viernes, 7 de mayo de 2010

La muerte de mi profesor Navarro

Me ha puesto muy triste la llamada de anoche en que me avisaban la muerte de Antonio Navarro, mi profesor de literatura en el Colegio Nacional Simón Bolívar de Garzón (Huila). Lo iba a visitar en el puente del 15 de mayo (caigo en cuenta que por esos días se celebra el día del profesor), cuando siempre paso por ahí de viaje a “La Batalla”, la finca del sur que el abuelo fundara a comienzos del XX. Antonio Navarro, santandereano, hijo de médico, llegó a Garzón en 1960, luego de abandonar sus estudios de medicina en Bogotá. Por eso, fue mi mejor profesor de anatomía. Sólo que si se había retirado, era porque más contar huesos y aprenderse los tratados de fisiología, le gustaban más las letras que las falanges. Y con esa decisión, emoción y pasión, comenzó a dictar las literaturas en el bachillerato de ese pueblo sudoroso del sur. El primer día que llegó a dictar literatura colombiana colocó sobre el escritorio cuatro tomos que correspondían a cuentos, novelas y ensayos. Y como si estuviera en una maestría de creación literaria, nos preguntó a los 40 estudiantes de cuarto bachillerato –tan absortos como espantados por el método, en un pueblo donde leer era un misterio virginal- quiénes podrían ser los autores de esos libros. Mi mano solitaria se levantó al rato y de mi voz salieron las palabras de Tomás Carrasquilla. Yo era un ratón de biblioteca, pero aún no recuerdo si yo ya había leído a Carrasquilla. Fue un acto de adivinación. Y sí, uno de los libros era de él. Entonces, Antonio Navarro, recién llegado de la capital, amante de los libros como ninguno, se convirtió en mi mejor profesor. Estaba en furor el Nadaismo. Yo era un fanático del Nadaismo, y él decía que eso era una pantomima. Y así pasaron cuatro años felices en la complicidad de la literatura. En Semana Santa, cuando lo visité, porque estaba convaleciente de una enfermedad extraña que el año pasado lo había castigado y de la cual contaba muchas anécdotas curiosas –decía que gracias a la extramaunción había resucitado-, para sorprenderme como aquella vez del año 1962, de su biblioteca sacó un volumen muy viejo y me dijo “esto es para usted”. Era una primera edición de Frutos de mi tierra. Le dije, “no me lo llevo ahora, cuando vuelva en mayo a inaugurar una tertulia literaria en su casa, me lo llevo”. Me miró un poco raro, extrañado. Yo lo decía porque su enfermedad había afectado su memoria o alguna parte de sus sistema nervioso y tuve miedo de que, si no estaba en sus cabales, no podía salir de esa edición. Ahora que me han dicho que murió el miércoles, comienzo a pensar que era una decisión de su alma, no racional, por haberle adivinado hacía 50 años quién era el autor de un libro que él amaba y que yo presumía haber leido. Antonio, gracias por haberme acompañado en el desierto a crecer en mi devoción por la literatura. Y perdón por no haberte recibido ese día la novela de Carrasquilla. Sé, por tu mirada, que te extrañó mi decisión. Pero yo quería verte más tarde en otra clase, así fuera una tertulia, de literatura. Y ya ves, cómo es la vida, no se pudo. Pero no te afanas, las clases no terminan. Tú, allá, nosotros, acá.

5 comentarios:

www.fluidoabsurdo.blogspot.com dijo...

Hermoso y sentido textos. Entiendo ahora tu amor de profesor

Diana Navarro dijo...

Isaías, en nombre de mi mamá y mis hermanos muchas gracias por esas palabras. Ustedes, sus alumnos, en especial los que amaron los libros, fueron su mayor orgullo. Yo me siento aún más orgullosa de haber tenido la suerte de ser su hija.
Un abrazo y siempre serás bienvenido en nuestra casa.
Diana Navarro Cuenca.

luisafernanda...trujillo dijo...

Qué mejor día para dejar un comentario en esta nota que hoy; Día del Maestro.

Cuánto legado dejan las palabras cuando escritas y habladas a tono del temple del afecto, atraviesan el tiempo, se insertan en la piel,la curten y conservan cual pergamino abierto para ser escrito en medio de la ausencia.

Luisa Fernanda Trujillo Amaya

Marco Polo dijo...

En "La voz de los muertos" recuerdo al profesor y otro de mis muertos y cumplo con un lejano deseo de Luisa Fernanda Trujillo: escribir una crónica, un cuento, un ensayo desde Praga y el mas allá.

Anónimo dijo...

Merci beaucoup pour développer l'effort de discuter de cela, je crois fermement à ce sujet et comme si on étudiait beaucoup plus à ce sujet. Si possible, comme vous acquérir de l'expertise, auriez-vous l'esprit la mise à jour isaiaspenag.blogspot.ru avoir un grand beaucoup plus d'infos? Il est très bénéfique pour moi.