viernes, 2 de julio de 2010

Alberto Duque López, cine, literatura y viceversa


La corta vida de Alberto Duque López, de 1943 a 2010 [no se por qué en algunas partes, incluido mi libro de 1973, La generación del bloqueo y del estado de sitio, aparece como si hubiera nacido en 1936], no alcanzó a ser suplida o compensada con la vertiginosa, densa y plena actividad que siempre mantuvo. Sus hijos debieran escribir sobre el imposible horario de Alberto y su fantástica (porque, realmente, era irracional) capacidad de albergar y acaparar tanta información sobre literatura, cine, música, historia y otras necesidades del ser humano, como las recetas de cocina o las anécdotas cotidianas.

Murió el pasado lunes 28 de junio, a las 6 de la tarde, y todavía lo sentimos como algo incomprensible. Le faltaba por escribir varias novelas, su saga de cuentos sobre Hemingway y familia (la de la muchacha del servicio la había publicado hacía dos años sin que nadie en el país se diera cuenta, Ni siquiera la lluvia, una bella oda de sucesivas imágenes cortas, que tuvimos la satisfacción de presentar en una Noche de narradores en la Universidad Central). Le faltaban muchas noches de radio, muchos almuerzos "Donde Yiya", muchos discos de Ella Fitzgerald, volver a recopilar sus grandes entrevistas con todos los magos del cine del mundo entero para publicarlas en un libro que nadie iba a publicar (la mayor parte de ellas se quedaron en los escritorios de los periodistas capitalinos, chatos y miopes). Tigre, voy a recoger los monólogos más largos del cine, podía decirle Alberto a uno, como si no tuviera nada que hacer. Y en el próximo encuentro se despachaba con las 100 novelas más importantes de Latinoamérica o Norteamérica. No sabía del descanso. Y, sinembargo, nunca conocí a una persona más tranquila que él. Vivía en paz con su ironía, su permanente humor y su eterna complacencia con el cine, la literatura y la música.

Me duele su ausencia, como me duele la forma como se ha ignorado su literatura en Colombia. No creo que Alberto haya querido ser un crítico de cine: detrás de esos escritos siempre estuvo el narrador infatigable y su obsesiva persecución por darnos la gran novela, el gran cuento, la gran crónica. El cine era su pasión de goce y así, con ese goce, escribía sobre las películas, con fruición y desparpajo. Y la literatura era su objetivo de fondo. Tigre, ¿cuándo cierran la Bienal de Novela de Neiva?, me preguntaba, porque eran los concursos su única salida. Y se ganó muchos. Primero con esa legendaria novela colombiana (postmodernista antes de que existiera el postmodernismo) que sigue leyéndose con estupor e incredulidad, Mateo el flautista, y luego Muriel, mi amor, que premiamos con Carlos Orlando Pardo y Eduaro Santa. Y con sus cuentos que tendremos que antologar, porque que quedaron sueltos por ahí. Tigre, ya tengo casi todos los cuentos sobre el tema Hemingway, me decía. Amaba al cazador, y lo había convertido en tema solidario de su obra literaria (el por qué nunca me lo explicó), como amaba a tantos otros escritores, directores y actores de cine y cantantes de jazz.

Conversador infinito, alguna vez nos acompañó como jurado en el Concurso de Novela Corta de la Universidad, y allí relató sus orígenes en el periodismo con Cepeda Samudio. (En la foto con los demás jurados, Pedro Badrán y Naudín Gracián, el coordinador, Oscar Godoy e IPG).

Por eso, no entiendo que Alberto se fuera el lunes.

Tigre, es cierto, no podremos vernos más "Donde Yiya". No volveré a leer tus envíos con las entrevistas y crónicas de todos los diarios del mundo que madrugabas a seleccionar. Ya nos tocará en la otra película. Tigre, chao.

4 comentarios:

Julio Suárez Anturi dijo...

No tuve el placer de conocerlo personalmente, pero leí con fruición "Mi revólver es más largo que el tuyo" y me encantó su tono frágil y poético. También supe de su "Mateo el flautista" y en algunas oportunidades lo vi en la televisión, haciendo trío con Germán Santamaría y Jorge Eliércer Pardo, si no ando mal, hablando, deliciosamente, de cine. Tú que lo conociste mejor, querido maestro Isaías, sabes con mayor propiedad la pérdida que significa Alberto Duque López para la literatura y el periodismo cultural en Colombia. QEPD

MARIO dijo...

Siempre irradió sabiduría y bondad. Recuerdo la hermosa sentencia que le regaló a la novela "Hot hot, Bogotá", al calificarla como la mejor primera página que había leido.
Releer sus novelas, cuentos y notas será mi propósito mas pròximo,como recuerdo de este sorpresivo adios

Martha Cecilia Cedeño Pérez dijo...

Isaías,
me sorprende tanto la muerte temprana de Alberto. Aún recuerdo aquel Encuentro de Escritores (tu también estabas) en el que lo conocí y sus comedidos comentarios sobre mi poemario Duermevela. Recuerdo su alegría, su apertura, su sencillez: no se creía un erudito ni nada por el estilo. Compartir con él aquel evento fue una gozada. Como era también leer sus textos.
No deja de dolerme su muerte a destiempo.
Un abrazo,
Martha
Un abrazo,
Martha

Alberto Duque Rincón dijo...

Ayer que precisamente cumplió un año de dejarnos como dice usted, con tantas conversaciones por realizar,con tantos almuerzos que disfrutar, y sobretodo sentirlo con la oscuridad como complice, mientras disfrutabamos cualquier película,a la cual él por muy regular que fuera , siempre le rescataría algo... tengo su última novela, lista para que la editorial que lo conozca y valore, se la publique...