sábado, 3 de octubre de 2009

Un minicuento de Jaime Echeverri


Humano, demasiado humano


La muchacha delgada toma el sol en la playa. Antes de venir a pasar sus vacaciones hizo una dieta estricta y logró bajar algunos kilos. A la orilla del mar hay cientos de muchachas como ella, que antes de venir hicieron lo mismo y ahora hacen exactamente lo mismo. Vinieron a que las miraran. Los hombres han hecho otro tanto. Antes de subirse al avión cumplieron una extenuante temporada de ejercicios para que sus cuerpos lucieran mejor. Todos desean ser mirados. Nadie quiere mirar. Y así hacen. Salen de los hoteles y las casas con su morral al hombro y vienen a tenderse en la arena a recibir el sol para levantarse luego a dar un paseo para que todos puedan admirar el prodigio de sus cuerpos. Pero nadie se atreve a mirar a nadie y, finalmente, la playa se cubre de fantasmas.
[Tomado del libro Versiones, perversiones y otras inversiones, de Jaime Echeverri, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2009].

1 comentario:

Martha Méndez dijo...

Como autistas, aveces hacemos lo mismo en la blogsfera.