sábado, 14 de marzo de 2009

Un cuento breve de Augusto Monterroso

Fecundidad

Hoy me siento bien, un Balzac, estoy terminando esta línea.

Cuento breve, tomado del libro Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso (1921-2003). En 1981 tuve una entrevista con Tito Monterroso y luego nos cruzamos algunas cartas. Publiqué una ingeniosa (eso pretendí yo) entrevista con él en el "Magazín Dominical" de El Espectador. Y luego me sorprendió (una sorpresa muy grata y fiel a la bondad propia de él) con la inclusión de mi nombre en uno de sus libros. Esto para decir que antes de conocerlo, lo admiraba, y después de conocerlo ya no pude ser objetivo en mi admiración por su obra. Por eso, cito este cuento para decir que el minicuento puede tener humor sin ser un chiste, como se traduce de esta situación narrativa que él propone. El código del minicuento exige que el texto que se escribe como minicuento o minificción no sea un chiste, no sea un aforismo, no sea un poema, y no sea un cuento, como lo ha repetido Ana María Shua (no se quién lo habrá dicho por primera vez, o quién lo haya resumido, porque de manera dispersa ya lo habíamos dicho otros autores en otras oportunidades). En cambio, “El dinosaurio” (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”), que hace parte de Obras completas (y otros cuentos), de Monterroso, es una feliz huida del aforismo, a pesar de la brevedad y la sentenciosidad –si se pudiera decir-. Son los dos cuentos más breves del Maestro Monterroso.

1 comentario:

humoenlaventana dijo...

Tentador

Dijo el demonio al cielo: -No me tientes.

José Emilio Pacheco
(1968)