jueves, 27 de octubre de 2011

Samuel Vásquez, premio por reconocimiento

La pianista Teresita Gómez y el crítico de arte y artista Samuel Vásquez, fueron reconocidos por la Universidad de Antioquia como los mejores en el 2011. Estas fueron las palabras de Samuel al recibir el premio, que reproduzco sin su permiso porque son de interés público. Y felicitaciones a los dos, por la música, por la imagen, por la palabra, por supuesto:

"Nací y fui educado para ser parte de los explotadores, de los opresores.

Dedicarme al arte fue la mejor manera de combatir contra ese destino.

Por librar una guerrilla interior contra mi propio destino, fui declarado indigno. Desde entonces, el arte ha sido para mí esa patria que no tenemos, el arte ha sido un exilio sin destierro, es decir, un exilio sin abandonar la tierra y el cielo que me vieron nacer, una herencia de los árboles que he abrazado.

El arte es esa utopía, belleza irrenunciable que nos advierte María Zambrano, que da con la puerta en las narices de la imbecilidad política y económica, y del oscurantismo ideológico y académico. El arte es la única opción que tenemos de ver lo que se nos oculta, la única manera de acariciar lo invisible. El arte es una verdad bella de una belleza verdadera. La poesía pertenece a la categoría del milagro. Sólo quien ha sido víctima de un milagro cree sin sombras. Sólo quien ha padecido un milagro no necesita fe.El milagro es una verdad increíble. La palabra poética da testimonio de lo increíble. La imaginación es ese momento anterior a que la forma se apodere de la imagen.La imagen es una presencia física. La imaginación es una potencia metafísica.

El poeta abre los ojos como dos brazos. No sabemos que sabemos hasta que otro nos oye, hasta que otro pregunta nuestras preguntas, hasta que otro calla cuando decimos algo. Lo que escribimos ya estaba dicho, pero corre el riesgo de que el viento de la memoria lo arrastre hasta el rincón cenizo que esconde el tiempo. La escritura salva al recuerdo de desvanecerse en el aire del verano. Entonces la palabra se colma, es algo más que ella misma, desborda su propio vaso. La escritura es una forma de la gratitud. La palabra se mira en el espejo y no se ve a sí misma, ve a otro reflejado en él. Pero no se trata de una cualidad fantasmal: La palabra arranca el azogue al espejo y lo transforma en ventana. La palabra inmola su imagen en el crisol que da forma a otro. Se inmola y no renace de sus cenizas sino que inaugura una ventana hacia allá, hacia donde no habíamos mirado. Su ritmo y su melodía la salvan de su inexistencia como el agua del río, como el viento que da forma al árbol del estío. La palabra es como el aire que no vemos y no podemos vivir sin él.

Pero tal como la brisa pierde el tiempo en el desierto, la palabra pierde su canto ante el oído astuto lleno de cera. Lo invisible suple necesidades no satisfechas. Como el amigo invisible del niño. Como el dios del adulto. Como el recuerdo futuro del viajero".

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