jueves, 8 de marzo de 2012

Leticia, Amazonas. Una historia (3)

Esta es la tercera entrega del ensayo "LETICIA, 1928-1964: Municipio, Inspección de Policía, Corregimiento, y Municipio", del historiador Jorge Enrique Picón Acuña.

"1943-1964: LETICIA, INSPECCIÓN DE POLICIA Y CORREGIMIENTO.
Entre el desespero y la esperanza.

Por una confusión administrativa a nivel local, las autoridades asumieron que Leticia tenía la categoría de una Inspección de Policía. Dicha situación fue subsanada mediante el Decreto No. 28 del 15 de octubre de 1946, firmado por el comisario Jaime Cuellar que la ubicó en la categoría precisa: un corregimiento. En estas circunstancias el capitán José R. Rico que oficiaba como Comandante del Puesto de Policía Nacional fue nombrado como el primer corregidor de Leticia y de paso el comisario conformó la “Junta de Fomento Corregimental”, como una instancia asesora al corregidor, recayendo en los nombres de los señores Helí Cataño, Carlos Amaya, Arturo Villarreal, Edmundo Bautista y Silvano Parra .
Entre 1946 y 1950, a través de los semanarios locales “El Pirarucú” y el “Amazonas”, fueron denunciados los agudos problemas del ahora Corregimiento de Leticia, haciendo notar, una vez más, el estado de abandono en que se encontraba por parte del gobierno nacional, cuando a su vez, éste afrontaba la violencia política bipartidista como consecuencia del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Problemas como la carestía de alimentos de producción nacional y el elevado costo de la canasta familiar, la tardanza en el correo nacional, la carencia de un muelle, la incomunicación tanto por vía aérea como fluvial con el interior del país y el lento avance en las obras del aeródromo que se inició hacia 1946 ya colmaban la paciencia de los habitantes de Leticia. Los comerciantes, que se fueron mostrando como líderes y voceros de las problemáticas locales enviaron un marconigrama al Presidente de la República expresando el desespero en que se encontraban; en el mismo anunciaron la “…obligada liquidación de negocios fin procurar lugares del país más fáciles para comerciar” .
En la década de los años cincuenta del siglo pasado el fortalecimiento del gremio de los comerciantes más la presencia iglesia van a jugar un papel determinante para continuar reclamando al gobierno nacional el estado de atraso y abandono del corregimiento, tal como quedó consignado en el Memoramdun de 1954 dirigido al entonces Presidente por la vía de facto Gustavo Rojas Pinilla. Lo cierto es que el gobierno nacional empezó a dar respuesta a las necesidades sociales y como cosa paradójica, siendo Leticia un corregimiento vivió una significativa transformación urbana al punto que hacia 1960 dejaba atrás la connotación de caserío que vivió durante los 13 años de vida municipal y ahora era una ciudad que se especializaba en la prestación de servicios, pero en donde además, fue muy importante la dinámica que tomó el deporte, la cultura y la interrelación de interdependencia con los pueblos fronterizos de Brasil y Perú.
La figura del corregidor, que tenía más funciones de control ciudadano que ejecutivas, ante todo fue asumida por miembros del ejército o de la policía acantonada en Leticia y cuyo nombramiento era efectuado por el Comisario. En una típica decisión que evidencia la concepción de los gobernantes con respecto a la amazonia, fue adoptado el Código de Policía del departamento del Huila mediante el Decreto No. 23 del 28 de junio de 1947 firmado por el comisario Jaime Cuellar, bajo el controversial argumento de poseer “similitud de costumbres entre aquel departamento y la comisaria del Amazonas” .
Como una excepción a la regla, el papel de corregidor fue asumido por personas reconocidas por los habitantes de Leticia; fue el caso del señor Pedro Campos Sarria quien ocupó el cargo en 1955; Sixto Arbeláez en 1958 y Francisco Alberto Tamayo en 1961. Al parecer el primero de origen amazónico; los dos últimos de origen antioqueño pero con profundo arraigo amazonense como quiera que conformaron familias con mujeres de la región.
Con respecto a los indígenas, tímidamente empezaron a habitar en el caso urbano, ante todo para acceder a los servicios que allí encontraban como por ejemplo el de la educación. A nivel político, para nada fueron tenidos en cuenta, cuando era muy fuerte el ideal civilizador por parte de los colonos.
Hacia 1960 las problemáticas del corregimiento eran conocidas a nivel nacional gracias a que el gremio del comercio y la iglesia lograron la presencia en Leticia de voceros del Congreso Nacional y de la Prensa Nacional. Todo lo anterior, de alguna manera contribuyó a que el Congreso aprobara, una vez más, un plan de inversiones en infraestructura que sumó $2.550.000, cifra elevada para la época, pero que empezaba a presagiar una firme intencionalidad del gobierno nacional de reivindicar tantos años de abandono y olvido a sus problemáticas. Consideramos que lo anterior obligó al gobierno nacional a re-pensar la categoría política-administrativa de Leticia, como capital de la Comisaría, pero ante todo, como lugar geoestratégico para el país en la frontera que comparte con Brasil y Perú, cuando la ciudad de Leticia emergía como un centro urbano importante en medio del eje Iquitos (Perú) y Manaos (Brasil).
La Ley 96 de 1963 abrió el camino para que el Puerto de Leticia recuperara, por segunda vez, la condición de municipio colombiano y la intención era muy clara: “auspiciar el desarrollo de Puerto Leticia, capital de la Comisaría del Amazonas, y corresponder a su importancia como centro fronterizo… sin sujeción a las normas y leyes preexistentes sobre creación de municipios”. (Artículo 6°. Subrayado fuera de texto)".

Trapecio: Los nombres de los hermanos Silvano y Custodio Parra fueron familiares en la década del 40 para José Joaquín y Ana Silvia. Y en el ensayo de Picón Acuña figuran, el primero, como miembro de la junta asesora del Corregidor, capitán Rico, y el segundo, entre los comerciantes que le pidieron por escrito al gobierno nacional, en 1959, que mirara al sur para no tener ellos que abandonar ese trapecio en el que bien sobrevivían desde los años 40. (En la foto, de 1946, Silvano Parra monta y posa en su bicicleta, en una calle sin pavimentar, al lado del parque principal de Leticia, con el río al fondo. Archivo JJPP).

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