jueves, 23 de febrero de 2012

Homenaje a Theo Angelopoulos (1935-2012)

Hoy jueves, 23 de febrero, en el Cineclub de la Universidad Central, Auditorio Fundadores (Calle 22 No 5-91), en la función de las 6:30 p.m., se presentará la película El polvo del tiempo, último filme del grandísimo Theo Angelopoulos. Como él mismo, que llegó tarde (o "después") al cine, muchos (más el mundo del cine comercial que siempre impidió acceder a su cine) descubrimos al gran director griego casi sobre el siglo XXI. Y fue para quedarnos con él. Si de alguien se pudiera hablar de una poética cinematográfica muy personal, personalísima, sería en su caso. El año pasado, con el apoyo del Cine club de la Universidad Central, se pasaó un ciclo con su cine. Y la revista Hojas Universitarias publicó un extenso ensayo del crítico de cine y poeta, Omar Ardila.
Cuando hace un mes, el 24 de enero, murió en un absurdo accidente con la moto de un policía (mal asistido, por cierto), el diario El País de Madrid, del 25 de enero, le rindió un homenaje con la siguiente nota, que transcribo completa (porque las nuestras fueron muy opacas):

"Que Theo Angelopoulos haya muerto atropellado por la moto de un policía en Atenas es una cruel ironía del destino. Porque el cineasta griego, Palma de Oro en Cannes en 1998 con La eternidad y un día, era uno de los líderes del cine pausado, de que la acción transcurriera parsimoniosamente delante de la cámara, como en algunos de los más bellos momentos de La mirada de Ulises (1995), su trabajo más conocido en España. Y de un policía, además, él, que sufrió la dictadura militar para bien y para mal: para mal, porque cerró el periódico en el que trabajaba; para bien, porque eso le impulsó a hacer cine. Angelopoulos, de 76 años, fue atropellado por una motocicleta cuando cruzaba una calle en el barrio de Kératsini, en Atenas.
Nacido allí en 1935, el director descubrió su vocación por el cine a finales de la década de los sesenta, después de haber abandonado la carrera de abogado y licenciarse en Literatura en París. En la capital francesa llegó a apuntarse a una escuela de cine, pero decidió volver a su patria y dedicarse al periodismo. Trabajaba como crítico de cine en el diario Demokratiki Allaghi cuando los militares dieron el golpe de estado en Grecia en 1967 y el periódico fue clausurado. Y se pasó al cine. “En mi infancia, yo iba a las salas como a una fiesta, con amigos, vecinos... Era una acción social, surgían amigos, amores... La televisión destruyó todo ese tejido social, porque la ves solo”, recordaba en 2008 en Madrid, cuando estrenó el documental Un lugar en el cine, de Alberto Morais, que coprotagonizaba junto a Víctor Erice. Angelopoulos, cuyas películas solían ser de gran duración, echaba de menos el éxito en taquilla de filmes de tres horas, “hecho que sí ocurría hace décadas”, e insistía en la importancia de la educación. “Tanto en general como en que en las escuelas se vea cine, se hable de cine, se enseñe a ver cine”. Un cine como el suyo. Su primer largometraje, Anaparastasi (1970), logró el suficiente reconocimiento como para que pudiera filmar la trilogía conformada por Días del 36 (1972), El viaje de los comediantes (1975), y Los cazadores (1977), que describían la historia de Grecia desde los años treinta a los setenta. El éxito internacional le granjeó un nombre en el panorama europeo. “Soy un hombre pesimista, porque creo que las nuevas generaciones de cineastas no lograrán sacar adelante sus trabajos, más aún si optan como yo por una visión muy personal”, solía repetir en las entrevistas. En los ochenta realizó películas menos políticas, como Viaje a Cythera (1984) (Premio al mejor guion en Cannes) o Paisaje en la niebla (1988) (León de Plata en Venecia) antes de volver a ponerse de moda con sus tomas largas , bajo la lluvia o brumosas, que marcaban La mirada de Ulises (1995) (premio de la crítica en Cannes), protagonizada por Harvey Keitel, y La eternidad y un día (1998), con Bruno Ganza, Palma de Oro en Cannes. Pero cada vez le costaba más sacar financiar sus trabajos, y hubo que esperar hasta 2004 para que arrancara una trilogía con Eleni. Volvía el Angelopoulos más político, que hablaba de la inmigración y enclavaba sus historias de amor en mitad de momentos importantes de la historia de Grecia. Cuatro años después llegó su continuación, El polvo del tiempo, en la que Willem Dafoe encarnaba a un director estadounidense que rodaba un filme sobre sus padres, griegos. Junto a Dafoe también actuaban Irene Jacob y Michel Piccoli. El coguionista era otro grande, Tonino Guerra, ejemplo del profundo amor de Angelopoulos por Italia: muchos de sus filmes fueron coproducciones habitualmente financiadas por la RAI.
El pasado mes de septiembre recibió en Barcelona el premio Terenci Moix a la Trayectoria Cinematográfica por "su poderoso lenguaje visual" y su capacidad para hermanar poesía y cine. Allí volvió a dar muestra de su lucidez y de su pesimismo. Casado y con tres hijas, Angelopoulos no solo ha dejado inacabada su última trilogía, sino que nunca podremos ver el incisivo análisis que prometía ser El otro mar, filme que preparaba sobre la crisis en su país".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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