miércoles, 17 de abril de 2013

Coetzee en Colombia

Foto tomada en Adelaide, Australia (Por: Tamara Peña P.)

Me han preguntado todos cómo logré la aceptación del Nobel de Literatura 2003, J. M. Coetzee, para venir a Colombia. Como he comenzado a dar varias versiones, quiero resumir en esta columna las razones visibles e invisibles.
En 2004, algunas personas que sabíamos de la obra de J. M. Coetzee, decidimos, a propósito de su Premio Nobel de Literatura 2003, incluirlo con su novela Desgracia en una lista de autores que, por entonces, estudiábamos con un grupo de egresados del Taller de Escritores de la Universidad Central. Dos años después, en 2006, impresionados y motivados por aquella lectura, programamos un seminario sobre la obra de J. M. Coetzee, por considerarla fundamental para quienes vivíamos cerca de la creación literaria. Entonces, leímos novelas como Esperando a los bárbaros, En medio de ninguna parte, Elizabeth Costello, El maestro de Petersburgo y Juventud. No obstante, el compromiso con Coetzee quedó trunco y nunca pudimos publicar un libro sobre su obra, como sí lo habíamos con las novelas de Alejo Carpentier.
Cinco años después, en agosto de 2011, en “Noche de narradores”, un programa de extensión de la Especialización en Creación Narrativa y del pregrado de Creación Literaria, de la Universidad Central, propuse volver sobre la obra de Coetzee. Fue con los materiales producidos esa noche, un año después, el 3 de septiembre de 2012, que con mi esposa y mi hija Tamara -quien terminaba su postgrado, por afortunada coincidencia para mi, en Adelaide-, nos presentamos, con cita previa, en la oficina del 5º. piso del Edificio Napier, del profesor J. M. Coetzee, en la Universidad de Adelaide. Le dejé su afiche, un video documental, las conferencias, unos recortes de prensa, la revista Hojas Universitarias con artículos sobre su obra y dos sorpresivas libras de café del sur del Huila (Montañita y San Isidreño).
Ese trabajo académico de 10 años pudo incidir para que dijera “sí”, cuando a todos les había dicho “no”. Pero, antes, en 2010, Tamara le había pedido un autógrafo en su novela Juventud para regalármelo de Navidad. Lo logró sin que él se dejara ver. Él da pocas entrevistas, acepta invitaciones especiales. Es discreto, austero, vegetariano, abstemio, defensor del alma de los animales, cree que al hombre hay que reinventarlo. Por eso vive escribiendo.
Una razón invisible: Como se ve en su última novela, La infancia de Jesús, Coetzee vuelve al idioma español con cariño (después de Colombia, pasará a Chile, Brasil y Argentina). Y estará en Colombia del 7 al 11 de abril, gracias al aval que me dio el rector de la Universidad Central, el maestro Guillermo Páramo Rocha. La universidad se abre al mundo global de la cultura.

(Columna publicada en Diario del Huila, Neiva, 8 de abril de 2013).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Maestro Isaías, es un gusto darle este sentido agradecimiento por el logro de la visita del nobel sudafricano, así como por haber compartido semejante actividad con todas las personas sin importar su edad, gusto por las letras o condiciones sociales. Debo confesarle que las conferencias a las que asistí dieron un vuelco total a la imagen que tenía del escritor; es increible como los libros pueden cambiar notoriamente si existe un acercamiento con su autor. Y para este caso en particular, dicha experiencia me otorgó la visión de un individuo realmente admirable.
Gracias de nuevo, y que sigan viniendo escritores; y lo mejor, que sigan saliendo los talentos criollos bajo su tutela.

Miguel Arévalo

Isaías Peña Gutiérrez dijo...

Me alegro, Milcíades, y te agradezco tu sosegado comentario.