domingo, 10 de mayo de 2009

Unos poemas de José Emilio Pacheco



Rondó 1902

Calles de niebla y longitud de olvido
Tibia niebla en donde todo ha sido
verdor salobre y avidez impune
Hora de cobre que al partir reúne
calles de niebla y longitud de olvido
tibia tiniebla en donde todo ha sido
verdor salobre y avidez impune.



Caverna

Es verdad que los muertos tampoco duran
Ni siquiera la muerte permanece
Todo vuelve a ser polvo

Pero la cueva preservó su entierro

Aquí están alineados
cada uno con su ofrenda
los huesos dueños de una historia secreta
Aquí sabemos a qué sabe la muerte
Aquí sabemos lo que sabe la muerte
La piedra le dio vida a esta muerte
La piedra se hizo lava de muerte

Todo está muerto
En esta cueva ni siquiera vive la muerte

Tomado del libro Fin de siglo y otros poemas [La Habana, Casa de las Américas, 1987, con prólogo de Roberto Fernández Retamar]. José Emilio Pachecho ganó la semana pasada el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de España. En 1996, ganó con su libro El silencio de la Luna el Premio de la Casa de Poesía Silva en Bogotá. Pachecho, nacido en México, en 1939, comenzó en 1963 sus libros de poesía con Los elementos de la noche. Luego ha publicado varios más, incluidos algunos de cuento, y ha sido distinguido con muchos otros premios. Representa dos o tres corrientes estilísticas en nuestra poesía, donde el tiempo y la irresponsabilidad del ser humano suelen primar.

3 comentarios:

Julieta dijo...

Hermosa poesía! Encantada quede con tanto.
Saludos!

Anónimo dijo...

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