domingo, 16 de noviembre de 2014

Homenaje en vivo a J. M. Coetzee

Por una rara decisión del ser humano, los homenajes a los hombres deben hacerse después de muertos. Entonces, se suelen gastar más palabras en panegíricos inútiles, sin temor a herir a nadie. Los muertos no responden, no oyen, no rechazan.
En esta ocasión, como en algunas de las novelas de J. M. Coetzee, el dilema fue resuelto a favor de la vida. Y el homenaje a su obra y a su rectitud de hombre público, se hizo entre el 11 y el 13 de noviembre, en Adelaide, Australia, ciudad donde reside en el límite entre la ciudad y el campo. Inició el movimiento de organización el Centro de prácticas creativas, que lleva el nombre del Nobel  de Literatura del 2003 y que fue fundado hace dos años por el escritor y profesor australiano Brian Castro, de la Universidad de Adelaide, y se le unieron casi una veintena de universidades e instituciones culturales. Atendieron el llamado 62 ponentes, de los cinco continentes, entre escritores y profesores universitarios. Con ellos hicimos lo que se llamó "Travesías. J. M. Coetzee en el mundo". Un coloquio parecido al que hicimos en la Universidad Central de Bogotá en 2013, pero en proporciones gigantescas en este caso, incomparable.
Acá sólo quiero reseñar los títulos que los organizadores le dieron a los módulos como se dividió el coloquio, porque puede ser útil para quienes deseen acceder a la obra literaria de ese novelista que muchos consideramos el mejor narrador del mundo en este momento, con el respeto que todos nos merecen.
Día 1: Plenaria: Coetzee y la filosofía. Sesión 1: grupo 1: Modernismos, 2: Foe y Elizabeth Costello, 3: Coetzee y la filosofía. Sesión 2: grupo 1: Autobiografía, 2: Identidad y forma, 3: Estilo y forma. Plenaria: La infancia de Jesús. Al cierre de este día, como es su costumbre, Coetzee hizo una lectura literaria, y el profesor Jonathan Lear, de la Universidad de Chicago, habló de la novela Esperando a los bárbaros.
Día 2: Plenaria: Sobre la novela La infancia de Jesús. Sesión 1: grupo 1: Lenguaje y traducción; 2: Ética y posthumanismo; 3: Música, matemáticas y forma. Sesión 2: grupo 1: Teoría sociopolítica; 2: Perdón y reconciliación; 3: Ficción y realidad. Plenaria: Los archivos de Coetzee, con la participación del legendario David Attwell, de la Univerisdad de York, quien fue de los pocos que llegó a entrevistar a fondo a Coetzee a finales del siglo pasado (Doblando el Cabo), y con la fotógrafa Sharon Zwi, autora del afiche del evento, que reúne 25 fotos del autor para contar su vida de la niñez a la vejez con sus caras.
Día 3: Plenaria: Coetzee y Francia. Sesión 1: grupo 1: Sobre Desgracia; 2: La vida de los animales; 3: Coetzee en Asia. Plenaria: Los intertextos. Y cerró el evento uno de los organizadores, el profesor y novelista Anthony Uhlmann, de la Universidad de Western Sidney.
Al final, se pasó la película Desgracia, se lanzó un nuevo libro de Coetze,  Tres historias (incluye uno de los cuentos leídos en la Universidad Central en 2013), y Coetzee agradeció a Adelaide su hospitalidad. Había asistido, como un buen estudiante, a todas las sesiones que no se cruzaban. Humildad, prudencia, sabiduría, generosidad, eso es, entre tantas cosas, el nobel que recibió este homenaje en vida y en vivo. Por Latinoamérica asistió Colombia, la Universidad Central de Bogotá. (Adelaide, 16 de noviembre, 2014).


domingo, 26 de octubre de 2014

Un poema de Cristina Maya

La convocatoria de la Casa de Poesía Silva (Bogotá) para el 2014 sobre el tema del amor en la poesía, fue ganada por la escritora y profesora Cristina Maya (Bogotá, 1951), con el poema que transcribo a continuación. Fueron jurados los escritores y poetas: Carmen Millán, Giovanni Quessep y Eduardo Gómez.


EL AMOR COMO UN RÍO
Cristina Maya

El amor como un río sin fronteras ni límites,
el desvelado amor que aún palpita en el vacío de la noche,
en el rincón oscuro, en el refugio donde el fuego se aviva,
en la inquietante ondulación del aire.
Amor que no se atreve, que mira de soslayo, que se esconde,
amor de la mirada, que ansía, que deleita y delira,
amor que aguarda siempre, que olvida las palabras,
que solo pronuncia un mismo nombre repetido.
Amor a la distancia estando cerca, amor sombrío, el de la noche extinta.
Amor que imagina lejanos mares,
naufragado  en una playa de noches siderales, “de lejanos relámpagos,”
el siempre ausente, el que vuelve y se aleja:
“Como otra nave entre tus naves, regresa siempre mi nostalgia.”
El que divaga en tumultuosas calles, en extranjeros mundos.
El de las tierras desiertas, el de la muerte.
El de las noches con “una estrella de menta que enciende toda sangre.”
Amor taciturno, como una flecha hincada en la piel,
aprisionado en la estancia secreta,
en un bosque de almendros donde la primavera nunca muere,
amor que no claudica, el que se vierte en la primera sangre
y aguarda en la alcoba entre los blancos velos.
Amor traicionado, tormentoso, el de los amantes furtivos,
el que se niega, y se oculta…
Amor perdido, ignorado,
olvidado por siempre entre las fechas de un oscuro almanaque.
El que nos punza y nos hiere,
el que nos acoge y redime.
El amor como un río,
                           que no cesa,

                                       que no cesa… 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Garramuño y X-504

Poeta X-504, en el FCE, Bogotá
Sólo quiero dejar registro, así sea rápido, de dos hechos literarios ocurridos hace quince días largos en Bogotá, el 17 de septiembre.
Para cerrar el largo festival cultural y literario en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, del Fondo de Cultura Económica de México, que había comenzado con la lectura, en su voz, de un cuento del nobel de literatura, J. M. Coetzee, leído a dos voces, en inglés y español, con Soledad Costantini, editora de la "Biblioteca Personal J. M. Coetzee", de Buenos Aires, se llevaron a cabo dos actos: uno con el escritor colombiano, residente en Xalapa, México, Marco Tulio Aguilera Garramuño, y dos, con una lectura del poeta colombiano, habitante de Medellín, X-504, también llamado Jaime Jaramillo Escobar.
En el primero, hablamos con Garramuño, como le dice la gente, de su obra y, sobre todo, de sus últimas ediciones. Quiero resaltar dos cosas: su audacia de hace tres años cuando reescribió y editó una segunda versión (¿remake?) de su novela Breve historia de todas las cosas (1975), ahora con el título de Historia de todas las cosas (2011), con 150 páginas más, ya no 38, sino 54 capítulos, pero sin perder el tono, ni la novela. Es un trabajo impresionante. Lo segundo es que Marco Tulio anunció dos novelas más, La insaciabilidad, si no recuerdo mal, y la que podría ser otra de sus grandes novelas: El sentimiento de la melancolía, basada en una de las etapas más difíciles de su vida, cuando por un lustro padeció de depresión aguda.
Darío Jaramillo A., M. T. Aguilera, J. Mario, IPG.
Para cerrar la noche de clausura del festival mexicano, uno de los grandes de la poesía colombiana, el nadaísta X-504, conocido en cédula de ciudadanía como Jaime Jaramillo Escobar, nos leyó varios de los poemas de su último libro Poesía de uso, edición de Luna Libros, dedicado a Darío Jaramillo Agudelo y Juan Camilo Sierra. X anda por los 82 años, pero todavía no se sienta cuando lee sus poemas, con absoluta claridad y garbo. No se rió -porque su hondura siempre se adoba con una ironía infinita-, sino cuando terminó. Y todos reímos y aplaudimos, porque X es sabio y sabe en dónde está la sal de la vida. Leyó poemas como "El niño de Neanderthal" (son siete páginas en el libro, quiero decir que son señores poemas),"Testigos de Jehová", "Invitación a comer". Poesía de uso, otro, sin duda alguna, de los grandes libros de la poesía colombiana. Lo único malo: X ya no firma sus libros como X-504, su único nombre verdadero.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Omar Lara y Trilce a los cincuenta

Omar Lara (Bogotá, 2014)
Hoy, 11 de septiembre, recuerdo que el poeta chileno Omar Lara pasó la semana pasada por Bogotá, invitado por el Gimnasio Moderno a su evento anual de poesía. Hoy, 11 de septiembre, de otro año en que el terrorismo de estado nacional e internacional tumbaron al presidente electo Salvador Allende. Once de septiembre, de otro año en que otra clase de terrorismo, nacido y provocado por el anterior, tumbó dos torres emblemáticas de la ciudad de Nueva York.
Pero quiero recordar, sobre todo, a Omar Lara, el poeta fundador de la revista Trilce. "Una revista de poesía: creación y reflexión", cuyo número 36, ilustrado con "Vigía IV", del artista Edgardo Neira, y con una bella contraportada, un cartel de Sebastián Burgos, Omar me entregó la tarde de su lectura, el viernes pasado, en la sede cultural Gabriel García Márquez, del Fondo de Cultura Económica de México, en Bogotá. 
En esta Trilce veo viejos y nuevos nombres. Y algunos poemas de Omar, de cuando pasó por la cárcel de Valdivia en 1973:

En la galería surgió un San Juan
verde y áspero
lento y humilde.
A media noche.
Tú cumplías diez años.
Vuelo que viene y va.
Bicho de tus dominios
amor, da vueltas a la lámpara
bicho de mis dominios.
Luego me revolcaré en el pasto
morderé la hierba jugosa;
oleré a través de la tierra que arañaré
emocionado.

Es un poema titulado y dedicado al "Cumpleaños de Berta-Isabel".
(Portada de Trilce, 36)

En 1963, muy joven (había nacido en 1941, en la Provincia de Cautín, centro-sur de Chile), Omar se había casado, y mientras estudiaba, a la vez, en la Universidad Austral de Puerto Valdivia, en 1964, fundó la revista Trilce. Por razones obvias -él salió al exilio durante un largo tiempo-, la revista ha tenido tres "épocas". Y sigue, como Vallejo, galopando contra el tiempo. Llevando y trayendo poetas y ensayistas. Allí veo otros dos de sus poemas (trae una veintena de autores, pero quiero recordar a Omar Lara):

Mesa de diálogo
Yo hago como que me arrepiento
Tú haces como que me castigas.

Este silencio
Este silencio no nos pertenece
nadie ha deseado este silencio
nadie ha pedido este silencio
este silencio se equivocó de mesa
se equivocó de miedo
se equivocó de dolor.

(Contraportada de Trilce, 36)
En fin. "He sentido a medianoche el olor de la// madera podrida de Boroa, el olor// del chilco que crece en los cerros de// Imperial, y que las mujeres buscan secretamente// ciertas tardes de cada mes", escribe en "Llave de la memoria". Esa memoria que me ha regresado casi cuarenta años atrás, cuando nos conocimos en La Habana como jurados del Premio Casa de las Américas, en 1976, un año después de que él se lo ganara con su libro de poemas Oh, buenas maneras. Siendo tan joven. 
Este 5 de septiembre, en la librería del FCE, Omar Lara con Verónica Zondek hicieron una interesante y seria charla-lectura sobre los 100 años de Nicanor Parra (que ese día los cumplía).
Fue un abrazo de casi cuarenta años.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

J. M. Coetzee, de nuevo, en la U. Central (1)

J. M. Coetzee firma libros en la U. Central
J. M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura 2003, autor de una docena de novelas con personajes inolvidables, fue invitado a la pasada Feria del Libro de Bucaramanga, que organiza la Universidad Autónoma de Bucaramanga, y, de regreso a Bogotá, aceptó estar de nuevo en uno de los teatros de la Universidad Central. Queríamos que hablara de la colección literaria que le había solicitado María Soledad Costantini, editora de El hilo de Ariadna. Sobre esa "Biblioteca Personal", que será de doce volúmenes, habló el maestro Coetzee la noche del 27 de agosto pasado en el Teatro de Bogotá (fotos). Esa lección de literatura será publicada por la revista de la Universidad Central, Hojas Universitarias. Las palabras de saludo a ellos dos, Coetzee y Constantini, que trascribo a continuación, fueron las que leí al inicio del acto:
"En abril del año pasado, por primera vez en la joven historia de la Universidad Central, tuvimos la honrosa ocasión de tener entre nosotros al Premio Nobel de Literatura, el maestro J. M. Coetzee. En aquella ocasión, con motivo de su primera visita a Colombia, realizamos, durante tres días, un seminario internacional de escritores y profesores de literatura, donde se presentaron ponencias y conferencias que abordaron un buen número de sus grandes novelas, tales como Desgracia, Infancia, Juventud, Esperando a los bárbaros, La edad de hierro, Elizabeth Costello, Hombre lento, Diario de un mal año, Verano, En medio de ninguna parte, El maestro de Petersburgo,Vida y época de Michael K, entre otras.
Soledad Costantini, J. M. Coetzee, Isaías Peña G.
       Hoy, año y medio después, él está de nuevo con nosotros y somos afortunados al tenerlo. Su presencia nos anima, nos honra, nos sirve de firme apoyo en la difícil ruta de la creación literaria. Y ya no escucharemos a los críticos hablar acerca de sus memorables y sabias novelas, sino que tendremos el privilegio de oírlo hablar a él, personalmente, acerca de cómo sus lecturas de una docena de escritores del viejo mundo le sirvieron para intuir y poder traducir los secretos de la narrativa que él mismo engrandecería, posteriormente, de manera imponderable.
Es una suerte inmensa el hecho de que María Soledad Costantini, directora del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), un complejo cultural que agrupa, nutre y promueve las artes visuales, el cine, la academia libre y la literatura (como la editorial El hilo de Ariadna, donde se publica esta Biblioteca Personal), le haya propuesto al maestro John M. Coetzee rastrear ese vasto horizonte literario que le antecedió para que se produjera, junto a sus prólogos y algunas nuevas traducciones, esta bellísima colección que lleva el nombre del Nobel de Literatura de 2003.

Ningún analista literario podrá hablar, en adelante, de la narrativa coetziana si no ha leído estas otras novelas que lo antecedieron, y nadie podrá explicarse cómo las lecturas del pasado –clásicas o no-, pueden renacer convertidas en otras tan diferentes como las obras entrañables de este mago Nobel de Literatura que hoy leemos con la aspiración de que, igualmente, nos sirva de refugio y catapulta para construir la literatura del futuro".

jueves, 21 de agosto de 2014

J. M. Coetzee, en Bogotá

J. M. Coetzee (2013)
En abril del año pasado, invitado por la Universidad Central, vino a Colombia, por primera vez, el Premio Nobel de Literatura 2003, J. M. Coetzee. La grata noticia es la de que, invitado esta vez por la Feria del Libro de Bucaramanga, pasará por Bogotá los días 27 y 28 de agosto, a hacer dos lecturas, la primera, en el Teatro de Bogotá, de la Universidad Central (Calle 22 No.5-66), el 27 de agosto a las 6 de la tarde, y la segunda, el día siguiente a las 7 de la noche, en la sede del Fondo de Cultura Económica de México, Centro Gabriel García Márquez (Calle 11 con 6a.).
En esta ocasión, el objeto de la visita del gran narrador, autor de una docena de novelas consagradas en la academia y el público mundiales, es la de presentar, con un texto inédito, una colección que en Buenos Aires comenzó a publicar este año la Editorial El hilo de Ariadna, titulada "Biblioteca Personal J. M. Coetzee", cuyas dos principales características son, una, corresponder a la selección que el Nobel de Literatura 2003 hizo de once autores importantes en su vida literaria y personal, más otro volumen con sus poetas preferidos, y, dos, llevar un prólogo escrito, originalmente, para la colección por el mismo maestro J. M. Coetzee.
Dicha colección será presentada en la Universidad Central el 27 de agosto por María Soledad Costantini, codirectora de la editorial El hilo de Ariadna y directora de la colección, y por el mismo maestro Coetzee, quien leerá un texto inédito sobre las razones por las cuales escogió a dichos once autores y a los poetas del último volumen.
Esos once autores (Daniel Defoe, Heinrich von Kleist, Nathaniel Hawthorne, Gustave Flaubert, León Tolstoi, Ford Madox Ford, Robert Walser, Robert Musil, Franz Kafka, Samuel Beckett y Patrick White), más los poetas (aún se desconoce su selección, pero es probable que sean algunos de los divulgados en sus novelas), sin embargo, no son los escritores necesariamente "entrañables" de J. M. Coetzee, como se lo dijo a Juan David Correa en la entrevista publicada en el No. 106 de la revista Arcadia, de Bogotá. "(...) los de mi Biblioteca Personal", dijo Coetzee, "son libros de los que he aprendido mucho como escritor". Dicho de otra manera, son libros cuyas lecturas fueron fundamentales para la escritura de J. M. Coetzee. No se trata, tampoco, de las "influencias literarias". Para un escritor como Coetzee, que bucea en la lectura como pocos y que siempre dictó literatura en la universidad, de esos libros aprendió aspectos imprescindibles de la ciencia, el arte y el oficio de la escritura. Y esa es la inmensa importancia de esta Biblioteca Personal para un lector común y corriente o para un lector que va en la búsqueda de los procesos de la creación literaria. Por eso, debemos estar agradecidos con Soledad Costantini, a quien se le ocurrió pedirle dicha lista al gran J. M. Coetzee, y a él porque tuvo la paciencia de jugarse esa ruleta rusa y escribirle, con su agudeza de lector privilegiado, a cada libro -algunos con traducciones nuevas- un prólogo particular.
particular.

martes, 15 de julio de 2014

Nadine Gordimer (1923-2014)

Nadine Gordimer
Creo que la primera obra publicada en Colombia de Nadine Gordimer, fue la novela La historia de mi hijo, de Editorial Norma, antes de que en ese mismo año se le concediera el Nobel de Literatura en 1991. A Moisé Melo se le debe esa gestión pionera. Y al año siguiente ellos publicaron otro volumen, esta vez de cuentos, El salto, con traducción de Javier Escobar Isaza. (Como todo eso ya es historia, es bueno recordarlo. Norma decidió acabar con sus sellos de literatura, salvo el infantil-juvenil). Con ese libro de cuentos conocí a la escritora sudafricana, nacida en noviembre de 1923 y fallecida el pasado 13 de julio de 2014. A los 90 años.
Nunca me ha gustado asociar a los escritores con ciertas etapas de su vida. Eso constriñe la historia de sus literaturas. En el caso de Gordimer, el estereotipo fue identificarla como una bandera contra el Apartheid. Lo fue, sin duda, pero su literatura, como en tantas entrevistas lo dejó entrever, buscaba ir mucho más allá. Sí, ayudó a Mandela y él la buscó, pero en cada uno de sus libros -por lo que escribe y dicen los críticos- siempre buscó el sentido de la verdad que existe en cada conflicto humano. Por eso, después del apartheid, su escritura no paró y siguió detectando en dónde estaba la verdad, en dónde el blanco, el negro y el gris confundidos, de la complejidad social del ser humano. Sin prejuicios y sin eufemismos. Alcanzó a escribir sobre el terrorismo y sus causas. Ella, que fue censurada en varias de sus novelas, nunca satanizó, ni condenó a nadie. Por eso su literatura es social, sin ser de partido; es comprometida, sin ser proselitista; es desgarradora y entrañable, sin ser melodramática; busca la verdad, pero no es la verdad.
Lástima que (y ojalá esté equivocado) haber divulgado a Nadine Gordimer como la autora luchadora contra el Apartheid, hiciera que muchos lectores no llegaran a su obra narrativa. Es el precio que cobra el estereotipo.
Nos quedan una veintena de novelas y una decena de libros de cuentos suyos para volver sobre esta bella escritora que construyó su literatura con palabras y con ideas, un binomio que suelen evitar muchos escritores (a quienes, por cierto, ella criticó con frecuencia). Novelas como Los días falsos, El conservador, La hija de Burger, La historia de mi hijo, Nadie que me acompañe, Atrapa la vida, Mejor hoy que mañana, y libros de cuentos como Cara a cara, Hay algo ahí afuera, El salto, Contar cuentos, Beethoven tenía algo de negro.

jueves, 22 de mayo de 2014

Palabras de Joaquín Peña G.

Con el título "La pentafonía de Isaías", el escritor y profesor de la Universidad Central, Joaquín Peña Gutiérrez, en la pasada Feria Internacional del Libro, presentó la segunda edición de El universo de la creación narrativa, de Isaías Peña Gutiérrez. Este es el texto leído en la Sala María Mercedes Carranza:

Una maravilla extraordinaria, casi natural.
A finales de mayo de 1864, una noche, Jorge Isaacs leyó poemas en la Tertulia Bogotana. Causó admiración. Y más. Antes de un mes, en la imprenta de El Mosaico, se los publicaron. La nota prólogo de la considerada primera edición de las poesías de Isaacs está firmada por los contertulios de aquella noche: J. M. Quijano O., Rafael Samper, Teodoro Valenzuela, J. M. Vergara Vergara, Ricardo Becerra, Salvador Camacho Roldán, Manuel Pombo, J. M. Samper, J. Manuel Marroquín, Ezequiel Uricoechea, Ricardo Carrasquilla, Aníbal Galindo, Próspero Pereira Gamba y Diego Fallon. “Bogotá, junio 24 de 1864. Entusiasmados al fin, ofrecimos al inspirado joven las sinceras simpatías de nuestros corazones expresadas en fervorosos elogios. Dímosle cuanto podíamos darle; devolvémosle ahora impresas las poesías que entonces nos leyó manuscritas; (…)”
Un ciego puede ver la mina de aspectos que ofrece esta circunstancia acerca de la literatura colombiana y de la creación literaria en general.  Nos detenemos en el siguiente. ¿Cómo en el siglo XIX y aún en el XX y en la actualidad hay gente que aprende a escribir sola obras que algunos lectores o escuchas consideran de valor? Que se sepa Homero no hizo parte de ningún taller de creación. La Tertulia de Safo ni la academia habían existido todavía; aunque, váyase a saber, las hordas de aedas y rapsodas y la amistad y la emulación circulante entre ellos, ¿no constituía una de las más remotas formas de la creación literaria de manera no del todo solitaria?  Es posible. Sin embargo, la experiencia indica, parece indicar, que la creación literaria es un asunto de la persona, la soledad, el talento, la lectura, la imaginación. Nuestro ineludible Gabo en una entrevista de 1977, cuando habla de su formación literaria y después de indicar que estudió con todo el rigor la novela de esa forma malsana con que los escritores leen las novelas desde “el principio de la humanidad” hasta él, hasta un día antes que él, y respecto del Grupo de Barranquilla en dicha formación, dice:
Cuando me fui para la costa forzado por las circunstancias del 9 de abril, fue un descubrimiento total: que podía haber una correspondencia entre lo que estaba leyendo y lo que estaba viviendo y lo que había vivido siempre. Para mí, lo más importante del Grupo de Barranquilla es que yo tenía todos los libros. Porque allí estaban Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda, Germán Vargas, que eran unos lectores desaforados. Ellos tenían todos los libros. Nosotros nos emborrachábamos, nos emborrachábamos hasta el amanecer hablando de literatura, y esa noche estaban diez libros que yo no conocía, pero al día siguiente los tenía. Germán me llevaba dos, Alfonso tres... El viejo Ramón Vinyes... Lo más importante que hacía el viejo Ramón Vinyes era dejarnos meter en toda clase de aventuras, en materia de lectura; pero no nos dejaba soltar el ancla clásica que tenía el viejo. Nos decía : "Muy bien, ustedes podrán leer a Faulkner, los ingleses, los novelistas rusos, los franceses, pero siempre, siempre en relación con esto". Y no te dejaba soltarte de Homero, no te dejaba soltarte de los latinos. El viejo no nos dejaba desbocar.”
        Conclusión: de Homero hasta hoy, hay gente que aprende a escribir sola. Y escribe. Y lo hace bien. Y gana premios o no gana y sus obras y ella se constituyen en referentes y componentes de la cultura de las humanidad. De maravilla esta maravilla extraordinaria que parece tan natural. Tanto que la frase A escribir no se enseña todavía es muralla inamovible para algunos; muchos.

Tertulia. Taller. Creación literaria y academia.
Alguna vez, estoy seguro, sin malignidad, Isaías me preguntó qué hacíamos en el taller literario al que casi me da pena decir que todavía pertenezco. Se lo dije. Ah, tertulia. Eso es una tertulia, comentó. Después de conocer el taller de creación que él tenía en la Universidad Central, no quedaba opción a pataleo. Él tenía razón. Después de la lectura de las obras comentábamos, tratábamos de enderezar cosas, nos hacíamos al instrumental de los narradores o poetas. Punto de vista, personajes, idea-tema-argumento-historia, narrador, tiempos, imagen poética, metáfora, tropos, yo poético. Por supuesto en aquel taller había algo más que aprender lo posible. La amistad. Departíamos y la pasábamos bien. Y pasarla bien es muy importante en la vida.
        El taller de Isaías fue una continuación de los talleres de Eutiquio Leal en Colombia; y parte de una honda expansiva continental que se impuso como una alternativa a la creación literaria en la segunda mitad del siglo XX. El continente se movía. Cuba se movía. La gente se movía. Había mucho desarrapado de la fortuna –económica, cultural, literaria- que, sin embargo intuía, sospechaba que él también podía llegar; y se inventó un camino. La asociación. El colectivo. De pronto sí se puede enseñar y aprender a escribir. Los músicos, los pintores, los actores van a sitios a que les enseñen el arte. Al fin, lo peor que me puede suceder es que no sea un escritor, un creador pero podré escribir y seré alfabeto no sólo literario sino espiritual. Como que en efecto hay algo que no se puede enseñar. Pero sí el instrumental necesario para la creación literaria. (No se hable de técnicas.) ¿Suficiente para escribir obras memorables? No. Pero necesario. En el momento presente, si no se tiene la respuesta, al menos se tiene clara la pregunta: ¿en compañía o en la academia es posible acortar el tiempo de aprendizaje del equipaje necesario en el viaje de la escritura literaria? La gente sospecha que la respuesta es afirmativa. Y aquella gente, que no venía de una tradición cultural literaria, se reúne y estudia, se pasa materiales, los escribe, los comparte, los discute, los perfecciona. El país, Latinoamérica se llena de esos grupos que de manera independiente o cobijados bajo alguna institución creían en una nueva forma de llegar a ser escritores y actuaban en consecuencia. Esta perspectiva, como se sabe, ha crecido de tal forma, al menos entre nosotros, que hasta los promulgadores de aquella frase, No se ensaña a escribir, no sólo cuando las regalías se demoran o los concursos no se ganan a tiempo, pues son geniales, viven de enseñar a escribir.
        El taller de Isaías también se convirtió en onda. Ahora va por un pregrado, una especialización y una maestría en creación literaria. La experiencia de Isaías en la creación narrativa ahora se materializa en este libro del todo ejemplar hasta en sus titubeos y desaciertos. El universo de la creación narrativa. No es un manual de crítica, de historia ni teoría literarias. Es un texto para las personas que deseen escribir literatura narrativa. No se piense que reemplaza al papel y al lápiz o al ordenador en el acto de la escritura creativa, pero lo acompaña muy bien. Ni más ni menos que las obras Institutio Oratoria de Quintiliano y De Oratore de Cicerón acompañaban el proceso en la formación del orador en la Roma imperial en donde quién no quería expresarse y ser en el senado mediante el arte decisivo del discurso.
        Es preciso advertir que a quien desee encontrar en El universo de la creación narrativa un equivalente a esa cosa horrible de El ensayo en diez pasos, que no pierda plata ni esfuerzos. El libro de Isaías no contiene una sola fórmula. Contiene todos, o casi todos, los elementos que un escritor o aprendiz de escritor necesita en el proceso de la concepción, creación, escritura y la revisión de una obra literaria narrativa, cuento y novela.
        No tenemos ninguna duda. Este libro constituye, es una obra de creación, del todo necesaria en el avance, en el desarrollo de aquellas bondades también tan loables como las de la gente de El Mosaico con Isaacs y la poesía en 1864. Esa gente cumplió con diligencia y bondad, no sabemos si con grandeza, la historia que les tocó. Este libro bien puede ayudarnos a cumplir con grandeza la historia que nos corresponde a nosotros frente a los deberes nunca impuestos pero sí asumidos de la cultura.

(Casablanca 32, Bogotá. 3-III-2014).

martes, 6 de mayo de 2014

El universo de la creación narrativa (2a. edición)

El 3 de mayo de 2014, el sábado de la semana pasada, en la 27 Feria Internacional del Libro de Bogotá, D. C., Sala María Mercedes Carranza, se realizó el lanzamiento de la segunda edición de mi libro El universo de la creación narrativa. Lo presentaron los escritores y profesores de la Universidad Central, Oscar Godoy, Joaquín Peña, Andrea Salgado, y el escritor y editor, Germán Gaviria. Transcribo a continuación el prólogo que reescribí para esta segunda edición:

"En este libro exploro el proceso múltiple y complejo que significa crear un texto narrativo, de principio a fin. Y como se trata de una experiencia personal, en él conjugo los conocimientos literarios adquiridos en mi primera academia, los investigados en mi vida práctica como escritor y los logrados en la praxis de tres décadas como director del Taller de Escritores de la Universidad Central.
Plantear el diseño y desarrollo de los caminos, laberínticos o evidentes de la creación narrativa, dirigido a los nuevos escritores, a los docentes y estudiantes, en general, a los buscadores o reconocedores de la realidad narrativa, me llevó a escribir un ensayo creador en el sentido más amplio de la palabra. Traté de reanimar viejas categorías teóricas, de reconocerlas en ejemplos predeterminados o indeterminados, y de propiciar un nuevo conocimiento de ellas a partir de procesos inductivos, diferentes y nuevos, al margen de los estereotipos. El lector hallará, no el viejo texto teórico con sus ejemplos impuestos, sino las fuentes narrativas primarias esperando que alguien rompa el dique con nuevos procedimientos y recursos para alcanzar el texto oculto, el texto inexistente, el joven texto narrativo.
En la Introducción, primera de tres partes, desarrollo las razones de ser del escritor, del escribir y de la escritura, de la praxis creadora en narrativa, de los valores de la tradición y de la innovación, y propongo abandonar la visión arqueológica del análisis literario, utilizado en los programas universitarios de literatura –que siempre le negaron a la creación literaria su vocación académica–, para dar paso a otra perspectiva, a otra mirada, a otra ventana, la de una búsqueda no retrospectiva como la del arqueólogo y su espejo retrovisor, sino la de un lente creacionista, adventista, augural, que lo proyecte con conocimientos y presentimientos, inciertos o ciertos, hacia lo inmediato desconocido, que luego convertirá en lo inmediato conocido, mediante lo que he llamado el “texto inexistente”, una manera de aproximarse al texto innovador.
En la Primera Parte, dedicada a los elementos básicos de la composición escrita, incluyo desde el reconocimiento de la grafía y el sonido del signo lingüístico (aprovechables en la escritura de ficción) hasta un acercamiento a las normas básicas del idioma, convocadas desde el proceso de la creación narrativa, que el novel o el viejo escritor siempre confrontará para simular, refutar o asimilar.
En la Segunda Parte, con nuevas propuestas y ejemplos actuales, explico los componentes específicos que integran una obra narrativa, vistos en el proceso dinámico que va del génesis hasta su superación final, conclusión cierta e inadvertida, concreta pero imprevisible, que he llamado “pentafonía narrativa”: sujeto, objeto, relación, perspectiva y medios (o formas elocutivas). Aquí se compendian, para decirlo de otra manera, los pasos y momentos del proceso de construcción y composición de una obra narrativa, llámese cuento, novela, testimonio o similares.
Parto de lo general y lo elemental, de las ideas básicas en cualquier escritura indoeuropea, e indago en las categorías y conceptos específicos del proceso de la creación narrativa, incluidas reflexiones estéticas y técnico-literarias.
Busco ofrecer al aprendiz de narrador o al creador desprevenido, una red múltiple de saberes y de experiencias, para que los cuestione y los transforme en nuevas posibilidades de creación literaria.
Estos conocimientos, que confrontan la teoría con la práctica narrativa, parten de lo conocido clásico para reinventarlos en lo nuevo desconocido, dentro de un orden previsto o de un caos inesperado. He pensado un libro pluridimensional que remite, de forma simultánea, a los mecanismos visibles y a los intersticios presentidos del proceso de la creación narrativa, no desde la perspectiva de la investigación bibliográfica determinista, sino desde la luz que atraviesa el cerrojo entre la razón y la intuición. Creo que se trataría de abarcar la razón de la razón, la razón de la sinrazón, la sinrazón de la razón y la sinrazón de la sinrazón, en la creación narrativa.
En esta aproximación, el contrapunto es uno de los mejores caminos para pensar los procesos y los mecanismos del acto narrativo. Lo veo en diversas direcciones: de lo singular a lo general, y viceversa; de lo abstracto a lo concreto, y viceversa; de lo definido a lo indefinido, y viceversa; de lo consciente a la asociación mecánica libre, y viceversa; de lo único a lo interactivo; del contrario al contradictorio, y viceversa; de lo inducido a lo deducido, y viceversa; de lo integrado a lo disperso, y viceversa; de lo integral a lo marginal, y viceversa. Por eso, a una voz he contrapuesto muchas voces. Frente a una definición ya conocida, he utilizado una situación o un hecho particular de la escritura narrativa, para de ahí extraer las nuevas posibilidades de una futura escritura (no he querido definir nada, incluso puedo haber incurrido en aparentes contradicciones; pretendo crear otras realidades).
En junio de 1981, fundé el Taller de Escritores de la Universidad Central y con base en sus desarrollos teóricos y sus originales y comprobados procesos de creación, promoví, con el apoyo del Departamento de Humanidades y Letras de la Universidad Central, la fundación de la Especialización en Creación Narrativa (2008), el pregrado de Creación Literaria (2010) y la Maestría en Creación Literaria (2013). Pienso que con los cientos de egresados de estos programas (más los diplomados en Creación Narrativa hacia 2004) y con la edición, por tantos años postergada, de este libro que versa sobre el más grande los universos, el universo de la creación narrativa, he recuperado el tiempo que se deslizaba de las manos mientras los dedos soltaban las amarras de un teclado invisible, huidizo y persistente. (Bogotá, D. C., 2010-2014)".
En la Feria, el libro estará a la venta en el stand de la Sociedad de la Imaginación (Milcíades Arévalo), Pabellón 6, segundo piso, y en el de la Universidad Central, Pabellón 3, segundo piso. Por fuera de la Feria, se consigue en la Librería Lerner.

martes, 25 de febrero de 2014

Mona Friedrich (1995-2014)

Mona Friedrich
A quince días del accidente del bus de Cootranshuila que hacía la línea entre Neiva y Bogotá, serán ya muy pocos –salvo los parientes de las víctimas- quienes lo recuerden. A mí, sin embargo, no se me sale de la cabeza. Esa larga carretera que une la capital de la república con el extremo sur del alto Magdalena, esa carretera de sueños (no se si la pirámide del Pacandé en la punta de la recta, es realidad o fantasía), que conozco de memoria desde cuando estaba aún sin pavimentar, hace parte de mi territorio espiritual. Muy pocas veces he realizado ese recorrido en avión, a pesar de lo extenuante que resulta hacerlo en carro. Lo hice sí, entre Neiva y Bogotá, cuantas veces pude, en tren. Pero el tren fue otra ilusión de la república que rodó en el acantilado de los intereses privados. Hoy, el avión, en ese tramo, resulta, todavía, demasiado caro (carísimo si se compara con otros itinerarios similares en el país). De ahí que la vieja y placentera carretera –que algún día llegará a ser, desde Neiva, una avenida de dos carriles con separador arborizado-, siga siendo la mejor opción para salir del sur y entrar al centro que siempre ha sido nuestro norte huilense.
        Sin embargo, al recordar la carretera madre de mi memoria, el accidente sucedido en su último tramo, a 70 quilómetros de Bogotá, me ha llevado a otro tema, para mí angustioso. Y no me refiero al infierno que significa el transporte público en Colombia (más si se compara con cualquier país del mundo). Me refiero a un tema, que apenas tocaré. Siempre que salgo a descubrir las entrañas y las perplejidades que suele tener el mundo en su inmensa diversidad, y me alejo lo suficiente como para no tener un regreso inmediato, me asalta la presencia de un fantasma. La muerte fuera de mi país. Lo pienso y lo he vivido cada día desde que he tenido a una hija recorriendo mundos tan remotos y ajenos a nosotros. A partir de la generación que nos siguió, los muchachos salen de Alemania, de Colombia o de Corea, y toman el mundo como una fácil colcha de retazos. Lo andan, lo nadan, lo navegan. ¿Cuándo supo Mona Friedrich de Colombia? ¿Sabía que las estatuas de San Agustín las tenía, también, en un museo de Berlín? ¿Por qué escogió el español como su segunda lengua? ¿Dejar el villorio de Philipsburg por otro llamado San Agustín, a un día de avión y otro de carro salvaje? ¿Sabía que Preuss había estado acá? ¿No sabía de nuestras maldiciones? Mona, de todos modos, te arriesgaste e hiciste tu vida. Nosotros hicimos tu muerte.

(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 22 de febrero de 2014)

domingo, 9 de febrero de 2014

Bienal Internacional de Novela 2014

Con uno de los premios más altos en los concursos literarios del país y con la calidad de los ganadores que ha tenido desde 1988, cuando se falló por primera vez, la Bienal de Novela “José Eustasio Rivera” debiera tener un mayor reconocimiento en la prensa local y, sobre todo, en la colombiana, que siempre ha sido esquiva y mezquina. Ahora se han anunciado las bases de la XIV convocatoria nacional y la II internacional para escritores hispanohablantes. Por eso es bueno recordar que la Bienal de Novela de Neiva, como también se conoce, nació cuando, a raíz del primer centenario del nacimiento de José Eustasio Rivera (19 de febrero de 1988), la Fundación Tierra de Promisión, presidida por el doctor Guillermo Plazas Alcid, tramitó una ley ante el Congreso de la República y se aprobaron varias iniciativas que buscaban (buscan, porque sigue vigente) fortalecer la memoria de la vida y obra del autor de La Vorágine (novela que cumplirá 90 años de publicada en noviembre próximo). De ahí que la Bienal lleve el nombre del narrador, poeta y ensayista huilense. Nació como un evento nacional, pero hace dos años, en una afortunada alianza con la Alcaldía de Neiva, se convirtió en un evento internacional, cuya primera versión ganó el escritor argentino Pablo Di Marco con Tríptico del desamparo, cuya segunda edición aparecerá en España a finales de este año.
Desde 1998, sin solución de continuidad, los ganadores, cada dos años, han sido: Marco Tulio Aguilera Garramuño, Enrique Cabezas Rher, Juan Carlos Rubiano, Alberto Duque López, Boris Salazar, Adalberto Agudelo Duque, Jesús Rincón Murcia, Octavio Escobar Giraldo, Winston Morales Chavarro, Adolfo Ariza, Carlos Alberto Celis, Adrián Pino Varón y Pablo Hernán Di Marco.
El premio para la convocatoria de 2014, que se vence el 7 de junio, es de 80 salarios mínimos legales, algo cercano a los 50 millones de pesos colombianos. De modo que si usted tiene, o puede escribir de aquí a junio, una novela que tenga entre 120 y 350 páginas, a doble espacio, hoja tamaño carta, inédita, puede enviarla con seudónimo y en sobre aparte sus datos personales, a esta dirección: Fundación Tierra de Promisión, Bienal Internacional de Novela “José Eustasio Rivera”, Cra. 13 No.3A-41, Neiva, Huila. Si la novela es buena, si convence a los jurados y si usted corre con suerte, el 1 de diciembre, en la sede de la Fundación Tierra de Promisión, usted estará recibiendo el premio y la edición de la novela con un tiraje de 1000 ejemplares, que se distribuyen entre autor y bibliotecas públicas del Departamento del Huila.
Será otra manera de celebrar los 90 años de La Vorágine.

(Publicado en el Diario del Huila, Neiva, 8 de febrero de 2014).