domingo, 22 de abril de 2012

25a. Feria Internacional del Libro de Bogotá (1)

Una trivialidad
El 18 de abril comienza la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), que con apoyo de Ecopetrol, y con Brasil como país invitado, pareciera ser la mejor oportunidad para celebrar la edición 25 de la misma. Quiero asistir a su inauguración con una charla entre Luis Fayad y Roberto Burgos Cantor. Es miércoles y he pasado un día intenso haciendo con Andrea Vergara las correcciones de la que será la segunda edición de El universo de la creación narrativa, mi último libro. Llevo una hora consiguiendo, inútilmente, taxi. Decido coger buseta. Entre el centro y Corferias no hay más de 20 cuadras. La buseta tampoco pasa. Al final, perdida una hora y, por supuesto, perdido el encuentro de Fayad-Burgos, me aproximo a la entrada del arco principal de Corferias, en su entrada oriental. Me encuentro con Yolanda Correal, editora de Educar Editores. Me deja una invitación para el día siguiente: lanzarán Los misterios del Hotel Roc Blanc, de Nora Arango y Elkin Obregón, dos paisas obsesionados con la literatura de detectives, y otra para el jueves 26: lanzamiento del libro infantil El regalo de Pipe, de Gerardo Meneses. Corro a ver si, al menos, alcanzo al conversatorio de Nélida Piñón con Guido Tamayo. Son las 7 p. m. Una mujer, con traje largo, elegante, se destaca en la entrada. Dos empleado de Corferias me piden la boleta. Le paso a uno de ellos la invitación V.I.P. que me ha enviado Cristina Católico Espinel de Corferias y Cámara del Libro. El muchacho me dice que debo cambiarla por una credencial, pero que ya se han quienes hacen eso. Le digo que son las 7, que debo entrar para asistir a la programación de esa hora y que luego cambiaré la invitación. El muchacho no entiende nada, no sabe que quiero y debo escuchar a Nélida Piñón -que no nombro porque le sonará un nombre extraño y ficticio. De inmediato sé que no se trata de un amigo de los libros, sino de uno más de los innumerables guardianes que le cierran las puertas a la gente en mi país. Su compañero de trabajo, entonces, más vigilante y menos inteligente (Corferias y la Cámara debieran entrevistar a estos personajes antes de ponerlos en una puerta como ésta), para sacarlo del embrollo -porque a esas alturas ya estoy más alterado que cuando esperaba el taxi que no llegó-, se me acerca muy cordial y me dice que la Feria se cierra a las 7 y que por eso no puedo entrar. Recuerdo, para mis adentros, que en Colombia las puertas no se han hecho para abrirlas, sino para cerrarlas. Y ante la "cerrada" de la Feria a las 7 (¡qué tal!), de un momento para otro, se me acerca la mujer de traje largo y me dice, conmovida ante mi impotencia frente a los dos vigilantes de la ley, "señor, nosotros tenemos un evento muy, pero muy especial, a las 7 y media, tenga su entrada". Le doy las gracias y entro corriendo a la sala Silva, donde acaba de comenzar mi admirada, profunda y amable Nélida Piñón. Pasadas las 8 de la noche, inmensamente satisfecho, pero aún alterado, salgo de la sala Silva y me acuerdo de la dama de negro y me pregunto a qué baile especial me habría invitado. Miro por primera vez la tarjeta de invitación, la que me había salvado la noche. Y la sorpresa es la de que Planeta Editores lanzaba a esa hora (a la que, según el vigilante de la historia, la feria estaría ya cerrada) el libro Historias de gigantes. 10 colombianos excepcionales. Gustavo Gómez, uno de sus autores, entrevistaba a Raúl Cuero, Mario Hernández y Roberto Pinilla (tres de los gigantes; los otros son: Fernando Botero, John Leguízamo, Leo Katz, John Gómez, Orlando Ayala, Juan Carlos Ortiz, Ruvén Afanador). Y veo entre los entrevistadores a Sergio Álvarez, Mario Mendoza, Fernando Quiroz, Marta Orrantia, Carlos Framb, Diego Garzón, María Paulina Ortiz, entre otros. Pero la noche ha entrado y me han llegado a recoger. La Filbo seguirá. A veces, para entrar a la Feria -me voy pensando- necesita uno ser un gigante.

1 comentario:

jerogarciar dijo...

Lo raro, es que usted ya es Gigante.