domingo, 31 de enero de 2010

Un poema de José Gorostiza

Me envía la poeta Luisa Fernanda Trujillo, autora del libro De soslayo, prendada (2010), un poema a Bogotá, de 1948, del mexicano José Gorostiza (Tabasco, 1901-México, 1973), autor de libros recordados como Canciones para cantar en las barcas y Muerte sin fin, miembro del grupo "Contemporáneos", que trascribo a continuación:



Declaración de Bogotá


HA SILBADO una ráfaga de música.
Desciende el aire
de la negra montaña tempestuosa.
Tropieza en la esbeltez de tu blancura
como topa la luz, allá en la plaza,
en la amarilla catedral de aceite
que, lenta, se consume
cediendo a los dominios de la estrella
su estatura de llama endurecida.
Te hace sonar el aire:
eres su flauta.
Te agradece los ojos plenilunios.
Imprime un ritmo pendular al brazo
con que cortas la línea de tu marcha
y en nobles giros de cristal te ajustas
a frenos de pedales y sordinas.
Te ahoga la sonrisa inescrutable
en un sabor de té que se azucara
poco a poco en la pulpa de tus labios
y te erige, por fin, sonora estatua,
en el rigor de un martinete insomne
que bate en mis arterias
y que habrá de batir -¡ay, hasta cuándo,
mira el amor lo mucho que me duele!-
un delirio de alas prisioneras.
Detrás de tu figura
que la ventana intenta retener a veces,
la entristecida Bogotá se arropa
en un tenue plumaje de llovizna.
He aquí los hechos.
En la virtud de su mentira cierta,
transido por el humo de su engaño,
he aquí mi voz
en medio de la ruina y los discursos,
mi oscura voz de silbos cautelosos
que vuelta toda claridad.
Me has herido en la flor de mi silencio.
la que brota de él, sangre es del aire
¡Tómala tú!
¡Ténla en tu ser de caña dúctil al sonido!
Es un grumo, no más, de poesía
para cantar el salmo de tus bodas.

Tomado de "Poesía y poética de José Gorostiza"

viernes, 29 de enero de 2010

Ciao, Salinger

Ante la evidencia, no hay mucho por decir. El gran J. D. (Jerome David) Salinger ha partido, sin dolor -el dolor es el nuestro-, para su reencuentro con Holden Caulfield y nos ha dejado cuatro libros (no más, apenas unos más que Juan Rulfo). Cumplió su promesa de no dar entrevistas, al contrario de otros escritores famosos que en mil entrevistas dicen que nunca dan entrevistas (y los periodistas lo repiten en cada entrevista). Esos cuatro libros, más cortos que largos, fueron: El guardián entre el centeno (1951), Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961) y Levantad, carpintero, la viga del tejado (1963).
En Argentina, como me lo ha recordado el narrador Juan Bautista Duizeide, Sudamericana la editó con un nombre perfecto, que luego Salinger desautorizó, El cazador oculto. Pero la edición española ganó por ser más cercano al original, The catcher in the rye.

Había nacido el 1 de enero de 1919 en Nueva York. Y no volvió a levantarse desde mayo pasado, cuando sufrió un pequeño accidente en su casa. Su novela legendaria inmortalizó la juventud rebelde de Holden Caulfield cuando la sociedad norteamericana padecía de cuaquerismo puro. Y nos dio una lección de cómo manejar el tiempo narrativo sin obstruir la sencillez del sentido, ni la tensión de la historia. Sin dudas, El cazador oculto, o El guardián entre el centeno, se recordará por ser magistral en todos los sentidos, desde su matemática brevedad hasta el haber logrado trasmitir la inmensa complejidad humana del personaje y su caótico mundo circundante. El cazador ha partido. Sus libros ha quedado. Ahora somos sus guardianes frente al abismo.

domingo, 24 de enero de 2010

Dos poemas de María del Rosario Laverde


María del Rosario Laverde nació en Bogotá y estudió literatura en la Universidad Nacional. Ha publicado poemas en Argentina, Venezuela, Perú y Colombia. Hace poco, en noviembre de 2009, ganó mención de honor en el concurso ¨Un mar de poesía para Meira¨, de Cereté, Córdoba. En 1995 hizo parte del Taller de Esceritores de la Universidad Central. Ha trabajado en traducción y recientemente comenzó a actuar en televisión. Hizo teatro en otra época. Reside en Bogotá.

Otro lugar

Ciudad habitada por almas aspirantes a suicidas
por esperanzas falsamente recobradas
abre tus puertas de hierro
para que pueda escapar
huyo tras el anonimato
que me ha sido negado
quiero no tomar una ducha de vez en cuando
y rendirme cuentas solo a mí
me sobran las explicaciones y los juicios
no me bastan los eventos mediocres
No necesito que me demuestres tu entrada al siglo XXI
a punta de nuevas edificaciones
solo permíteme comenzar en otra parte
y dejar atrás cada uno de tus ladrillos hirientes.



ALFONSINA

Elijo el mar como tumba
me llevo mi soledad lejos de los hombres
mis huesos viajarán sin descanso
y verán los paisajes que quise ver
escucharán las canciones de amor cantadas a otra mujer.
Si algo quedase de mi alma
descansaré en paz en
la hora del perdón
la de la memoria
la de los delfines
la de la nostalgia
la del rojo sol y el rojo mar

sábado, 23 de enero de 2010

Un minicuento de Andrés Elías Flórez B.

EL OBSEQUIO DE UN BUEN ARGUMENTO

Andrés Elías Flórez B.


Andrés, el señor de la ventana de enfrente, me ha parado en el rellano de la escalera.
Me ha insultado y hasta me ha retado a un duelo.
Me ha dicho, de manera acalorada y a gritos: Que yo por qué soy escritor. Que entre a casa y vuelva a salir con los diplomas que me acreditan como tal. Que yo, un pobre diablo, que hasta sin corbata visto, y al cual él tiene que prestarle plata a diario qué iba a ser nada. (La gente se ha asomado por todos lados). Que qué escritor y qué ocho cuartos.
Sinceramente, yo no encontraba qué responderle. Quise argumentar, en tono reposado, que lo era porque había algunos editores que se encargaban de editar, distribuir y vender mis libros. Y que había lectores que se ocupaban de leerlos y que ellos, a vuelta de correo, podrían certificar que yo era escritor. No encontraba o no me salían las palabras.
Expresó, levantando la mano, un rotundo: ¡Qué va!
Y dijo como hablando solo o con la gente que se reunía, sin dejar de gritar, que se iba a poner en la tarea de escribir su novela cumbre. Y que para superar las páginas que yo había escrito, de un arranque, la primera de sus obras, iba a ser de 880 páginas.
Se entró de un portazo, e inició la tarea.
El argumento de la novela a simple oído parecía fácil: “La historia de un hombre que se alimenta de naftalina”.
Pero, al parecer, Andrés ha avanzado poco. Pues es tan fuerte y penetrante el olor de la naftalina que cada vez que empieza un capítulo, empieza a vomitar y le toca salir, con la bola cristalina entre la garganta y los dedos, a correr por toda la cuadra para que se le pase el vómito.

lunes, 18 de enero de 2010

Concurso de poesía de la U. Metropolitana

CONVOCATORIA DEL XIV CONCURSO NACIONAL METROPOLITANO DE POESIA
UNIVERSIDAD METROPOLITANA,EXTENSION CULTURAL, DE BARRANQUILLA

La Universidad Metropolitana, a través de su Extensión Cultural, convoca al XIV Concurso Nacional Metropolitano de Poesía:

1.- Pueden participar en este certamen todos los jóvenes noveles de nacionalidad colombiana.

2.- Los participantes deben enviar un mínimo de doce (12) poemas inéditos y un máximo de veinticuatro (24), de tema libre, en hoja tamaño carta, a doble espacio, a la siguiente dirección: Extensión Cultural - Universidad Metropolitana, Apartado Aéreo 50576, Barranquilla.

3.- Los poemas deberán enviarse en original y dos copias, firmados con seudónimo, anexando, en sobre separado, cerrado, breve ficha biográfica del autor con información del documento de identidad y su dirección.

4.- El premio tendrá un valor metálico de $800.000.oo (Ochocientos mil pesos m/l) y dado su carácter de estímulo a la creación literaria y promoción de la poesía en el territorio nacional, dicho premio no podrá ser declarado desierto.

5.- La XIV edición del presente concurso se cerrará el 30 de enero del año 2.010.

6.- El fallo será dado a conocer el 30 de marzo del año 2.010.


Emilia S. de Sáez de Ibarra
Directora Extensión Cultural

CUALQUIER INQUIETUD COMUNICARLA PERSONALMENTE A LOS TELEFONOS, 3584893 O 3589986.

sábado, 16 de enero de 2010

Minicuentos de María Elena Lorenzín

María Elena Lorenzín llegó a Australia en la década del 80. Había nacido en Argentina, en el interior, en Jáchal, San Juan. En la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, estudió literatura. Y sacó su doctorado en la Universidad de Flinders, en Adelaide, Australia. Y allá sigue. Supe de ella por Tamara, que vive y estudia allá. Y lo que quiero decir es que cuando recibí el último de sus libros, Microsueños, que es un bello microlibro, editado en Chile (Ediciones Asterión), para mí fue una inmensa sorpresa. Es probable que ella esté en Colombia al finalizar este año, cuando celebremos el VI Encuento Internacional de Minificción. Estos son cuatro minicuentos de su libro mencionado:

Frivolidades

A Ángela Romero Pérez

Ella está guardando sus cincuenta pares de zapatos, los ordena por colores, por años, por sueños rotos, por... La voz ronca a su espalda masculla, "me dejas por otro". Ella gira para responder, "no, querido, te dejo por tí". Los zapatos sólo esperan la hora de marchar.


Sueños de koala

Quería tener alas y volar como las cacatúas a las que tanto admiraba, pero como era tan pesado, cuando soñó que volaba, el golpe a tierra le quebró las alas...


Bajo tierra

A los sesenta años soñó que se casaba con su primer novio. A los setenta soñó que se divorciaba. A los ochenta dejó de soñar con hombres. Ahora sólo sueña con plantas.


Estatua

Que hoy no me caguen las palomas. Que hoy no me caguen las palomas. Que hoy no me caguen las p...

viernes, 15 de enero de 2010

Un Puracé sin nieve en 2010


El 1o. de enero de 2010, el Puracé (en la foto 1), como le decimos con confianza al volcán-nevado que vigila el occidente colombiano, entre los departamentos sureños del Cauca y el Huila, aparecía sin nieve. Un sol fuerte anegaba todo. Y desde la casa de la finca paterna, desde donde lo vemos cada vez que -desde hace 60 años- las nuebes lo permiten, echamos de menos la blancura brillante de su cabeza alegre. Esas montañas inmensas de los Andes han sido nuestros íconos -como lo confirmara José María Arguedas en su novela Los ríos profundos-, y sorprendieron nuestra infancia y no dejan de hacerlo en la madurez, como ahora que tocamos la nieve derretida del volcán Osorno (en las fotos 2 y 3), al pie del lago Yanquihue, en Puerto Varas, Chile. Los indios tuvieron la fortuna de adorar lo que veían, sin tener que recurrir a la fe para ver lo que uno no sabe si existe. Y las grandes montañas, el sol, la luna o un lago, fueron suficientemente vigorosos como para aturdir la mente y la sensibilidad humanas, y producir afectos y respetos por ellos. Pero mi Puracé sin cabeza blanca, al frente de mi casa en "La Batalla", la finca que rebautizó mi padre, pues, antes se llamaba "Las Delicias", me ha dejado un poco desolado. Y no se si se trata de algo pasajero, de algo definitivo, del Niño, del cambio climático, o de la terquedad del tiempo de los hombres. Ojalá el 2010, sin la blancura del Puracé, no vaya a ser un año tan oscuro.