miércoles, 25 de diciembre de 2013

De viajes y fronteras

Es viajando como se descubren las costuras del mundo. Y una de ellas, la más fastidiosa, es la que corresponde a las fronteras entre los países. Se dice que surgieron cuando los hombres pasaron del nomadismo al sedentarismo y cada grupo decidió separar su territorio. Esos límites convencionales se convirtieron en la peor limitación de la libertad del ser humano. Es la peor de todas las costuras. Porque el planeta Tierra frente al cosmos es tan pequeño que no vale la pena limitar la libertad de desplazamiento de sus habitantes. De esos límites, de esas fronteras, surgieron esas odiosas categorías llamadas las aduanas, que físicas o intelectuales sólo han servido para causar guerras y muertes. Me gustaría imaginar o ver en la realidad a nuestro planeta sin límites, sin frontras y sin aduanas. Pero, mientras tanto, debemos soportarlas cada vez que salimos de viaje. He pasado por estos días varias de ellas. La primera, la de Colombia, a la salida. Porque nadie en el mundo tiene la libertad de salir de su país sin pedir permiso, sin dejar la constancia de que sale por un tiempo determinado y sin decir para dónde va. En esta ocasión, asumida la obligación de quedar reseñado, puedo decir que en Colombia el sistema se ha modernizado y ha dejado de ser intimidatorio. Pero cuando llegué a San Salvador pareciera haber regresado veinte años atrás. Siendo apenas un tránsito, las medidas son tan primarias como arbitrarias. El ingreso a Los Ángeles, poco después, será muy cómodo, pero no así a la salida para Seúl, cuando, como en San Salvador, se usan perros, escáneres, quitada de zapatos y tratamientos que son denigrantes y un tanto estúpidos. En general, todos los protocolos de seguridad, en un aerpuerto, o en una carretera, son ilógicos, absurdos y tontos. La entrada a Seúl, la ciudad sorpresa, a pesar de las bajísimas temperaturas de su invierno, por el contrario, fue amable y cortés. ¿Por qué el paso de una frontera en la aduana respectiva tendría que ser humillante? Es como si no fueran seres humanos quienes migran de un país a otro, como si la convencionalidad de un límite entre seres de una misma condición -aún no son los marcianos nuestros enemigos- les permitiera invalidar las razones de su humanidad.
Las presuntas razones de seguridad se convierten en las peores armas para agredir a quien se arriesga a volar por la esfera terrestre, cuando debiera ser todo lo contrario: sólo se hace mejor el ser humano cuando descubre que, después de la Torre de Babel, los viajeros querían volver al origen de la única lengua y de la única nación que fue el hombre original.

Luego de salir de Seúl, entraré a Cambodia por el aeropuerto de Phnom Penh. Y me haré más humano. A ver si lo logro.

(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 21 de diciembre de 2014)

jueves, 19 de diciembre de 2013

Lecturas de diciembre

Aunque tenemos el mejor español del mundo, según nos dicen cuando viajamos, y a Bogotá la llamaban la Atenas sudamericana, seguimos (me refiero a Colombia) apareciendo en las estadísticas latinoamericanas y mundiales como un país con una educación deficiente. Por eso figuramos entre los últimos de las tablas que miden a los estudiantes. Se acusa a los profesores, a veces, o al mismo sistema educativo. La estratificación y la división abismal entre educación pública y privada, con seguridad, ha aumentado la deficiencia acotada en las estadísticas. Y creo que parte del problema ha sido, también, el manejo descuidado y prejuiciado de la lectura. Se lee poco, se limitan las listas de nombre de autores y títulos, se satanizan los medios electrónicos, y no existen políticas de motivación de la lectura. Por ejemplo, para estas épocas del año, cuando salimos a vacaciones, en otras partes, todo el mundo separa sus libros para leer en el tiempo libre. Libros, sobre todo, de literatura.

Por eso, voy a recomendar los autores y los títulos con los que el Premio Nobel de Literatura de 2003, J. M. Coetzee, ha conformado su Biblioteca Personal, publicados en español por la editorial argentina El Hilo de Ariadna. Seguramente, esos libros alcancen no sólo para diciembre, sino para todo el año 2014. Es una lista prodigiosa, apta, además, para tener en cuenta en los cursos de literatura de colegios y universidades.

Tomo de la revista Ñ, de Buenos Aires, la lista total de los doce autores que Coetzee seleccionó para hacer su Biblioteca Personal: 1. NathanielHawthorne (1804-1864), con La letra escarlata; 2. Heinrich von Kleist(1777-1811), con La marquesa de O y Michael Kohlhaas; 3. RobertMusil (1880-1942), con Tres mujeres y Uniones; 4. Gustave Flaubert(1821-1880), con Madame Bovary; 5. Samuel Beckett (1906-1989), conWatt; 6. Robert Walser (1878-1956)con El ayudante; 7. Daniel Defoe(1660-1731), con Roxana; 8. Ford Madox Ford (1873-1939), con El buen soldado; 9. Franz Kafka (1883-1924), con Cuentos; 10. Patrick White (1912-1990), con Las esferas del mandala; 11. León Tolstoi(1828-1910), con La muerte de Iván Ilich y Amo y criado; 12. Antología de poesía.

La ventaja de esta lista es la de que Coetzee incluye autores de tres siglos y no se ciñe ni a los clásicos antiguos, ni a los clásicos modernos, defecto usual entre los profesores de literatura. Parte de un genio del romanticismo, como lo es Kleist, joven suicida de mucha influencia en su época, pasa por clásicos que siguen siendo modernos como Flauberty Tolstoi, y culmina con autores del siglo XX, imperecederos, como Kafka, Musil y Beckett. Más sus caprichos personales que tendremos que descubrir leyéndolos.

(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 14 de diciembre de 2013)

 

 

viernes, 13 de diciembre de 2013

Materia y memoria de San Agustín (5)

Bajo el nombre de “San Agustín: materia y memoria viva hoy”, se realizó en el Museo Nacional de Colombia, los días 4 y 5 de diciembre, la XVII Cátedra de Historia Ernesto Tirado Mejía. La cátedra había sido inaugurada el 3 de diciembre en la Biblioteca Luis Ángel Arango, con una lectura magistral del reconocido maestro francés Marc Augé, titulada “El tiempo en ruinas”. Con esto, Fabián Sanabria, director del ICAHN, lograba que alrededor de la cultura llamada agustiniana, convergieran tres hechos de suma importancia: primero, que a la cultura y al arte escultórico de San Agustín se le dedicara, por primera vez, un programa tan destacado como el de la Cátedra de Historia Ernesto Tirado Mejía; segundo, que con este evento el Museo Nacional de Colombia, más el de la exposición fotográfica y sonoro-ambiental, rindiera homenaje a San Agustín; y, tercero, que una figura de la talla mundial de Marc Augé, inaugurara la Cátedra.
Las conferencias abordaron con profundidad el tema de la cultura y el arte del Alto Magdalena, con un temario que nos hizo volver a la memoria a aquellos, extranjeros o colombianos, que alguna vez exploraron el sentido de este arte monumental, mediano y de pequeño formato, comenzando por Fray Juan de Santa Gertrudis en 1757. (A propósito -para hacerlo en el Huila-, qué bueno sería editar un libro con una selección especializada de los textos de esos autores, para con su lectura crear conciencia de lo que tenemos y nunca hemos querido ver).
Se conmemoraron los 100 años de las excavaciones de Konrad Th. Preuss, de quien se reeditó su libro Arte monumental prehistórico, prologado por el maestro Héctor Llanos, con una serie de conferencias que revivieron las figuras de quienes lucharon un día por ese arte escultórico perdido en el tiempo. Los conferencistas y sus temas –un ejemplo que debiera seguirse en el Huila-, fueron: “¿Por qué el silencio de los ídolos?”, de Fabián Sanabria; “La contribución latinoamericana a la antropología”, de Luis Guillermo Lumbreras (Perú), quien no asistió por razones de salud; “San Agustín, una nueva memoria para una nueva nación”, de Roberto Pineda Camacho (Colombia); “Viajeros ilustrados y arqueólogos de San Agustín”, de Héctor Llanos (profesor emérito de la U. Nacional de Colombia); “La organización social en el alto Magdalena”, de Robert D. Drennan (Universidad de Pittsburgh); “Tres lustros para la formación del programa de investigación antropológica americanista de K. Th. Preuss”, de Paulina Alcocer (México); “José Pérez de Barradas y el patrimonio arqueológico en España y Colombia”, de Gloria Mora (España); “Detrás de las montañas de San Agustín: mito, rito y petroglifo en el río Caquetá”, de Fernando Urbina (Colombia).

(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 7 de diciembre de 2013)

martes, 3 de diciembre de 2013

Monroe vs. Monroe

Cincuenta años después, el Secretario de Estado (de los Estados Unidos), John Kerry, me ha concedido la razón. La semana ante pasada, en una reunión de la OEA, dijo: “La era de la Doctrina Monroe ha terminado”. Lo ha recordado Michael Shifter, director de la organización Diálogo Interamericano, en un texto publicado por El Tiempo de Bogotá el 25 de noviembre, bajo un título, a ocho columnas, que dice: “Tras casi 200 años, era hora de enterrar la Doctrina Monroe”. Bueno, ese entierro era el que yo le había pedido, cuando terminaba mi bachillerato en el Simón Bolívar de Garzón, hace 50 años, a mi profesor de historia universal, Guillermo Ruales. Debió ser uno de mis últimos escritos en su excelente clase de historia. Y recuerdo que cuando nos encontramos, casi a la entrada de los dormitorios, sonriente, y, con cara de picardía, me dijo algo parecido a: “Ya leí su trabajo; muy bueno, pero, ¿de dónde ha sacado usted tantas cosas revolucionarias?” Le dije que había leído a Indalecio Liévano Aguirre y que me parecía que él tenía la razón. En esa época lo que ahora es obvio –los países deben ser soberanos-, se veía mal, herético. Mucho más en Colombia y no se diga en Garzón. El profesor Ruales quiso decirme que exageraba, pero en el fondo me aplaudió. Cincuenta años después me gustaría decirle –no se si viva todavía- que ambos teníamos la razón. La Doctrina Monroe fue fundada por el presidente James Monroe en 1823 con el objeto de defender al continente americano (y “América” significaba, entonces, Norteamérica) de Europa y el resto del mundo. Fue siempre un embeleco y una forma de convertirnos, como dice Shifter en su artículo, en el “patio trasero” de Estados Unidos, que siempre nos trató como menores de edad o incapacitados mentales. Sus consecuencias (invasiones y asesinatos) fueron funestas para nosotros e incluso para ellos. Menos mal que hoy, gracias a ellos mismos, volvemos a tener la razón y ya no podrán calificarnos de subversivos por reclamar soberanía nacional.
En cambio, a 51 años de su suicidio, hoy quiero reafirmar y reactivar mi militancia por la otra doctrina Monroe, la de nuestra hechicera y hada mayor, Marilyn Monroe. Pienso que ella fue conducida al suicidio a los 36 años porque el mundo cultural y las telarañas de la otra doctrina Monroe, la condujeron allá. Ernesto Cardenal en su bellísimo poema “Oración por Marilyn Monroe” lo explicó todo: “Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)/ ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo/ y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas”. Amén.

(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 30 de noviembre de 2013)