viernes, 31 de octubre de 2008

Primer Encuentro Nacional de Minificción

10 a.m.
Salgo para la Universidad Nacional, edificio de postgrados, Salón Oval, donde continúa hoy el Primer Encuentro Nacional de Minificción, con asistencia de Ana María Shúa (Argentina), Andrea Leyton (Chile) e Ignacio Fernández (España), más una treintena de emocionados escritores de las ráfagas mínimas del cuento. Hoy se le rinde homenaje a Jaime Alberto Vélez y se falla el Concurso Nacional de Minicuento. Ya les cuento más cosas de este exitoso Encuentro que no ha resultado tan mini.

martes, 28 de octubre de 2008

Puesto de Combate, No. 73


Con poesía, cuento, crónica, ensayo y reseñas, aparece el No. 73 de la revista que dirige en Bogotá el cuentista Milcíades Arévalo, Puesto de Combate. Una buena selección de poemas, con un homenaje a María Mercedes Carranza (1945-2003), entre ellos, Aimé Cesaire (1913-208), de quien nada dijo nuestra prensa cuando murió, Charles Bukowski, Tallulah Flores, Gustavo Adolfo Garcés y Julio César Arciniegas. Alfredo Ocampo Zamorano presenta su antología de poemas al pan. Álvaro Suescún escribe sobre el poeta Jorge Artel. Carlos Fernández, sobre “El escritor como espectáculo”. Una entrevista con el poeta, ahora residente en Bogotá, Hernán Vargascarreño. Fabio Jurado vuelve sobre su querido Juan Rulfo. Y escriben cuentos: Claudio Amaya, Caio Fernando Abreu, Juan Fernando Merino, Triunfo Arciniegas (de su libro de cuentos premiado hace poco), María Eugenia Restrepo (egresada del Teuc), Milcíades Arévalo (“Un cachorro salvaje”), y Óscar Bustos. Fernando Hernández escribe “El Hospicio Cabañas”, una crónica. Y reseñas sobre libros de Soad Louis Lakah, Gustavo Páez Escobar y Evelio Rosero. (En la portada, “Lucía”, foto de Tony Arévalo).

lunes, 27 de octubre de 2008

Dos premios de poesía invisibles




La literatura colombiana suele dividirse en dos para los periodistas culturales nuestros: la visible, y la invisible. Los criterios para sostener esa división es caótica, puede ser empresarial, o por el estrato, o la universidad, o la región, o la amistad o enemistad, el gusto literario del periodista, la edad o la promoción generacional, el peinado anacrónico o postmoderno, la cifra monetaria del premio, etc. Creo que eso pasa con los dos poetas que cito hoy (aunque creo que el primero de ellos sonó por un escándalo hace años; bueno, ese sería otro criterio).
UNO: El XVIII Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia -no es cualquier premio, si es que se puede establecer algún escalafón entre los premios- lo ganó el poeta pamplonés (Colombia), Jorge Cadavid, con su libro Tratado de cielo para jóvenes poetas. Pedro Arturo Estrada, Carlos Vásquez y Juan Felipe Robledo, fueron los jurados. Antes había ganado, en el 2003, el IX Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus. Jorge Cadavid nació en Pamplona, donde estudió Literatura, luego se especializó en la Universidad Javeriana, y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Sevilla, España.
DOS: El XII Concurso Nacional de Poesía Ciro Mendía, que convoca la Casa de la Cultura de Caldas (Antioquia), lo ganó una mujer que ya tiene otros varios premios en su bolsillo. Se llama Nana Rodríguez Romero, con el libro La piel de los teclados. La Nana (foto) -no se si se le podrá decir así- nació en Tunja, escribe cuentps también, y ha sido invitada a Medellín, México, Montevideo. Tiene publicados varios libros de poesía, y uno que ha rodado harto, el de la teoría del cuento corto. (De Jorge no aparece foto por ninguna parte. Si alguien me la envía, la pondré en el blog).
[Agradezco a Con-fabulación, la revista virtual que dirige Iván Beltrán Castillo, los datos sobre los dos premios de poesía. A propósito, pueden verla en http://www.con-fabulacion.blogspot.com/, o escribirle a confabulacion1@gmail.com].

viernes, 24 de octubre de 2008

Premios de Literatura del Taller de Escritores (TEUC)


Esta noche se entrega el fallo, en el cierre del IV Simposio Internacional de Literatura "De viajeros y destinos", de los Premios Nacionales de Literatura, que cada año entrega el Taller de Escritores de la Universidad Central.

Los jurados del Premio de Novela Corta son los escritores, Lina María Pérez, Alberto Duque López y Pedro Badrán; y del Premio de Cuento, Nahum Montt (foto), Naudín Gracián y Juan Diego Mejía.
La premiación se realizará en la Sala Fundadores, a las 7 de la noche.

martes, 21 de octubre de 2008

Juan B. Duizeide inaugura Simposio Internacional de Literatura



Juan Bautista Duizeide estudió en la Escuela Nacional de Náutica y allí se hizo piloto de ultramar. Luego viajó en navíos mercantes por todo el mundo. Hasta cuando estudió periodismo en la Universidad Nacional de La Plata y se dedicó a las letras. Nacido en Mar del Plata en 1964, con su primera novela, En la orilla, ganó el Premio Nacional de Narrativa Breve “Leopoldo Marechal”, 2003. Con su segunda novela, Kanaka, obtuvo el Premio Julio Cortázar, 2004. Actualmente, trabaja como periodista en la revista argentina, Puentes.
Duizeide ejerce, en sus fines de semana, su profesión de piloto de naves marinas, y este miércoles 22 de octubre, a las 6 de la tarde, en el Auditorio Jorge Enrique Molina de la Universidad Central (Cale 22 No. 5-91), dirá la conferencia inaugural del IV Simposio Internacional de Literatura, “De viajeros y destinos”, con un ensayo titulado “Los viajes por el mar en la lengua española: aproximaciones y derivas”.
Juan Bautista Duizeide es, también, el autor de una antología de amplia circulación por estos días en América Latina: Cuentos de navegantes, con prólogo de Arturo Pérez-Reverte, 23 cuentos en 398 páginas, de autores como Roberto Arlt, Borges, Francisco Coloane, Conrad, Haroldo Conti, Hugo Foguet, Gabo, Marcel Schow, R. L. Stevenson.

lunes, 20 de octubre de 2008

De viajeros y destinos

Es el sujeto quien impone el viaje y asume un destino. De eso se trata el simposio literario “De viajeros y destinos”, que tendremos en la Universidad Central (Bogotá), entre el 22 y el 24 de octubre, con más de 20 ponencias que giran alrededor de 10 temas, y con tres invitados del exterior: Juan Bautista Duizeide (Mar del Plata), autor de dos novelas premiadas y de la antología Cuentos de navegantes (foto), Marinés Kunz y Daniel Conte (Porto Alegre).
Los 10 temas son:
El viaje mítico
El viaje de exploración, conquista y colonización
El viaje de los muertos
El viaje en la ciudad
El viaje de fundación
El viaje interior
El viaje de búsqueda y huída
El viaje del migrante
El viaje de errancia
El viaje fantástico y de ciencia ficción
Los ponentes provienen de algunas universidades, otros son escritores, y hay alguien sin empleo, que se la pasa viajando. En la sesión inaugural se leerá una ponencia enviada por el escritor venezolano Luis Britto García, y J. B. Duizeide leerá una conferencia titulada “Los viajes por el mar en la lengua española: aproximaciones y derivas”.

sábado, 18 de octubre de 2008

Savater y Millás; Colombia fuera del Planeta


El martes 14 de octubre, El Espectador reseñó la novela El cielo al revés, del colombiano Eduardo Escallón Largacha, como finalista del Premio Planeta 2008, pero no nos alcanzó a decir quién era este nuevo escritor. El miércoles 15, en Barcelona, el jurado dio por ganador al filósofo y columnista de El País, Fernando Savater (1947), por su novela La hermandad de la buena suerte, de tema policíaco y detectivesco (Savater asocia la filosofía con el detectivismo; no se si con lo policíaco). Ese mismo día, en España, se le concedió el Premio Nacional de Narrativa a Juan José Millás, por su novela El mundo, ganadora en 2007 del Premio Planeta, una excelente novela. El viernes supimos, por El Espectador, que Eduardo Escallón es amigo de Gabo, escribe sobre educación e historia y espera ranquearse en la narrativa. Y comenzamos a esperar la novela de Savater, a ver si coincide con las esperanzas suyas: a la televisión española le dijo, palabra más, palabra menos, que él ansiaba mucho ese premio porque no quería que lo recordaran como simple columnista (no dijo filósofo, podría haberlo dicho para estar de acuerdo con sus contradictores), sino como escritor de ficción. Falta saber qué diga “la hermandad de la buena suerte”.

martes, 14 de octubre de 2008

El humor de Lisandro Duque Naranjo


En su nueva película, Los actores del conflicto, que parodia la trillada frase de los violentólogos y periodistas políticos, “Los factores del conflicto”, su director Lisandro Duque Naranjo acude, de nuevo, a su mayor rasgo estilístico: el humor. Es de los pocos artistas colombianos, Lisandro, que no rompe la unidad entre lo que se es personalmente y cuanto se proyecta, en el caso suyo, en cine, periodismo y, espero, en sus ya anunciados cuentos. Al humor le suma una excelente calidad en la narración del relato cinematográfico, que lo hace sutil, rápido, emotivo. Tema difícil, la guerra, para hacer chistes, como oí decir el día del estreno, porque el problema político colombiano –la guerra que vivimos desde hace 60 años, cada día con mayor número de “factores”, con mayor complejidad, y más dolores para indemnizar- lejos de estar resuelta, resulta cada día más peligrosa para todos. Tal vez por eso, en manos de un guionista como Lisandro, con una gran conciencia del conflicto, haga que la estructura humorística (la comedia) se pierda hacia el final de la película, y aparezca la tendencia dramática, más que la cómica. La línea narrativa, que ha partido de un conflicto cómico, de una especie de picaresca, va tornándose trágica y dramática, para al finalizar volverse rosa e irreconocible. Pero, cuando uno vuelve atrás sobre las humoradas negras, algunas muy negras -como sucede con el acto de “limpieza”, tan común en nuestros pueblos ahora, del pobre yoga del pueblo-, que se tejen, además, con gran pericia artística, cae en la cuenta de que con el humor, Lisandro le dice al espectador, ríase, pero no se le olvide que la cosa va en serio. Y al final, uno se levanta pensativo, porque el humor es otra manera de ver las tragedias del ser humano, como esta de Colombia que no para.

martes, 7 de octubre de 2008

Adiós al Taller de Escritores; llegó la Especialización


Durante 27 años, el Taller de Escritores de la Universidad Central formó a jóvenes y viejos en la intención de escribir historias literarias. Y entre el grupo grandísimo de 1981 y los que le siguieron, con tan diferentes formatos, se fueron creando pequeñas redes y varios sub-grupos. El resultado sobrepasó mis expectativas como fundador; yo el gran escéptico, menos de la literatura. La gente se encarretó y las distinciones llegaron casi a la tercera centena. Pero, lo importante no eran esas distinciones, sino el haber canalizado voluntades y pasiones por la escritura y la lectura. Se consiguieron valores éticos, también. No se escribe para competir, ni para masacrar al otro, ni por prebendas, ni para sacrificar la libertad de nadie; se escribe para crear nuevos mundos, de todas las naturalezas, sin excepción alguna, como si fuéramos unos dioses muy humanos, y para no dejar que la historia se quede sin historias. Paseamos siempre todas las épocas, todos los géneros, todas las poéticas, sin sectarismos. Tratando de respirar el aire más puro. Fue muy rico todo eso. Viajes infinitos a través de autores que no tenían nada que ver los unos con los otros. Porque así cada quien llega a su meta, sin estorbarle a nadie, haciendo camino.
Ahora, el Taller de Escritores se ha despedido, y se ha inaugurado, hoy 7 de octubre de 2008, con un grupo de 25 escritores noveles, la Especialización en Creación Narrativa. Al frente de ellos, estaremos cinco escritores con unas ganas inmensas y una química especial, a ver si agarramos la vida entre las letras con esos muchachos que van de los 22 a los 60 años.
(En la foto, de izquierda a derecha: Aleyda Gutiérrez, Oscar Godoy, Isaías Peña Gutiérrez, Manuel Hernández y Joaquín Peña Gutiérrez).

jueves, 2 de octubre de 2008

Con Auguste Guinnard, en la Patagonia


Ahora que Tamara, mi hija mayor, ha viajado, de nuevo, a Australia, a la ciudad de Adelaide, me he acordado de un libro que con ella compramos en “el fin del mundo”, como se le dice al puerto de Ushuaia, al sur de la Tierra del Fuego. Es la historia de un viajero francés, Auguste Guinnard, metido en la Patagonia a mediados del siglo XIX. El libro, Tres años entre los patagones, que el editor subtituló como “Apasionado relato de un francés cautivo en la Patagonia (1856-1859)”, es impresionate, y a seis meses de haberlo leído no se me le sale de la cabeza.Y uno no sabe a quién admirar más, si al francés o a los indígenas patagones o pampas –poyuches, puelches, mamuelches, chauches, tehuelches-. Al primero, porque aunque esclavo, siempre se adaptó y admiró, en medio de sus penuarias, a los indios. “Tenía yo en 1855 sólo 23 años, muy poca experiencia, alguna ambición y, sobre todo, amor por los viajes”, dice Ginanard en sus memorias, que luego complementó en Francia, después de su fuga. Y a los indios que él describe y narra con tantos detalles padecidos o gozados por él mismo. Aún no llegaba el exterminio al que fueron sometidos y su cultura se aireaba en medio de los ventisqueros fríos de la Patagonia alta.En 22 capítulos y apenas 160 páginas, Guinnard cuenta su viaje forzado con los indios, su entrada por Buenos Aires y su huída por la cordillera que limita con Chile; su vida al lado de los caballos y su aprendizaje íntimo de una cultura que lo veía a él como un ser inteligente a pesar de ser cristiano (cosa que él pensaba también de los indios).Inolvidables muchos de sus pasajes, entre ellos aquel que recuerda cómo los indios en las sombras de la noche, luego de oir los susurros de la tierra o sus avisos invisibles, decidían levantar toldas y salir en estampida con viejos y niños y todos sus enseres, huyendo como locos del destino nómada que les esperaba en cada estadía. Porque, en el fondo, toda esta historia de Guinnard sólo arroja fantasmas que cruzaron las pampas heladas del sur del continente americano.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Un primero de octubre de 2008

Quiero escribir como un loco porque pareciera ser la única salvación en este mundo de comienzos de siglo. Hacerlo en la pantalla, en el aire, en las patas de la mesa. Y no dejar que lo borren, aunque resulte casi imposible. He abandonado el otro blog, El libro de Isaías, porque el Profeta Mayor me la estaba jugando en el ciberespacio, y los usuarios del sistema se confundían. Al fin y al cabo, el loco soy yo. Y ha sido -el comienzo, digo- este 1o. de octubre en que sigo en la escritura y reescritura de mi próximo libro, El universo de la creación narrativa, abrebocas del primer bimestre de la Especialización en Creación Narrativa, de la Universidad Central, que comenzaremos el 7 de octubre próximo, con un equipo integrado por los escritores Oscar Godoy, Manuel Hernández, Aleyda Gutiérrez, Joaquín Peña Gutiérrez, entre otros. Escribir como un loco -sin pensar en la verdad de la verdad que suelen poseer los cuerdos-, puede ser una etapa mejorada de todo lo anterior. Espero que ustedes me acompañen, porque la locura sola no deja ser una doble locura.