Salvo en este Hotel Wilder, a la entrada de Puerto Varas, viniendo de Puerto Montt, a orillas del Lago Llanquihue, frente al volcán nevado Osorno, donde las casas de madera responden a la lógica de Goethe y los alemanes que sobrevivieron a los fríos vientos de la Patagonia y los Andes americanos.
Dos sucesos me han llamado la atención en la prensa local:
Uno, los largos funerales en Santiago de Chile del cantautor Víctor Jara, muerto en la dictadura del 73. Es decir, 36 años después.
Y dos, la aparición de la biografía de José Donoso, Correr el tupido velo, escrita por su hija Pilar, a pedido de su padre. El Mercurio cuenta que se trata de un documento final y definitivo sobre la contradictoria vida del gran novelista y cuentista, antecesor de Skármeta y Bolaño. Hay que leerlo, porque Donoso fue Donoso, así ahora se trate de ocultarlo con los jòvenes bolañistas. Y ojo porque así como hubo donositos, ahora veo bolañitos por todas partes.
(En la foto, el Paseo Huérfanos, concurrida y larga calle peatonal del centro de Santiago, entre tantas otras, que dejan caminar al transeunte desprevenido).





