lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti, en tregua

Ayer 17 de mayo de 2009, por la tarde, me llamó mi amigo Rodrigo Silva, historiador y periodista de Caracol radio, para contarme que Mario Benedetti había muerto en Montevideo. Desde la muerte de su esposa, venía mal de todo. Y pidió una tregua a los 88 años. La tregua (1960), Gracias por el fuego (1965) y Primavera con una esquina rota, fueron sus mejores novelas. La tregua fue llevada al cine y nominada al Oscar como película extranjera cuando ganó Amarcord; Gracias por el fuego fue llevada a la televisión con éxito. Muchos de sus poemas fueron musicalizados y a Mario le encantaba verlos cantados en público. Lo cual habla de la facilidad de su literatura para llegar al espectador. Pero en las reseñas por su muerte, he echado de menos sus libros de cuentos, desde Montevideanos, Esta mañana y otros cuentos (publicados en su amada Editorial Arca de Montevideo), La muerte y otras sorpresas hasta sus últimos cuentos incluidos por José Emilio Pacheco en la antología Cuentos completos de Alfaguara. Le gustaba a Benedetti medir la fragilidad de los sentimientos de las gentes de las oficinas, de las calles, de los estadios, etc., y por eso sus cuentos reflejan esas tragedias y comedias, que algunos criticaron como melodramáticos. Lo hizo, también, Manuel Puig. Sólo que a Benedetti se lo cobraban porque había sido periodista, gran periodista, de diarios como Marcha, independientes, de izquierda. Y se mantendría toda la vida sobre esos rieles, sin pedir permiso, ni ofrecer excusas, ni pagar “impuestos”, fiel a sus convicciones sociales y políticas. Porque Mario era un “alma de dios”, de un humor extraordinario, de una risa infinita –que sigo oyendo-, que luego de escribir tantos cuentos, novelas, poemas, dramas, artículos, entrevistas, crónicas, guiones, ahora ha pedido una pequeña tregua.

2 comentarios:

psicoisapecat dijo...

Efectivamente maestro, sólo en tregua, porque mentes como las de él, perduran en la eternidad.
Hoy el colectivo de escritores, poetas, autores, o como a bien deseen llamarse, lejos de un día de luto han de recordar este día como un día de esperanza; de esperanza porque la obra de Benedetti, obre el milagro de reenseñar a pensar.
Isabel

Anónimo dijo...

Don Mario: ahora que usted se adelantó yo le digo
"Yo no te pido que me bajes una estrella azul
solo te pido que mi espacio llenes con tu luz"