martes, 25 de febrero de 2014

Mona Friedrich (1995-2014)

Mona Friedrich
A quince días del accidente del bus de Cootranshuila que hacía la línea entre Neiva y Bogotá, serán ya muy pocos –salvo los parientes de las víctimas- quienes lo recuerden. A mí, sin embargo, no se me sale de la cabeza. Esa larga carretera que une la capital de la república con el extremo sur del alto Magdalena, esa carretera de sueños (no se si la pirámide del Pacandé en la punta de la recta, es realidad o fantasía), que conozco de memoria desde cuando estaba aún sin pavimentar, hace parte de mi territorio espiritual. Muy pocas veces he realizado ese recorrido en avión, a pesar de lo extenuante que resulta hacerlo en carro. Lo hice sí, entre Neiva y Bogotá, cuantas veces pude, en tren. Pero el tren fue otra ilusión de la república que rodó en el acantilado de los intereses privados. Hoy, el avión, en ese tramo, resulta, todavía, demasiado caro (carísimo si se compara con otros itinerarios similares en el país). De ahí que la vieja y placentera carretera –que algún día llegará a ser, desde Neiva, una avenida de dos carriles con separador arborizado-, siga siendo la mejor opción para salir del sur y entrar al centro que siempre ha sido nuestro norte huilense.
        Sin embargo, al recordar la carretera madre de mi memoria, el accidente sucedido en su último tramo, a 70 quilómetros de Bogotá, me ha llevado a otro tema, para mí angustioso. Y no me refiero al infierno que significa el transporte público en Colombia (más si se compara con cualquier país del mundo). Me refiero a un tema, que apenas tocaré. Siempre que salgo a descubrir las entrañas y las perplejidades que suele tener el mundo en su inmensa diversidad, y me alejo lo suficiente como para no tener un regreso inmediato, me asalta la presencia de un fantasma. La muerte fuera de mi país. Lo pienso y lo he vivido cada día desde que he tenido a una hija recorriendo mundos tan remotos y ajenos a nosotros. A partir de la generación que nos siguió, los muchachos salen de Alemania, de Colombia o de Corea, y toman el mundo como una fácil colcha de retazos. Lo andan, lo nadan, lo navegan. ¿Cuándo supo Mona Friedrich de Colombia? ¿Sabía que las estatuas de San Agustín las tenía, también, en un museo de Berlín? ¿Por qué escogió el español como su segunda lengua? ¿Dejar el villorio de Philipsburg por otro llamado San Agustín, a un día de avión y otro de carro salvaje? ¿Sabía que Preuss había estado acá? ¿No sabía de nuestras maldiciones? Mona, de todos modos, te arriesgaste e hiciste tu vida. Nosotros hicimos tu muerte.

(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 22 de febrero de 2014)

domingo, 9 de febrero de 2014

Bienal Internacional de Novela 2014

Con uno de los premios más altos en los concursos literarios del país y con la calidad de los ganadores que ha tenido desde 1988, cuando se falló por primera vez, la Bienal de Novela “José Eustasio Rivera” debiera tener un mayor reconocimiento en la prensa local y, sobre todo, en la colombiana, que siempre ha sido esquiva y mezquina. Ahora se han anunciado las bases de la XIV convocatoria nacional y la II internacional para escritores hispanohablantes. Por eso es bueno recordar que la Bienal de Novela de Neiva, como también se conoce, nació cuando, a raíz del primer centenario del nacimiento de José Eustasio Rivera (19 de febrero de 1988), la Fundación Tierra de Promisión, presidida por el doctor Guillermo Plazas Alcid, tramitó una ley ante el Congreso de la República y se aprobaron varias iniciativas que buscaban (buscan, porque sigue vigente) fortalecer la memoria de la vida y obra del autor de La Vorágine (novela que cumplirá 90 años de publicada en noviembre próximo). De ahí que la Bienal lleve el nombre del narrador, poeta y ensayista huilense. Nació como un evento nacional, pero hace dos años, en una afortunada alianza con la Alcaldía de Neiva, se convirtió en un evento internacional, cuya primera versión ganó el escritor argentino Pablo Di Marco con Tríptico del desamparo, cuya segunda edición aparecerá en España a finales de este año.
Desde 1998, sin solución de continuidad, los ganadores, cada dos años, han sido: Marco Tulio Aguilera Garramuño, Enrique Cabezas Rher, Juan Carlos Rubiano, Alberto Duque López, Boris Salazar, Adalberto Agudelo Duque, Jesús Rincón Murcia, Octavio Escobar Giraldo, Winston Morales Chavarro, Adolfo Ariza, Carlos Alberto Celis, Adrián Pino Varón y Pablo Hernán Di Marco.
El premio para la convocatoria de 2014, que se vence el 7 de junio, es de 80 salarios mínimos legales, algo cercano a los 50 millones de pesos colombianos. De modo que si usted tiene, o puede escribir de aquí a junio, una novela que tenga entre 120 y 350 páginas, a doble espacio, hoja tamaño carta, inédita, puede enviarla con seudónimo y en sobre aparte sus datos personales, a esta dirección: Fundación Tierra de Promisión, Bienal Internacional de Novela “José Eustasio Rivera”, Cra. 13 No.3A-41, Neiva, Huila. Si la novela es buena, si convence a los jurados y si usted corre con suerte, el 1 de diciembre, en la sede de la Fundación Tierra de Promisión, usted estará recibiendo el premio y la edición de la novela con un tiraje de 1000 ejemplares, que se distribuyen entre autor y bibliotecas públicas del Departamento del Huila.
Será otra manera de celebrar los 90 años de La Vorágine.

(Publicado en el Diario del Huila, Neiva, 8 de febrero de 2014).