sábado, 24 de junio de 2017

Un cuento de Alexander Castillo

CUENTO

Las monedas de la traición

Alexander Castillo Morales*
Las monedas con las que el Justo fue perdido tienen un valor esquivo y dañino. La mayoría cree que el valor maldito de las monedas se deriva de haber vendido al Mesías, cuando en realidad sirvieron para perder al hijo del hombre de una forma más elaborada y efectiva. Además sirvieron para que un hombre que flaqueó como muchos otros fuese condenado a ser el chivo expiatorio. En la picota de la historia sigue el ambicioso Judas, ficha de un ajedrez tan traicionero como él mismo. En general, no se conoce la tensión de fuerzas oscuras de uno y otro bando que se conjugaron para acabar con su humanidad tan débil como la del que lo negó. ¡Qué equivocados han estado! A él le dieron las monedas por un servicio más hondo y menos pueril que el de un simple delator, cargo del que lo acusa la historia. En realidad una sola moneda pagó su misión. Las otras fueron una discreta compañía para minar el remordimiento del miserable.
En la noche del beso en que sacaron al Justo del huerto y lo llevaron al sanedrín para interrogarlo, no se consumó la misión para la que fue sobornado Judas. Esa publicidad ha extraviado los verdaderos sucesos y se ha saciado con su persona y por supuesto con sus debilidades. Pero nadie se levanta para denunciar a los autores del tráfico que posibilitó el destino del Mesías y la caída del apóstata. Las fuerzas del bien y del mal se pusieron de acuerdo en que el destino de Judas Iscariote sería convertirse en traidor y de ambas bolsas salieron aquellas monedas que facilitaron su desgracia. Cada uno hizo sus cálculos y su inversión.
Es preciso recordar que no solo es culpable el que comete la falta, sino el que facilita los medios y la oportunidad. A ambas fuerzas les convino acordar el destino del desgraciado y en modo extremo acabar con la reputación y la persona de Judas. Y es seguro que en algún texto apócrifo se debe contar que Judas desarrolló dos acciones por la misma negociación. La primera, fruto de su ambición, y la segunda, guiado por la piedad. Por la primera se ha hecho tristemente célebre, entregar al hijo de Dios a los romanos y luego estos al sanedrín. Este traspaso burocrático permitió a Pilatos lavarse las manos y sirvió para dilatar el tiempo necesario para la segunda acción de Judas, la verdadera. Fue en el cambio de guardia antes de que el gallo cantara tres veces cuando se produjo el objetivo central y cifrado del negocio. Los seguidores del Mesías estaban parapetados en sus miedos, el cansancio y el dolor, y no soportando más, lo dejaron solo a merced de lo que para muchos era su destino: ser sacrificado por la humanidad. Por eso hasta el omnipresente se retiró hacia su casa celestial para recogerse en el sufrimiento y segura muerte de su hijo.
Ante tales circunstancias ocultas los hechos que se conocen faltan a la verdad sin intención ominosa. Pero el desconocimiento no libra de la responsabilidad y el peso de sus consecuencias. El Justo mostró cierta altivez frente a los monarcas religiosos. Los muy todopoderosos quisieron doblegarle con sus juegos lógico-teológicos y este, mucho más sabio, les replicó abriendo el camino hacia su muerte. Al fin y al cabo, de eso se trataba, de facilitar las cosas para que lo condenaran. En claro queda que Jesús fue condenado a morir y quedó a merced de la guardia que se burló y lo maltrató. Lo golpearon tan fuerte que su humanidad rodó sin sentido. Quedó exánime entre un charco de sangre, tierra y detritus. En ese momento actúo el dueño del beso; para esa empresa había sido contratado, no para entregarlo, sino para llevarlo vivo a una tumba improvisada. Pero él lo hizo por piedad, no era de los que disfrutaba con el dolor ajeno, eso lo había aprendido muy bien. Pensó que al liberarlo de las garras de la tortura y la muerte, el Mesías tendría la oportunidad de apoderarse del trono romano, y seguramente él, que lo había salvado, sería muy bien retribuido. Así, el negocio era redondo, ahora unas cuantas monedas, y más adelante propiedades, posición social y, por qué no, una hermosa y virtuosa mujer. Todo parecía encajar en el plan del traidor.
Es preciso decir que ni el propio Judas sabía que en realidad había sido contratado para retirar al Justo de la tortura y esconderlo en una cueva. Él sentía que lo hacía por su propia voluntad, motivado en parte por el sentido humano y, claro, también por su habilidad para los negocios. El gran Dios estaba muy compungido como para darse cuenta de los hechos que se venían desencadenando. Los estados de omnisciencia y omnipresencia se habían reducido a un ensimismamiento fruto del dolor causado por tener que sacrificar a su propio hijo con el fin de salvar a tanto desagradecido, que ni siquiera se darían cuenta de cuánto estaba en juego. Lo que más importa saber es que con el mismo sigilo con el que había negociado sacó al Mesías de las instalaciones donde se le había torturado. Pasó invisible por entre los fantasmas de la noche hasta llegar a la meta acordada por los que saben de las ideas humanas.
El Justo, que había leído en los libros de la vida sobre su “fatalidad”, no pudo imaginar el tamaño de la traición. Su humanidad que sufrió el rigor de la iniquidad quedó tan maltrecha que no tuvo tiempo de acomodar la gravedad de cada uno de los sucesos de los que era víctima. El Mesías esperó tres días para despertar y obrar el milagro, sin saber lo que sucedía. No hubo nadie para que le dijese que no estaba muerto, sino inconsciente, entre una cueva improvisada como sepulcro, muy lejos del punto de la resurrección. No hubo una profecía que diera cuenta de estos alcances; ni los videntes del pasado fueron capaces de percibir la filigrana de la estratagema que se desenvolvía. El traidor, de buena voluntad (como tantas veces he dicho), lleno de compasión liberó a Jesús de su destino. Cobraron cuerpo sus escrúpulos, al punto de sentirse imposibilitado para traficar con la muerte de un ser humano. Por eso, quiso devolver las acciones a su manera. Así trastocó el plan para el que había sido enviado el Mesías.
Lo cierto es que testigos hubo muchos y no hubo necesidad de sobornos o algo por el estilo para hacerlos errar. Todos vieron un castigo infame por senderos empedrados. Insultos de unos y otros, no solo de guardias, sino también de aquellos que se bautizaron y luego renegaron; de los que se mantuvieron ortodoxos en sus leyes o en la indiferencia. Ni la propia madre descubrió el trucaje planeado. Estaba tan golpeado y era tan dolorosa su apariencia que lo miró sin verlo, con esa fe tan profunda que no sospechó que bajo la corona de espinas no estaba su hijo, el Rey de los judíos, sino el hijo de la tentación, que también podía multiplicar el vino, caminar sobre las aguas y resucitar a los muertos. Cuando Judas compasivo se escabulló con el hijo de la luz, le dejó el espacio al hijo de las tinieblas para que tomase su lugar. Es por esa acción que en realidad recibió su paga. El doble del Mesías, el antimesías, tomó el papel del redentor y como si hubiese robado su guión, habló con sus mismas palabras y embaucó a todos. Hasta tuvo el descaro de decir: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”, a sabiendas de que ningún padre quiere padecer con la muerte lenta y dolorosa de lo que más ama en la vida. Aunque lo triste y paradójico fue que su madre, fuerte y aguerrida como ninguna, se sobrepuso al dolor extremo y le acompañó, pero sin poder darse cuenta de que el Oscuro había puesto allí a su propio vástago.
Ni los cronistas oficiales de los hechos, ni los virtuosos de la época, ni el mismo Señor de la Luz descubrieron el engaño en el momento en que se llevaba a cabo. El Mesías quedó perdido en algún lugar de la Tierra, y cuando despertó pensó que había resucitado a lo cual le sobrevinieron muchos problemas porque nadie le creyó, al punto de ser acusado de simonista. Su paradero y destino final se han perdido en la memoria de los tiempos, hasta sus propios apóstoles le tacharon de un buen doble, pero chiflado. Puede ser que en algún tiempo haya otra oportunidad de reacomodar la historia. Por ahora es preciso tener presente que desde ese día, en el cual se dio paso a la noche de la humanidad, las monedas de la traición continúan brillando con la misma intensidad con la que el crucificado miró al cielo antes de expirar. He ahí su valor nefasto.

[Este cuento hace parte del libro Las monedas de la traición, Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 2014, pp. 89–94].

*ALEXANDER CASTILLO MORALES: Licenciado en Lingüística y literatura, Universidad Distrital (2002), Maestro en Artes Plásticas, Universidad Nacional de Colombia (2005), Magíster en Literatura Hispanoamericana, Instituto Caro y Cuervo (2011), egresado del Taller de Escritores Universidad Central. Escritor, profesor de Creación Literaria de la Universidad Central y docente en otras universidades de Bogotá. Fue promotor de lectura y escritura para jóvenes con Fundalectura. Finalista en algunos concursos literarios. Publicó el libro de cuentos Las monedas de la traición en 2014 (Bogotá, Instituto Caro y Cuervo). En su obra se encuentra “la preocupación estética por abordar el alma humana: conflictiva y paradójica”.


lunes, 19 de junio de 2017

No todo libro es mercancía

A raíz de los cincuenta años de la publicación (30 de mayo de 1967) y de la puesta en venta en las librerías de Buenos Aires (5 y 6 de junio de 1967), de Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez, aparecieron muchos recuerdos, notas y ensayos acerca de aquel acontecimiento, que vivimos cuando estábamos terminando nuestras carreras universitarias.
Un artículo muy oportuno fue el de Conrado Zuluaga, titulado “Cien años de soledad cumplió la profecía de Melquíades”, publicado en El Tiempo (Bogotá, 28 de mayo de 2017), donde, entre otras cosas, resalta la conciencia de Gabo frente al oficio del escritor y, sobre todo, la responsabilidad de divulgar (“promocionar”, dice Conrado con lenguaje de gerente editor), por todos los medios, su obra escrita. Y enumera los medios periodísticos donde, por entonces, aparecieron capítulos o fragmentos antes de ser editada la novela: 1. El 1 de mayo de 1966, en el Magazín Dominical de El Espectador (Bogotá), apareció el primer capítulo de Cien años de soledad; 2. En agosto de 1966, la revista Mundo Nuevo, que Emir Rodríguez Monegal dirigía en París, publicó otro capítulo enviado por Carlos Fuentes; 3. En enero de 1967, la revista peruana Amaru (Lima) publicó el capítulo de Remedios la Bella subiendo al cielo; 4. En febrero de 1967, en Bogotá, la revista Eco (editada por la Librería Buchholz) publicó otro capítulo, el que refiere la muerte de Úrsula. Zuluga agrega -como actos promocionales- el reportaje a Gabo en Primera Plana (Buenos aires), la inclusión de una entrevista larga con García Márquez, de último momento, en el legendario libro Los nuestros, de Luis Harss, más los comentarios públicos y entusiastas, previos o posteriores a la edición de la novela, de autores como Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Cortázar, Germán Vargas, Cepeda Samudio, Ernesto Volkening o Tomás Eloy Martínez. Conrado Zuluaga no incluye tres capítulos más, citados por Álvaro Santana Acuña en su artículo “Los siete capítulos olvidados de Cien años de soledad” (El País, Madrid, 27 de mayo de 2017): 5. En marzo de 1967, la revista Mundo Nuevo publicó el capítulo sobre la peste del insomnio; 6. En abril de 1967, la revista Diálogos, de México, publicó el capítulo sobre el diluvio sobre Macondo; y, 7. En mayo de 1967, apenas unas semanas ante de salir la novela, publicó el capítulo sobre las 32 guerras del coronel Aureliano Buendía.
Dice Santana Acuña que esos siete capítulos fueron enmendados por Gabo en los meses que correrían hasta su edición final, convirtiéndose hoy en capítulos de estudio para los gabólogos y para los actuales creadores literarios.
Pero me interesa resaltar que ni la promoción comercial -como cualquier mercancía-, al decir de Conrado, ni el afán de ser corregido por sus lectores, como dice Álvaro Santa, fueron los motivos de los avances de estos capítulos. El fervor que vivíamos por la literatura latinoamericana en esa época no nos permitía razonar de esa manera. Los señores Barral y Seix, por ejemplo, convocaban su famoso concurso sólo con una medalla por premio, más, eso sí, la publicación de las novelas. Los periódicos y las revistas de entonces acostumbraban, sin pensar en las consecuencias comerciales -por eso se podían nombrar los sellos editoriales sin los celos actuales-, adelantar fragmentos, capítulos, poemas o cuentos, de libros que vendrían después. La literatura era la pasión que animaba todo, hasta el ideal romántico de aguantar hambre con tal de salir a la luz pública con una buena obra. Gabo, por lo demás, era muy seguro de lo que escribía y corregía. Sus comentarios comedidos con quienes lo leían, eran eso, venias diplomáticas. Y sí le importaba, por supuesto, la divulgación de todo cuanto publicaba: era su razón de ser, que lo leyéramos, que lo quisiéramos leyéndolo. Luchó porque se le reconocieran los derechos económicos al escritor, pero, nunca hubiera dejado de escribir por razones económicas. Es una dimensión, una visión literaria que se perdió entre los medios, y lo vemos en el manejo que las editoriales dan a los escritores ahora.

Lástima que esa enseñanza de García Márquez la hayan olvidado.   

domingo, 4 de junio de 2017

Congreso Coetzee en septiembre 2017




La Universidad Nacional de San Martín, Argentina, viene realizando la Cátedra J. M. Coetzee desde hace un tiempo. Ahora, con la presencia del autor, prepara para el segundo semestre de este año un evento intercontinental, que abarca lo que se ha llamado las "literaturas del sur" de América, Asia, Africa y Australia (no sé si Europa). Transcribo la invitación oficial. No hay dudas de que toda la obra de J. M. Coetzee ha tenido inmensa resonancia en Colombia y su significado literario y político tiene especial interés en una época como la actual, similar a la vivida a finales del Apartheid sudafricano.

 CONVOCATORIA DE PONENCIAS

UNSAM - Cátedra Coetzee: Literaturas del Sur 

Congreso Internacional: La obra de John Maxwell Coetzee en Latinoamérica
Buenos Aires, 12 y 13 de septiembre de 2017

 Presentación del Congreso

Desde hace varios años ha habido un creciente y pronunciado interés transnacional por la literatura y el pensamiento de J. M. Coetzee. La organización de diversos congresos internacionales, la publicación de biografías literarias así como la proliferación de monografías y artículos académicos demuestran la importancia y el estímulo que genera la obra de este autor más allá de los contextos que serían previsibles por el lugar y el ambiente que dieron origen a sus textos.

Desde hace relativamente poco pero con constancia, Coetzee viene forjando vínculos con intelectuales e investigadores, escritores y artistas, realizadores de teatro y de cine, traductores y editores en Latinoamérica. Además de dirigir la “Cátedra Coetzee” en la Universidad Nacional de San Martín, dedicada a la exploración de resonancias entre las literaturas del sur global, otros campos y otras disciplinas en Latinoamérica también han encontrado en la obra de JMC una lente que enfoca ciertas inquietudes propias de la región: en México se ha hecho un coloquio sobre la obra de Coetzee desde la perspectiva de la filosofía, en Argentina se han organizado unas jornadas de exploración específica de la relación entre la literatura y el cine, siempre anclados en situaciones del hemisferio sur, así como coloquios sobre la memoria política y el rol de la literatura y su impacto en problemáticas de derechos humanos tanto en Argentina como en Sudáfrica.

La idea del presente Congreso es aprovechar diálogos y estudios comparativos que ya se han ido anunciando en encuentros menos formales y dar lugar a que los investigadores centrados en diversas problemáticas latinoamericanas, trabajen las formas que la obra de John Maxwell Coetzee impacta e influye en sus trabajos respectivos.

Los trabajos deben tener entre 6.000 y 8.000 palabras, y puede abordar el tópico desde los siguientes campos o temas:

• Filosofía y Letras
• Ciencias Sociales (antropología, sociología, poscolonialismo, etc.)
• nero 
• Memoria política 
• Historia

 Los trabajos seleccionados serán publicados en una colección especial, bajo en sello de UNSAM Edita.

Los interesados en participar deben enviar sus propuestas de ponencias antes del 31 de julio a catedracoetzee@unsam.edu.ar

El envío de dictámenes se realizará a más tardar el 10 de agosto del 2017. 

El Comité Académico de la Cátedra, en coordinación con su director, J.M. Coetzee, seleccionará las ponencias que participarán en el Congreso.

 REQUISITOS PARA PRESENTAR LAS PONENCIAS

• Datos de Identificación: Título de la ponencia. Nombre del o los/as autores/as (máximo tres). Institución a la que  pertenece(n).
• Abstract (500 palabras).
• Campo o tema de los indicados en el que le interesa participar.
• CV abreviado de 10 líneas destacando el grado académico, la adscripción laboral, la línea de investigación, teléfono y correo electrónico.

Para mayor informaciónwww.unsam.edu.ar/coetzee/
www.facebook.com/catedracoetzee/