olvida quién soy:
cargo sobre los hombros las ciudades posibles,
y la gente me pesa como un fardo de arroz.
Me aplasta el rascacielos, me atraviesa el museo.
Europa es tan antigua que su fervor me agota;
en cambio, su tristeza me convoca a estos versos.

En Estambul, la ternura me pareció un cordero;
mas en Ankara la piedra fue el hombre,
y a ese hombre, dormido, le regalé otra piedra.
Asia iba y venía, y en la fuente el neón.
El neón testarudo. Como un pozo en el cielo.
Ni Turquía se salva de ser copia del mundo.
Adiós Constantinopla. Bienvenido el autista.

A mitad del abismo, otro abismo me llama;
es el templo del frío, es el valle sin agua.
Granada está esperándome, y Sevilla tal vez.
Me queda la esperanza de encontrar tierra ignota,
pero todo ha cambiado y un radar me persigue,
y me asechan las cámaras, y en la foto sonrío.
He pasado a la historia. Quién no sabe mi nombre.

En este largo viaje una cama es un día,
una noche es el sueño. La pesadilla, siempre.

Qué diría Carlos V si volviera Boabdil,
y Colón qué diría si Isabel lo mirara;
aunque no lo desprecie, aunque nadie los vea.

Los cañones al viento y los barrios sin trigo,
y la vela y la torre, y un enano en las nubes.

Cómo me duele Europa, cómo me angustia España.

Penitencias sin gloria. Un calvario en los pies.
De las primeras salgo, pero nadie me escucha;
del segundo me escapo, pero quedo en la cruz.

Y tú, como la lluvia, esperándome siempre,
y yo, como el silencio, innombrable y sombrío.
Y mis hijos cruzando otro abismo en la noche.


Omar González Jiménez (Vueltas, Villa Clara, 1950), poeta, narrador y periodista cubano. En 1974 recibió Primera Mención en el concurso David, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por el libro Al encuentro (cuentos). En 1978, publicó su novela El propietario, y fue galardonado con el Premio Casa de las Américas por su obra Nosotros los felices, relatos. En 1981, publicó Nieve roja (foto de la carátula), cuentos y, en 1982, Secreto a voces (poesía), ambos por Ediciones UNIÓN. En el año 2000, la Editorial Libertarias publica en Madrid el poemario Intimidad del ciervo, con reedición en 2002 de Ediciones UNIÓN. Ha escrito ensayos acerca de la obra de Alejo Carpentier. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, ruso, húngaro y portugués. Fue jefe de redacción del mensuario El Caimán Barbudo, del Instituto Cubano del Libro, del Consejo Nacional de las Artes Plásticas y del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), organismo que encabeza en la actualidad. También fue Viceministro de Cultura. Desde 1998 viene publicando artículos referidos a las nuevas tecnologías, la globalización y su impacto en la sociedad contemporánea, al tiempo que ha impartido conferencias en numerosos eventos relacionados con este tema. Este poema es inédito y sirve para constatar que, a pesar de su actividad pública, Omar González sigue siendo un gran poeta.

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