jueves, 16 de abril de 2015

Jotaspeña: 1915-2015

Recuerdo haber leído en la literatura de todos los tiempos, textos a favor y en contra del padre. La carta de Franz Kafka a su padre, por ejemplo, es durísima. Con razón o sin ella, es dura. Y frente a esa carta y a otros textos por el estilo, existen otras tantas que hablan de relaciones menos tempestuosas.
Hoy, jueves 16 de abril de 2015, cuando mi padre hubiera cumplido 100 años de su nacimiento, en Saladoblanco, un caserío a pocos quilómetros del río en el Alto Magdalena, quiero resaltar un par de detalles suyos.
Primero, el juego que siempre hizo con las letras de su nombre. Tenía su nombre dos jotas, las de José Joaquín, y su apellido dos pees, las de Peña Polanía. Mientras existió la telegrafía, entonces, siempre firmó “Jotaspeña”, y así sus cartas que escribía desde Leticia, Amazonas, con estilo cortazariano –cuando Julio no existía todavía-; y sus amigos así llegaron a llamarlo. Cuando dejó de ser funcionario público y abandonó la ciudad para reinventar la finca que había heredado de mi abuelo Isaías, sin que fuera necesario, le gustaba “autografiar” los costales en que empacaba el maíz, el fríjol o lo que dieran las rocerías, con las iniciales “J.J.P.P.”, que estampaba en letras grandes, con tintura azul, azul de metileno, en la letra de dibujante que tenía (Inés, su única hermana, llegaría a ser pintora). Yo las veía, y sigo viendo esas letras, como si fueran la firma en un libro de cabuya, escrito por alguien que me enseñó a leer como la mejor compañía.

No se si ya lo he dicho, que mi abuelo le decía, “eres el espíritu de la contradicción”. Mi abuelo era conservador laureanista; mi papá resultó ser liberal gaitanista. Pero la vez que le preguntaron que si podría ser comunista, les contestó que él era un eterno contradictor, que no lo atajaba ni el viento. Así murió en el 2001, con la nostalgia de no ver al país en paz, ni con libertades públicas respetadas, y con una oposición política en el cementerio. Mi padre, mi Jotaspeña, mi JJPP, el espíritu de la contradicción, en un país con una sola horma; él que quería ser todas las hormas, a la vez.

2 comentarios:

Vane dijo...

¡Conmovedor!

Nidia Méndez dijo...

Leyendo este escrito que se delineó desde el amoroso recuerdo de un padre. Me hace recordar otros tantos hombres cabales, que fueron también nuestros padres y abuelos.¡Un abrazo maestro!