domingo, 21 de diciembre de 2008

Un poema de Carlos Martín

Otoño

Arregla los papeles. Es ya tiempo. No temas
al rigor del invierno. Aún hay fuego. Arde
un rescoldo de amor y al fulgor de la tarde
nacen aún los besos, los poemas.

Después de todo, mira, no importa, hemos vivido
al borde cotidiano del asombro,
una mirada basta, la voz con que te nombro
basta para olvidar la muerte y el olvido.

¿Para qué regresar en busca de la aldea
natal? El tiempo pasa. Si abres la ventana
de nuevo nace el mundo. Déjame que te vea
a la orilla del alma, real, mía, cercana.

Somos hambre, penumbra, testimonio de seres,
nada nos pertenece, somos rumor profundo
del prodigio que pasa. Escúchame, no esperes
nada más. Mira. Ama. Despídete del mundo.

El 13 de diciembre de 2008, en Tarragona (España), murió el poeta colombiano Carlos Martín (1914). Había nacido en Chiquinquirá, pero no parecía boyacense (me refiero al estereotipo que crean las gentes). Desde muy joven (en 1961) se radicó en Holanda, invitado por la Universidad de Utrech, donde siempre dictó literatura latinoamericana. Era el más joven –y tal vez el más jovial- del grupo de escritores, poetas, de la llamada Generación de Piedra y Cielo. En alguno de sus últimos viajes a Bogotá, la Universidad Central y un grupo amplio de escritores y profesores, le ofrecimos nuestro afecto. Carlos Martín sonreía. Sabía agradecer. Y como en su poema “Otoño”, sabía que el tiempo pasaba y que apenas somos el rumor profundo del prodigio que pasa. Le daba lo mismo Colombia que Holanda o España. Ahora, acaba de despedirse del mundo para abrir otra ventana (como las de Windows).
[El poema “Otoño” fue tomado de la Antología de la poesía colombiana, de Rogelio Echavarría].

1 comentario:

Silvia Reyes dijo...

Hermoso y sabio poema. Realmente, todos los días uno abre la ventana y nace el mundo.
SILVIA REYES CEPEDA