jueves, 21 de abril de 2016

José Manuel Rodríguez W. en la Feria del Libro 2016

José Manuel Rodríguez Walteros,
 Premio Nacional de Novela Corta
El próximo sábado 23 de abril, a las 3 de la tarde, en el marco de los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes, de los 50 años de la creación de la Universidad Central de Bogotá y de los 35 años de fundado el Taller de Escritores de la Universidad Central, en el Salón Jorge Isaacs de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, haremos el lanzamiento de la novela corta Los trashumantes, del narrador y poeta José Manuel Rodríguez Walteros (Bogotá,1966), ganadora en 2014 del primer lugar en la convocatoria nacional "Premios de Literatura", que coordinan los programas de Creación Literaria de la Universidad Central. La novela fue publicada el año pasado, pero no había sido presentada en público. Su autor, residente en Los Ángeles desde hace varias décadas, estará presente en el acto, junto con los jurados del concurso, los escritores Gloria Inés Peláez, Juan Álvarez y Alberto Bejarano. El texto que reproduzco a continuación, aparece como nota introductoria de la novela editada por la Universidad Central:
"Recuerdo la tarde en que conocí a José Manuel Rodríguez Walteros, en la vieja sede de la Universidad Externado de Colombia, en el barrio Santa Fe, en Bogotá, por allá a comienzos de la década de los ochenta. Venía de pertenecer al Taller de Escritores que había dirigido mi hermano Joaquín Peña y quería ingresar al que yo había fundado en la Universidad Central a mediados de 1981. En aquella época, lo tuve durante un año compartiendo las lecturas y los escritos de todo el grupo. Desde entonces no le he perdido la pista.
Su viaje a Los Ángeles en 1989 no nos permitiría volver a vernos durante muchos años, pero sus cuentos, sobre todo sus cuentos, nos permitirían permanecer en contacto continuo hasta hoy. Estos últimos –esa peculiar forma de decir, de ver, de narrar las cosas con una impronta tan personal-, no me dejaron olvidar a ese muchacho de los años ochenta, cuya leyenda pasaba por decir que era un experto en el mundo de los gitanos de Bogotá. Esos cuentos aparecerían poco a poco, sin afanes, sin pausas, con la paciencia y la pasión de quien sabe que solo la escritura lo puede salvar (lo que ya es una condena). Así, aparecieron sus libros No más canciones para los muchachos muertos, con el cual ratificó su inmensa capacidad para atrapar atmósferas y reproducir conflictos humanos aún inexplorados por entonces, y Los cantos de la noche son los cantos del East LA, ambos libros premiados con Letras de Oro para escritores hispanos en Estados Unidos. No recuerdo con exactitud cuándo, pero pocos años después, como jurado del Premio Casa de las Américas, de Cuba, leería su tercer libro, Los mensajes del descifrador, que para entonces sería mención especial.
Sus reconocimientos llegaron a otros países como Argentina, México, Venezuela y Francia. Pero solamente ahora es cuando José Manuel Rodríguez Walteros, tantos años después de pasar por el entonces naciente Taller de Escritores de la Universidad Central –TEUC–, recibe en grande –porque lo ha ganado en franca lid, como se decía en el siglo pasado, en el Concurso Nacional de Novela Corta 2014 de la Universidad Central– el reconocimiento de su TEUC, de sus habitantes de la calle, del país al que pocas veces vuelve y de este fundador de ilusiones que jamás ha olvidado la sonrisa secreta de aquel muchacho que conoció en uno de esos barrios bogotanos que –futuro vuelto triste presente– él recrearía en los cuentos de sus libros posteriores. Por supuesto, me refiero a este hermoso y peligroso libro, Los trashumantes".
(Tomado de Los trashumantes, Bogotá, Universidad Central, 1914, pp. 120)

domingo, 3 de abril de 2016

Elena Ferrante en la Feria del Libro de Bogotá

Por poco se  va en vano la entrevista “La ausencia insoportable” (Arcadia, No. 126), que le hizo Santiago Parga a la escritora italiana Elena Ferrante, quien desde el siglo pasado utiliza el anonimato, sin que se sepa si ese es su  verdadero nombre. Si lo fuera, no le saldría mala la broma.
La salvaron las cuatro últimas respuestas en la entrevista.
Cuando le preguntan por Proust y la estructura de sus novelas dice que “Hay páginas geniales sobre la autonomía absoluta de las obras y sobre lo efímero que es el ‘yo’ que las escribe: un yo inestable, sepultado bajo los muchos yo de nuestra individualidad, difíciles de desentrañar, fáciles de perder”.
Le preguntan por la relación entre obra, política y comentario social, y dice que “en una novela la crítica social y política debe ir de la mano con las experiencias de los personajes”. Porque, “lo queramos o no”, esos problemas “están inscritos en nuestra carne, en las palabras que usamos, en la manera como reaccionamos. Es eso lo que quiero reproducir cuando escribo”.
Sus autores latinoamericanos favoritos tienen que ver con su infancia, cuando aprendió a contar. “Vargas Llosa, Sábato, Onetti, Paz, García Márquez, Fuentes. Pero también, naturalmente, Borges, Cortázar, Cabrera Infante. Y luego Rosa Montero. Y Bolaño. Pero sobre todo, la extraordinaria Clarice Lispector. Su Pasión según G. H., fue para mi una lectura decisiva”.
¿Qué podría resonar de su obra en Colombia? “La lucha por salir de la miseria en la se nace. La exploración de la caótica amistad femenina. El choque con la cultura patriarcal y la violencia masculina. El telón de fondo que ofrecen Nápoles y las experiencias italianas: un libro debe tener raíces locales robustas. La sensación de aniquilamiento frente a la máquina del universo y su ausencia de sentido”.
Elena Ferrante, si los amigos de la guerra no lo impiden, estará como invitada especial en la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá.