lunes, 21 de diciembre de 2009

Premio de novela a Fernando Ayala Poveda


A Fernando Ayala Poveda le fue otorgado el Premio Nacional de Novela "Ciudad de Pereira" 2009, por su obra No tengo un peso y me llamo Silva. Ayala es narrador y ensayista. Ha publicado novelas como Mujer de magia negra (1983), Amar en Bahía (1985), Los colores de la fama (1988), El coraje de vivir (1990) y La mirada del adiós (2008).

No tengo un peso y me llamo Silva, la novela ganadora, explora la tragegia de los Silva: Clemente Silva, José Asunción Silva y Rodrigo Silva, el músico. Dice el boletín de prensa y el acta del jurado que se trata de una historia de amor en medio de la guerra de hoy, pero con una visión indirecta y sugerente. Es el mundo de los herederos del canal de Panamá, la saga de los Silva y sus catástrofes, las herencias millonarias como utopía, las paradojas de la condición humana, Gauguin cavando en medio de la noche, la mujer del grito buscando al hombre perdido en el remordimiento de haberlo destruído. La novela muestra oficio narrativo, cuidado en la estructura y creación de una atmósfera interesante cuyo tema sugiere una novela que se mece entre la aventura y lo romántico a través de la novela negra y el folletín. La obra dosifica la anécdota, mantiene el nivel poético y el buen ritmo narrativo, al tiempo que se pasea por los horrores de la guerra, la soledad de los personajes, la ilusión y la nostalgia, la búsqueda incesante de las realizaciones y los sueños y se constituye en una radiografía intensa de lo amoroso. Su lenguaje literario es fruto de una elaboración cuidadosa y profesional. Son auténticas las referencias culturales. El recorrido por el país real e intelectual deja la impresión de encontrarnos frente a un libro vigoroso y agradable, de lectura vertiginosa, con un ritmo narrativo desbordante y cadencioso.

El jurado estuvo conformado por los escritores Luz Mery Giraldo, Carlos Orlando Pardo y Cristo Rafael Figueroa. Es la XXVI versión del concurso, que, a pesar del silencio de la prensa colombiana, le ha dejado al país novelas de gran calidad.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Dos poemas de Luisa Fernanda Trujillo

Costumbre

no duelen las heridas
no duelen las muertes
no duelen
el abandono
ni los desamores

tampoco duelen los despidos
ni los desplazados
ni los despojos
ni los desalojos

lo que duele es la costumbre

hacer llevadera el hambre
hasta volverla amiga
caminar a ciegas
andar entre penumbras
la falta de césped

El gris


Partida

sólo por ver renacer su mirada al toque de mis labios
beso sus ojos y devuelvo a ellos la humedad perdida

sólo por atrapar la esperanza de vida escapada en su aliento
beso su boca sin descanso y hago de mis dientes
veletas que corten el viento a sus palabras

sólo porque su cuerpo no aguanta mas heridas
lo recorro con las manos lo resguardo de rasguños
mientras mi piel lo arropa

sólo por sentir que soy tierra en la que él se siembra
me entrego y me derramo entera

sólo por ver su mirada alineada con la vida
al momento de partir
guardo en mis entrañas como ungüento
su simiente

Luisa Fernanda Trujillo, bogotana, comunicadora social de la Universidad Externado de Colombia hace un par de décadas, acaba de publicar su primer libro de poemas, De soslayo, prendada, con presentación de Juan Manuel Roca, y fotografía de la portada de Fernando Cruz. Ella había estados en los talleres de poesía de la Casa Silva y de la Universidad Central. Pero, antes, ella ya era poeta. Nosotros apenas somos sus lectores prinvilegiados. Es un bello libro.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Escribir en los viajes

Le digo a Marco Tulio Aguilera Garramuño, allá en Xalapa, que los hoteles, los hostales, los campings y los sitios del mundo donde uno guarda cama para pasar la noche cuando viaja, no están pensados para escribir ahora que existen estos aparatitos (aparaticos, decimos nosotros los colombianos) que, en ambos géneros, llaman procesadores o computadores o computadoras o portátiles o cualquier palabra en inglés. Y eso me ha pasado en este viaje a Chile, a pesar de tener internet en todas partes. En el desierto de Atacama, es decir, en San Pedro de Atacama, tienen muchos lugares el wi-fi, pero no tiene uno luz, ni mesa, ni sallas adecuadas para escribir las notas que con el tiempo pueden ser la novela o el libro de crònicas.

Salvo en este Hotel Wilder, a la entrada de Puerto Varas, viniendo de Puerto Montt, a orillas del Lago Llanquihue, frente al volcán nevado Osorno, donde las casas de madera responden a la lógica de Goethe y los alemanes que sobrevivieron a los fríos vientos de la Patagonia y los Andes americanos.

Dos sucesos me han llamado la atención en la prensa local:

Uno, los largos funerales en Santiago de Chile del cantautor Víctor Jara, muerto en la dictadura del 73. Es decir, 36 años después.
Y dos, la aparición de la biografía de José Donoso, Correr el tupido velo, escrita por su hija Pilar, a pedido de su padre. El Mercurio cuenta que se trata de un documento final y definitivo sobre la contradictoria vida del gran novelista y cuentista, antecesor de Skármeta y Bolaño. Hay que leerlo, porque Donoso fue Donoso, así ahora se trate de ocultarlo con los jòvenes bolañistas. Y ojo porque así como hubo donositos, ahora veo bolañitos por todas partes.

(En la foto, el Paseo Huérfanos, concurrida y larga calle peatonal del centro de Santiago, entre tantas otras, que dejan caminar al transeunte desprevenido).