miércoles, 25 de febrero de 2009

Roberto Posada García-Peña (1955-2009)

El 13 de marzo de 1983 publiqué la última columna de “El correo de los chasquis” en el Magazín Dominical del diario El Espectador (Bogotá), columna que por invitación de su director, Miguel Garzón, había escrito durante cuatro años largos. Cuando Carlos Duque y Guillermo González cambiaron el formato y el estilo del Magazín, todos los columnistas salimos. Entonces, fue cuando conocí a Roberto Posada García-Peña, en ese momento ya director de “Lecturas Dominicales” de El Tiempo. Él, por sugerencia de la escritora María Mercedes Carranza -ambos conocedores de la popularidad de mi columna huérfana-, me invitó a continuarla, con otro nombre (le puse “El Arca de Papel” y terminó siendo “Arca”), en sus “Lecturas Dominicales”. Y allí, quién lo creyera, permanecí hasta febrero de 2002, sin fallar un domingo. Bajo la dirección de Roberto y la coordinación de Jorge Restrepo.
Ahora, Roberto Posada García-Peña, a los 54 años, con muchas cosas por hacer todavía, amando como nunca el periodismo de opinión, ha muerto a causa de una afección cerebral y luego de escapar, hace unos años, a una casi fatal diverticulitis. Su deceso ocurrió el 23 de febrero y sus honras fúnebres serán hoy 25, en la Capilla del Gimnasio Moderno.
Recuerdo su franqueza, su voluntad por continuar la vocación literaria de su abuelo, don Roberto García Peña, su transparencia para tratar los temas políticos, así muchos de sus lectores no los compartiéramos. Siempre escribió lo que pensó, muy al contrario de los políticos que defendía. Su franqueza llegaba hasta la ingenuidad. Pero no mentía. Amigo leal de los presidentes de la república, como él mismo lo decía, siempre esperó un poco más de justicia con el país que siempre quiso en paz y que se va sin lograrlo, ni siquiera con la Seguridad Democrática. También, su dirección de la revista Credencial será recordada porque el repaso de la historia de Colombia fue una de sus banderas pedagógicas, con visión liberal. Paz en su tumba. Y gracias, de corazón, Roberto, por tu invitación del 83.

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