miércoles, 24 de abril de 2013

Gerardo Meneses Claros

Gerardo Meneses Claros (Foto: IPG)

No podría decir si lo conocía antes de cuando ganó el primer premio de literatura infantil y juvenil que habíamos convocado por entonces con Fomcultura del Huila, dirigido por Olmo Guillermo Liévano. Gerardo Meneses, de Pitalito, tenía para entonces 32 años y ya era profesor y periodista. Y seguramente escribía y fue mi gran sorpresa en un concurso que yo había propuesto, precisamente, para impulsar un género que en el Huila jamás se convocaba. Lo que nunca me imaginé fue lo que pasó después. Ese libro ganador del Premio de Literatura Infantil y Juvenil del Fondo Mixto de Promoción de la Cultura del Huila, en 1998, seleccionado por dos jurados no huilenses (para evitar las endogamias), Evelio Rosero Diago (años más tarde, uno de los más grandes escritores colombianos) y Milcíades Arévalo (director de la revista literaria Puesto de Combate, cuentista y gran promotor de las letras del país), libro llamado por Gerardo, Danilo Danilero, cabeza de velero, a los 15 años se convertiría en un clásico de la letras huilenses y colombianas en el campo de la literatura infantil y juvenil. Hoy los derechos de ese libro los tiene Panamericana. Su bonita edición de 135 páginas, ilustrada por Juan Sierra, estará en la Feria del Libro de Bogotá.
Después de Danilo Danilero la carrera de Meneses Claros ha sido imparable. De eso dan cuenta todos sus premios ganados, ya no en el Huila, sino en Colombia y en el exterior (Ecuador, México, Cuba, Alemania), y una obra que acaba de pasar de la veintena de títulos. Pero, ahora, quisiera resaltar algo muy importante.
Gerardo abandonó la radio porque la radio seria en provincia desapareció. En cambio, Gerardo logró articular algo ejemplar para todo el país (cosa que no logró Triunfo Arciniegas en Pamplona, por ejemplo). Con el apoyo inteligente de su rector en la Normal de Pitalito, Servio Tulio Mejía, y con el de las secretarías de educación municipal y departamental, fusionó en un solo eje productivo su valioso trabajo docente de profesor de primaria, con su trabajo de escritor de excepcionales virtudes para la literatura infantil y juvenil. Y así, vimos crecer a los dos en uno solo, sin rompimientos burocráticos, al profesor y al escritor. Al hoy querido y respetado Gerardo Meneses Claros.

(Publicado en Diario del Huila, Neiva, 20 de abril de 2013)

miércoles, 17 de abril de 2013

Coetzee en Colombia

Foto tomada en Adelaide, Australia (Por: Tamara Peña P.)

Me han preguntado todos cómo logré la aceptación del Nobel de Literatura 2003, J. M. Coetzee, para venir a Colombia. Como he comenzado a dar varias versiones, quiero resumir en esta columna las razones visibles e invisibles.
En 2004, algunas personas que sabíamos de la obra de J. M. Coetzee, decidimos, a propósito de su Premio Nobel de Literatura 2003, incluirlo con su novela Desgracia en una lista de autores que, por entonces, estudiábamos con un grupo de egresados del Taller de Escritores de la Universidad Central. Dos años después, en 2006, impresionados y motivados por aquella lectura, programamos un seminario sobre la obra de J. M. Coetzee, por considerarla fundamental para quienes vivíamos cerca de la creación literaria. Entonces, leímos novelas como Esperando a los bárbaros, En medio de ninguna parte, Elizabeth Costello, El maestro de Petersburgo y Juventud. No obstante, el compromiso con Coetzee quedó trunco y nunca pudimos publicar un libro sobre su obra, como sí lo habíamos con las novelas de Alejo Carpentier.
Cinco años después, en agosto de 2011, en “Noche de narradores”, un programa de extensión de la Especialización en Creación Narrativa y del pregrado de Creación Literaria, de la Universidad Central, propuse volver sobre la obra de Coetzee. Fue con los materiales producidos esa noche, un año después, el 3 de septiembre de 2012, que con mi esposa y mi hija Tamara -quien terminaba su postgrado, por afortunada coincidencia para mi, en Adelaide-, nos presentamos, con cita previa, en la oficina del 5º. piso del Edificio Napier, del profesor J. M. Coetzee, en la Universidad de Adelaide. Le dejé su afiche, un video documental, las conferencias, unos recortes de prensa, la revista Hojas Universitarias con artículos sobre su obra y dos sorpresivas libras de café del sur del Huila (Montañita y San Isidreño).
Ese trabajo académico de 10 años pudo incidir para que dijera “sí”, cuando a todos les había dicho “no”. Pero, antes, en 2010, Tamara le había pedido un autógrafo en su novela Juventud para regalármelo de Navidad. Lo logró sin que él se dejara ver. Él da pocas entrevistas, acepta invitaciones especiales. Es discreto, austero, vegetariano, abstemio, defensor del alma de los animales, cree que al hombre hay que reinventarlo. Por eso vive escribiendo.
Una razón invisible: Como se ve en su última novela, La infancia de Jesús, Coetzee vuelve al idioma español con cariño (después de Colombia, pasará a Chile, Brasil y Argentina). Y estará en Colombia del 7 al 11 de abril, gracias al aval que me dio el rector de la Universidad Central, el maestro Guillermo Páramo Rocha. La universidad se abre al mundo global de la cultura.

(Columna publicada en Diario del Huila, Neiva, 8 de abril de 2013).

viernes, 5 de abril de 2013

Entrevista con J. M. Coetzee

(El lunes, 7 de abril, el diario El Tiempo, de Bogotá, publicó esta entrevista con J. M. Coetzee, una de las tres que concediera para Colombia antes de su llegada a Bogotá este domingo 7 de abril).


John M. Coetzee, un escritor siempre nuevo.
El premio Nobel de Literatura 2003 visitará el país la próxima semana, para participar en un seminario organizado por la Universidad Central de Bogotá.
Isaías Peña Gutiérrez
Especial para EL TIEMPO

En diciembre, J. M. Coetzee cumplirá diez años de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, aunque pareciera no haberse dado cuenta, pues después del 2003 ha seguido escribiendo como si no lo tuviera. Y la verdad es que podrían dárselo de nuevo. Tal es su genio, pasión y disciplina para narrar historias y fundar pensamientos, demostrado en todo cuanto ha publicado a partir de 2004. De ahí, el consenso general entre escritores y lectores, en el mundo entero, para considerarlo el gran Nobel de la Literatura de los últimos cincuenta años.
Narrador, ensayista y profesor universitario, J. M. Coetze ha removido dilemas y paradojas, ha cuestionado límites y fronteras, y en cada una de sus novelas siempre ha ensayado un nuevo Coetzee. Se nutre de su vida, de la historia ajena y de los principales libros de la humanidad, sin avasallar y sin pedir permiso. Por eso es inclasificable y ecuménico.
 Ese es el Nobel que llega a Colombia el 7 de abril, invitado por la Universidad Central de Bogotá y sus programas de Creación Literaria. Al día siguiente, leerá un texto narrativo inédito, y el miércoles 10, una conferencia contra la censura, mientras 26 ponentes (profesores, periodistas y escritores) hablarán, el 8 y 9 de abril, de sus  14 novelas, 4 libros de ensayos y sus cartas con Paul Auster. Austero en dar entrevistas, J. M. Coetzee concedió para El Tiempo estas respuestas por correo electrónico.

Cuando terminó en Ciudad del Cabo sus estudios universitarios de Lengua y literatura inglesa y Matemáticas, ¿tenía claro que prevalecería la literatura? ¿O fue después de terminar su maestría en Humanidades con la tesis sobre Ford Madox Ford?
Finalicé mis estudios de matemáticas en 1961. Para entonces, fue obvio para mí que nunca sería un matemático de primer grado. Trabajé con sistemas computacionales hasta 1965. Luego di un paso decisivo: regresé a la universidad para retomar mis estudios en humanidades.

Usted ha hablado de sus primeros años en U.S.A. (1965-1971), cuando estuvo en Austin y Búfalo. Con el tiempo, ¿cree que Estados Unidos sigue siendo, en su esencia, lo mismo? ¿O ha cambiado?
Aunque salí de allá en 1971 y regresé a Sudáfrica, volví a Estados Unidos con frecuencia hasta 2004 para ocupar una serie de cargos como profesor visitante en varias universidades, en especial en la Universidad de Chicago. Por tanto, he podido apreciar la manera como los Estados Unidos ha evolucionado durante los pasados 40 años. Y me parece hoy un país menos interesante y dinámico de lo que solía ser. Además, desde 2001, el temor a otro humillante ataque terrorista ha dado como resultado que se haya vuelto más difícil, para extranjeros como yo, entrar y salir del país con libertad. Por tanto, aunque tengo familiares allá, no voy con mucha frecuencia.

Usted regresa a Sudáfrica en 1971 y en 30 años allí  escribe la primera gran parte de su obra. ¿Si fueran importantes, qué factores decidieron abandonar África y pasar a Australia?
Fui a Australia por primera vez en 1991 y quedé profundamente impresionado por el país en sí mismo y por el espíritu de la gente australiana. Cuando me pensioné de mi cargo en la Universidad de Ciudad del Cabo pude hacer realidad mi deseo de mudarme a Australia.

Para un narrador con estudios en matemáticas, ¿qué resulta más fácil, la alegoría o la referencia directa? ¿O no tiene ninguna relación?
No existe relación entre matemáticas y la forma literaria hasta donde tengo entendido.

Según sus novelas, pareciera ser más importante plantear o debatir nuevos dilemas éticos y nuevas paradojas,en lugar de proponer verdades plenas. ¿O nunca existió la verdad?
No concibo mi obra como la realización de un programa. Tiendo a no pensar en términos generales y abstractos. Cualquier razonamiento que hago se realiza a través de la narrativa.

La importancia de la mujer y la marginalidad social, fuera de un sistema de clases, siempre están en su pensamiento. Pero el mundo sigue sordo. ¿Cuáles pueden ser las razones?
En la sociedad de la cual vengo, las mujeres no están ni socialmente marginadas ni por fuera de la jerarquía social. No necesitan un escritor como yo que las defienda. Las mujeres en mis libros no tienen como propósito representar al género femenino en general.

Usted es el único profesor universitario que antes y después del éxito literario no ha abandonado las aulas. ¿Por qué y cómo lo ha logrado?
Para mí siempre fue importante asegurar una estabilidad financiera, no tener que depender de mi obra literaria como fuente de ingresos, es decir, no tener que complacer a un público voluble. He conseguido alcanzar esa seguridad enseñando en universidades durante la mayor parte de mi vida.

A pesar de la ficción, todos creemos en la realidad de esa gran señora y gran escritora australiana llamada Elizabeth Costello. Maestro, ¿usted no ha pensado escribirle su mejor novela, La casa de Eccles  Street, para inmortalizar la ficción y la metaficción?
Esa es una idea interesante. Pero, infortunadamente, después de crear el personaje de Elizabeth Costello descubrí que una novela titulada La casa de Eccles Street ya ha sido escrita por alguien cuyo nombre es, si no me equivoco, Judith Kitchen.

Usted ya se lo dijo en una carta a Paul Auster: ¿Acaso existe la lengua materna? Pero, le pregunto, ¿en qué inglés escribe sus novelas para que sea tan preciso e incisivo? ¿Otra vez, las matemáticas? (Quizás estoy haciendo dos preguntas).
Escribo en inglés, lo que yo llamaría inglés internacional. Mi inglés es de alguna manera deficiente en cuanto a referencias y expresiones locales, y por tanto es de alguna manera incoloro.

Si John le preguntara a Coetzee,  “¿por qué me tratas tan duro en tus novelas?”, ¿qué le respondería Coetzee?
¿Me trato mal a mí mismo? No lo creo. Espero tratarme con honestidad.

Luego de 11 años en Adelaide, ¿se puede pensar que la leyenda del holandés errante ha terminado? ¿O ha pensado venir a vivir en Suramérica?
Me gusta mucho Buenos Aires. Sin embargo, tengo 73 años, y estoy demasiado viejo para contemplar otra mudanza transcontinental.

Algunos de sus lectores no lo sentimos africano. ¿Ese sentido nómada de su literatura, universalista, es una práctica consciente en usted?
No soy nómada, pero sí soy de alguna manera desarraigado.

¿Alguna vez, en dónde, pensó que llegaría a ganar el Premio Nobel de Literatura a los 63 años?
No tenía idea alguna de que me otorgarían el Premio Nobel. Fue una completa sorpresa para mí.

Finalmente, después de todos sus estudios, ¿cuál es el secreto de Samuel Beckett?
No hay secreto en Beckett.

Una pregunta de actualidad, antes de que llegue a Argentina. Podría hacérsela a la hermana religiosa de Elizabeth Costello, pero tal vez usted sí la responda: ¿Qué sentido histórico o político tiene la elección de un Papa argentino, que habla español, con sede en el sur del mundo? Creo que usted le asigna el español a los personajes de su nueva novela, La infancia de Jesús. ¿Se anticipó usted?
Tiene razón, en el mundo de La infancia de Jesús todos hablan español. Estoy encantado de que un pontífice de América Latina haya sido elegido. En relación con el significado que tiene esta elección, tendremos que ver los logros del nuevo Papa. Ya no es un hombre joven. Sería un pesar si su reinado fuera breve. (Gracias).