domingo, 8 de febrero de 2009

Un poema de Seamus Heaney

Alucinando

III

Érase una vez mi padre sin ahogarse
Entrando a nuestro patio. Había ido a fumigar
Las patatas que sembró al pie del río,
Negándose a llevarme. El fumigador
Era grande, una maquinaria nueva, y la cal
Podría quemar mis ojos. El caballo era brioso, y yo
De pronto lo asustaba. Cosas así. Pasé el día
Tirando piedras a un pájaro en el techo, más
Por el gusto de escuchar los golpes contra las tejas que
Otra cosa. Pero cuando él regresó, estaba en casa
Y lo vi por la ventana, con su vista desviada,
Su aire de vencido, extraño sin sombrero.
Su paso era incierto, estaba próximo a ser fantasma.
Al voltearse junto al río el caballo
Resbaló, alzó las patas nervioso y el carro,
Con todo y rociador, se puso a tambalear
De modo que el aparejo entero se cayó
Al remolino –cascos y cadenas, ruedas y varales,
Aperos y barril-, todo rodaba por el munsdo
Y el sombrero se lo llevó alegre la corriente
Hasta un remanso. Aquella tarde
Lo vi cara a cara. Llegó adonde yo estaba
Con sus huellas úmedas del río,
Y no existía nada entre él y yo entonces
Que nos impidiera ser felices para siempre.

Seamus Heaney nació el 13 de abril de 1939, en la granja de sus padres, Mossbaum, a 45 kilómetros de Belfast, Irlanda del Norte. En 1974, se radicó en Dublín. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1995; Yeats y Beckett, irlandeses, lo habían recibido antes. Profesor universitario, ha publicado varios libros de poesía, entre ellos Norte (1975), de gran influencia en su momento, al cual pertenece el poema que publico hoy domingo, tomado de la Antología (Bogotá, Editorial El Labrador, 1997), traducida por su compatriota, el escritor Joe Broderick, residente en Colombia desde hace muchos años.

No hay comentarios: