domingo, 28 de diciembre de 2008

Un poema de César Vallejo

Piedra negra sobre una piedra blanca

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París –y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…


César Vallejo murió en París el 15 de abril de 1938, hace 70 años. Este soneto, de su libro Poemas humanos (1923-1937), siempre será admirable en un vanguardista. No importa que la prensa no sólo le siga dando con la soga, sino que lo tenga colgado. [Tomado de Poesía completa, publicado por la Editorial Arte y Literatura, con estudio crítico de Raúl Hernández Novás, de Casa de las Américas, La Habana. En la portada, dibujo de Vallejo por Picasso, en 1936].

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Nochebuena vs. Navidad

En realidad de verdad, nosotros poco hablábamos de la Navidad. En el sur del sur, donde quedan pueblos que incluso no figuran (o no figuraban) en el mapa de Colombia, como Saladoblanco o Pitalito, nosotros hablábamos de Nochebuena. Y la noche era buena porque se hacía un dulce en abundancia que tenía ese nombre, Nochebuena, con muchas cosas a la vez, algunas de ellas en extinción, como el higuillo. A esos frutos -la papaya, la papayuela, el limón verde sin carnadura, o la cáscara de naranja, y la regia breva o higo- se le añadían otras especies con base en arinas de maíz o de trigo, que también se melaban en miel de panela. Se le agregaba queso o cuajada. Y se bajaba encima del asado del sur del Huila, distinto a los del norte (nada de lechona). Se me escapan otros nombres, porque en cada casa a la Nochebuena se le ponían más ingredientes. Ni la natilla, ni los buñuelos del altiplano, eran esenciales. A veces, también, se colocaban, porque la gula del dulce de la Nochebuena era ilimitada. Todavía en los exámenes clínicos no aparecían los triglicéridos. No se conocía esa palabra. Lo importante era comer esa dulzura que era la Nochebuena, que duraba no sólo el 24 de diciembre por la noche, sino unos días antes y, por lo menos, una semana más.
La Navidad, es decir, el nacimiento, se remitía al encanto de los regalos que le ponían a uno debajo de la almohada, cuando uno se dormía profundo después de haber corrido fantasmas en la noche. Poco existía Dios en esos rituales. En eso, Fernando Pessoa, en su poema "Navidad", que tradujo Héctor Abad y publicó hoy 24 de diciembre en El Espectador, pareciera interpretarnos a los del sur con su especial escepticismo. "No persigas ni creas: todo está oculto". Detrás de la Navidad, para nosotros, en mi casa de la finca "La Batalla", que dirigía ese escéptico de izquierda que fue mi padre, siempre prevaleció, escondida, oculta, la Nochebuena, sin que se le negara -prohibido prohibir- posada al pesebre y a las músicas paganas que siempre incitaban a la extensión de los mitos y los ritos.
A todos, entonces, gracias por acompañarme, y les deseo una buena Nochebuena, y me guardan un poquito, por favor.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Un poema de Carlos Martín

Otoño

Arregla los papeles. Es ya tiempo. No temas
al rigor del invierno. Aún hay fuego. Arde
un rescoldo de amor y al fulgor de la tarde
nacen aún los besos, los poemas.

Después de todo, mira, no importa, hemos vivido
al borde cotidiano del asombro,
una mirada basta, la voz con que te nombro
basta para olvidar la muerte y el olvido.

¿Para qué regresar en busca de la aldea
natal? El tiempo pasa. Si abres la ventana
de nuevo nace el mundo. Déjame que te vea
a la orilla del alma, real, mía, cercana.

Somos hambre, penumbra, testimonio de seres,
nada nos pertenece, somos rumor profundo
del prodigio que pasa. Escúchame, no esperes
nada más. Mira. Ama. Despídete del mundo.

El 13 de diciembre de 2008, en Tarragona (España), murió el poeta colombiano Carlos Martín (1914). Había nacido en Chiquinquirá, pero no parecía boyacense (me refiero al estereotipo que crean las gentes). Desde muy joven (en 1961) se radicó en Holanda, invitado por la Universidad de Utrech, donde siempre dictó literatura latinoamericana. Era el más joven –y tal vez el más jovial- del grupo de escritores, poetas, de la llamada Generación de Piedra y Cielo. En alguno de sus últimos viajes a Bogotá, la Universidad Central y un grupo amplio de escritores y profesores, le ofrecimos nuestro afecto. Carlos Martín sonreía. Sabía agradecer. Y como en su poema “Otoño”, sabía que el tiempo pasaba y que apenas somos el rumor profundo del prodigio que pasa. Le daba lo mismo Colombia que Holanda o España. Ahora, acaba de despedirse del mundo para abrir otra ventana (como las de Windows).
[El poema “Otoño” fue tomado de la Antología de la poesía colombiana, de Rogelio Echavarría].

sábado, 20 de diciembre de 2008

Un cuento de Gustavo Tatis Guerra

El vacío
-¿Qué hago con el vacío? –se preguntó Dios viendo el infinito que se derramaba debajo de sus párpados de muchacho atareado.
-Darle forma –dijo una voz que empezó a resonar dentro de él mismo como un eco. Una voz que se hizo tan suave y penetrante como un cuchillo. Luego, comprendió que era su propia voz al encuentro con el vacío.
-No dejes que el vacío devore las formas del universo. No dejes que la muerte sea el vacío, sino el vacío la otra forma de la vida que multiplica los vacíos. Para que entre uno y otro, no haya lugar para el vacío.
Desde que Dios empezó a juntar vacíos, nada se detiene.
El vacío empezó a ser habitado por el deseo.
Rubén Darío Otálvaro seleccionó los cuentos, escribió el prólogo y las notas bibliográficas de esta Antología del cuento corto del Caribe colombiano, publicada por la Universidad de Córdoba en 2008. Son cien cuentos que abarcan el minicuento o minificción y el cuento corto o breve. De sus cien autores, algunos se dedican de manera especial a este sub-género narrativo; los demás son narradores de largo aliento que también escriben cuento corto. Están los escritores reconocidos en el Caribe colombiano; y los nuevos. Para comenzar esta nueva sección dominical del blog "Escribir como un loco", tomo un poco al azar el cuento del poeta y periodista Gustavo Tatis Guerra (Sahagún, Córdoba). Es una lástima que el antologista no haya dado las fechas de nacimiento de los autores.

martes, 16 de diciembre de 2008

Ignacio Padilla ganó el Rulfo de cuento


Alguna vez le pregunté a Pedro Ángel Palou García cuál había sido el sentido del Manifiesto del Crack y a esas alturas qué pensaba del grupo que había conformado con Ignacio Padilla (1968), Jorge Volpi, Eloy Urroz y Ricardo Chávez. Me dio la impresión de que ya el grupo no existía como tal. Y es que el manifiesto había sido casi un anti-manifiesto y el grupo un anti-grupo. La palabrita –que en Colombia da otra idea- sólo decía de un rompimiento. Y todos ellos apuntaron afuera. Nada de boom, nada de revolución mexicana, nada de realismo mágico. Y cada uno comenzó a fajarse con otras latitudes en todos los sentidos. Por un lado, era como si se hubieran anticipado en 1996 a la globalización, y por otro, se atrevieron a pensar más en lo histórico mundial, en lo policíaco y género negro, en lo fantástico y ciencia ficción, y se pasearon por todos los géneros, narrativa, cuento, literatura para niños y jóvenes, ensayo y teatro. Se pusieron un poco pesados, dijeron algunos. En busca de Klingsor, de Volpi, y Amphitryon, de Padilla, premiadas en el 2000, por Seix Barral y Espasa Calpe, respectivamente, no se leen como “Luvina”.
Ahora mismo, Ignacio acaba de ganarse cuatro premios, con el remate del Juan Rulfo, que ha compartido con el cubano-estadounidense Jorge Dávila Miguel, quizás para frenar las críticas a su frustrada dirección de la megabiblioteca “José Vasconcelos” en ciudad de México. Los dos cuentos ganadores se llaman: “Los anacrónicos”, de Padilla y “La mensajera”, de Dávila. (Padilla venía de presentar en Guadalajara otro libro de cuentos, El androide y las quimeras). Pero el crack no para, y a pesar de las ínfulas sigue convenciendo a los jurados. Ignacio Padilla (foto, El Economista.com.mx) ya había sido Premio Juan Rulfo en la categoría de primera novela. Nos queda leer su cuento, si es que llega, porque en eso el Rulfo cojea y a veces no llega.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un poema de Luis Suardíaz

Cura de caballo
Para que salga de su melancolía el animal
se le baña con ensañamiento
desde los belfos a la luna casi llena de los cascos.

Las ramazones, los guijarros trazaron cangilones desiguales
en el trapecio, la grupa, las coronas y en ellos entró con rapidez el foete.

Para que despeje los agrios olores del monte,
se le baña de norte a sur y se le aplica el fuego en sus dolores.
Es una ciencia aguda, una cura bárbara
que despliega una herida grande sobre las muchas heridas imprevistas.

Sus ojos de gente en agonía ven llover los ásperos remedios.

Para salvar al animal, para que vuelva entero a los peligros,
de nuevo a los arroyos, de nuevo a la rosa de los vientos.
Para que monte en pelo la aventura en su lomo, para que no haya lejanías
más duras que sus ancas.

La cura es un dolor desnudo y es un rayo
que alza en dos patas la bestia y le hace morder y cargar contra el viento.

La cura pone su galope en el vacío y una creciente espuma tibia
en sus ollares.

Para que se enderece el animal,
para que brillen sus ijares y vuelva entero a los caminos.
Luis Suardíaz
Cuba, 1936-2005
(Agradezco el envío del poema al narrador, poeta y ensayista,
Omar González, actual director del ICAIC)

viernes, 12 de diciembre de 2008

Teatro Bogotá: de la X a la O

Le Clézio llamó a su "discurso" en la Academia Sueca "En el bosque de las paradojas". Y así nos sentimos quienes asistimos el miércoles 10 a una sesión pre-inaugural del Teatro Bogotá, hace unos años dedicado al cine X y ahora convertido en una sala musical y de teatro. Y lo que son las paradojas de la vida. Hace unos años, cuentan quienes asistieron a sus funciones continuas de cine porno, le apagaban a uno los cigarrillos en la espalda. En esta ocasión, en un bello teatro, rescatado y transformado por la Universidad Central, al lado del emblemático Teatro Faenza, nos sentamos en su nueva silletería, y ya los cigarrillos no estaban en nuestra espalda, sino allá al frente, como parte de la idea central de la obra que cantaban y actuaban los integrantes del Taller de Ópera de la Universidad Central, que dirige Sarah Cullins, "Il segreto de Susanna", del italiano Ermanno Wolf-Ferrari (1876-1946) (foto), donde liquidaron casi un paquete para poder solucionar el argumento de la obra, que anidaba en la ambigüedad provocada por los celos y los cigarrrilos. La gente se divirtió y rió a montones, y todos gozamos con las voces de estos jóvenes que ya comienzan a copar los demorados escenarios -en Colombia- del canto lírico, acompañados por el pianista Alejandro Roca. En la primera parte del programa habían presentado el Acto I de La Golondrina de Giacomo Puccini, con lo cual no sólo habían puesto a prueba sus excelentes voces, sino la excelente acústica de la nueva sala. Los cito a todos porque en unos años serán parte de la historia de este Teatro Bogotá (Calle 22 No. 5-66), que ha pasado de la X a la O de ópera y de omega cultural y artístico: Narda Muñoz, Juliette Vargas, Camilo Colmenares, Germán Cruz, Fernando Caro, Ana María Ruge, Dennise Cepeda, Luis Alejandro Vargas, Pablo Gómez, Christian Correa, Marco Antonio Gualdrón, Francis Diaz (asistente repetidor), Álvaro Franco (director escénico), Adán Martínez (maquillaje).
La calle 22. entre 5a. y 7a. de Bogotá, se convirtió en la Calle de los Teatros (al frente están el Teatro México y el Azteca, todos de la Universidad Central), como se lo imaginó en sueños el rector Guillermo Páramo. Con la ayuda del gran arquitecto, como dirían los hermanos, Jairo Novoa y su equipo de trabajo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

El discurso de Le Clézio


Se supone que los ganadores del Premio Nobel -creo que la Academia así lo tiene dispuesto- asumen que el de Literatura los representa el día de la entrega. Y, la verdad, es que los señores ganadores del Nobel de Literatura, cada uno, cada año, lo que hacen es representarse a ellos mismos. Ese día, ellos hacen el resumen de su vida a través de la literatura. De tal manera que, al final, esos discursos se convierten en sus propias poéticas. Que, a la postre, podrían representar los intereses del género humano, en general. Por eso, Gonzalo Márquez Cristo decidió publicar en varios volúmenes los discursos de los Nobel de Literatura, muy útiles entre nosotros, en Colombia, donde jamás la prensa les para bolas (al contrario de lo que sucede en España y otros países).
Este año, Le Clézio comenzó su "discurso" preguntándose por qué escriben los escritores. Elemental, mi querido Watson. Y ahí soltó su poética. Recuerdo mucho la historia de la maleta de los libros de Pamuk. Tal vez ustedes recuerden otros discursos memorables. Por lo pronto, no me resigno a dejar pasar en limpio siquiera una página de Le Clézio:
¿Por qué escribimos? Imagino que cada uno de nosotros tiene su propia respuesta a esta simple pregunta. Se tiene la predisposición, el ambiente, las circunstancias. También las carencias. Si estamos escribiendo, significa que no estamos actuando. Que nos encontramos en dificultad cuando nos enfrentamos con la realidad, y por tanto hemos escogido otra forma de reaccionar, otra forma de comunicarnos, una cierta distancia, un tiempo para la reflexión.
Si examino las circunstancias que me inspiraron para escribir (y esto no es una mera autoindulgencia, sino un deseo de precisión) veo claramente que el punto de inicio de todo eso para mí fue la guerra. No la guerra en el sentido de un tiempo específico de un gran levantamiento, donde eventos históricos son experimentados, como la campaña francesa en el campo de batalla en Valmy, como lo cuenta Goethe desde el punto de vista alemán y mi antecesor François desde el punto de vista de la armée révolutionnaire. Ese debió haber sido un momento lleno de exaltación y patetismo. No, para mí la guerra es lo que los civiles experimentan, especialmente los niños más pequeños. Ni una sola vez la guerra me ha parecido un momento histórico. Teníamos hambre, estábamos atemorizados, teníamos frío, y eso era todo. Recuerdo ver pasar las tropas del mariscal de campo Rommel bajo mi ventana mientras se dirigían hacia los Alpes, buscando un paso hacia el norte de Italia y Austria. No tengo un recuerdo particularmente vivo de ese momento. Sí recuerdo, a cambio, que durante los años siguientes a la guerra, carecíamos de todo, en particular de libros y materiales de escritura. Debido a la falta de papel y tinta, hice mis primeros dibujos y escribí mis primeros textos en la cubierta trasera de los libros de racionamiento, usando lápices azul y rojo de carpintero. Esto me dejó cierta preferencia por el papel tosco y los lápices ordinarios. Debido a la falta de libros infantiles, leía los diccionarios de mi abuela. Eran como una maravillosa puerta de entrada, a través de la cual me embarcaba en el descubrimiento del mundo, mientras me asombraba y soñaba al ver las ilustraciones, y los mapas, y las listas de palabras desconocidas

(Traducción del inglés: Tamara Peña Porras).

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Guillermo Páramo habló de Levi-Strauss

Después de terminar, en 1970, Sociología en la Universidad Nacional de Colombia, donde tuvo como profesores a Darío Mesa y a Ernesto Guhl, pasó becado, en la década del 80, a hacer sus postgrados en la Universidad de Chicago y en The London School of Economics, donde se consagró con su investigación Lógica y cosmografía de los tucano. Antes en la Universidad Nacional había investigado sobre Modelos lógico matemáticos para el tiempo en las ciencias sociales, tema que sigue tentándolo. Sobre La lógica del rito trabajaría al final de los ochentas en Londres y luego en Bogotá. A estas alturas –un poco antes de ser rector de la Universidad Nacional- ya Guillermo Páramo Rocha (foto, óleo de Fernando Sánchez Torres) era un Maestro que, sin hacer ninguna ostentación, competía con las investigaciones de Claude Levi-Strauss.
Ahora, el lunes 9 de diciembre, él nos invitó para que recordáramos que el científico franco-austriaco había cumplido felices 100 años de vida y, de paso, con su maestría expositiva, nos enseñó el pensamiento del autor celebrado. Pero pasó algo muy importante para nosotros. El Maestro Páramo contó con testimonios en pantalla –esta vez lo dijo al final como quien se lo cuenta a sus amigos más cercanos, y un poco apresurado, para que nadie lo notara- que una de las investigaciones hechas por Levi-Strauss, él la había desarrollado y concluido antes con el apoyo de las matemáticas que no manejaba Levi-Strauss. (La conferencia, siempre magistral, será editada en video para el próximo año).

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ganadoras del Reality Literario "Tinta & Tele"

Daniela Maldonado (en el grupo, primera a la derecha), Natalia Aguilar (en el grupo, segunda de derecha a izquierda, y segunda foto) e Ingrid González (en el grupo, arriba, segunda de derecha a izquierda, y última foto), muchos años después de la publicación de esta nota, frente al pelotón de fusilamiento de la crítica literaria –si todavía existe-, podrán decir, nosotras comenzamos como escritoras una tarde de sábado, el 6 de diciembre de 2008, en la Biblioteca Virgilio Barco, cuando un jurado compuesto por Ricardo Silva, Jorge Franco e Isaías Peña G., corrieron el riesgo de declararnos ganadoras del primer Reality Literario organizado por “Tinta & Tele”, una locura literaria de los jóvenes escritores Jairo Andrade y Oscar Pantoja, que llevaron a cabo con el apoyo de otros escritores, Oscar Godoy, Catherine Moreno y Nathaly Díaz.

Daniela con “Ojos que no ven”, Natalia con “Quinto mandamiento” e Ingrid González con “Acerca de cortar carne”, barrieron con los premios. Sin saberlo, dimos una mención de honor –el gol de la honrilla- a “La entrevista”, del único hombre, Moisés Lasso. El computador para el primer premio y las becas para cursar el Taller de Escritores de la Universidad Central, me parece, teniendo en cuenta sus edades y la gran calidad de los cuatro cuentos, se quedaron cortos. Pero lo importante será verlos dentro de diez años, o antes, escribiendo el país, las dificultades y las facilidades del mundo.

La experiencia del reality se hizo con el canal 13 de televisión. Fueron tres cortos meses en que ellos con los coordinadores, con los talleres, las votaciones del público y los fallos del jurado, después de pasar por el cuento urbano, de ciencia ficción y de género negro –y con el aplauso de sus amigos de colegios, con sus padres y madrinas-, culminaron un ajetreo extraño que los llevó a inventarse lo que jamás habían soñado.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Cuentos de Rubem Fonseca




En 2003, cuando en México, todavía, el premio se llamaba Juan Rulfo, se lo dieron al brasileño Rubem Fonseca. Era una manera de celebrarle sus 40 años de oficio –El gran arte, como el de matar, otra de sus grandes novelas-, iniciado con sus cuentos Los prisioneros. Después ha sido un lugar común hablar de sus bondades como narrador en el género negro –muy a lo brasileño, es decir, muy a su manera, a pesar de sus lecturas de Poe, Joyce o Chandler, incluso muy en contra de todo lo que se había hecho en Brasil, pero sí continuando la tradición de la irreverencia y la vanguardia de la Semana del Arte de 1922-. Y uno sólo quisiera que su maestría para invertir valores, que sus diálogos cinematográficos, que el aprovechamiento de la violencia social y la fusión de ésta con las vidas de pobres y ricos, se entendiera entre nosotros que tenemos tanta violencia negra, sórdida, capitalizada por culebreros, farsantes y cínicos. Es extraordinaria, además, la versatilidad de Fonseca para elaborar estructuras argumentales, formales o del lenguaje, con tal de no abandonar la literatura, sin alejarse de su sociedad tan rica como perversa. Lo vemos en estos dos libros de cuentos que Editorial Norma ha editado en versión de Elkin Obregón: Pequeñas criaturas, con 30 cuentos en 342 páginas, e Historias de amor, siete cuentos donde aparece el tan citado “Carpe diem”, que comeinza: “Ya los ricos no viven en Copacabana, pero aún hay algunos apartamentos lujosos en la avenida Atlántica, ocupados por emergentes, amigos de dar grandes fiestas las vísperas de año nuevo. Es en una de esas fiestas, en un penthouse, donde un hombre, cuyo nombre aún no sabemos, se encuentra con una mujer, también desconocida, el último día del año”. Puros cuentos de Rubem Fonseca (1925).

jueves, 4 de diciembre de 2008

Fracisco José Cruz y su Palimpsesto


El Ayuntamiento de Carmona (no se si sea un descomedimiento quitarle el “Excmo.” que se usa todavía en España), en Sevilla, en la bella Andalucía, publican una revista en papel satinado, de un buen gramaje, a color, con el subtítulo de “Revista de Creación”, bajo la dirección del, también, andaluz, Francisco José Cruz, un señor poeta que hace un tiempo conocimos en la Universidad Central (venía invitado por el Festival Iberoamericano de Poesía de Rafael del Castillo). Esa revista se llama Palimpsesto, y siempre le enseña a uno cosas difíciles de saber acá en los Balcanes colombianos. Esta vez, por ejemplo, Francisco le pregunta al poeta peruano Carlos Germán Belli, por qué en pleno siglo XXI ha regresado al Siglo de Oro español, y otras tantas preguntas que juntas arman una severa clase de creación poética (para nuestros talleres de poesía que suelen ser tan monofónicos); más adelante, un poeta indígena de Guatemala –que Francisco nos había descubierto en un número anterior-, Humberto Ak´abal, escribe una informada crónica para decirnos quién fue el poeta guatemalteco Luis Alfredo Arango (1935-2001), de quien se publica una antología muy diciente (doy un ejemplo, “Lámpara”: “Ninguno ha dicho la verdad/ total,/ porque no existe./ Tenemos sólo pensamientos/ breves,/ ligeros./ De materia que/ se consume al arder…”. Selecciona (elige) a otros poetas mexicanos, canarios, peruanos, como Blanca Luz Pulido, Carlos Vitale, Rafael-José Díaz, José Carlos Cataño, Miguel Cabrera, y a una francesa que rescata del olvido, Renée Vivien (murió en 1909, a los 32 años). Pero si a uno no le gustara el gusto de Francisco y descartara todos los poemas de este No. 23, tendría que, de todos modos, guardarla porque ella está adornada con una quincena de fotos tomadas por Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas), quien cumple 110 años de haber muerto. Y esa desolación de sus fotos, esa apacibilidad un tanto enfermiza de sus niñas, personajes y paisajes… ah, eso no se puede ignorar. (E-mail: franccruz@terra.es).

martes, 2 de diciembre de 2008

J. E. Rivera y Méndez Rey, por mar y aire


Trato de resumir lo que es, sin dudas, el guión de una película de aventuras. José Eustasio Rivera, en el Park Inn Hotel de Rockway, despide el 23 de noviembre de 1928 al piloto Benjamín Méndez Rey, con estas palabras: “Usted simboliza para mí aquel hondo anhelo de hazaña que late en el pecho de cada hombre, la aspiración a lo extraordinario, el ansia de señalar con una proeza memorable la trayectoria de nuestra vida efímera”. Esa ansia para el piloto del bimotor “Ricaurte”, era llegar en 40 horas de Nueva York a Bogotá; para Rivera era publicar la edición en inglés de La Vorágine, sacar en Nueva York la quinta edición definitiva y producir la película (por su puesto, no lo dijo esa noche). Méndez voló a Jacksonville, La Habana, Puerto Barrios (Guatemala), Puerto Caleta (donde calculan mal la gasolina) y Bluefields (Nicaragua). Al acuatizar en Colón (Panamá), las olas del mar le desbaratan un ala y un flotador; piden los repuestos a Nueva York. Es el 1º. de diciembre. Ese día muere Rivera, el hombre que lo ha despedido ocho días antes, y el 5 comienza su viaje, embalsamado, de regreso a Bogotá, por mar en el vapor “Sixaloa”. El 17 llega a Barranquilla, y todavía el piloto trata de desbararse en Panamá. El 25, después de largos homenajes, Rivera sube por el Magdalena en el “Carbonell González”. El 28 llega Méndez Rey a Cartagena (le hace los inocentes a los barranquilleros). Y el 30 de diciembre supera a Rivera con un acuatizaje donde pierde los flotadores, en Girardot. A Rivera lo retrasan los homenajes en cada pueblito que pasa (todos se dan el mea culpa). El piloto trata de llegar el 1º de enero a Bogotá, pero no sabe aterrizar y se accidenta en Flandes. En otro avión, que le presta Camilo Daza, llega al aeródromo de Madrid, Cundinamarca, el 2 de enero. Mientras tanto, Rivera va a Ibagué, a Flandes, y en tren llega el 7 de enero a la Estación de La Sabana. El 9 de enero, a medio día, lo conducen al Cementerio Central. Entonces, el piloto sobrevuela a Rivera y al desfile de las 15 mil personas que lo acompañan. Rivera le había dicho en la despedida al piloto: “Cuando, al término de la jornada, revuele su avión sobre la multitud aclamadora, y haga soplar sobre sus cabezas el aire de las alturas, esté seguro de que esa misma onda llegará hasta nuestros pechos, como si el Ricaurte fuera descendiendo sobre nuestros brazos”. Era cierto. Fue cierto. Y es una película. El piloto demora 40 días; el poeta embalsamado demora 40 días.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La Vorágine, libre




Cada vez que se cumplen 80 años de la muerte de un autor, las editoriales y los editores no solo conmemoran el aniversario, sino que lo celebran. A partir de esa fecha dejan de tener vigencia los derechos de autor sobre toda su obra. Y eso es lo que pasa hoy 1º. de diciembre de 2008 con los libros de José Eustasio Rivera, Tierra de promisión y La Vorágine. Porque Tacho, como se le decía entre sus familiares, murió en Nueva York, hoy hace 80 años, en el apartamento de la calle 73, a causa de sus misteriosos dolores de cabeza y de altas fiebres.
A esa fecha, había aparecido la quinta y definitiva versión de La Vorágine, corregida una y otra vez, alguna vez con el apoyo del Maestro, entonces joven, Rafael Maya. La había escrito entre el 22 de abril de 1922 y el 21 de abril de 1924, y su primera edición había salido a las librerías el 24 de noviembre de 1924, día del natalicio de su madre, Catalina Salas. Comenzó a escribirla en Sogamoso, la continuó mientras hacía parte de la Comisión de Límites con Venezuela (en caliente, como se dice ahora), en San Fernando de Atabapo, Yavita y Maroa, y la terminó en Neiva. De su quinta edición, curiosamente, Rivera, una semana antes de su muerte, le había enviado al presidente de la república y a la Biblioteca Nacional sendos ejemplares con el piloto que emprendería el primer vuelo entre Nueva York y Bogotá. Ninguno de los dos sabían –ni Rivera, ni Méndez Rey- que a partir de ese momento, ambos, emprenderían una increible carrera entre la vida y la muerte, de la cual hablaré mañana en este blog. (Foto: Rivera en ciudad de México, en 1921, siete años antes de morir).

jueves, 27 de noviembre de 2008

Philip Roth y su Elegía


Recuerdo que la leí con mucha expectativa tan pronto fue publicada en castellano el año pasado. Y con alguna frecuencia me vienen a la mente varias de sus secuencias narrativas. Esta noche he releído a trancos sus 150 exactas páginas. Y descubro que en las dos primeras páginas de Elegía, Philip Roth resumió (o puso en escena) la totalidad de su argumento. “Alrededor de la tumba, en el ruinoso cementerio, estaban algunos de sus antiguos colegas publicitarios de Nueva York, que recordaron su energía y su originalidad y le dijeron a su hija, Nancy, que trabajar con él había sido un gran placer”. Con este párrafo abre la novela. Allí, en el sepelio, aparecen los ancianos que habían recibido sus clases de pintura –un oficio alterno en su adultez mayor, para disimular sus separaciones-; los dos hijos del primer matrimonio, Randy y Lonny –muy ajenos a él-; su hermano mayor, Howie, y su cuñada; una de sus tres ex esposas, Phoebe, madre de Nancy; Maureen, la enfermera que lo cuidó cuando lo operaron del corazón. Con ese comienzo en el cementerio, finaliza la novela. La vida se toma como viene, había dicho. Y sin remedio, se entra “en la nada sin saberlo siquiera”. Como lo temía desde un principio. Es casi el placer del dolor. La vida vista desde el quirófano, como un resumen de los fracasos en las difíciles relaciones familiares de un hombre que no hubiera querido equivocarse, sin lograrlo. La culpa repartida que martilla a cada momento y nos va relegando sin compasión hasta ese hueco que abre en la tierra el sepulturero hecho amigo unos días antes.
No es una novela apta para depresivos, ni para quienes han comenzado a ver el final del desierto. Pero es la prosa, el pensamiento y la morbidez que causa la caída del sol en los seres humanos, expuestos por el gran señor Philip Roth.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Miguel Ángel Manrique, premio de novela 2008



De camino por los sietes, Miguel Ángel Manrique (foto, en su estudio en Bogotá)llegó a convertirse en el Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura. Nació en 1967, en Carmen de Bolívar; ingresó al Taller de Escritores de la Universidad Central en 1987; diez años después, en 1997, terminó su libro de cuentos La mirada enferma, con el cual sería finalista en el concurso del Ministerio de Cultura de 1998, y la primera versión de la novela Disturbio, que ganaría el premio de este año, la concluyó en 2007.
Miguel Ángel todavía sigue celebrando, porque siempre supo que su destino como escritor se lo había jugado el día que nos abandonó como profesor en la Universidad Central y decidió que la docencia no podía ser su vida entera. Pasó al Externado de Colombia a trabajar en parte, a sacar su Maestría en Educación, y el resto de su tiempo, a escribir como un loco. Hace diez años, estuvo en la Universidad Autónoma de Barcelona especializándose en Ciencias de la Comunicación; antes había estudiado Literatura en la Universidad Nacional de Colombia.
Su primer libro, de cuentos, La mirada enferma, editado por el Taller de Edición, lo lanzamos el 9 de noviembre de 2005, a las 6 de la tarde, en la Universidad Central. Pero antes, en 2002, Miguel Ángel Manrique había sido finalista con otro libro de cuentos, Confesiones de un mutante, en el Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá.
Y mientras nos llega la edición de Disturbio, los dejo con su primer párrafo:
“Carta de Elías Martínez encontrada por su esposa Elizabeth el primero de abril de 1970 sobre la mesa del comedor de su casa en Bogotá”.

martes, 25 de noviembre de 2008

Wallace, Levi-Strauss, Europeana


1. Lo vamos a homenajear el miércoles 3 de diciembre, a las 6 de la tarde, en la sala Carlos Medellín de la Biblioteca de la Universidad Central, con quienes nos quieran acompañar y con los escritores de la Especialización en Creación Narrativa de la Central, en el cierre de su primer bimestre. Es otra “Noche de narradores”. Recordaremos sus libros principales. Iván Gómez nos introducirá en el tema. Y sabremos algo del novelista irreverente (¡qué tal su Broma infinita!), del cuentista que ató el experimento sin temores a las historias más atrevidas (en la foto, Entrevistas breves con hombres repulsivos), del autor de otros cuentos “adictivos”, como dijo Eduardo Lago en El País. El 3 de diciembre vamos a homenajear al hombre que nació en 1962, en Ithaca, y que murió más largo, muy triste, hace poco, en Nueva York: David Foster Wallace.

2. Este sábado 29 de noviembre, uno de los hombres que más influyeron en la ciencia y en el pensamiento del siglo XX, Claude Levi-Strauss, el antropólogo y el filósofo de Bruselas, autor de El pensamiento salvaje, Estructuras elementales del parentesco e iniciador de la antropología estructural, cumple 100 años.

3. Bárbaro, como diría un argentino, pero pronto colapsó el portal de la Biblioteca Digital Europea, que salió al ciberespacio con el nombre de Europeana. Si ustedes quieren comprobarlo nomás, como diría Juan Rulfo, entren a su dirección,
www.europeana.eu, para que miren la fecha de aplazamiento prevista para entrar de nuevo en servicio. ¿Cuándo tendrá América Latina su biblioteca digital?

lunes, 24 de noviembre de 2008

El Lara de Nahum Montt


Para estar seguro, la he releído por estos días en que Nahum Montt anda dedicado al Ministerio de Cultura y su red de talleres de creación literaria. Lara, la tercera novela del autor nacido en Barrancabermeja en 1967, dimensiona como pocas en Colombia, en los últimos años, las mejores notas de la novela negra latinoamericana. Suspende y contiene los avances, provoca las elipsis necesarias, concentra la atención en los hechos que causarán una muerte no anunciada –hablo de la novela, no de Rodrigo Lara-, va delimitando, poco a poco, la idea nuclear que provocará la aceptación del final de la novela, y lo mismo hará con la selección de las etapas que configurarán el argumento, sin que olvide apretar la sensación de desamparo padecido por el personaje central de la novela. Al final, como en las buenas películas con referentes reales, se cifran unos datos que agravarán en el espectador la idea de la soledad que producen los asesinatos de carácter en aquellas épocas de la historia cuando la oscuridad del caos es aprovechado para perpetuarse, escondidos, en el poder.
Su anterior novela, El eskimal y la mariposa, tiene capítulos soberbios, pero esta, Lara, es un balazo sórdido en la noche, sin los altibajos de la premiada. Como lo dijo Pilar Reyes el día del lanzamiento, hace parte de las obras que pueden leerse de un tiro –no es una bala perdida-, así uno conozco la historia real. Menos densa, pero más brillante, que las dos anteriores, alcanza un ritmo de cine negro, maneja un lenguaje rápido, mesurado y sonoro. Nunca se pierde en recovecos, no alardea con ningún personaje, no suspende la acción con gratuidad. Es una bella novela que si uno no contara las 214 páginas, al cerrar el libro, sentiría haber leído apenas una novela corta. Hace suponer que debajo del témpano, manejó una masa inmensa, muy grande.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Al sur nació una banda


Si no fuera por la obsesión del joven Maestro Pedro María Victoria y por el apoyo de la administración municipal, encabezada por su alcalde, Héctor Gustavo Silva, en el pueblo nunca habría nacido la Banda Municipal el pasado 15 de noviembre de 2008. Pero fue posible. Bajo la sombra de la inmensa ceiba del parque principal –es apenas una obligada metáfora porque la tarde amenazaba con muchas nubes-, una veintena de niños, jóvenes y algunos pocos adultos, armados de los viejos instrumentos que Pedro María se había traído al pueblo cuando aceptó ser el director de la Banda Municipal, y de los nuevos recién enviados por el Ministerio de Cultura, rompieron ese día la rutina musical de las cantinas del frente, y dejaron oír la alegría de sus flautas, clarinetes, saxos, trompetas, el trombón de vara, la tuba y la percusión, con melodías americanas y del Caribe. Ya habían pasado el concurso de lectura y la hora del cuento de la Biblioteca Municipal, que dirige Liliana Sánchez, el concurso de pintura para niños y jóvenes, organizado por Alexander Vargas, y luego seguirían las danzas del grupo Jardín del Huila, de la profesora Yolanda Triana, y el teatro callejero del profesor Manuel Vicente Peña. En el programa de mano distribuido ese día, un título insólito para ellos, lo explicaba todo: “La cultura se toma a Saladoblanco”. Había sido posible, repito, la Casa de la Cultura, dirigida por el mismo director de la Banda, había consumado la toma artística y cultural. José Áder Castro, expersonero municipal, y su hermano Alexi, asesor, Marino Castro, secretario de gobierno, María Claudia González, coordinadora del colegio de bachillerato, y los escépticos habitantes del pueblo, ahora sí lo creían. Al sur del sur, en el Jardín del Huila, en Saladoblanco, un punto que aparece y desaparece en los mapas de Colombia, una nueva Banda Municipal, de niñas y niños, bautizada con el nombre de la patrona de la parroquia –también su párroco, el Pbro. Saúl Trujillo, estaba presente-, “Nuestra Señora de las Mercedes”, había nacido ese 15 de noviembre de 2008.

jueves, 20 de noviembre de 2008

NI siquiera la lluvia


Como si quisiera celebrar los 40 años de su primer premio literario, conseguido a los 25 años con la ya legendaria novela Mateo el flautista, Premio Esso 1968, Alberto Duque López (Barranquilla, 1943) publicó hace poco la novela corta Ni siquiera la lluvia (Ediciones Gaviota), dedicada a desentrañar lo entrañable de la vida de uno de sus más queridos, estudiados y mencionados escritores, Ernest Hemingway.
Cuando uno almuerza Donde Yiya, se da cuenta de su fervor por el viejo cazador: pide lo más parecido al plato preferido de aquel: pasta, arroz, carne desmechada y tajadas de plátano maduro. Y son los sabores, las rabias, la música, las pasiones, las mujeres, las emociones, los odios, las ternuras, los proyectos, las dudas, toda la tragedia y el drama que envolvió la vida del autor de El viejo y el mar, lo que va desfilando por la sin memoria de Amarilis, la mujer que le sirvió al cazador y al escritor en su finca Vigía de La Habana, y que Duque López reanima con tanta fluidez y nostalgia. Sólo se interrumpe su monólogo cuando le presta su voz para que Margaux, la nieta, cuente, en sus últimos momentos de vida, otra visión del abuelo. Es un monólogo intenso, donde se escucha la voz de él a través de ella, donde vive uno, sin decaer un momento, la vida de alguien que se ha suicidado y regresa a través de la memoria adolorida y destrozada de la mujer que, tal vez, más lo quiso. “Me llamo Amarilis. Tengo quince años. No, tengo ochenta. No, tengo cien. Ya no se. Ya no recuerdo”. Sí, Ni siquiera la lluvia.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Martín Solares, Miguel Ángel y Danilo


El viernes pasado, un jurado integrado por el mexicano Martín Solares (foto) y por los colombianos Roberto Burgos Cantor y José Luis Díaz Granados, dió a conocer el fallo del Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura 2008. La sorpresa fue encontrarnos con dos nombres casi inéditos y todavía casi jóvenes, Miguel Ángel Manrique, con su novela Disturbio, y Danilo Moreno, con Chanell.

Como la prensa dijo muy poco sobre ellos -nada raro, por supuesto, ni siquiera sobre Martín Solares-, la pregunta es, ¿qué tanto saben ustedes de los ganadores, y del jurado mexicano?

Espero sus comentarios en este blog, o al correo: isaias1317@gmail.com

martes, 18 de noviembre de 2008

Alrededor de Tomás Carrasquilla


Es curioso cómo en Antioquia, aún los críticos literarios, le siguen diciendo “don Tomás Carrasquilla”. A un señor que se distinguió por ser irreverente y enemigo de los títulos. Uno de los grandes de la narrativa colombiana. Prototipo de los escritores paisas, cada uno de ellos (dígase Epifanio Mejía, GGG, Fernando González, Manuel Mejía Vallejo, Fernando Vallejo, Héctor Abad, etc.) cortados a su medida, sin ningún parecido con los demás escritores del país. Bueno, pues, don Tomás –es inevitable decírselo, para llevarle la contraria- cumple por estos días, 150 años de nacido en Santo Domingo, un pueblo bonito (lo digo por las fotos que aparecen en el libro objeto de esta nota, El pueblo de las tres efes, escrito por la joven periodista de la Universidad de Antioquia, Claudia Arroyave, publicado por Hombre Nuevo Editores, con el apoyo del Ministerio de Cultura y el CERLALC, y ganadora del “Premio Primera Convocatoria Literaturas regionales”, del Ministerio de Cultura y CERLALC, 2008), pero que el viejo regañón calificó, por allá en 1915, en su Autobiografía, de “feo, frío y faldudo”.
Claudia, con base en algunos personajes del pueblo, escribió para este cálido libro conmemorativo una serie de crónicas sobre el pueblo de Carrasquilla y en ellas se siente la antigua, la vieja y la nueva Santo Domingo. Una interesante manera de historiar –sin perder el rastro- al escritor que supo, como lo sugiere el epígrafe del tomo, mantener siempre presente que sin región no hay universalidad que valga. Así sonara, entonces y ahora, muy polémico.
El libro se presenta este jueves 20 de noviembre, en la Biblioteca Nacional (Bogotá), a las 6 de la tarde, en una conversación entre la autora, Claudia Arroyave, y el escritor Nahum Montt.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Fernando Sánchez Torres, el artista


Quien fuera rector de la Universidad Nacional y ejerciera como médico obstetra, Fernando Sánchez Torres, dijo esta noche que Fernando Sánchez Torres, el artista, se había demorado un poco en asumir de tiempo completo la pintura, pero que cada día, ahora que los años acosan, se empecinaba más en dejar constancia en los lienzos, del paisaje y de los rostros humanos, así quedara atrás la medicina, aunque no tanto la educación, que sigue con terquedad desde el Consejo Superior de la Central. Hay que disfrutar los 47 retratos de su retrospectiva inaugurada hoy en la Universidad Central (Calle 75 No. 15-91), donde lo vemos ir hasta el fondo de cada rostro, invalidando las máscaras que van cayendo en cada quien. Psicología, anatomía, fisiología, sensibilidad, magia, fotografía como arte, composición, trazos, pinceladas, luz y color, se conjugan con maestría en cada cuadro suyo. Cada vez más, en sus cuadros se perfila su retratística –si se pudiera así decir-, y ya sea en el retrato clásico, o en el de composición moderna, de colores alegres o juegos con la luz, su manera de llegar a los personajes hace que, por ejemplo, en uno de sus mejores obras de esta exposición, un cuadro de este año 2008, el del Maestro Guillermo Páramo Rocha, de manera paradójica, uno encontrara más a Guillermo Páramo en el cuadro que en el de la realidad, que teníamos ahí al lado.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Kanaka, hijo de Melville


Deja muchas sensaciones, la lectura de esta novela, Kanaka, de Juan Bautista Duizeide (foto). En 126 páginas, el narrador va emergiendo poco a poco hasta encontrar y darnos por sorpresa su identidad. Puede haber sido un “bastardo” y haber tenido las naves del mar (una goleta o un bergantín, una fragata o un falucho) por domicilio y por las mejores universidades de la vida; ser un asesino obligado y el hijo del padre fugitivo que persigue por las islas –el hijo desconocido de Melville-; puede haber sido el hombre solitario que indaga por el destino y el que se asombra y acompaña con su lirismo acomodado las riberas de aguas dulces y saladas, el que, en fin, luego de perder sus nombres fue llamado Kanaka: “Despectivamente, solían llamarnos kanakas, el nombre que en los Mares del Sur damos a la gente, a toda la gente. Kanakas sucios, nos decían, kanakas ignorantes, kanakas flojos, kanakas mentirosos…”. El traslado a la isla prisión, la salida de ella y las etapas anteriores de su vida, proponen una especie de extraña singladura que corre (navega) pareja a la estructura de la novela, que embruja y atrapa en una lectura rápida.
El mundo del hombre en el mar –Duizeide se graduó como piloto de naves mercantes y recorrió todos los mares antes de dedicarse al periodismo y a escribir literatura-, pareciera más intenso y más extenso que cualquier otro. Así lo siento en esta bella novela, Kanaka, ganadora del Premio Julio Cortázar de Novela Corta (2004), editada por Alfaguara Argentina, la siguiente a otra ganadora del Premio Leopoldo Marechal de Novela Breve (2003), En la orilla (que como título me hace recordar a En vida, de Haroldo Conti). Duizeide estuvo en Bogotá a finales de octubre, en el Simposio Internacional de Literatura, De viajeros y destinos, organizado por la Universidad Central. Kanaka fue seleccionada como ganadora por un excelente jurado: Luisa Valenzuela, Mario Goloboff y Carlos Bernatek.

martes, 11 de noviembre de 2008

Roberto Ampuero, Neruda y Aquiles




Un hombre lo ha tenido todo: amigos, mujeres, dinero, distinciones, viajes, fama, admiradores, talento, inteligencia, futuro y hasta ha sido candidato a la presidencia de su país, y, sin embargo, le falta algo: su talón de Aquiles, el que le impide ser del todo feliz, es no haber podido tener hijos. Ese hombre -descubre Roberto Ampuero, después de leer Los versos del Capitán- se llamaba Pablo Neruda. Y decide escribir una novela, El caso Neruda. Se imagina que Cayetano Brulé –su detective privado, el que le trabaja para todas sus novelas- es contratado por Neruda para que le averigüe por una posible hija, gestada hace muchos años atrás. Lo que no es imaginación, es la investigación de Roberto Ampuero sobre la lista a quienes se les entregaría un ejemplar de Los versos del Capitán, cuando Neruda la publica en Italia sin su nombre para evitarse conflictos con su esposa: una línea en blanco es para su futura compañera (Matilde Urrutia), otra para él, y la tercera dice “Neruda-Urrutia”, es decir, el hijo que quería tener. Sobre esa hipótesis, el lector debe buscar un final que yo no conozco (porque aún no tengo la novela de la Editorial Norma que fue presentada esta noche en la Casa Medina, en Bogotá, por los escritores Mario Mendoza y Nahum Montt, con la presencia del narrador chileno, autor de novelas como Pasiones griegas, Los amantes de Estocolmo, y El alemán de Atacama). Frente a un Neruda triunfalista, dijo Ampuero, director del programa de Escrituras Creativas en Iowa, su novela revela a un Neruda atrapado en la fragilidad humana, bajo la trama policial a lo latinoamericano y con una ambientación de época, que ha gustado mucho en donde ya circula la novela.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Odradek, el cuento


Cada seis meses sale Odradek, el cuento, y dicho así suena como si un avechucho saliera de la madriguera. Puede ser, porque esta revista, nacida hace seis años en Medellín, aparece y asombra. Elkin Restrepo, uno de sus directores, ha dibujado (a Odradek, digo) por dentro y por fuera, y uno no sabe si lo que se imaginó Kafka, se lo imaginó Elkin, poeta y narrador (que suele ser otra especie de Odradek). Lo cierto es que está excelente este número 12, que incluye los materiales del pasado encuentro organizado por ellos (me refiero a los directores y asesores de la revista: Jaime Restrepo, Doris Aguirre, Paloma Pérez, Andrés García, Claudia Ivonne Giraldo, Lucía Donadío, José Zuleta, Marcela Mejía), llamado “Contar el cuento. Lecturas y conversaciones”, realizado en la pasada Feria del Libro de Medellín (3 a 5 de octubre de 2008). Son nueve conferencias sobre el cuento, el minicuento y otras especies, donde no podía faltar Julio César Londoño, Harold Kremer y Lina María Pérez; y 22 cuentos, donde observo nombres nuevos (al menos para mí): Guillermo Cardona, Sandra Castrillón, Wilson Orozco, Saúl Álvarez, más los consagrados que aparecen, repito, haciendo otra magnífica edición de Odradek, el cuento. No se si se consiga fuera de Medellín, pero si no lo ven, pídanlo. Y si desean ver el índice, vayan a: http://www.odradekelcuento.com/; redaccion@odradekelcuento.com

viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Quién ganó en cuento? Andrés Mauricio Muñoz




Comenzó a figurar hace cuatro años en las listas de finalistas de los concursos literarios. Pero él, nacido en Popayán (1974), no venía de estudiar letras, sino números: era ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, de la Universidad del Cauca (2000). Luego hizo una Especialización en Evaluación y Desarrollo de Proyectos, en la Universidad del Rosario (2003). Y, de pronto (es un decir), fue finalista en el concurso de novela breve de Sic Editores (Bucaramanga) con Te recordé ayer, Raquel, publicada en 2004. Dos años después, ingresó al Taller de Escritores de la Universidad Central. Y, desde entonces, combina, todos los días, letras, números y sistemas, con tesón, disciplina y una pasión y un entusiasmo increíbles, porque Andrés es, al mismo tiempo, Arquitecto de Soluciones de la Hewlett Packard Colombia (y como tal debe pasársela de avión en avión). Por eso, le queda fácil o está obligado a aplicarle, al lado de su disciplina matemática, su talento poético y su comprobada imaginación a sus cuentos, novelas y artículos, que vemos en revistas o portales de literatura nacionales e internacionales: Letralia, de Venezuela; Homines, de España; Casa de América, de España; Espiral, de Mexico; revistas Número, Mefisto, Hojas Universitarias, y La Movida Literaria, de Colombia. Y por eso puede mostrar esta lista de premios:* Primer premio del Concurso Nacional de Cuento de la revista Libros y Letras con «Una tarde en París», 2006.* Primer premio del Concurso de cuento de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, con «Pierna Obstinada».* En 2007, la revista Italiana Burán seleccionó y tradujo su cuento «Dolor de Patria», para incluirlo en una antología sobre sociedades en conflicto. * Ahora, acaba de ganarse con «Carolina ya no aguanta más», el primer lugar del concurso nacional de cuento de los Premios de Literatura del Taller de Escritores Universidad Central.Andrés Mauricio Muñoz –como si fuera poco- dirige la revista La Movida Literaria, y tiene un libro de cuentos suyo en evaluación de una importante editorial.

(En la foto, el día de la premiación en la Sala Fundadores de la Universidad Central, con Alejandra López, ganadora en novela).

jueves, 6 de noviembre de 2008

Alejandra López, calienta Bogotá


Fue la ganadora de la cuarta convocatoria de los Premios Nacionales de Literatura de la Universidad Central, Taller de Escritores, con su novela corta, Hot hot Bogotá. (En la foto, el 24 de octubre, recibe el premio de los organizadores y jurados asistentes: Oscar Godoy, Isaías Peña, Pedro Badrán, Naudín Gracián y, de pie, Alberto Duque López). Es su primera novela, escrita y re-escrita, compuesta y despedazada y recompuesta, mientras hacía su Taller de Narrativa en Renata, con Nahum Montt (2007-2008), y el Taller de Escritores de la Universidad Central, segundo nivel (2008), con nosotros.
La vida literaria de Alejandra comenzó al terminar sus estudios de Comunicación Social-Periodismo en la Universidad de la Sabana (1999). Como es caleña, nacida el 24 de febrero de 1977, lo primero que hizo –entrevistas, reportajes, crónicas- se encuentra en el suplemento “Gaceta” del diario El País, de Cali. Luego viajó a Dinamarca (ella se desespera si no está en dos o tres partes a la vez) a estudiar Artes y Humanidades. Luego estuvo en Londres, Coldchester y Brighton (Inglaterra), haciendo trabajo social voluntario con la CSV. Después, de regreso en Colombia, trabajó en Caracol, Colprensa y la Secretaría de Cultura del Distrito. Fue entonces cuando se decidió por la literatura literatura, e ingresó a los talleres. Pero no quería llegar a los 33 años sin ver publicado un libro suyo, y lo escribió varias veces, hasta llegar a esa novela de gran sensibilidad, de un ritmo contagiante, de personajes apasionados y de juicios a una sociedad que no siempre ha sido justa con nadie, menos con las mujeres. Hoy ella es jefe de prensa de Canal Capital en Bogotá, escribe para Credencial, y ha producido, también, un disco, Agua, cantos para que fluya, con Veloza, Aterciopelados, La 33, Martina Camargo, La Mojarra Eléctrica, etc. (Ya diré quién va a publicar la novela, caliente caliente).

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Evelio Rosero ganó el "Jaime Alberto Vélez"



Un jurado compuesto por la escritora argentina Ana María Shúa (foto, al frente, en compañía de Andrés Elías Flórez, entre otros), autora de varios libros de minificción, reconocidos a nivel internacional, entre ellos La sueñera, Ignacio Fernández (periodista y crítico español) y el escritor y profesor colombiano Guillermo Bustamante Zamudio (cofundador de la revista Ekuoreo), declaró ganador del CONCURSO NACIONAL DE MINICUENTO “JAIME ALBERTO VÉLEZ”, al escritor bogotano Evelio José Rosero Diago, por un conjunto de cuentos cortos de su libro Cuentos para matar un perro, y otros inéditos (uno de los cuales publicaremos mañana).
Se otorgaron menciones especiales a Harold Kremer (cofundador de la legendaria Ekuoreo), y a Christian Camilo Villanueva y Mauricio Muñoz Escalante.
El fallo se entregó en el cierre del Primer Encuentro Nacional de Minificción "Luis Vidales", realizado en la Universidad Nacional, 30 y 31 de octubre, con la participación de más de cincuenta especialistas en el género de la minificción (cuento breve, o corto, o minicuento), entre creadores, investigadores, críticos y editores. El profesor y crítico Henry González, junto con el grupo de investigación literaria Himini, de la Universidad Pedagógica Nacional, más otros escritores e investigadores de las universidades Javeriana, Piloto de Colombia y la revista Elmalpensante, convocaron para dentro de dos años el siguiente Encuentro, que rinde homenaje al poeta y pionero de la minificción en Colombia, Luis Vidales (1900-1990), y que en este año se dedicó a la memoria del narrador antioqueño, Jaime Alberto Vélez.

martes, 4 de noviembre de 2008

Y, ¿quién es Paúl Brito Ramos?


La vida de Paul Brito Ramos ha ido veloz. Acaba de casi ganarse el Premio Nacional de Novela Corta convocado por el Taller de Escritores de la Universidad Central, y apenas tiene 33 años. Nació en Barranquilla, estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Autónoma del Caribe e hizo un postgrado de Procesos Editoriales en la Universitat Oberta de Catalunya, en Barcelona.
En 2003, fundó en esa ciudad, con Felipe Villa, el periódico impreso Mundo Hispano, reconocido con el Premio Galatina 2007-2008 al mejor medio especializado. Ahí, Paúl Brito es editor cultural y escribe una columna. Colabora, también, en la revista dominical de El Heraldo (Barranquilla) y en la revista española Clarín. Lo mismo que en Lateral, El Ciervo y Animal Sospechoso (Barcelona), entre otras.
Pero su récord en premios literarios ya es abultado: ha ganado el III Concurso Nacional de Libro de Cuentos de la Universidad Industrial de Santander con Los intrusos, el XV Concurso Internacional de Cuentos Noble Villa de Portugalete (Vizcaya, 2005), el II y el III Concurso Literario de Cuento de la Universidad Autónoma del Caribe (Barranquilla, 1995, 1996), el II Concurso de Poesía de esta misma universidad (1997); finalista en el XIII Premio Internacional de Cuentos Max Aub (Segorbe, España, 1999), el XXI Concurso Internacional de Cuentos "Nueva Acrópolis" (Madrid, 1997), el Concurso Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura (Colombia, 1998) y el XI Concurso Nacional de Cuento Breve Municipio de Samaná (Colombia, 2000).
Sólo le falta publicar su primera novela, La muerte del obrero, tan buena como la que ganó el primer premio en la Universidad Central, al decir de Pedro Badrán, Lina María Pérez y Alberto Duque López, los jurados.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Fallo de los Premios de Literatura del TEUC


El 24 de octubre de 2008, la Especialización en Creación Narrativa de la Universidad Central anunció los ganadores y finalistas de los Premios Nacionales de Literatura, Taller de Escritores Universidad Central, 2008, en el Teatro Jorge Enrique Molina Mariño.
El Concurso Nacional de Novela Corta lo ganó Alejandra López González, con Hot hot Bogotá. Finalista: La muerte del obrero, del barranquillero Paúl Brito Ramos.
El Concurso de Cuento para Egresados del Taller de Escritores de la Universidad Central (TEUC), fue para “Carolina ya no aguanta más”, de Andrés Mauricio Muñoz. Menciones de honor:
“Perro por el caño”, de Camilo Castillo Rojas.
“Cuestión de registro”, de Aída Sotelo Céspedes.
“Cartillas perversas”, de Andrea Cristina Rozo Gil.
El jurado, en vista de la gran calidad de los cuentos participantes, sugirió publicar un libro con estos otros cuentos:
“Menú secreto de Jeremy”, de Sonia Ramón Velásquez .
“Redención”, de Mario Augusto López Rodríguez.
“El juego de la pasión”, de Gabriel Xirgu i Javaloyes.
“Un día extraordinario”, de Julio Hernán Correal.
“Recuerdo de mi última comunión”, de Mario Froilán Reyes Becerra.
“Guillermo Zúñiga en el caso Harper”, de Gabriel Umaña Suárez.
“Más que arte conceptual”, de Oscar Hernando Nossa García.
“Libe”, de Alejandro Gutiérrez Correa.
Los resultados se presentaron al cierre del IV Simposio Internacional de Literatura “De viajeros y destinos”.
Jurados del Concurso de cuento: Nahum Montt, Naudín Gracián (foto) y Juan Diego Mejía.
Jurados del Concurso de novela corta: Lina María Pérez, Pedro Badrán (foto) y Alberto Duque López (foto).

domingo, 2 de noviembre de 2008

Despedida de Jacques Gilard


Los estudiosos y los lectores desprevenidos, le deben a Jacques Gilard el poder hoy estudiar el primer rostro de Gabriel García Márquez. Porque fue él quien a comienzos de 1980 publicó, en tres volúmenes, toda la obra periodística del Nobel: Textos costeños, Entre cachacos y De Europa y América. Sinembargo, hoy que reviso el primero de esos volúmenes (891 páginas), no encuentro una línea sobre el investigador que esculcó con pasión tantos diarios para poder dejarle ese testimonio al lector. Gilard ha muerto el primero de noviembre de 2008 al sur de Francia, y le ha dicho al profesor Fabio Amaya que lo despida de todos sus amigos. Eduardo García Aguilar, desde París, me ha dicho que padecía una larga enfermedad. Quienes lo conocimos en la década de 1970, sabemos que Colombia y Gabo están en deuda con él, aunque los investigadores literarios mueren satisfechos porque sus ojos siempre girarán vivos en el letrario que indagaron.

viernes, 31 de octubre de 2008

Primer Encuentro Nacional de Minificción

10 a.m.
Salgo para la Universidad Nacional, edificio de postgrados, Salón Oval, donde continúa hoy el Primer Encuentro Nacional de Minificción, con asistencia de Ana María Shúa (Argentina), Andrea Leyton (Chile) e Ignacio Fernández (España), más una treintena de emocionados escritores de las ráfagas mínimas del cuento. Hoy se le rinde homenaje a Jaime Alberto Vélez y se falla el Concurso Nacional de Minicuento. Ya les cuento más cosas de este exitoso Encuentro que no ha resultado tan mini.

martes, 28 de octubre de 2008

Puesto de Combate, No. 73


Con poesía, cuento, crónica, ensayo y reseñas, aparece el No. 73 de la revista que dirige en Bogotá el cuentista Milcíades Arévalo, Puesto de Combate. Una buena selección de poemas, con un homenaje a María Mercedes Carranza (1945-2003), entre ellos, Aimé Cesaire (1913-208), de quien nada dijo nuestra prensa cuando murió, Charles Bukowski, Tallulah Flores, Gustavo Adolfo Garcés y Julio César Arciniegas. Alfredo Ocampo Zamorano presenta su antología de poemas al pan. Álvaro Suescún escribe sobre el poeta Jorge Artel. Carlos Fernández, sobre “El escritor como espectáculo”. Una entrevista con el poeta, ahora residente en Bogotá, Hernán Vargascarreño. Fabio Jurado vuelve sobre su querido Juan Rulfo. Y escriben cuentos: Claudio Amaya, Caio Fernando Abreu, Juan Fernando Merino, Triunfo Arciniegas (de su libro de cuentos premiado hace poco), María Eugenia Restrepo (egresada del Teuc), Milcíades Arévalo (“Un cachorro salvaje”), y Óscar Bustos. Fernando Hernández escribe “El Hospicio Cabañas”, una crónica. Y reseñas sobre libros de Soad Louis Lakah, Gustavo Páez Escobar y Evelio Rosero. (En la portada, “Lucía”, foto de Tony Arévalo).

lunes, 27 de octubre de 2008

Dos premios de poesía invisibles




La literatura colombiana suele dividirse en dos para los periodistas culturales nuestros: la visible, y la invisible. Los criterios para sostener esa división es caótica, puede ser empresarial, o por el estrato, o la universidad, o la región, o la amistad o enemistad, el gusto literario del periodista, la edad o la promoción generacional, el peinado anacrónico o postmoderno, la cifra monetaria del premio, etc. Creo que eso pasa con los dos poetas que cito hoy (aunque creo que el primero de ellos sonó por un escándalo hace años; bueno, ese sería otro criterio).
UNO: El XVIII Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia -no es cualquier premio, si es que se puede establecer algún escalafón entre los premios- lo ganó el poeta pamplonés (Colombia), Jorge Cadavid, con su libro Tratado de cielo para jóvenes poetas. Pedro Arturo Estrada, Carlos Vásquez y Juan Felipe Robledo, fueron los jurados. Antes había ganado, en el 2003, el IX Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus. Jorge Cadavid nació en Pamplona, donde estudió Literatura, luego se especializó en la Universidad Javeriana, y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Sevilla, España.
DOS: El XII Concurso Nacional de Poesía Ciro Mendía, que convoca la Casa de la Cultura de Caldas (Antioquia), lo ganó una mujer que ya tiene otros varios premios en su bolsillo. Se llama Nana Rodríguez Romero, con el libro La piel de los teclados. La Nana (foto) -no se si se le podrá decir así- nació en Tunja, escribe cuentps también, y ha sido invitada a Medellín, México, Montevideo. Tiene publicados varios libros de poesía, y uno que ha rodado harto, el de la teoría del cuento corto. (De Jorge no aparece foto por ninguna parte. Si alguien me la envía, la pondré en el blog).
[Agradezco a Con-fabulación, la revista virtual que dirige Iván Beltrán Castillo, los datos sobre los dos premios de poesía. A propósito, pueden verla en http://www.con-fabulacion.blogspot.com/, o escribirle a confabulacion1@gmail.com].

viernes, 24 de octubre de 2008

Premios de Literatura del Taller de Escritores (TEUC)


Esta noche se entrega el fallo, en el cierre del IV Simposio Internacional de Literatura "De viajeros y destinos", de los Premios Nacionales de Literatura, que cada año entrega el Taller de Escritores de la Universidad Central.

Los jurados del Premio de Novela Corta son los escritores, Lina María Pérez, Alberto Duque López y Pedro Badrán; y del Premio de Cuento, Nahum Montt (foto), Naudín Gracián y Juan Diego Mejía.
La premiación se realizará en la Sala Fundadores, a las 7 de la noche.

martes, 21 de octubre de 2008

Juan B. Duizeide inaugura Simposio Internacional de Literatura



Juan Bautista Duizeide estudió en la Escuela Nacional de Náutica y allí se hizo piloto de ultramar. Luego viajó en navíos mercantes por todo el mundo. Hasta cuando estudió periodismo en la Universidad Nacional de La Plata y se dedicó a las letras. Nacido en Mar del Plata en 1964, con su primera novela, En la orilla, ganó el Premio Nacional de Narrativa Breve “Leopoldo Marechal”, 2003. Con su segunda novela, Kanaka, obtuvo el Premio Julio Cortázar, 2004. Actualmente, trabaja como periodista en la revista argentina, Puentes.
Duizeide ejerce, en sus fines de semana, su profesión de piloto de naves marinas, y este miércoles 22 de octubre, a las 6 de la tarde, en el Auditorio Jorge Enrique Molina de la Universidad Central (Cale 22 No. 5-91), dirá la conferencia inaugural del IV Simposio Internacional de Literatura, “De viajeros y destinos”, con un ensayo titulado “Los viajes por el mar en la lengua española: aproximaciones y derivas”.
Juan Bautista Duizeide es, también, el autor de una antología de amplia circulación por estos días en América Latina: Cuentos de navegantes, con prólogo de Arturo Pérez-Reverte, 23 cuentos en 398 páginas, de autores como Roberto Arlt, Borges, Francisco Coloane, Conrad, Haroldo Conti, Hugo Foguet, Gabo, Marcel Schow, R. L. Stevenson.

lunes, 20 de octubre de 2008

De viajeros y destinos

Es el sujeto quien impone el viaje y asume un destino. De eso se trata el simposio literario “De viajeros y destinos”, que tendremos en la Universidad Central (Bogotá), entre el 22 y el 24 de octubre, con más de 20 ponencias que giran alrededor de 10 temas, y con tres invitados del exterior: Juan Bautista Duizeide (Mar del Plata), autor de dos novelas premiadas y de la antología Cuentos de navegantes (foto), Marinés Kunz y Daniel Conte (Porto Alegre).
Los 10 temas son:
El viaje mítico
El viaje de exploración, conquista y colonización
El viaje de los muertos
El viaje en la ciudad
El viaje de fundación
El viaje interior
El viaje de búsqueda y huída
El viaje del migrante
El viaje de errancia
El viaje fantástico y de ciencia ficción
Los ponentes provienen de algunas universidades, otros son escritores, y hay alguien sin empleo, que se la pasa viajando. En la sesión inaugural se leerá una ponencia enviada por el escritor venezolano Luis Britto García, y J. B. Duizeide leerá una conferencia titulada “Los viajes por el mar en la lengua española: aproximaciones y derivas”.

sábado, 18 de octubre de 2008

Savater y Millás; Colombia fuera del Planeta


El martes 14 de octubre, El Espectador reseñó la novela El cielo al revés, del colombiano Eduardo Escallón Largacha, como finalista del Premio Planeta 2008, pero no nos alcanzó a decir quién era este nuevo escritor. El miércoles 15, en Barcelona, el jurado dio por ganador al filósofo y columnista de El País, Fernando Savater (1947), por su novela La hermandad de la buena suerte, de tema policíaco y detectivesco (Savater asocia la filosofía con el detectivismo; no se si con lo policíaco). Ese mismo día, en España, se le concedió el Premio Nacional de Narrativa a Juan José Millás, por su novela El mundo, ganadora en 2007 del Premio Planeta, una excelente novela. El viernes supimos, por El Espectador, que Eduardo Escallón es amigo de Gabo, escribe sobre educación e historia y espera ranquearse en la narrativa. Y comenzamos a esperar la novela de Savater, a ver si coincide con las esperanzas suyas: a la televisión española le dijo, palabra más, palabra menos, que él ansiaba mucho ese premio porque no quería que lo recordaran como simple columnista (no dijo filósofo, podría haberlo dicho para estar de acuerdo con sus contradictores), sino como escritor de ficción. Falta saber qué diga “la hermandad de la buena suerte”.

martes, 14 de octubre de 2008

El humor de Lisandro Duque Naranjo


En su nueva película, Los actores del conflicto, que parodia la trillada frase de los violentólogos y periodistas políticos, “Los factores del conflicto”, su director Lisandro Duque Naranjo acude, de nuevo, a su mayor rasgo estilístico: el humor. Es de los pocos artistas colombianos, Lisandro, que no rompe la unidad entre lo que se es personalmente y cuanto se proyecta, en el caso suyo, en cine, periodismo y, espero, en sus ya anunciados cuentos. Al humor le suma una excelente calidad en la narración del relato cinematográfico, que lo hace sutil, rápido, emotivo. Tema difícil, la guerra, para hacer chistes, como oí decir el día del estreno, porque el problema político colombiano –la guerra que vivimos desde hace 60 años, cada día con mayor número de “factores”, con mayor complejidad, y más dolores para indemnizar- lejos de estar resuelta, resulta cada día más peligrosa para todos. Tal vez por eso, en manos de un guionista como Lisandro, con una gran conciencia del conflicto, haga que la estructura humorística (la comedia) se pierda hacia el final de la película, y aparezca la tendencia dramática, más que la cómica. La línea narrativa, que ha partido de un conflicto cómico, de una especie de picaresca, va tornándose trágica y dramática, para al finalizar volverse rosa e irreconocible. Pero, cuando uno vuelve atrás sobre las humoradas negras, algunas muy negras -como sucede con el acto de “limpieza”, tan común en nuestros pueblos ahora, del pobre yoga del pueblo-, que se tejen, además, con gran pericia artística, cae en la cuenta de que con el humor, Lisandro le dice al espectador, ríase, pero no se le olvide que la cosa va en serio. Y al final, uno se levanta pensativo, porque el humor es otra manera de ver las tragedias del ser humano, como esta de Colombia que no para.

martes, 7 de octubre de 2008

Adiós al Taller de Escritores; llegó la Especialización


Durante 27 años, el Taller de Escritores de la Universidad Central formó a jóvenes y viejos en la intención de escribir historias literarias. Y entre el grupo grandísimo de 1981 y los que le siguieron, con tan diferentes formatos, se fueron creando pequeñas redes y varios sub-grupos. El resultado sobrepasó mis expectativas como fundador; yo el gran escéptico, menos de la literatura. La gente se encarretó y las distinciones llegaron casi a la tercera centena. Pero, lo importante no eran esas distinciones, sino el haber canalizado voluntades y pasiones por la escritura y la lectura. Se consiguieron valores éticos, también. No se escribe para competir, ni para masacrar al otro, ni por prebendas, ni para sacrificar la libertad de nadie; se escribe para crear nuevos mundos, de todas las naturalezas, sin excepción alguna, como si fuéramos unos dioses muy humanos, y para no dejar que la historia se quede sin historias. Paseamos siempre todas las épocas, todos los géneros, todas las poéticas, sin sectarismos. Tratando de respirar el aire más puro. Fue muy rico todo eso. Viajes infinitos a través de autores que no tenían nada que ver los unos con los otros. Porque así cada quien llega a su meta, sin estorbarle a nadie, haciendo camino.
Ahora, el Taller de Escritores se ha despedido, y se ha inaugurado, hoy 7 de octubre de 2008, con un grupo de 25 escritores noveles, la Especialización en Creación Narrativa. Al frente de ellos, estaremos cinco escritores con unas ganas inmensas y una química especial, a ver si agarramos la vida entre las letras con esos muchachos que van de los 22 a los 60 años.
(En la foto, de izquierda a derecha: Aleyda Gutiérrez, Oscar Godoy, Isaías Peña Gutiérrez, Manuel Hernández y Joaquín Peña Gutiérrez).

jueves, 2 de octubre de 2008

Con Auguste Guinnard, en la Patagonia


Ahora que Tamara, mi hija mayor, ha viajado, de nuevo, a Australia, a la ciudad de Adelaide, me he acordado de un libro que con ella compramos en “el fin del mundo”, como se le dice al puerto de Ushuaia, al sur de la Tierra del Fuego. Es la historia de un viajero francés, Auguste Guinnard, metido en la Patagonia a mediados del siglo XIX. El libro, Tres años entre los patagones, que el editor subtituló como “Apasionado relato de un francés cautivo en la Patagonia (1856-1859)”, es impresionate, y a seis meses de haberlo leído no se me le sale de la cabeza.Y uno no sabe a quién admirar más, si al francés o a los indígenas patagones o pampas –poyuches, puelches, mamuelches, chauches, tehuelches-. Al primero, porque aunque esclavo, siempre se adaptó y admiró, en medio de sus penuarias, a los indios. “Tenía yo en 1855 sólo 23 años, muy poca experiencia, alguna ambición y, sobre todo, amor por los viajes”, dice Ginanard en sus memorias, que luego complementó en Francia, después de su fuga. Y a los indios que él describe y narra con tantos detalles padecidos o gozados por él mismo. Aún no llegaba el exterminio al que fueron sometidos y su cultura se aireaba en medio de los ventisqueros fríos de la Patagonia alta.En 22 capítulos y apenas 160 páginas, Guinnard cuenta su viaje forzado con los indios, su entrada por Buenos Aires y su huída por la cordillera que limita con Chile; su vida al lado de los caballos y su aprendizaje íntimo de una cultura que lo veía a él como un ser inteligente a pesar de ser cristiano (cosa que él pensaba también de los indios).Inolvidables muchos de sus pasajes, entre ellos aquel que recuerda cómo los indios en las sombras de la noche, luego de oir los susurros de la tierra o sus avisos invisibles, decidían levantar toldas y salir en estampida con viejos y niños y todos sus enseres, huyendo como locos del destino nómada que les esperaba en cada estadía. Porque, en el fondo, toda esta historia de Guinnard sólo arroja fantasmas que cruzaron las pampas heladas del sur del continente americano.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Un primero de octubre de 2008

Quiero escribir como un loco porque pareciera ser la única salvación en este mundo de comienzos de siglo. Hacerlo en la pantalla, en el aire, en las patas de la mesa. Y no dejar que lo borren, aunque resulte casi imposible. He abandonado el otro blog, El libro de Isaías, porque el Profeta Mayor me la estaba jugando en el ciberespacio, y los usuarios del sistema se confundían. Al fin y al cabo, el loco soy yo. Y ha sido -el comienzo, digo- este 1o. de octubre en que sigo en la escritura y reescritura de mi próximo libro, El universo de la creación narrativa, abrebocas del primer bimestre de la Especialización en Creación Narrativa, de la Universidad Central, que comenzaremos el 7 de octubre próximo, con un equipo integrado por los escritores Oscar Godoy, Manuel Hernández, Aleyda Gutiérrez, Joaquín Peña Gutiérrez, entre otros. Escribir como un loco -sin pensar en la verdad de la verdad que suelen poseer los cuerdos-, puede ser una etapa mejorada de todo lo anterior. Espero que ustedes me acompañen, porque la locura sola no deja ser una doble locura.