martes, 24 de enero de 2017

Rhodes: Instrumental. Música, medicina y locura

Portada del libro Instrumental.
Memorias de música, medicina y locura.
Al filo entre el año 16 y el 17, terminé de leer Las voces de Marrakesch. El testigo oidor, el libro 6 de las obras completas de Elías Canetti, en el que disfruté la delicadeza de la prosa y de las historias en su primera parte y me aburrí con los cuadros del "oidor", de la segunda parte; Piedra infernal, una novela corta, póstuma, de Malcolm Lowry, una especie de alegoría (o realidad, según se vea) donde un músico inglés, que siempre recuerda a Melville y un par de novelas suyas, busca sin buscarlo un sanatorio para su alcoholismo y se encuentra con un siquiatra y dos internos que terminan siendo sus mejores amigos, para desde allí siempre observar los barcos del puerto sobre el mar, las tormentas y el tiempo que lo sacude, hasta cuando sale y comienza su final o su comienzo, su alcoholismo salvador; y, leí otro libro muy extraño, extrañísimo, que va más allá de lo que dice el título y subtítulo, Instrumental.Memorias de música, medicina y locura, del pianista inglés James Rhodes (Londres, 1975), cuya publicación debió ser peleada en los tribunales por más de un año y en Colombia fue editado por Rey Naranjo Editores en 2016.
En mi guasap, cuando comencé a leer Instrumental, en alguna madrugada, dos o tres de la mañana, les dije a mis amigos que estaba leyendo un libro para mayores de 80 años. A medida que fui avanzando, les bajé la edad hasta llegar a decirles que era un libro necesario para mayores de seis años, la edad en que Rhodes fue violado sexualmente por su profesor de gimnasia.
Sintetizar, analizar o criticar el libro es ridículo porque siempre terminará uno diciendo lo que no es el libro. Rhodes dice que en su libro no hablará de eso, de la violación (por cierto que reclama a quienes, incluso en los códigos, hablan de "abuso", como el más infame de los eufemismos), sino de cómo la música y, sobre todo, Bach, le salvaron la vida. Tampoco eso es cierto. Hace las dos cosas. Y muchísimas cosas más. Instrumental sobrepasa todos los límites. Hay que leerlo para engañarse y desengañarse y terminar enamorado de él.
 Está armado en 20 capítulos que Rhodes llama "Temas", como en la música clásica -uno de los grandes ejes del libro-, ejemplo, "Tema I: Bach, Variaciones Goldberg, aria (Glenn Gould, piano)", más un "Preludio", un "Epílogo", "Agradecimientos" y un "Apéndice". Y cada capítulo se desdobla, primero, en música, la forma irreverente como Rhodes ama y defiende la música clásica, incluidos los pobres y maltrechos (por la vida) compositores, y, segundo, en cortos o largos capítulos donde Rhodes, de manera sincera, descarnada, afrentosa, narra y piensa (iba a decir "reflexiona") la barbaridad y la benevolencia de su vida, la mentira y la verdad, las sombras, las tinieblas y las luces, la inmensa contradicción de la vida humana.
Sin embargo, algo más me entusiasmó de este extraño libro. Es locura, es medicina, es música, como reza la portada. Pero, también, es literatura. Rhodes estructura (para algo le han servido las estructuras musicales) su historia, la rompe y la vuelve un remolino envolvente; configura sus personajes, que vienen de la realidad y parecen de novelas tenebrosas, de modo deslumbrante; y, de manera vigorosa, lo noquea a uno con su lenguaje despercudido, irreverente, jab de derecha, jab de izquierda, hasta ganar por nocaut.
Tengo entendido que James Rhodes, gran escritor, gran concertista de piano, gran pensador, gran renovador de lenguajes en todos los sentidos, gran auto-sicoanalista, gran enunciador de los procesos de creación, estará en Bogotá este final de mes en el Teatro Colón. (Sin confirmar).