sábado, 24 de octubre de 2009

Un minicuento de Gabriela Mistral

La dulzura

Por el niño dormido que llevo, mi paso se ha vuelto sigiloso. Y es religioso todo mi corazón desde que va en mí el misterio.
Mi voz es suave, como por una sordina de amor, y es que temo despertarlo.
Con mis ojos busco ahora en los rostros el dolor de las entrañas. Así los demás miren y comprendan el porqué de mi mejilla empalidecida.
Hurgo con miedo de ternura en las hierbas donde anidan las codornices. Y voy por el campo silenciosa, cautelosamente. Creo ahora que árboles y cosas tienen hijos dormidos sobre los que velan inclinados.

Tomado del libro Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves, edición de Clara Obligado, Madrid, Páginas de Espuma, 2001.

1 comentario:

psicoisapecat dijo...

Hacía años que no leía nada de Gabriela Mistra, y me ha dado una gran alegría el minicuento escogido, que por cieto, para los que tiene muy buen gusto al seleccionarlos.
Isabel