lunes, 27 de diciembre de 2010

El arco, de Kim Ki-Duk







Hoy por la tarde he visto, en mi salita de cine, una película muy recomendada y que me ha sorprendido: El arco, del coreano Kim Ki-Duk, de 2005. En la foto, la actriz Han Yeo-reum y el actor principal, Jeon Sung-Hwan.

martes, 14 de diciembre de 2010

Revista Aceite de perro, se lanza hoy


A las 8 de la noche, en la sala de teatro Casa Ensamble, en Bogotá, se presentará la edición número uno de la nueva revista de cuento Aceite de perro, que dirigen María Carolina Cuervo y Andrés Mauricio Muñoz, entre otros.

Están todos invitados.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Un poema de Vicente Cervera Salinas

Vicente Cervera Salinas nació en Albacete, España, en 1961. Se licenció en Filología Hispánica e hizo su doctorado sobre la obra de Jorge Luis Borges (1989) en la Universidad de Murcia (España), donde trabaja actualmente. Ha publicado estos libros de poesía:
De aurigas inmortales (1993, Premio América de Poesía), La partitura (2001, compuesto con base en la escala musical), El alma oblicua (2003, traducido al francés e italiano), y Escalada y otros poemas (2010, de donde tomo el poema que le da título al libro y que, en cierto sentido, es la poética del libro). Cervera Salinas estudió música vocal y teatro, y escribe sobre cine, también. Como ensayista ha publicado: La palabra en el espejo (1996), La poesía de Jorge Luis Borges: historia de una eternidad (1992), La poesía del logos (1992), La poesía y la idea (Premio Nacional "Anthropos" de Ensayo, San José de Costa Rica, 2001). Ha visitado las universidades nacionales de San José de Costa Rica, La Habana, Buenos Aires y Viena. Dicta literatura comparada en la Universidad de Murcia.
Este cuarto poemario suyo, Escalada y otros poemas, es una pequeña joya donde ritmo, pensamiento e imágenes corren como en una película de Theo Angelopoulus.

ESCALADA

Avanzo instintiva,
luego, cabalmente.
Descanso si mis pies
se fatigaron en exceso
o si latía en desmesura
el corazón. Observo siempre
cuanto brinda la arriera
y madre Natura. Y de ella
pretendo incorporar algún
apunte a mi persona;
reposo cuando el sueño me
reclama y dejo que me venza
sin darme nunca por
vencido. Si me asaltan
los ladrones de mi paz,
procuro ahuyentarlos
con el don de la mirada.
Intento que del trecho
recorrido me acompañen
las señales aprendidas, y proyecto
el tramo que me resta
por hollar, obedeciendo a la ley
de la materia y al mandato
más robusto de la fe. Llevo
en la cartera talismanes
que aprendí ejercitando el arte
de la memoria:
un libro de mi padre,
un poema de mi amiga,
y siempre voy contigo,
en la andanza de mis pasos
o en la percusión de los ecos
y en la luz que todo irisa.
Dejo que me asalte la canción
si mi suelo forma arena;
cuando hay peñas, amortiguo
con las suelas del equino,
atento a los follajes que diviso.
Entono versos cada vez que la sombra
de la certeza deja al descubierto
superficies de hondonadas
y prosigo veloz en mi lentitud.
No porto reloj en mi pulsera;
surco el tiempo con la escala
de cada decisión. Al error,
le presento mis disculpas,
y le concedo al extraño
el beneficio de la duda, para
no inclinar con su lastre las espaldas
laceradas, y no reconocerme
sólo en el reino de la culpa
y sus fracasos. A menudo medito
sobre el límite entre el centro
y sus innumerables periferias,
recibidas o nuevamente formuladas.
Atajo el cinismo y la presión
de la rutina con las palabras
que instauran la fortaleza
de lo desconocido, o de lo eterno
restaurado. Arranco algunos brotes
del almendro en flor para regalar
ramos de aromas efímeros
y, en el recuerdo, permanentes.
La distancia de lo andado nunca
es mayor que el continente imaginario.
Y si lo fuere, será que el tiempo
consumido había sido el otorgado,
el necesario, el que la sabia mano
sobre mí depositó. Otra imagen
del mundo sobreviene, sin que
el sentido de lo hollado desfallezca.
Escudriño las fauces del león
y de la tórtola aboceto isocronías,
y aligero así cuanto se inclina
a la caída. Mudo u órfico,
rico en tesoros de huellas vivas
que manos ajadas me hacen
observar, susurra alguna voz
que ya debo detenerme.
El viaje en espejo coincide
entonces con la serie y el contraste
de estaciones. Hinco el talón.
Miro en torno, y advierto
-sorprendido- que el camino era
un ascenso y el viaje una
escalada, que permite recostarme
en su penumbra vertical
donde distingo una constelación
de brezo y piedras,
que un sol terrestre hace
brillar.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Pino, Premio Bienal de Novela

Se entregó anoche en la ciudad de Neiva, en el Centro de Convenciones, el fallo de la XII Bienal Nacional de Novela “JOSÉ EUSTASIO RIVERA”. Transcribo a continuación el acta del jurado, que quiero destacar por su redacción y responsabilidad literaria -que no suele advertirse en las actas de los premios o concursos en la actualidad (pienso, adivino, que se debe al esmero del jurado, escritor, Jorge Guebelly):

"Juzgar es una actividad intelectual que no excluye el riesgo, más aún cuando se trata de elegir textos literarios. En la apreciación de muchos conocedores de la evolución estética del género narrativo novela, las posibilidades creativas se han ampliado de manera ostensible con el paso de los años. En el marco de la XII Bienal Nacional de Novela “José Eustasio Rivera”, ha concurrido un número alto de participantes, con diferentes grados de calidad literaria, como suele suceder con todo certamen competitivo.
Con el fin de establecer criterio de selección en el presente caso, el Jurado tomó en cuenta los parámetros indispensables que deben integrar una buena obra narrativa: lenguaje, estructura, verosimilitud, personajes, argumento, tensión y cierto aporte novedoso contenido en algunos de los tópicos antes aludidos.
Considerados los trabajos presentados al concurso, después de un prolongado análisis y un debate riguroso, sustentado con argumentos por parte de cada uno de los jurados, se ha llegado a la siguiente conclusión:
Por su estructura sugestiva, su lenguaje enmarcado en el espacio de lo contemporáneo, su posibilidad lúdica, la intención sutil y deliberada de solucionar el argumento de una manera ingeniosa, se concede por mayoría el premio a la obra El juego de Archer, firmada con el seudónimo Constantino Black.
El Jurado consideró oportuno incluir, por unanimidad, los tres títulos que, por sus méritos literarios y estéticos, constituyen piezas valiosas de la novela contemporánea en Colombia: El libro de los infiernos, firmado con el seudónimo Claudio M.; Tolstoi o el arrepentimiento, firmado con el seudónimo Juana de Cusa, y Rizos, firmado con el seudónimo Arcano.
Los integrantes del jurado se permiten expresar una voz de felicitación a la “Fundación Tierra de Promisión” por el empeño consagrado a difundir cultura en la región y en el país. En virtud de la calidad de las obras enviadas a la presente convocatoria, amerita ser ampliado el límite al contexto de Bienal Internacional.
Se firma como aparece, en Bogotá, D. C., el 23 de agosto de 2010.

(Fdo.)YEZID MORALES RAMÍREZ ,
(Fdo.)GUILLERMO MARTÍNEZ GONZÁLEZ,
(Fdo.)JORGE GUEBELY ORTEGA ".

Abiertos los sobres, los escritores ganadores fueron:
Adrián Pino Varón (foto), de Chinchiná, Caldas (1972), más conocido como poeta hasta el momento de ganar la Bienal; José Manuel Palacios Pérez (seudónimo: Joseph Avski), nacido en Medellín (1980), criado en Montería, egresado de la Maestría de El Paso (Texas); Hernán Estupiñán, escritor y periodista boyacense (Socha, 1962), premiado en España en 2008, pasó por el Teuc hace varios lustros; y Jairo Restrepo Galeano (Lérida, Tolima, 1951), antropólogo y escritor, autor de varias novelas, profesor del pregrado de Creación Literaria de la Universidad Central de Bogotá.
El premio de la Bienal de Novela José Eustasio Rivera, que patrocina la fundación Tierra de Promisión, dirigida por el estadista huilense, Guillermo Plazas Alcid, patrocinador de muchas causas culturales, consiste en 40 salarios mínimos y la publicación de la obra (foto de la portada).