lunes, 15 de diciembre de 2008

Un poema de Luis Suardíaz

Cura de caballo
Para que salga de su melancolía el animal
se le baña con ensañamiento
desde los belfos a la luna casi llena de los cascos.

Las ramazones, los guijarros trazaron cangilones desiguales
en el trapecio, la grupa, las coronas y en ellos entró con rapidez el foete.

Para que despeje los agrios olores del monte,
se le baña de norte a sur y se le aplica el fuego en sus dolores.
Es una ciencia aguda, una cura bárbara
que despliega una herida grande sobre las muchas heridas imprevistas.

Sus ojos de gente en agonía ven llover los ásperos remedios.

Para salvar al animal, para que vuelva entero a los peligros,
de nuevo a los arroyos, de nuevo a la rosa de los vientos.
Para que monte en pelo la aventura en su lomo, para que no haya lejanías
más duras que sus ancas.

La cura es un dolor desnudo y es un rayo
que alza en dos patas la bestia y le hace morder y cargar contra el viento.

La cura pone su galope en el vacío y una creciente espuma tibia
en sus ollares.

Para que se enderece el animal,
para que brillen sus ijares y vuelva entero a los caminos.
Luis Suardíaz
Cuba, 1936-2005
(Agradezco el envío del poema al narrador, poeta y ensayista,
Omar González, actual director del ICAIC)

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