jueves, 25 de junio de 2015

Óscar Collazos (1942-2015)

1.
Primer libro de cuentos
 de Óscar Collazos
Hacia 1970, comencé una investigación –sin patrocinio alguno- sobre literatura colombiana. Tomé una muestra de 23 narradores nacidos en la década del 40 (o muy cerca de ella), levanté la bibliografía de cada uno de ellos (activa y pasiva) y les formulé una entrevista piloto en la búsqueda de la relación causal entre el pensamiento del escritor y su producción literaria. Los resultados se publicaron en el libro –mi primer libro individual- La generación del bloqueo y del estado de sitio (Bogotá, Ediciones Punto Rojo, 1973, pp. 253). De los nueve escritores desaparecidos de aquella lista, Óscar Collazos ha sido el último. Le antecedieron: Eutiquio Leal, Helena Araújo, José Stevenson, Humberto Tafur, Alberto Duque López, Germán Espinosa, Arturo Alape y Jairo Mercado. Y recuerdo estos datos porque uno de los escritores jóvenes, para entonces, con mayor número de publicaciones, fue Collazos, “el negro” Collazos, como se le decía en familia. A partir de esos años, lo vimos crecer muy rápido. Sus dos primeros libros (de cuentos) habían sorprendido a todo el mundo. Hoy, siguen sorprendiendo: El verano también moja las espaldas (publicado en 1966 por Ediciones Papel Sobrante, de Medellín, una empresa quijotesca de Manuel Mejía Vallejo, Oscar Hernández y Darío Ruiz Gómez, entre otros, y Son de máquina, publicado por Ediciones Testimonio en 1968, otra quijotada de David Consuegra (1939-2004), el gran diseñador y artista colombiano, fundador de la revista literaria Nova, donde apareceríamos publicados cuentistas jóvenes, premiados en el concurso organizado por David y el poeta Eduardo Galindo).
Sin embargo, la historia y la reseña analítica de la obra de Collazos, como la de aquellos que conformaron esa rica generación de la década del 70, que también llamé la “narrativa del Frente Nacional”, sigue sin escribirse. ¿Cuántos libros dejó Oscar publicados? Yo apenas tengo una quincena. ¿Y la cantidad de ensayos y artículos que dejó regados por América Latina y España?
Transcribo a continuación una reseña que publiqué hace 40 años, en 1975, en El Espectador –sin los cambios que quisiera hacerle, para que fuera más clara; las columnas obligan a la elipsis-, sobre su primera novela, de la época cuando apareció, en la misma colección de la Editorial Planeta, la novela El cadáver, de Benhur Sánchez.

2.
Collazos, novelista
Isaías Peña Gutiérrez
Primera novela
de Óscar Collazos
No es que la literatura se divida en urbana y rural según su tema, como desde Luis Alberto Sánchez o antes se pretendía. Y si fuera así, la clasificación sería más nonata. Es que si José Félix Fuenmayor termina su libro La muerte en la calle  (también Sudamericana de Buenos Aires tiene una edición) con un cuento que es canto popular a Barranquilla, precisamente, cuando muere el viejo piquero Juan, de extracción campesina, es porque, como un símbolo advertido o apenas intuido, Fuemayor significaba con su nueva perspectiva socio-literaria (nueva expresión, nuevo sentido) un ingreso definitivo al mundo-ciudad, en una literatura que había sido siempre manifestación de un hispanismo añejo y conservador (rural, en fin de cuentas). Ahora, esa nueva perspectiva o tendencia la encontramos en la primera novela de Oscar Collazos. (1)
Al decir que con Crónica de tiempo muerto hemos ingresado a una etapa nueva en nuestra literatura, queremos dar a entender que se ha logrado el tránsito, lento y paulatino, de una literatura que vivió largos años en el campo, merodeó otro tanto en el caserío, abordó el pueblo –hasta donde llegaría García Márquez-, atracó en el suburbio de la Gran Ciudad, que era la manera de prolongar esa existencia rural-semifeudal, y ahora ha llegado al centro de una era que han llamado capitalista dependiente, donde la Gran Ciudad es motor y fuente del desarrollo de la sociedad. (Y las homologías resultan, desconcertantemente, ciertas).
¿Cómo ha armado Collazos -acudiendo al leitmotiv de la novela, innecesario en nuestra opinión- su novela?
Un autor-narrador-soporte, que con gran habilidad estilística logra camuflarse en una primera persona polisémica (por eso decimos que sobran las excusas al lector), ha llegado a su barrio -ya es un acuerdo- y se ha instalado en la ciudad, Bogotá. Ahora, en una semana, con los tres tiempos, compone una novela, donde son ejes principales, duramente contradichos, Mario y Marta, quienes se debaten entre el pasado y el futuro que acá tiene nombre propio -sus clases sociales-, en presente caótico y desesperadamente difícil. Alrededor de ellos, permitiendo esa lucha que se libra en toda la novela -es la derrota o la superación-, Stella y Roberto, dos escépticos fumadores de yerba; Álvaro, el político oportunista de izquierda, Jorge Zapata, dirigente político de procedencia pequeño burguesa, en desplazamiento supuesto, y Piedad, la “hija alternativa”, vencedor y vencida en una tarde de jardín con Mario. En torno al eje principal, también, suceden cosas (del pasado) que permiten ubicar mejor ese “tiempo muerto” de Mario (¿Oscar?): las luchas estudiantiles, las torturas a los presos políticos, el cuestionamiento de la vida en Madrid o Paris, la presencia del sexo como valor social. Donde sexo y luchas sociales serían las coordenadas generales.
Libro polémico este que nos entrega Collazos. Los problemas de un sector ambiguo de la sociedad que al lado de las luchas estudiantiles del 60, cristalizó o se rompió. Una ciudad parcelada por la riqueza y la pobreza que todavía aparece a través de un metalenguaje, aunque sublevado.
Crónica de tiempo muerto, como testimonio de un des-clasado –Mario Fernández-, a quien le preocupa “el paso más largo” que tendría que dar para sobrevivir a ese pasado y presente, tenso e intenso, pero “muerto” por lo mediocre y desechable.
(1)Oscar Collazos, Crónica de tiempo muerto, Barcelona, Editorial Planeta, 1975.
(Publicada en El Espectador, Bogotá, 11 de julio de 1975, en mi columna semanal “Libros de actualidad”).

jueves, 11 de junio de 2015

Pablo Montoya Campuzano., ¿otro secreto?

Pablo Montoya C.
 Foto: Adriana Agudelo-Toro
 (Tomada de Literariedad)
La frase del “secreto bien guardo”, como slogan publicitario hasta funciona. Visto desde la realidad misma, me parece perverso. Porque los responsables directos del “secreto”, son quienes, a la postre, se ufanan de haberlo guardado.
Acaba de ganar el Premio Internacional de Novela “Rómulo Gallegos”, nuestro viejo amigo, profesor y doctor en literatura, estudioso de Carpentier, intérprete de Coetzee, incrédulo de Bolaño, flautista y musicólogo, peleado por tres municipios colombianos (Barrancabermeja, Medellín y Tunja), filósofo por naturaleza y viajero irrevocable, madrigalista y pintor de viejas escenas del dolor humano, Pablo Montoya Campuzano. Nunca he sabido si a Pablo le gusta o le disgusta que sus amigos le digamos “Pablito”, cosa que en el siglo pasado resultaba obvia que le dijéramos, porque así era Pablo, delgado como una flauta dulce o traversa, hace 22 años, cuando en 1993 se ganó el primer premio del Concurso Nacional “El cuentista inédito” –que para entonces yo le había puesto el apelativo de “Germán Vargas”, en honor a uno de los cuatro amigos que figuran al final de Cien años de soledad-, concurso que hacíamos desde 1985 los del Centro de Estudios Alejo Carpentier (grupo de mis alumnos egresados del Taller de Escritores de la Universidad Central). Pablo ganó con el cuento “El madrigal”, seleccionado por los jurados Philip Potdevin, Evelio Rosero y César Valencia Solanilla. El cuento, publicado en aquella época por El Tiempo, e incluido en el volumen Once cuentos premiados. Concurso Nacional El cuentista inédito Germán Vargas (1985-1994), editado por la Universidad Central en 1995, lo acaba de incorporar Albeiro Montoya en el último número de su revista virtual Literariedad, homenaje a Pablo Montoya Campuzano por el Premio Rómulo Gallegos.
Eso fue, repito, en 1993. Y, ahora, Pablo ha recordado aquel momento con estas palabras: “Acaso sea el más importante de todos (los premios), porque me lanzó a la convicción de la escritura que desde entonces sostiene mi vida” (e-mail, 5 de junio de 2015, La Plata, Argentina).
Desde entonces, Pablo Montoya ha recorrido el mundo (el premio lo sorprendió en La Plata) sin ruborizarse y un poco con desenfado. No creo que haya pasado un día de su vida sin escribir; lo digo porque basta mirar las páginas que ha llenado. A su inteligencia y sensibilidad abrumadoras, él le suma, sin ninguna dificultad, una disciplina y una constancia puestas a prueba hace rato. Pueden constatarlo si repasan su bibliografía. Sus libros de poesía, ensayo, cuento y novela, historia, crítica literaria, etc., llegan ya a una veintena, y sus conferencias y ponencias y ensayos y artículos en revistas literarias o académicas, en suplementos dominicales, son innumerables.
Quiero decir –con alegría, con entusiasmo- que si alguien en estos últimos 25 años, ha sido una figura pública destacada y respetada en nuestro país, sin secretos, ni mitomanías, ha sido Pablito (aunque ya no sea la flauta de antes, sino el saxofón contralto que se ha hecho escuchar más allá de los límites que algunos se imaginaron imponerle). Hoy, Pablo tiene 52 años. Y al ganar el Rómulo Gallegos, de inmediato, se le vino encima un vendaval de abrazos, mensajes y afectos. Porque, qué pena con quienes apenas lo descubren, Pablo no era ningún secreto guardado.
Y remato con una reflexión que suelo hacer en estos casos para hablar de la prensa cultural colombiana, a la que he pertenecido desde hace 50 años. Por falta de espacio en los medios para la noticia cultural (que suele no existir como tal; existe la información cultural, es decir, la noticia que envejecida luego aparece en el diario algún día: por ejemplo, ahora mismo, ¿alguien ha dicho en Colombia que Ricardo Piglia acaba de ganarse el Premio Formentor?), o por falta de política editorial o de apoyo económico, o por cansancio de los redactores culturales, el cubrimiento de nuestra vida cultural, literaria, artística, es muy precaria. Y de ahí surgen frases como la del secreto bien guardado. Resulta que, por causas conocidas o desconocidas, los medios invisibilizan a ciertas personas del arte y la cultura. No importa que publiquen libros, ganen concursos, dicten conferencias internacionales, lleven una vida activa y pública. Las vuelven invisibles. Y luego, cuando alguien desde afuera las reconoce, deciden romper el “secreto” acá. Y aparece la frase del secreto bien guardado. Nunca me ha parecido justa esa política periodística nuestra.

En fin, por fortuna, con Pablo la fiesta comenzó hace rato y no termina aún. Del Concurso Nacional El Cuentista Inédito de 1993 al Premio Internacional Rómulo Gallegos de 2015, por lo pronto, sin secretos, y ahora más visible que nunca, porque su música y su pensamiento siguen abriéndose camino en la academia, en las librerías, en los foros públicos. En sus lectores todos.

miércoles, 3 de junio de 2015

Zhou Daxin y Xu Zechen en la U. Central

Zhou Daxin  y  Xu Zechen, en Bogotá
Los escritores chinos Xu Zechen (1978) y Zhou Daxin (1952) conversarán con estudiantes y docentes de los programas de Creación Literaria de la Universidad Central, alumnos del Instituto Confucio U. Tadeo y con todas las personas que estén interesadas en la literatura china, el viernes 5 de junio, 11 a.m., Calle 21 No. 4–40 (Aula Múltiple de la Universidad Central). Habrá entrada libre.

Xu Zechen, magíster en literatura china de la Universidad de Beijing, es considerado uno de los mejores escritores jóvenes de China. Ha publicado obras como A la orilla de las aguas, Tren nocturno, Jerusalén, Puertas de medianoche, Paraíso en la tierra, El último cazador y Si la nieve corta el camino, que han sido traducidas al alemán, inglés, francés, español, holandés, japonés, italiano y ruso, entre otros idiomas. 
Durante el encuentro, Xu Zechen exhibirá la novela Corriendo por Beijing, traducida al español, una novela que explora los submundos del crimen en la China contemporánea.

Zhou Daxin, por su parte, ganador del Premio Nacional de Novela Corta, del Premio Feng Mu y del destacado Premio de Literatura Mao Dun, ha publicado más de 30 obras literarias en los géneros de novela y ensayo, muchas de ellas también traducidas a otros idiomas. Entre sus obras más destacadas se encuentran Saliendo de la cuenca, Lagos y montañas, Acto No.20, Leyendas de guerra y Torre 21.
En este espacio, Zhou Daxin presentará las traducciones al español de sus obras Joyas de plata y Réquiem. La primera de estas obras incluye dos novelas cortas: la que le da el título al libro brinda una mirada sobre la China antigua, a partir de una relación amorosa oculta, y la segunda Niebla violeta, cuenta la enemistad entre dos familias en el marco de los cambios históricos registrados en China a lo largo del siglo XX. En cuanto a  la novela Réquiem, esta relata el drama de un matrimonio que intenta salvar la vida de su hijo, aquejado por un tumor cerebral.

El encuentro con los escritores Xu Zechen y Zhou Daxin es posible gracias al Instituto Confucio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, que dirige el escritor Enrique Posada, y los programas de creación literaria del Departamento de Humanidades y Letras de la Universidad Central, que dirige Isaías Peña Gutiérrez.