domingo, 6 de diciembre de 2009

Escribir en los viajes

Le digo a Marco Tulio Aguilera Garramuño, allá en Xalapa, que los hoteles, los hostales, los campings y los sitios del mundo donde uno guarda cama para pasar la noche cuando viaja, no están pensados para escribir ahora que existen estos aparatitos (aparaticos, decimos nosotros los colombianos) que, en ambos géneros, llaman procesadores o computadores o computadoras o portátiles o cualquier palabra en inglés. Y eso me ha pasado en este viaje a Chile, a pesar de tener internet en todas partes. En el desierto de Atacama, es decir, en San Pedro de Atacama, tienen muchos lugares el wi-fi, pero no tiene uno luz, ni mesa, ni sallas adecuadas para escribir las notas que con el tiempo pueden ser la novela o el libro de crònicas.

Salvo en este Hotel Wilder, a la entrada de Puerto Varas, viniendo de Puerto Montt, a orillas del Lago Llanquihue, frente al volcán nevado Osorno, donde las casas de madera responden a la lógica de Goethe y los alemanes que sobrevivieron a los fríos vientos de la Patagonia y los Andes americanos.

Dos sucesos me han llamado la atención en la prensa local:

Uno, los largos funerales en Santiago de Chile del cantautor Víctor Jara, muerto en la dictadura del 73. Es decir, 36 años después.
Y dos, la aparición de la biografía de José Donoso, Correr el tupido velo, escrita por su hija Pilar, a pedido de su padre. El Mercurio cuenta que se trata de un documento final y definitivo sobre la contradictoria vida del gran novelista y cuentista, antecesor de Skármeta y Bolaño. Hay que leerlo, porque Donoso fue Donoso, así ahora se trate de ocultarlo con los jòvenes bolañistas. Y ojo porque así como hubo donositos, ahora veo bolañitos por todas partes.

(En la foto, el Paseo Huérfanos, concurrida y larga calle peatonal del centro de Santiago, entre tantas otras, que dejan caminar al transeunte desprevenido).

4 comentarios:

Marco Tulio Aguilera dijo...

Isaias
Comparti con Donoso 15 días en Bogotá durante el Concurso Jorge Isaacs de Novela en Bogotá y Cali. Era el viejo más simpático del mundo, que sobrellevaba la fama con alegría y tranquilidad. Bastante pizpireto, era marcado de cerca por su esposa, pero lograba zafarse de vez en cuando y hacer sus travesuras. Bolaño, ya lo he escrito varias veces, era un escritor engañapendejos. Su novela Los detectives salvajes, la cosa más aburrida del mundo.

Andrés Mauricio Muñoz dijo...

No estoy de acuerdo con lo que señala Marco Tulio en cuanto a Bolaño. La literatura de él tiene una forma diferente de aproximarse a los lectores, de abordar las historias; es decir que si uno trata de analizarla a la luz de estructuras literarias conocidas quizá lo vea complicado. Pero, en los Detectives Salvajes, oir la voz de cada uno de los personajes, contando el pedazo que les tocó de la historia, por tangencial que sea, me ha parecido una experiencia de lectura fascinante. No sólo por lo humanas que me resultan esas voces, sino porque cada una encierra justo lo que le corresponde, sin ningún tipo de excesos. Entonces yo creo, sin ningún tipo de temor, que me cuento entre los pendejos engañados por Bolaño.

Martha Méndez dijo...

No quiero refierirme a la discusión de si Donoso o Bolaño es mejor escritor.
Isaías: supongo que a falta de condiciones cómodas para escribir, aquella libreta de 10x8 en la que dejamos las notas de las impresiones que no queremos arriesgar a la administración de la memoria es una buena alternativa. Por lo demás, sus lectores esperamos ansiosos que nos comparta más de este viaje.

MARIO dijo...

A palabras necias, oídos sordos; a palabras escritas, ojos regodientos.
Maestro Isaías: No he podido encontrar en Bogotá " El compadre" ni " Todas las muertes", de Droguett. Imagino que pueden hacer parte de su equipaje de regreso; obviamente con cargo a mi cuenta. Mucho le agradeceré.
Abrasos y un viaje placentero.