sábado, 31 de enero de 2009

Un cuento de Augusto Monterroso

La Oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.Fue fusilada.Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

Augusto Monterroso (1921-2003) escribió poco y breve, con ojo fino y un sentido del humor negro difícil de alcanzar. Siempre se recuerdan cuentos suyos como “El dinosaurio”, “La Cucaracha soñadora” o “El espejo que no podía dormir”, y varios más, que son de antología, mini-cuentos aparecidos en sus libros Obras completas (y otros cuentos) y en La oveja negra y demás fábulas. El cuento de hoy alude a una faceta diferente a los tres cuentos citados al comienzo, y que, también, fue muy importante en su vida, la de pensar el mundo social.

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