sábado, 28 de febrero de 2009

Cuento breve ijca


Había dos indiecitos, hombre y mujer, que eran muy pobres y le hacían el trabajo a los demás indios. Esos indiecitos fueron guardando en un calabazo pedacitos de comida, de todo lo que comían los demás hombres. Esa comida se pudrió y de ahí nació una cucaracha. De esa cucaracha nacieron muchas cucarachas más y andaban por todas partes. Había tantas que los indios resolvieron matarlas y mataron todas menos una que se escondió en un agujerito. Entonces vino Mama Seukún y dijo que no la mataran, que esas cucarachas eran muy raras y formó una mujer de la cucaracha que quedaba. Esa mujer tuvo muchos hijos, que son los civilizados, que se regaron por todas partes como las cucarachas.

[Tomado de Antología del cuento corto colombiano, de Guillermo Bustamante y Harold Kremer, Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2007].

viernes, 27 de febrero de 2009

Bases del Premio Casa de las Américas 2010

La convocatoria al Premio Casa 2010 estará abierta hasta el 31 de octubre del 2009

La Casa de las Américas convoca para el año 2010 a la LI edición de su Premio Literario.
En esta ocasión podrán concursar obras inéditas en los géneros de poesía y teatro.
Podrán concursar también autores de Brasil con libros de no ficción escritos en portugués y publicados en esa lengua durante el bienio 2008-2009, así como escritores del Caribe de expresión inglesa con una obra publicada en esa lengua o en creole durante el período 2006-2009.

PREMIO EXTRAORDINARIO BICENTENARIO DE LA EMANCIPACIÓN HISPANOAMERICANA

Al cumplirse doscientos años del inicio de las guerras de independencia en la América hispana, la Casa de las Américas convoca a un Premio Extraordinario de ensayo sobre la repercusión de tan significativo acontecimiento. Las obras concursantes se someterán a las bases generales del Premio.


BASES
1. Podrán enviarse obras inéditas en español en los géneros de poesía y teatro. Se considerarán inéditas aun aquellas obras que hayan sido impresas en no más de la mitad.

2. Podrán participar autores latinoamericanos, naturales o naturalizados.

3. Los autores deberán enviar tres ejemplares mecanografiados, a dos espacios y foliados. Las obras no excederán de 500 páginas.

4. Ningún autor podrá enviar más de un libro por género, ni participar con una obra en proceso de impresión, aunque esté inédita, o que haya obtenido algún premio nacional o internacional u opte por él mientras no se haya dado el fallo del Premio Casa de las Américas. Tampoco podrá participar en un género en el que hubiera obtenido ya este Premio, en alguno de los cinco años anteriores.

5. Se otorgará un premio único e indivisible por cada género o categoría, que consistirá en 3000 dólares o su equivalente en la moneda nacional que corresponda, y la publicación de la obra por la Casa de las Américas. Se otorgarán menciones si el jurado las estima necesarias, sin que ello implique retribución ni compromiso editorial por parte de la Casa de las Américas.

6. Las obras serán firmadas por sus autores, quienes especificarán en qué género desean participar. Es admisible el seudónimo literario, pero en este caso será indispensable que lo acompañe de su identificación. Los autores enviarán sus respectivas fichas biobibliográficas.

7. La Casa de las Américas se reserva el derecho de publicación de la que será considerada primera edición de las obras premiadas, hasta un máximo de 10 000 ejemplares, aunque se trate de una coedición o de reimpresiones coeditadas. Tal derecho incluye no sólo evidentes aspectos económicos sino todas las características gráficas y otras de la mencionada primera edición.

8. Las obras deberán ser remitidas a la Casa de las Américas (3ra y G, El Vedado, La Habana 10400, Cuba), o a cualquiera de las embajadas de Cuba, antes del 31 de octubre del año 2009.

9. Los jurados se reunirán en La Habana en enero del año 2010.

10. La Casa de las Américas no devolverá los originales concursantes.

11. El incumplimiento de alguna de estas bases conduciría a la invalidación del Premio otorgado.

La Casa de las Américas anuncia que una vez más entregará tres premios de carácter honorífico. Dichos premios (José Lezama Lima, de poesía; José María Arguedas, de narrativa, y Ezequiel Martínez Estrada, de ensayo) se otorgarán a obras relevantes escritas por un autor de nuestra América, cuya primera edición en español sea de los años 2007 o 2008. En el caso de los libros de ensayo se tendrán en cuenta también aquéllos sobre tema latinoamericano y caribeño, publicados asimismo en español, sea cual fuere la nacionalidad de sus autores. Las obras concursantes, en lugar de ser enviadas por los autores, serán nominadas exclusivamente por un Comité creado al efecto.

jueves, 26 de febrero de 2009

La biblioteca sin alcalde

He conocido ciudadades y pueblos en Colombia donde al alcalde no lo ronda la biblioteca, ni a la biblioteca nunca entra el alcalde. Dos cosas diferentes, con una misma consecuencia: el inmenso atraso cultural ciudadano.
En una oficina de la Biblioteca Nacional tienen la contabilidad de los municipios donde, en Colombia, funciona una biblioteca pública municipal. Casi todos. Pero cuando usted llega al pueblo y pregunta por ella, nadie la conoce, está cerrada, en inventarios, en vacaciones, o en reparación. El Ministerio de Educación le ofrece a los municipios unos fondos editoriales, casi siempre muy bien seleccionados y, a cambio de ellos, se les exige a los alcaldes la adecuación de una sala funcional y un encargado de su manejo. Ahí es cuando la mayor parte de ellos se rajan. Al alcalde y al concejo no les interesan las bibliotecas porque, además, poseen una imagen errada de ella. Ven siempre unos libros apolillados, cuatro mesas viejas y a unos niños gritones haciendo tareas. No ven ningún rédito político, ni económico, ni social. Y pensada así la biblioteca, nunca será algo prioritario en el presupuesto municipal.
Pero si, en cambio, él supiera lo que constituye hoy una biblioteca moderna, no sólo la apoyaría, sino que viviría dentro de la biblioteca leyendo, compartiendo con niños, jóvenes y viejos e, incluso, allí realizaría las reuniones propias de su acontecer político-administrativo. Porque la biblioteca, en los países desarrollados, dejó de ser un armatoste viejo y pasó a ser un centro social, político y cultural por excelencia. Lo han demostrado las bibliotecas de Bogotá (mayores, locales, de barrio), las que hoy constituyen la BibloRed, que poco a poco se han aproximado –con el ejemplo de la Luis Angel Arango de Bogotá- a las mejores bibliotecas del mundo. El alcalde de la ciudad, del pueblo, de la localidad, así llega entender que en su presupuesto se debe priviligiar el centro coyuntural que dinamiza el conocimiento científico y artístico y sus redes, que mueve la cultura social y que así incide en la solución de los problemas de la comunidad (las cuatro grandes bibliotecas satélites de Bogotá transformaron su entorno social).
Como me cuenta la funcionaria de la Bibliioteca de Broward, la escritora colombiana Freda Mosquera, su biblioteca cumple con esas y otras funciones: primero, es un inmenso centro de información y la más democrática de todas: de manera gratis allí se tiene acceso a libros, revistas, CDs, DVDs, música, películas, videos, con préstamos domiciliarios, préstamos interbibliotecarios; segundo, la biblioteca es un múltiple centro cultural: se dan conferencias, lecturas, simposios, se realizan exposiciones de arte, audiciones de música; y, tercero, la biblioteca presta un servicio comunitario a los más necesitados, allí tienen acceso al internet quienes no lo poseen en casa, se dictan clases, se procesan solicitudes ante entidades del Estado, se pagan impuestos, se cuidan los niños, hay servicio de restaurante y hasta existe un museo del libro.
Pero mientras no suceda eso, tendremos unas bibliotecas sin alcalde, que es como tener alcaldes sin biblioteca. Y el país, sobre todo en su provincia, más atrasado que nunca.
[Esta columna se publica, a la vez, en el diario colombiano El Periódico, Bogotá, 26 de febrero, 2009].

miércoles, 25 de febrero de 2009

Roberto Posada García-Peña (1955-2009)

El 13 de marzo de 1983 publiqué la última columna de “El correo de los chasquis” en el Magazín Dominical del diario El Espectador (Bogotá), columna que por invitación de su director, Miguel Garzón, había escrito durante cuatro años largos. Cuando Carlos Duque y Guillermo González cambiaron el formato y el estilo del Magazín, todos los columnistas salimos. Entonces, fue cuando conocí a Roberto Posada García-Peña, en ese momento ya director de “Lecturas Dominicales” de El Tiempo. Él, por sugerencia de la escritora María Mercedes Carranza -ambos conocedores de la popularidad de mi columna huérfana-, me invitó a continuarla, con otro nombre (le puse “El Arca de Papel” y terminó siendo “Arca”), en sus “Lecturas Dominicales”. Y allí, quién lo creyera, permanecí hasta febrero de 2002, sin fallar un domingo. Bajo la dirección de Roberto y la coordinación de Jorge Restrepo.
Ahora, Roberto Posada García-Peña, a los 54 años, con muchas cosas por hacer todavía, amando como nunca el periodismo de opinión, ha muerto a causa de una afección cerebral y luego de escapar, hace unos años, a una casi fatal diverticulitis. Su deceso ocurrió el 23 de febrero y sus honras fúnebres serán hoy 25, en la Capilla del Gimnasio Moderno.
Recuerdo su franqueza, su voluntad por continuar la vocación literaria de su abuelo, don Roberto García Peña, su transparencia para tratar los temas políticos, así muchos de sus lectores no los compartiéramos. Siempre escribió lo que pensó, muy al contrario de los políticos que defendía. Su franqueza llegaba hasta la ingenuidad. Pero no mentía. Amigo leal de los presidentes de la república, como él mismo lo decía, siempre esperó un poco más de justicia con el país que siempre quiso en paz y que se va sin lograrlo, ni siquiera con la Seguridad Democrática. También, su dirección de la revista Credencial será recordada porque el repaso de la historia de Colombia fue una de sus banderas pedagógicas, con visión liberal. Paz en su tumba. Y gracias, de corazón, Roberto, por tu invitación del 83.

domingo, 22 de febrero de 2009

Un poema de Antonio Machado

El crimen fue en Granada

I
El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni dios te salva!
Muerto cayó Federico

-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
… Que fue en Granada el crimen
sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…

II
El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
-Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque –yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
“Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”

III

Se le vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!


Antonio Machado nació en Sevilla el 26 de julio de 1875 y murió, al sur de Francia, el 22 de febrero de 1939, hoy domingo, hace, exactamente, 70 años, por lo cual recuerdo uno de sus poemas más citados, aún más cuando la justicia en España ha vuelto por Federico García Lorca y las muertes que ocasionó la guerra de Franco contra la República. Machado es un poeta sereno y muy sensible. “Yo voy soñando caminos/ de la tarde”, dice en uno de sus libros grandes, Soledades; “Vosotras, las familiares,/ inevitables golosas,/ vosotras, moscas vulgares/ me evocáis todas las cosas”, dice, a pesar del modernismo que le toca, en otro poema cantado por Serrat. Y mil versos más (“Anoche cuando dormía/ soñé ¡bendita ilusión!”) que sonarán por estos días.

sábado, 21 de febrero de 2009

Un cuento de Juan José Arreola


El sapo

Salta de vez en cuando, sólo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón.
Prensado en un bloque de lodo frío, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisálida. Se despierta en primavera, consciente de que ninguna metamorfosis se ha operado en él. Es más sapo que nunca, en su profunda desecación. Aguarda en silencio las primeras lluvias.
Y un buen día surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazón tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo.


Juan José Arreola (l918-2001) nos acompañó en una inolvidable sesión del Taller de Escritores de la Universidad Central, el 3 de diciembre de 1983. En un famoso prólogo escribió: “Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años”. De ahí en adelante ironiza, suelta el grito y la carcajada, habla –como hablaba- como un actor de teatro. “Procedo en línea recta de dos antiquísimos linajes: soy herrero por parte de madre y carpintero a título paterno. De allí mi pasión artesanal por el lenguaje”. “Nací el año de 1918, en el estrago de la gripa española, día de San Mateo Evangelista y Santa Ifigenia Virgen, entre pollos, puercos, chivos, guajalotes, vacas, burros y caballos”.
El cuento que publico, "El sapo", lo tomo de la antología Cuentos que le hiciera Casa de las Américas, La Habana, en 1959, de 10.000 ejemplares, donde incluyeron cuentos de sus libros Prosodia, Bestiario, Confabulario y Varia invención.

viernes, 20 de febrero de 2009

La Vorágine de Sylvia Patiño Spitzer


No conozco una edición de La Vorágine como esta de Sylvia Patiño Spitzer. Formato grande, de tapas duras, con sobrecubierta, a todo color. Y mil fotografías de las escenografías de la novela de Rivera. Digo “mil” a manera de metáfora, porque no se sabe cuántas son. En cada página, de las casi 300 de la novela, van una, media o varias fotos, porque son composiciones fotográficas, donde se amplían, se funden, o se sacan detalles. Es un juego y un fuego de fotografías de los llanos, las selvas y los ríos orientales, por donde se supone van trasegando los personajes de José Eustasio Rivera. Cuando Sylvia, como fotógrafa embrujada por el efecto de la novela, recorrió esos parajes, no siguió una ruta definida, sino que, como dice ella, adoptó como sistema y camino el vuelo de la mariposa. Claro, se necesita saber como vuelan las mariposas, que pican aquí y luego allá, revolotean y saltan en todas las direcciones.
El libro tiene un par de arcos iris con los que abre y cierra el libro. Y no pareciera que la novela estuviera allí, porque las fotos son imponentes y absorven el texto. Y la selva se torna cierta, de nuevo. Las cicatrices de los árboles o los ojos de los indígenas se cruzan con nuestras miradas. La vorágine de la fotógrafa en el oriente colombiano se revive en cada página, y Rivera debe estar emocionado, ahora que ha cumplido sus 121 años de nacido, con este homenaje que la fotógrafa valluna le ha ofrecido. Y que nos ha recordado el nombre de otros fotógrafos y cronistas que dejaron sus vidas en las selvas amazónicas tratando de denunciar los atropellos a los derechos humanos que por entonces, al comienzo del siglo XX, ya eran tan frecuentes como soslayados por la justicia de fronteras.

jueves, 19 de febrero de 2009

José Eustasio Rivera, 121 años


Hoy, 19 de febrero, hace 121 años, nació José Eustasio Rivera, no se sabe, con exactitud, en dónde. Aunque Neiva y San Mateo (el actual municipio de Rivera, a 15 kilómetros de Neiva), pelean por ser su patria chica, parece ser que su nacimiento se produjo cuando Catalina Salas, la esposa de Eustacio Rivera, viajaba a caballo entre las dos poblaciones. Nació viajando, como sería su errante vida. Nunca descansó Rivera. A pie, a caballo, en coche o tren, en canoas, lanchas, vapores y barcos, siempre se mantuvo activo en sus cortos 40 años que alcanzó a vivir. Los mismos 40 años que utilizó otro de los grandes escritores del mundo que celebramos por estos días, Edgar Allan Poe. Sólo que mientras el uno le cantaba al cuervo y originaba estilos y formas de contar, el otro se enterraba en los ríos, llanos y selvas orientales para asumir sus vorágines y pesadillas y escribirlas como si se hubiera bebido una pócima infinita de yagé. Pero Rivera sólo sabía trabajar y tratar de entender a su país, era abstemio, sufría de una eterna cefalea, y corría por las oficinas tratando de convencer a los educadores, a los políticos, a los diplomáticos, a los periodistas, a los comerciantes, a los campesinos, de que Colombia se desangraba por sus inmensos ríos orientales –todos olvidaron que eran navegables y que podían ser los mejores medios para el transporte de carga- y por sus fronteras tan ricas como empobrecidas por el abandono y la corrupción. Así lo pensó hasta el último momento cuando llegó a Nueva York en 1928 a publicar la edición definitiva de su legendaria novela La Vorágine (foto de la portada de la bella edición de la fotógrafa Sylvia Patiño, de la que hablaré mañana).
Como inspector escolar, como abogado litigante, como representante a la Cámara de Representantes, como miembro de la Comisión de Límites con Venezuela, como miembro de la comisión diplomática que hace un siglo viajó por nuestros países hermanos celebrando los primeros 100 años de la independencia, como secretario de la comisión que investigó los contratos petroleros con la Andian Petroleum Co., que se hacía pasar por canadiense, en fin, como periodista, ensayista, poeta, dramaturgo y novelista, Rivera siempre puso por encima de los intereses partidistas –siendo él de una familia de origen conservador- las necesidades nacionales y las metas que él llamó republicanas.
De ahí su vigencia. Y por eso, también, la necesidad de insistir en la divulgación de los valores que practicó Rivera en vida, de preservar su memoria construyendo una Casa Museo en la que fuera su casa paterna en San Mateo (el actual municipio de Rivera), de darle realidad en el Huila al decretado Año Riveriano, de no quedarnos en la sola lectura de La Vorágine, aunque ella sea, de por sí, el más grande alegato por la dignidad del hombre.


[Columna escrita para el diario El Periódico, Bogotá, 19 de febrero de 2009].

domingo, 15 de febrero de 2009

Un poema de Carlos Germán Belli


No salir jamás

¿Cuándo, cuándo de nuevo volveré,
en qué minuto, día, año o centuria,
al sacro rinconcillo de mi dueña,
paraje oculto para mí guardado,
y a merced de su excelsa carne allí
yacer adentro y no salir jamás?
A aquel lugar yo quiero retornar,
Hasta el punto central eternamente,
introducido en el secreto valle,
y en ella en cuerpo y alma así cuajado.
No quiero nada más sino volver
adonde fugazmente ayer estuve,
cruzar el umbral con seguro paso
y ahora para siempre allí quedarme,
no como dueño de un terrenal sitio,
mas por entero rey del universo.

Carlos Germán Belli nació en Lima, en 1927. En 1998, el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá le publicó una antología poética con el título de Trechos del itinerario (1958-1997), de donde tomo este poema (de su su libro Bajo el sol de la medianoche rojo, de 1990), donde se perfilan las notas características de su poesía: un poco de humor, otro de ironía, un dominio de las formas poéticas españolas del siglo de oro renovadas, un mundo cotidiano –si se piensa en la poética colombiana- cercano al de nuestro Tuerto López o al de Luis Vidales, con un refinamiento verbal que no ha abandonado nunca. Carlos Germán Belli, el fino, el chocarrón, acaba de ganar el Premio Especial José Lezama Lima de Poesía, que otorga Casa de las Américas, de La Habana, con su libro El alternado paso de los hados.

sábado, 14 de febrero de 2009

Un cuento de Luis Vidales

El muerto

Tomó el diario. Leyó: "El señor N. N. descansó en la paz del Señor". Se tomó el pulso. Nada. Se palpó el pecho. Estaba frío. Sintió una absoluta indiferencia. Tiró el diario y volvió a meterse en la cama, más, pero muchísimo más indiferente que nunca.

El poeta Luis Vidales (Calarcá, 1900-Bogotá, 1990), autor del legendario libro Suenan timbres (1926), es el pionero del cuento de minificción en Colombia.

viernes, 13 de febrero de 2009

Premios Casa de las Américas 2009

Cada año, por esta fecha, se falla el Premio Casa de las Américas, uno de los concursos literarios más serios del continente y que más autores y obras ha expuesto ante los lectores del mundo. Estos son los ganadores dados a conocer ayer en la sede de Casa de las Américas, con un hecho curioso, pero nada sorpresivo: los argentinos se van adelante.
Ganador en novela: El exilio voluntario, Claudio Ferrufino-Coqueugniot (Bolivia). Menciones: Lo que no fue, de Enrique Ferrari (Argentina), La reemplazante, Fernanda García Curten (Argentina).
Ganador en literatura testimonial: Mañana es lejos (memorias verdes de los años rabiosos), Eduardo Rosenzvaig (Argentina). Mención: Hay que saberse alguna poesía de memoria. Testimonios de una mujer argentina, de Patricia Miriam Borensztejn (Argentina).
Ganador en literatura para niños y jóvenes: La prometida del señor de la montaña o La doncella del Huillallaco, de Yoli Fidanza (Argentina). Primera mención: El laberinto de las pesadillas, de Ricardo Chávez Castañeda (México).
Menciones: Sala de profesores, de Carla Dulfano (Argentina), El mar de la selva, de Rodolfo Dada (Costa Rica).
LITERATURA BRASILEÑA
Réquiem, de Lêdo Ivo: "Poemario que hace un recorrido por el mundo de las pérdidas del poeta, en un ambiente ampliado hasta el punto de identificación posible con el dolor general. Su autor –uno de los más destacados de la lírica brasileña- ofrece al lector una musicalidad intensa y original, con fuerza bautismal de lugares simples y silenciosos. Y desde el resplandor del silencio alcanza un ritmo poético que resulta un canto esencial a la vida".
Menciones: O livro dos nomes (novela), de Maria Esther Maciel; A muralha de Adriano (novela), de Menalton Braff.
PREMIO EXTRAORDINARIO DE ESTUDIOS SOBRE LOS LATINOS EN LOS ESTADOS UNIDOS
Bugalú y otros guisos: ensayos sobre culturas latinas en Estados Unidos, de Juan Flores (Puerto Rico).
PREMIOS ESPECIALES
Los tres Premios Especiales, que se conceden desde el año 2000, recayeron en los siguientes libros y autores:
PREMIO DE POESÍA JOSÉ LEZAMA LIMA:
El alternado paso de los hados, del maestro Carlos Germán Belli (Perú, Lima 1927). "Este poeta peruano ha desarrollado una amplia labor docente y en el periodismo cultural. Ha participado del Programa de Escritores de la Universidad de Iowa y en dos ocasiones ha recibido la beca Guggenheim. Es miembro de la Academia Peruana de la Lengua y su obra ha sido traducida al italiano, francés, griego, portugués e inglés. En el año 2006 obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Entre sus libros más recientes se encuentran: ¡Salve, Spes! (2000), En las hospitalarias estrofas (2001), La miscelánea íntima (2003) y En el coto de la mente (2006)".
PREMIO DE NARRATIVA JOSÉ MARÍA ARGUEDAS:
La ceiba de la memoria, de Roberto Burgos Cantor (Colombia, Cartagena, 1948). "Narrador, inició su carrera literaria publicando cuentos en revistas y periódicos de su país como Vanguardia, la página cultural de El Siglo, y Letras Nacionales. Estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional de Colombia, profesión que ha ejercido regularmente. Es autor, entre otros, de los libros: Lo amador (cuentos, 1980); El patio de los vientos perdidos (1984); De gozos y desvelos (1987), El vuelo de la paloma (1992), Juegos de niños (1999) y Señas particulares: testimonio de una vocación literaria (2001)".
PREMIO DE ENSAYO EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA:
Globalización e identidades nacionales y postnacionales… ¿de qué estamos hablando?, de Grínor Rojo (Chile , 1941). "Ensayista chileno, se especializa en el estudio y la enseñanza de la literatura, la cultura y el teatro de la América Latina. Por su labor investigativa ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre los que destaca el Premio Ateneo de Santiago, en 1998, por su libro Dirán que está en la Gloria... (Mistral) (1997). Ha sido profesor en varias universidades extranjeras y desde 1995 es profesor titular de la Universidad de Chile, donde también dirige el Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Entre sus libros más recientes se encuentran: Diez tesis sobre la crítica (2001) y Las armas de las letras. Ensayos neoarielistas (2008). Tiene en proceso editorial los libros Borgeana, Clásicos latinoamericanos: para una relectura del canon, De las más altas cumbres. Teoría crítica latinoamericana moderna (1976-2006) y Discrepancias chilenas".

jueves, 12 de febrero de 2009

¿Y por qué no publican los cuentos?

A propósito del concurso de cuentos de RCN-Ministerio de Educación Nacional y otros, donde se hizo una inversión tan grande, oficial y privada, la pregunta obvia es, ¿y por qué la prensa no publica los cuentos ganadores?
Son 30 cuentos ganadores. ¿Por qué no escoger uno de cada categoría y publicarlos un domingo, como separata o como parte de la responsabilidad del medio escrito? Como mínimo, deberían publicarse uno o tres cuentos de la categoría superior, la universitaria, porque eso nos serviría para evaluar el concurso y para saber qué están escribiendo los jóvenes que llegaron a la educación superior.
La prensa escrita de otros países lo hace. En Colombia, nuestros periódicos, digo, sus directores, decidieron un día que la literatura de creación ya no atraía al lector, que los cuentos y los poemas no venden, o que ya no vale la pena publicarlos. Y los escritores, jóvenes y viejos, se acomodaron dócilmente a esa determianción. Tal vez, fui el último en hacerle las antologías de cuentos ganadores cada año en Colombia a Jorge Restrepo en El Tiempo, para que "Lecturas Dominicales" los publicara en un solo paquete. Tenía uno que esperarse un año para leer los cuentos ganadores, pero, bueno, se leían como regalo de Navidad. Y la gente los coleccionaba. Pero, de pronto, en los años noventas, un día llegó la orden de no hacerlo. Y perdimos todos, sobre todos los lectores y la cultura del país. Ese impulso que los periódicos le dieron al Nobel García Márquez, o a los distintos movimientos literarios colombianos del siglo XX, hasta la década del 70 -que nacieron de los suplementos dominicales-, que no tenía intereses económicos -como sucede hoy con las editoriales-, al desaparecer, nos ha sumergido en un limbo tenebroso y peligroso.
Por eso, digo que, aunque los cuentos se publicarán en formato de libro, nunca alcanzarán a tener la dimensión de la publicación en un medio periodístico impreso. Como se sigue haciendo en otros países.

martes, 10 de febrero de 2009

II Concurso Nacional de Cuento RCN-MEN


No se por dónde comenzó la idea, pero a estas alturas el Concurso Nacional de Cuento para muchcachos de primaria, secundaria y superior, que patrocinan RCN y el Ministerio de Educación, va tomando rumbos serios. Todo lo hacen por correo electrónico, con lo cual abarcan mucho más y, también, mucho menos, es decir, facilitan el envío –ahora que nos quedamos sin correos nacionales-, pero se estrellan con la otra realidad: no todo el mundo en provincia tiene un computador. Lo otro: ¿cómo medir la calidad literaria en un niño de 9 años? Existe una creatividad, sí, pero una literatura a ese nivel no existe. Eso, por lo menos, es lo que creemos muchos. En el segundo y tercer grupo, la cosa cambia. Y si los talleres pre-concurso prosperan, los resultados, a unos años escasos, pueden ser visibles. Por eso, me parece una apuesta significativa el que ustedes anoten los nombres de los 30 ganadores de las tres categorías del pasado segundo concurso, fallado en Cartagena (foto, con todos los ganadores) hace una semana, luego de pasar por un jurado nacional integrado por los escritores Irene Vasco, Pilar Lozano, Triunfo Arciniegas y Antonio Arciniegas, y por otro internacional, Cristina Fernández, Jordi Sierra i Fabra, Carmen Boullosa, Ricardo Silva y Roberto Rubiano.
Entonces, ojo con estos nombres, dentro de cinco años veremos qué están haciendo:
Ganadores del primer nivel (hasta 7o. grado):
Daniela Ramirez Enriquez, Kathia Lorena Enriquez Ponce, Kelly Johanna Garcia Moreno, Nicolth Dayanna Miranda Perez, Alvaro Andrey Oliveros Garcia, Gissel Mejia Mendoza, Sara Carolina Orozco Valiente, Ana Paula García García, Marco Julio Grosso Romero (sobrino de la escritora barranquillera Freda Mosquera), Raul Andres Vergara Arias.
Ganadores del segundo nivel (8o. a 11o. grado):
Juan Felipe Manjarres Mur, Mario Alejandro Enriquez Ponce, Jenny Paola Marín Salazar, Laura Lucía Moreno Álvarez, Lina Alejandra Uribe Henao, Nelsy Andrea Fernández Pacheco, Nicolás Alvarado Orejarena, Cenuver Giraldo Pinto, María Daniela Romero López, Yenny Marcela Martínez Davalos.
Ganadores del tercer nivel, universitarios (Bogotá casi queda por fuera, si no es por el Sena):
Juan Felipe Gómez Cortés, Javier Enrique Vallejo Chamorro, Ronald Perez Perea, Elaine Mendoza Ortega, Alejandro Mejia, Jhonattan Campo Balcázar, Natalia Sophia Castro Triviño, Fabián Mauricio Martínez González, Juan Felipe Ospina Villada, Isabel Cristina Velásquez Giraldo.
Los organizadores publicarán los resultados, es decir, los cuentos, en libros antologícos, según nos contó la escritora y periodista Claudia Arroyave, coordinadora del concurso, que en esta ocasión estuvo dedicado a Tomás Carrasquilla, como el anterior a García Márquez, y el próximo a Germán Espinosa.

lunes, 9 de febrero de 2009

Viaje a Rodrigues, de Le Clézio


Es un corto e intenso viaje de 125 páginas. Se considera la continuación, o el otro final, de otra novela suya, de mayor extensión, El buscador de oro. En Viaje a Rodrigues (Bogotá, Editorial Norma, 2008), el nieto –que nunca conoció al abuelo- va a la búsqueda de los rastros de sus antepasados y, en especial, de la historia que recorrió su abuelo, sobre todo de los últimos años cuando, expulsado de la finca Eureka, fundada en el siglo XIX por los otros abuelos, se fue para la Ensenada de los Ingleses y se dedicó a investigar en dónde estaría el tesoro que los bucaneros habrían abandonado ahí. Con los planos y mapas, “papeles sin valor”, como lo dijo la tía en venganza (p. 107), el nieto recorre, muchos años después, el valle del río Roseaux, busca la quebrada y los tamarindos y las piedras que lo orientan en la búsqueda, ya no del tesoro que buscó el abuelo, sino de los pasos que dio por esos roquedales.
La expulsión, dice la novela, y el exilio, nos llevan a la búsqueda de otro sueño, de un tesoro que, al buscarlo, nunca se encuentra. Y volver a la finca, a la casa primigenia, donde se fundaron todos los linajes, alivia un poco, aunque, finalmente,se convierte en otro reto imposible. Rodrigues es la isla donde el abuelo vivió y absolvió sus sueños, sin nunca realizarlos, porque la realidad se fue por otro lado. Ahora, el nieto pasa y posa su mirada en el paisaje eterno, en las aves que nunca mueren –porque siempre, desde hace miles de años, pasan a la misma hora de regreso- y en las rocas y piedras que el abuelo marcó para su búsqueda del tesoro. El nieto, un hombre maduro, piensa que ha sido reencarnado por una sombra que recorre la isla. Y que revividos los pasos de su abuelo y de sus antepasados, ya ha cancelado su cuenta, aunque el tesoro, como el mundo, se haya perdido.
[La isla Rodrigues hace parte del archipiélago de las Mascareñas, en el sudoeste del Océano Índico, junto a la isla Mauricio. El navegante Diego Rodríguez la descubrió en 1528, y los franceses tomaron posesión de ella en 1638. En la década del 80, J. M. G. Le Clézio (1940), Premio Nobel de Literatura 2008, vivió en esas islas].

domingo, 8 de febrero de 2009

Un poema de Seamus Heaney

Alucinando

III

Érase una vez mi padre sin ahogarse
Entrando a nuestro patio. Había ido a fumigar
Las patatas que sembró al pie del río,
Negándose a llevarme. El fumigador
Era grande, una maquinaria nueva, y la cal
Podría quemar mis ojos. El caballo era brioso, y yo
De pronto lo asustaba. Cosas así. Pasé el día
Tirando piedras a un pájaro en el techo, más
Por el gusto de escuchar los golpes contra las tejas que
Otra cosa. Pero cuando él regresó, estaba en casa
Y lo vi por la ventana, con su vista desviada,
Su aire de vencido, extraño sin sombrero.
Su paso era incierto, estaba próximo a ser fantasma.
Al voltearse junto al río el caballo
Resbaló, alzó las patas nervioso y el carro,
Con todo y rociador, se puso a tambalear
De modo que el aparejo entero se cayó
Al remolino –cascos y cadenas, ruedas y varales,
Aperos y barril-, todo rodaba por el munsdo
Y el sombrero se lo llevó alegre la corriente
Hasta un remanso. Aquella tarde
Lo vi cara a cara. Llegó adonde yo estaba
Con sus huellas úmedas del río,
Y no existía nada entre él y yo entonces
Que nos impidiera ser felices para siempre.

Seamus Heaney nació el 13 de abril de 1939, en la granja de sus padres, Mossbaum, a 45 kilómetros de Belfast, Irlanda del Norte. En 1974, se radicó en Dublín. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1995; Yeats y Beckett, irlandeses, lo habían recibido antes. Profesor universitario, ha publicado varios libros de poesía, entre ellos Norte (1975), de gran influencia en su momento, al cual pertenece el poema que publico hoy domingo, tomado de la Antología (Bogotá, Editorial El Labrador, 1997), traducida por su compatriota, el escritor Joe Broderick, residente en Colombia desde hace muchos años.

sábado, 7 de febrero de 2009

Un cuento de Thomas Bailey Aldrich


Sola y su alma

Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.

Thomas Bailey Aldrich nació en New Hampshire, en 1836, y murió en Boston, en 1907. Escribió varias novelas, cuentos y poemas.
“Sola y su alma”, el cuento de hoy sábado, lo tomé de la Antología de la literatura fantástica, de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo (Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1994). Algunos consideran a este cuento como el más corto de la literatura universal, aunque alguna vez Ernest Heminway prometió escribir uno más corto.

jueves, 5 de febrero de 2009

Concurso Nacional Metropolitano de Cuento


La Universidad Metropolitana de Barranquilla tiene abierta la XXXI convocatoria de su tradicional concurso nacional de cuento hasta el 30 de julio de 2009.
El cuento inédito, uno solo, debe enviarse por triplicado, doble espacio, tamaño carta, con seudónimo, y en sobre aparte adjunto y sellado, marcado con el título del cuento y el seudónimo –dentro del sobre del cuento-, los datos completos del autor, con una pequeña bio-bibliografía, a la siguiente dirección: Concurso Nacional de Cuento, Universidad Metropolitana, Extensión Cultural, Apartado aéreo No. 50576, Barranquilla, A.
El fallo se entregará el 20 de septiembre del mismo año.
La versión anterior del concurso fue ganada por el escritor barranquillero Carlos Alberto Barraza, con el cuento “Perder el round en el último segundo”. Y, además, el jurado, integrado por Miguel Iriarte, Guillermo Tedio y Jesús Sáez de Ibarra, Vicerrector de la Universidad Metropolitana, otorgó una mención especial al cuento “Años de ofensa”, del poeta y narrador Juan Malaver, profesor de la Universidad Central de Bogotá (foto).

martes, 3 de febrero de 2009

Hay Festival de Cartagena


¿Qué cosa seria podría hacer usted con una comparsa de 50 escritores reunidos a la orilla del mar, en una ciudad que en veinticinco años se convirtió en un asentamiento de gentes tan pudientes que pudieron transformar los escombros fantasmales en majestuosas casonas mediterráneas? ¿Qué cosa podría hacer usted con tantos escritores reunidos a la vez, en solo cuatro días, sino un Festival o un Carnaval? Ahora, los vi desfilar por el escenario como en una pasarella. Son eventos rápidos, muy bien organizados, con luces y escenografías atractivas, donde se actúa para agradar al público. Domesticados al ritmo que pauta el marketing. Por eso se llama Hay Festival de Cartagena. Y los escritores invitados adquieren una pátina de estrellas rutilantes por un momento. En el Teatro Heredia, en el Clasutro de Santo Domingo, o en la Casa Mapfre, algunos aplauden, otros ríen y se divierten mucho, muchísimo (para eso son los festivales), y unos pocos -muy pocos, porque ya no se puede- protestan muy quedos. Otros escribimos notas de desencanto, como esta. Y lástima, porque todos ellos, sin excepción, son escritores serios: Luis Sepúlveda, Carlos Monsivais, Alberto Ruy Sánchez, Luis Fayad, Alan Pauls, Cristina Fernández Cubas, Jordi Sierra i Fabra, Roberto Rubiano, Carmen Boullosa, Jon Show, William Ospina, Isabel fonseca, Benjamin Zephaniah, Martin Caparrós (qué pasará con Martín), Evelio Rosero, Junot Díaz, Eduardo Lago, Alma Guillermoprieto, Marianne Ponsford, Laura Restrepo, Brian Nissen, Martin Amis (qué triste verlo domesticado), Juan Villoro, Salman Rushdie y tantos, tantos otros, que pasaron del 29 de enero al 1 de febrero unos días muy sabrosos en Cartagena de Indias sin saber en qué país andaban. Debo salvar un nombre, el de la cantante, una señora estrella, ella sí, figura central del Hay Festival, doña Sara Jane Morris, quien con su extraordinario guitarrista (olvido su nombre, desafortunadamente), nos dio un concierto de blues, jazz y otras canciones para recordar siempre. [Recomiendo leer la columna de Carolina Sanín, en El Espectador, 1 de febrero, 09, sobre el Hay Festival de Cartagena].

domingo, 1 de febrero de 2009

Un poema de Omar González Jiménez

Penitencias de Europa

a Norita, llamándola; a Murciano, escuchándome;
a Niemeyer, instinto.

Yo sufro a Europa como dos penitencias:
una de agua mientras muero de sed,
otra de aire que me seca la boca.
De la primera salgo cuando brota la hierba,
de la segunda escapo pero me quema el rostro.

Ni en Roma ni en Madrid amanece temprano;
los trenes se atropellan y su extravío me alcanza.
Cuando salgo a la calle se me olvida quién soy:
cargo sobre los hombros las ciudades posibles,
y la gente me pesa como un fardo de arroz.
Me aplasta el rascacielos, me atraviesa el museo.
Europa es tan antigua que su fervor me agota;
en cambio, su tristeza me convoca a estos versos.

En Estambul, la ternura me pareció un cordero;
mas en Ankara la piedra fue el hombre,
y a ese hombre, dormido, le regalé otra piedra.
Asia iba y venía, y en la fuente el neón.
El neón testarudo. Como un pozo en el cielo.
Ni Turquía se salva de ser copia del mundo.
Adiós Constantinopla. Bienvenido el autista.

A mitad del abismo, otro abismo me llama;
es el templo del frío, es el valle sin agua.
Granada está esperándome, y Sevilla tal vez.
Me queda la esperanza de encontrar tierra ignota,
pero todo ha cambiado y un radar me persigue,
y me asechan las cámaras, y en la foto sonrío.
He pasado a la historia. Quién no sabe mi nombre.

En este largo viaje una cama es un día,
una noche es el sueño. La pesadilla, siempre.

Qué diría Carlos V si volviera Boabdil,
y Colón qué diría si Isabel lo mirara;
aunque no lo desprecie, aunque nadie los vea.

Los cañones al viento y los barrios sin trigo,
y la vela y la torre, y un enano en las nubes.

Cómo me duele Europa, cómo me angustia España.

Penitencias sin gloria. Un calvario en los pies.
De las primeras salgo, pero nadie me escucha;
del segundo me escapo, pero quedo en la cruz.

Y tú, como la lluvia, esperándome siempre,
y yo, como el silencio, innombrable y sombrío.
Y mis hijos cruzando otro abismo en la noche.


Omar González Jiménez (Vueltas, Villa Clara, 1950), poeta, narrador y periodista cubano. En 1974 recibió Primera Mención en el concurso David, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por el libro Al encuentro (cuentos). En 1978, publicó su novela El propietario, y fue galardonado con el Premio Casa de las Américas por su obra Nosotros los felices, relatos. En 1981, publicó Nieve roja (foto de la carátula), cuentos y, en 1982, Secreto a voces (poesía), ambos por Ediciones UNIÓN. En el año 2000, la Editorial Libertarias publica en Madrid el poemario Intimidad del ciervo, con reedición en 2002 de Ediciones UNIÓN. Ha escrito ensayos acerca de la obra de Alejo Carpentier. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, ruso, húngaro y portugués. Fue jefe de redacción del mensuario El Caimán Barbudo, del Instituto Cubano del Libro, del Consejo Nacional de las Artes Plásticas y del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), organismo que encabeza en la actualidad. También fue Viceministro de Cultura. Desde 1998 viene publicando artículos referidos a las nuevas tecnologías, la globalización y su impacto en la sociedad contemporánea, al tiempo que ha impartido conferencias en numerosos eventos relacionados con este tema. Este poema es inédito y sirve para constatar que, a pesar de su actividad pública, Omar González sigue siendo un gran poeta.