lunes, 31 de octubre de 2011

Hoy 31, Ana María Matute



En el Teatro Bogotá (Calle 22 No. 5-66), de la Universidad Central de Bogotá, a las 6 de la tarde, se llevará a cabo la nueva sesión del programa "Noche de Narradores", que organizan el pregrado de Creación Literaria de la Universidad Central, su postgrado y Teuc, dedicado en esta ocasión a la escritora española Ana María Matute, Premio Cervantes 2010.

Las exposiciones centrales las harán los escritores colombianos, Gonzalo Mallarino Flórez y Juan antonio Malaver.

ENTRADA LIBRE.



jueves, 27 de octubre de 2011

Samuel Vásquez, premio por reconocimiento

La pianista Teresita Gómez y el crítico de arte y artista Samuel Vásquez, fueron reconocidos por la Universidad de Antioquia como los mejores en el 2011. Estas fueron las palabras de Samuel al recibir el premio, que reproduzco sin su permiso porque son de interés público. Y felicitaciones a los dos, por la música, por la imagen, por la palabra, por supuesto:

"Nací y fui educado para ser parte de los explotadores, de los opresores.

Dedicarme al arte fue la mejor manera de combatir contra ese destino.

Por librar una guerrilla interior contra mi propio destino, fui declarado indigno. Desde entonces, el arte ha sido para mí esa patria que no tenemos, el arte ha sido un exilio sin destierro, es decir, un exilio sin abandonar la tierra y el cielo que me vieron nacer, una herencia de los árboles que he abrazado.

El arte es esa utopía, belleza irrenunciable que nos advierte María Zambrano, que da con la puerta en las narices de la imbecilidad política y económica, y del oscurantismo ideológico y académico. El arte es la única opción que tenemos de ver lo que se nos oculta, la única manera de acariciar lo invisible. El arte es una verdad bella de una belleza verdadera. La poesía pertenece a la categoría del milagro. Sólo quien ha sido víctima de un milagro cree sin sombras. Sólo quien ha padecido un milagro no necesita fe.El milagro es una verdad increíble. La palabra poética da testimonio de lo increíble. La imaginación es ese momento anterior a que la forma se apodere de la imagen.La imagen es una presencia física. La imaginación es una potencia metafísica.

El poeta abre los ojos como dos brazos. No sabemos que sabemos hasta que otro nos oye, hasta que otro pregunta nuestras preguntas, hasta que otro calla cuando decimos algo. Lo que escribimos ya estaba dicho, pero corre el riesgo de que el viento de la memoria lo arrastre hasta el rincón cenizo que esconde el tiempo. La escritura salva al recuerdo de desvanecerse en el aire del verano. Entonces la palabra se colma, es algo más que ella misma, desborda su propio vaso. La escritura es una forma de la gratitud. La palabra se mira en el espejo y no se ve a sí misma, ve a otro reflejado en él. Pero no se trata de una cualidad fantasmal: La palabra arranca el azogue al espejo y lo transforma en ventana. La palabra inmola su imagen en el crisol que da forma a otro. Se inmola y no renace de sus cenizas sino que inaugura una ventana hacia allá, hacia donde no habíamos mirado. Su ritmo y su melodía la salvan de su inexistencia como el agua del río, como el viento que da forma al árbol del estío. La palabra es como el aire que no vemos y no podemos vivir sin él.

Pero tal como la brisa pierde el tiempo en el desierto, la palabra pierde su canto ante el oído astuto lleno de cera. Lo invisible suple necesidades no satisfechas. Como el amigo invisible del niño. Como el dios del adulto. Como el recuerdo futuro del viajero".

jueves, 20 de octubre de 2011

Ana María Matute, el 31 de octubre

La ganadora del Premio Cervantes de 2010 y de muchos premios más en España y Europa, la escritora española Ana María Matute, será el tema del próximo programa de Noche de Narradores, con la coordinación del pregrado de Creación Literaria y la Especialización en Creación Narrativa de la Universidad Central de Bogotá. La novela seleccionada para leer, estudiar y analizar en esta ocasión, es Primera memoria, ganadora del famoso Premio Nadal (1959). Y todos sus cuentos, que cubren lo juvenil, infantil y adultez.

Para esta Noche de Narradores han sido invitados a exponer dos novelistas colombianos: Gonzalo Mallarino Flórez, autor de una trilogía de novelas sobre Bogotá, y Juan Malaver, ganador de varios concursos de novela y poesía.

La cita será, como siempre, en el Teatro de Bogotá (Calle 22 No. 5-66), a las 6 de la tarde. ENTRADA LIBRE.





jueves, 13 de octubre de 2011

Germán Gaviria Álvarez, Premio Nacional de Novela 2011

Tengo que repetir el título de hace unas pocas semanas en este blog (25 de agosto) cuando Germán Gaviria Álvarez (Bogotá, 1961) ganó el Premio Nacional de Literatura en el género de novela corta, convocado por el área de creación literaria de la Universidad Central. Hizo moñona en menos de mes y medio con dos primeros premios, el de la Universidad Central y ahora el del Ministerio de Cultura con sus novelas El hombre que imagina y Olfato de perro. Pienso que ha sido su mejor manera de celebrar sus 50 años cumplidos en junio pasado y que no alcanzo a asimilar porque sigue teniendo la misma estampa juvenil de cuando lo conocí en 1989 en el Taller de Escritores de la Universidad Central. !Cuántos carros pasaron por debajo de los puentes de la 26, querido Germán, entre aquel año 1989, en que hiciste también moñona en nuestro concurso "El cuentista inédito" -que organizábamos los reunidos bajo el grupo "Alejo Carpentier", con egresados del Teuc-, con dos cuentos que nunca olvidaremos, "Amelia" y ese inmenso "Papiroflexista", y este 2011 en el que consolidas ante los medios y el público lector tu vocación de escritor químicamente puro!
Después vinieron el tercer premio en el Concurso Nal. de Cuentos "Carlos Castro Saavedra", con "Escalón rojo", en 1992, y los que llegaron después del "extranja" (que son los que citará la prensa, pero también igualmente meritorios, como el de guión de radio en Alemania y el del Herralde en novela). Para mí, sin embargo -se lo digo, por primera vez, en esta nota que no puede ser una crítica literaria, ni periodística, sino un apretado montón de recuerdos muy cercanos a mi vida misma-, después del "Papiroflexista" y los otros cuentos, donde descubrí al químico condenado a ser, sin remedio, escritor grande, fue en el texto que resultó de su viaje al Orinoco, resultado de una beca ganada en el Ministerio de Cultura, México y Venezuela. El texto, como suele suceder en mi país, sigue inédito. El viaje al Orinoco, de subida y casi con perdida, como si quisiera repetir a Rivera o a Carpéntier, produjo una rara especie de alquimia, apenas previsible en su primer cuento. Germán, entonces, se quedó, definitivamente, en la escritura, y para no rendirse -porque nadie publicaba- se dedicó a las actividades que no lo dejarían abandonar el escenario. Alguna agencia cultural y de idiomas (Alianza Colombo-Francesa) empresa editorial privada (Educar), alguna universidad pública (UPTC), algunas correcciones de pruebas con Hojas Universitarias (UC), algún restaurante en La Calera (porque el hombre se cuida con la buena comida y ¡cómo la prepara!), muy pocos encuentros de escritores, un hijo ya grandote, las mujeres con cuidado, trago selecto porque el guaro ya hace daño, y otra vez a la lectura y a la escritura y a fundar su propia fábrica de libros y revistas, fatalmente. Manuel José Rincón, él último de los carpenterianos, Premio Nacional de Cuento, lo acaba de decir: cuando Germán en la "Noche de Narradores" de agosto pasado expuso su pasión por nuestro común J. M. Coetzee, reconfirmó que a los 50 años seguía más brillante que nunca.





El fallo del Ministerio de Cultura lo firman cinco escritores, uno chileno y cuatro colombianos (insisto en esto porque alguien en el fallo de la Universidad Central me dijo, en voz quejumbrosa, que había ganado "uno de la casa", y no le dije, pero me quedé pensando -como el hombre que imagina- que también la gente honrada de "mi casa", por su capacidad y honestidad, tenía derecho a ganar), los jurados: Conrado Zuluaga, Miguel Ángel Manrique, Cristo Rafael Figueroa, Elkin Pinto y el chileno Alejandro Zambra. Dicen los jurados que la novela “está bien estructurada, su ritmo es continuo y sus personajes poseen una interioridad”. Todo eso es cierto y yo enfatizaría en lo último. Germán maneja, como pocos, un clásico y, a la vez, moderno sentido de la narrativa, y navega siempre en un mundo interior extraño de ver en la literatura colombiana, sin alejarse del amargo mundo exterior (o tal vez, por eso mismo). Ya lo leerán en noviembre cuando salga El hombre que imagina, la novela de la Universidad Central, y el año entrante, Olfato de perro.

La anterior versión de este concurso la ganó Miguel Àngel Manrique en 2008, con su novela Disturbio.

[Las fotos son de esta semana cuando fuimos con Germán y el cuentista Joaquín Peña a celebrar con una mini-paisa y mazamorra en "El Antioqueño" de la 21].

martes, 11 de octubre de 2011

En La Cueva de Barranquilla

Viene el Ministerio de Cultura, a propósito de los 100 años de la muerte de Rufino José Cuervo, promoviendo charlas, conferencias o mesas redondas, sobre su vida y obra, que no es más (ni menos) que la vida y obra de las palabras. Entonces, el sábado pasado nos encontramos con el cronista y narrador Cristian Valencia y con el poeta y cuentista Antonio Silvera, en la salita de eventos (muy atractiva, por cierto, rodeada de fotos históricas, en este espacio cultural recuperado del abandono en que estuvo hace unos lustros) de La Cueva, en Barranquilla. Cristian Valencia dijo que para los indígenas no existen las difiniciones abstractas; no existe el agua, sino el arroyo, el manantial, la gota fría, el aguacero. El poeta Antonio Silvera nos contó que para Borges los adjetivos podían modificarse con el tiempo, como en efecto lo había hecho en algún poema de Fervor de Buenos Aires. Alguna reduplicación que Borges descubrió en alguno de sus poemas y la eliminó. Y yo desempolvé -pues sigo siendo consciente de que en este país no pasa el tiempo y no sólo los periódicos y los noticieros son los mismos de hace 40 años, sino que muchas de las cosas que uno ha escrito siguen siendo entes fantásticos que no envejecen-, desempolvé un homenaje que le hice a Gabo hace unos 20 años cuando rescaté de Cien años de soledad su idea de un proyecto de "diccionario giratorio" (para mí, más importante que el aleph de Borges), indispensable cuando los nombres de las cosas, las funciones y las razones de sus funciones, se le van borrando a uno de los ojos de la memoria. Volví por un repaso que había hecho sobre varios diccionarios de literatura de la colonia y de la república colombiana, donde se habla de los escritores como si se tratara de una página "social" de Cromos, de El Tiempo o de El Heraldo. Y recordé que hacía un mes había querido proponerle a la Universidad Central hacer un censo (o un diccionario) de los narradores colombianos del siglo XX, con algunos indicadores interesantes (¿cuántos cuentistas de ciencia ficción o literatura fantástica, tenemos?, por ejemplo), y que no había podido porque el formulario debía realizarlo por internet y a las cuatro de la mañana colapsamos los dos. En fin, que fue una noche chévere en La Cueva, con la salita llena, a pesar de ser sábado en la noche (ni la "Tiendecita" estaba abierta), sin Heriberto Fiorillo (andaba por Santa Marta), pero sí con el novelista Ramón Illán Bacca, con el filósofo Numas Armando Gil, con los nuevos escritores y el público que se anima con la magia de la creación literaria. (No se si para J. Alexandra Rodríguez, la coordinadora del evento, fuimos más allá de Cuervo). [En las fotos, Cristian, Antonio, Ramón, y este viejo conductor de camiones, al lado de Villa, Obregón y Cepeda).

viernes, 7 de octubre de 2011

Un poema de Tomas Tranströmer, Nobel 2011

De La Gaceta (http://www.lagaceta.com.ar/), de Tucumán, Argentina, reproduzco este poema del ganador del Premio Nobel de Literatura 2011, el suceco Tomas Tranströmer (Estocolmo, 15 de abril de 1931).



Secretos en el camino


Liviana, vuelve la bofetada de las esferas celestes. La música, a nuestra sombra, inocente como
el agua de la fuente que sube entre animales salvajes,
artísticamente petrificada alrededor del chorro de agua.
Con las cuerdas disfrazadas de bosque.
Con las cuerdas como el aparejo del aguacero:
la lancha es azotada por los cascos de un aguacero
y en lo íntimo, en el atasco del giroscopio, alegría.
Esta tarde se refleja la bonanza del mundo,
cuando las cuerdas son instaladas, sin que nadie toque.
Inmóviles en la niebla, los árboles del bosque
y la tundra húmeda espejeando en sí misma.
La mitad muda de la música está aquí, como el olor
a resina anda en torno a ramas heridas por el rayo.
En cada hombre, un verano subterráneo.
En el cruce de caminos, una sombra,
y se aleja corriendo, siguiendo la trompeta de Bach.
La piedad inspira súbita cautela. Dejar
su disfraz de yo en esta playa
donde la ola golpea y se retira, golpea
y se retira.

sábado, 1 de octubre de 2011

Álvarez, Burgos y Rivas: entre 25 latinoamericanos

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) anunció a finales de septiembre los nombres de los 25 escritores latinoamericanos que servirán para celebrar, entre el 26 de noviembre y el 4 de diciembre, sus 25 de años de existencia. La FIL tiene como país invitado a Alemania y el escritor homenajeado es el colombiano Fernando Vallejo.
"Los 25 autores fueron elegidos luego de un proceso que involucró la lectura de decenas de libros y un amplio proceso en el que se consultó a otros escritores, editores, libreros, periodistas y críticos literarios de América Latina. La selección final recayó en un comité de lectores que dio forma a este grupo de autores, quienes han tomado la escritura como una opción vital y representan propuestas literarias de quince países de la región latinoamericana", comentó la FIL.
Son seis mujeres y 19 hombres, que van de los 27 a los 55 años de edad. Los dos menores, de 27 años, son Ulises Juárez (Nicaragua) y Francisco Díaz (chile); el mayor de todos, de 55 años, es Diego Muñoz (Chile).

La FIL buscó 25 autores importantes, pero no reconocidos ni dentro, ni fuera de sus países, con el fin de "lanzarlos" al público latinoamericano desde la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Estos fueron los elegidos (en orden alfabético):
Juan Álvarez (Colombia, 1978), Luis Alberto Bravo (Ecuador, 1979), Andrés Burgos (Colombia, 1973), Fabián Casas (Argentina, 1965), Miguel Antonio Chávez (Ecuador, 1979), Carlos Cortés (Costa Rica, 1962), Francisco Díaz Klaassen (Chile, 1984), Jacinta Excudos (El Salvador, 1961), Nona Fernández (Chile, 1971), Fernanda García Lao (Argentina, 1966), Ulises Juárez Polanco (Nicaragua, 1984), Roberto Martínez Bachrich (Venezuela, 1977), Emiliano Monge (México, 1978), Javier Mosquera (Guatemala, 1961), Diego Muñoz Valenzuela (Chile, 1956), Enrique Planas (Perú, 1970), María Eugenia Ramos (Honduras, 1959), Luis Miguel Rivas (Colombia, 1969), Giovanna Rivero (Bolivia, 1972), Hernán Ronsino (Argentina, 1976), Pablo Soler Frost (México, 1965), Daniela Tarazona (México, 1975), Dani Umpli (Uruguay, 1974), Eduardo Varas (Ecuadro, 1979) y Carlos Oriel Wynter Melo (Panamá, 1971).
Ellos asistirán, como primer premio, a Guadalajara, donde participarán en cinco mesas de diálogo.

La FIL había entregado este proyecto para su organización a los escritores Gonzalo Celorio y Sergio Ramírez.
Colombia, como otros cuatro países, fue de los privilegiados, pues clasificaron tres de sus escritores jóvenes: Juan Álvarez (Neiva, 1978), Andrés Burgos (Medellín, 1973) y Luis Miguel Rivas (Pereira, 1969).

Resultado que nos alegra mucho y en el que destaco, de manera especial, la presencia del escritor Juan Álvarez, mi alumno en el Taller de Escritores de la Universidad Central hace un poco más de una década, y autor de dos libros grandes, uno de cuentos, Falsas alarmas, Premio Nacional de Cuento en 2006, y su novela del año pasado, C. M. No récord, publicada por Alfaguara.