sábado, 27 de agosto de 2011

J. M. Coetzee: Buenos Aires y Bogotá



No recuerdo cuándo, ni por qué, comencé a leer a J. M. Coetzee, ese escritor nacido en Sudáfrica, pero con conciencia de hombre ciudadano del mundo entero. Tal vez fue cuando encontré Desgracia. Y fue una desgracia porque me volví adicto a sus novelas y ensayos, a su modo de ver el mundo, de confrontar dilemas, trilemas o polilemas. A examinar al hombre en sus dimensionales sociales -sin ningún recato, sin disculpas estéticas pendejas-, o en su dimensión íntima o de pareja -sin dilaciones, sin tapujos pendejos-. Seguí leyéndolo con el miedo de verlo repetido en su "undécima" novela. Sinembargo, para algo le ha servido su encierro en Adelaida, la más tranquila de las ciudades de Australia, donde una universidad inteligente -no siempre lo son- le ofreció unas clases y alguna oficina de la Universidad de Adelaida para que, sobre todo, pensara y escribiera ficción sin repetirse, sin dejar ver técnicas ni teorías literaria (que él sabe o se inventa como un mago inagotable).

Ahora -creo que por primera vez-, Coetzee estará en Latinoamérica, viene a Buenos Aires a cerrar el Tercer Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba). (Lo leo en la revista digital Letralia, No. 256). Lo hará el 18 de septiembre, en la clausura del Filba, con la lectura de una texto suyo, inédito y de ficción, quizás las páginas de alguna novela por terminar. Quizás lo vean como el oráculo que salió a la calle desde su cueva australiana. ¡Qué bien por la siempre Buenos Aires! Vamos a ver qué pasa.

Mientras tanto, en Bogotá, este miércoles 31 de agosto, en Noche de Narradortes, Germán Gaviria (ganador del Premio Nacional de Novela Corta, Universidad Central, 2011) y el cineasta Ignacio Prieto (actor principal de La sombra del caminante, la primera película de Ciro Guerra), hablarán en la Sala Fundadores de la Universidad Centra (Calle 22 No. 5-91) sobre la vida y la obra del autor de Verano, de Infancia, de Juventud, de Esperando a los bárbaros, de Foe, de Tierras de poniente, de Costas extrañas, y de otros tantos libros inevitables a la hora de enfrentar la culpa o la disculpa, el canon o el delito consagrado sobre las losas sucias de la sociedad, o para enriquecer las dudas que nos agobian y nos permiten vivir.


Les recomiendo leer para este fin de semana su novela Verano, por lo pronto.

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